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CAPÍTULO 3 El espejo

مؤلف: Alicia Books
last update تاريخ النشر: 2026-05-01 01:20:17

Eva Beltrán cerró el cuaderno con un gesto lento, casi imperceptible.

No porque la sesión hubiera terminado —todavía quedaban unos minutos— sino porque necesitaba ganar tiempo. Porque había algo en ese consultorio que se estaba tensando demasiado rápido, y no era solo el silencio.

Frente a ella, Agustín Leone permanecía sentado con los hombros levemente caídos, las manos entrelazadas, la mirada fija en un punto del piso. Había hablado durante casi toda la hora. Sin mucho dramatismo. Con frases muy medidas. Con esa calma extraña de los hombres que aprendieron a cuidar sus palabras para no hacer ruido.

—Siento que hay una verdad que no termino de aceptar —dijo finalmente, rompiendo el silencio—. Pero se que todavía vale la pena.

Que si sigo insistiendo… algo puede cambiar.

Esa frase.

Eva sintió un golpe en el pecho. No porque fuera falsa, sino porque la había pronunciado ella misma muchas veces tiempo atrás.

En demasiadas oportunidades para salvar su matrimonio. La había repetido como un mantra torpe, convencida de que el amor, con suficiente paciencia, siempre encontraba la manera de seguir juntos

Levantó la vista y lo observó con atención.

Treinta y dos años. Correcto. Cansado. Un hombre que había aprendido a cumplir, a quedarse, a resistir incluso cuando ese sostén empezaba a resquebrajarse desde adentro. Aferrado a una idea que ya no se sostenía con nada, pero que dolía demasiado como para soltarla.

—Necesito escucharte —dijo Eva, con suavidad—. Todo lo que quieras decirme. No te escondas,esto es confidencial.

Y mientras lo decía, el recuerdo volvió.

El sillón, manos en su rostro.

Ese beso.

No había sido algo vacío. Hubo fuego entre ellos. Unos segundos de incendio puro que le devolvió algo que creía apagado para siempre.

Después de años de silencio emocional, de aguantar, de sobrevivir, su cuerpo había reaccionado antes que la razón.Sintió mariposas ridículas, intensas, inesperadas.

Y las había sentido de nuevo cuando lo vio entrar al consultorio. Cuando lo escuchaba hablar. Y Cada vez que recordaba que él no recordaba nada.

Eso fue lo que más la descolocó.

Agustín no había mencionado el beso. No había ni una memoria compartida entre ellos.

Solo ella cargaba con eso.

Y por eso había dudado si atenderlo.

Por eso había estado a punto de derivarlo a otro colega .

Porque ese beso —para una mujer recién divorciada y volviendo a aprender a respirar— había sido demasiado intenso.

Pero ahora lo veía ahí, hablándole de lealtad, de culpa, de insistir hasta desaparecer… y el reflejo en ese " Espejo Roto "era insoportable.

Era ella. Años atrás. Suplicándose ella misma que aguantará ,que el amor alcanzaba. Pensando que ella era su misma paciente sentada en su cómodo sillón y no era así,lo supo muy tarde..

Entonces decidió.

Iba a guardar ese beso en el único lugar donde no haría daño: dentro de su memoria y lo haría confidencial.

Iba a hacer lo que sabía hacer mejor.

Ayudarlo a salvar su matrimonio si todavía era posible.

Poner la ética por encima de ese deseo imposible de repetir .Se prohibió volver a sentir la sensación que tuvo anoche.

Y olvidarse —aunque le doliera— de lo viva que se había sentido en ese segundo prohibido.

Agustín respiró hondo. Como si esa invitación le diera permiso.

—Yo no soy perfecto —empezó—. Trabajo mucho, viajo demasiado, llego cansado. Pero nunca dejé de estar. Nunca falté a nada importante de mis hijos. Nunca… —hizo una pausa—. Nunca estuve con otra mujer. Ni siquiera ahora que hace semanas ella no quiere estar conmigo.

Eva no tomó notas.

Escuchó.

—Ella dice que se siente sola —continuó—. Que yo no la veo. Que la descuidé. Y capaz… capaz en algo tenga razón. Pero no entiendo en qué momento pasé de ser su compañero de vida a ser el culpable de todo.

Eva asintió lentamente.

La negación no siempre grita. A veces habla así: ordenada, lógica, desesperadamente razonable.

—¿Y usted ? —preguntó—. ¿Qué lugar ocupá en ese intento por sobrellevar la relación?

Agustín sonrió apenas,triste y honesto. De esas que no buscan convencer.

—El que haga falta.

Eva apoyó el cuaderno sobre sus piernas y cruzó lentamente una pierna sobre la otra. No respondió de inmediato. Porque mientras lo escuchaba, dos imágenes se superponen sin pedir permiso: el hombre que tenía delante… y otro, años atrás, hablando exactamente lo mismo.

O peor aún: haciéndola decirlo a ella.

—Agustín —dijo finalmente—, cuando hablás de insistir… ¿hablás de amor o de miedo a estar solo?

Él parpadeó. No esperaba esa pregunta. Se pasó una mano por la nuca, incómodo.

—No lo sé —admitió—. Supongo que de las dos cosas.

Eva asintió. No hacía falta escribir nada.

—Doctora Beltrán… ¿sabe cómo llegó su tarjeta a mi mesa?

Eva estaba a punto de hablar. De devolverle una verdad que no figuraba en ningún manual, cuando el teléfono vibró sobre el escritorio.

Una vez.

Ella lo ignoró.

Volvió a vibrar.

Eva cerró los ojos apenas un segundo.

—Discúlpame —dijo—. No suelo atender durante las sesiones, pero es insistente.

Agustín asintió, comprensivo.

Eva atendió.

—¿Qué querés? —dijo, sin rodeos.

La voz del otro lado era demasiado conocida

—Tenemos que hablar. Urgente.

—No tenemos nada de qué hablar —respondió ella, firme—. Estamos divorciados.

—Sí tenemos —insistió él—. Y ahora.

Eva apretó la mandíbula.

—Estoy trabajando.

—Te paso a buscar ,si no salis te hago un escándalo en la clínica.

El silencio se tensó en el consultorio. Eva colgó despacio y apoyó el teléfono boca abajo sobre el escritorio.

Agustín había escuchado lo suficiente.

—Perdóname —dijo ella, sincera—. Esto no estaba previsto.

—Está bien —respondió él, aunque algo en su voz había cambiado—. A veces pasa.

Eva lo miró. Por primera vez desde que había entrado, no supo exactamente qué decir.

—La próxima sesión —agregó, con cuidado— hay algo que necesito explicarte de la tarjeta.

Agustín la observó en silencio. Ya no le importaba el origen. Sabía que había llegado al lugar correcto.

—Está bien —dijo—. Voy a venir puntual.

Cuando se fue, Eva se quedó sola en el consultorio. No iba a permitir que su ex también destruyera su trabajo. Se levantó lentamente.

El cuaderno seguía ahí.

Esa terapia no iba a ser como las demás.

Porque esta vez, el espejo no estaba frente al paciente. Eva agarró su abrigo,su bolso y miró al sillón donde Agustín estaba un momento antes y pensó .

En él vi mi reflejo

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تعليقات (5)
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Lila
buenísima historia
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Kika
Sigo acá….
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Lila
...........
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