LOGINEl conductor, llevó a Marcela y Sandra, a uno de los mejores restaurantes que existían. Al llegar, el conductor salió del vehículo, abrió la puerta del coche, y Marcela y Sandra salieron y entraron al restaurante. La anfitriona del restaurante las saludó y las recibió. Marcela y Sandra se sentaron; el restaurante era bastante elegante y mucha gente venía a almorzar allí. El sitio estaba construido con mármol y piedras, y estaba completamente revestido en cerámica. El camarero se acercó a la mesa donde se encontraban Marcela y Sandra. —Buenos días, hermosas mujeres. —¿Quieren hacer un pedido o prefieren la especialidad de la casa? —preguntó el mesero, con una encantadora sonrisa mientras sostenía su bloc para anotar. —Hola, buenos días, sí, nos gustaría hacer un pedido. Para mi amiga Marcela, un sabroso pollo asado con ensalada y jugo; para mí, una exquisita milanesa con arroz y jugo —comentó Sandra, devolviéndole la sonrisa con amabilidad. —Ya regresó con sus pedidos. Damas enca
El conductor del taxi se detuvo en una pequeña casa. Margarita salió del coche. Abrió la entrada de la vivienda, el conductor sacó la maleta del baúl y la colocó dentro. Margarita abonó al conductor por su trabajo y posteriormente se marchó. Margarita estaba angustiada; no sabía cómo lidiar con su embarazo. Ella no quería estar embarazada, pero ese bebé no tenía que sufrir las consecuencias de sus decisiones. Margarita se dio una ducha caliente, se vistió, se puso un vestido básico con sus zapatillas y se peinó. Se pintó un poco; después salió del cuarto, fue a la cocina y hizo una ensalada de frutas. La casa modesta no era extremadamente lujosa, pero contaba con las facilidades indispensables para que ella pudiera habitar. Cuando Margarita finalizó su comida, recogió su bolso y las llaves, abandonó la casa y se encaminó hacia la empresa donde se encontraba Eduard. Al llegar Margarita, a la compañía Castillo Meléndez. El vigilante la recibió. —Buenas tardes, señorita Martines. ¿A
Cuando sonó la alarma del despertador, Sandra, se despertó. A continuación, se dio una ducha caliente. Luego, se vistió con una camisa corta azul y unos jeans ajustados; después, se trenzó el cabello y se puso unas sandalias negras. Para finalizar, se aplicó un poco de maquillaje en los ojos y los labios. Finalmente, salió de su habitación y se dirigió a la de su madre, Valeria. Al entrar, se dio cuenta de que su mamá, aún dormía debido a los analgésicos que le había administrado después de varios días sin poder descansar. Por lo tanto, abrió las ventanas para dejar entrar luz, y en ese momento, Valeria despertó, exhausta y aún más cansada de lo habitual. Como quería seguir durmiendo un poco más, Sandra, se preocupó aún más por el estado de su madre. Entonces, se armó de valor y, con cariño, se acercó a ella, ayudándola a levantarse y llevándola al baño para que se duchara. Mientras su mamá se bañaba, Sandra buscó la ropa que había dejado preparada, la sacó del closet y la coloc
Una semana después, de que se fue la abuela Martina. Sandra recibió la llamada de Tomás, el abogado. —Buenos días, señorita. ¿Cómo está toda su familia?—preguntó el abogado Tomás, hablando con afecto a la nieta de su clienta. —Buenos días, Don Tomás. Las cosas están volviendo a tomar su curso —agregó Sandra en un tono suave. —Mi primo Eduard sigue trabajando en la empresa, mientras que León está en la universidad. Mi papá, Víctor, y yo nos ocupamos de cuidar a mi mamá, Valeria, que ha estado enferma. Desde la muerte de nuestra abuela; ha perdido el apetito y tengo que forzarla a comer. Sin embargo, le ha afectado de manera profunda, —continuó Sandra, todavía con tristeza. —Eso creo. Todo el dolor que debe estar sintiendo la señora Valeria, por el fallecimiento de su madre. No obstante, puedo ofrecerle asesoramiento. Mi esposa es terapeuta y puede asistirte. El hospital donde ella está se encuentra un poco distante de la ciudad. Dado que, con su asistencia, la situación podría c
Mientras ciertos empleados ayudaban en la edificación de la capilla, adornada con las bellas flores queridas por la abuela, algunas eran rojas y otras blancas con amarillo, las colocaba en distintas aéreas . Acompañada de una linda fotografía de la abuela Martina. Los trabajadores de la casa se ocupaban de la elaboración del café y té para servirlo durante el funeral . Eduard, se fue con sus tíos y primos a la biblioteca para finalizar la organización de lo que quedaba . Al abrir las puertas de la biblioteca, todos se sentaron, no obstante, Eduard, continuaba sintiendo esa extraña presencia junto a él. Intentó ocultar su miedo, respiró hondo y comenzó a hablar. —Es fundamental comunicarse con los amigos más íntimos de la abuela por su prolongada amistad, para que nos acompañen. Es necesario informar a los parientes para que asistan, comunicarse con el pastor de la iglesia donde se unieron la abuela y el abuelo para que venga, y a las palabras de despedida—expresó Eduard, con
Eduard, todavía estaba procesando el fallecimiento de su abuela. Era difícil para él aceptar que ella ya no estaba presente, ya que guardaba con cariño los mejores recuerdos a su lado. A pesar de su esfuerzo por mantenerse valiente y contener el llanto, las lágrimas caían por sus mejillas, reflejando un sufrimiento profundo que le impedía encontrar palabras. Con una calma renovada y algunos ojos húmedos, se acercó a su familia. —Tíos y primos, sé que la pérdida de la abuela no ha afectado a todos por igual. Es importante que seamos fuertes, ya que hemos entregado todo lo que está en nuestras manos para proporcionar una buena calidad de vida; hemos cumplido como hijos y nietos responsables. Me ocuparé de todos los detalles para el funeral de la abuela—añadió Eduard, con melancolía y una lágrima brotando. Cómo anhelaba con su serenata única. No obstante, Sandra, a pesar de la tristeza por la separación, con el corazón roto y las lágrimas fluyendo por su cara, inhaló profundamente







