LOGINjuro que pensé que no la quería
Isabel La voz de Doris nos regresa al presente, me alejo de Omar acomodando mi blusa, ¿quién es esa mujer? Su nombre me es familiar de algún lado. Sin esperar a que él responda, me dirijo a la puerta y abro para que ambas entren. —Adelante, el señor ya la espera. —¡Omar! —una chica, como de un metro cincuenta, corre y se le cuelga del cuello dejando besos en sus mejillas —te extraño mucho, no puedo creer que por fin te vuelva a ver. —Aria, ¿cómo me encontraste? —Ya sabes, los chicos soltaron algunos datos en la reunión de ex alumnos la semana pasada —hace un ademán restándole importancia a lo que dice, como si fuera cualquier cosa. —Eso no es un motivo válido para que me hayas buscado... —Pero extrañarte si lo es —lo interrumpe pegando su pequeñísimo cuerpecito de chango al suyo. —Aria, no puedes llegar al trabajo de nadie y tener esta actitud —Omar, la aparta con ceño fruncido. —No puedes tratarme así —gira a vernos a Doris h a mi con cara de cero amigos —saca a estás gatas
Javier Maldito Leandro, es imposible que alguien como él, con sus malditos gustos haya cambiado de la nada; muy pronto vamos a descubrir si realmente quiere a esa muñequita o simplemente es una pieza de colección. Cualquiera que sea la respuesta, no voy a descansar hasta que esa pieza sea mía; es una lastima que Leandro la quiera solo para él; de una u otra forma lo voy a obligar a entregarla. Por el momento bajaré la intensidad. Ya estás en la mira Isabel, nadie, ni siquiera tu esposito te salvará de ser mía; bien dicen que lo prohibido es lo más delicioso, y tú, eres extremadamente prohibida. —Investiga todo lo relacionado con Isabel Camarena, donde nació, que le gusta, que le desagrada, sus actividades diarias, rutinas, todo, quiero saber hasta la marca del jabón con el que se baña. —Enseguida señor, ¿algo más? —pregunta mi asistente. —Sí, consigue un lugar, apartado de la ciudad, lejos del bullicio, donde nadie pueda escuchar sus gritos, donde solo estemos nosotros —es
Leandro —Bienvenido —bajo a recepción a recibir al nuevo inversionista. —No está mal —dice mientras observa a su alrededor —tiene un buen ambiente, continuemos con el recorrido. El español, Javier Lascano CEO de Vanguardia Lascano, al igual que yo, acabamos de tomar la presidencia de nuestras empresas; nos conocimos en una conferencia en su país y ambos acordamos reunirnos para hacer una colaboración. Aproximadamente dos horas más tarde, llegamos al piso de presidencia, paso a saludar descaradamente a mí pequeña esposa, y por supuesto que iba a presumir a tan bello espécimen. —Javier, ella es Isabel Camarena, mi esposa —le ayuda a levantarse y la pego a mi cuerpo tomando con algo de fuerza su cintura. —Javier Lascano —extiende la mano, la toma con cuidado y se inclina para besar el torso blanco de Isabel. —Un placer señor Lascano —retira su mano de inmediato y sutilmente se limpia en la ropa. —No tenía idea de tu matrimonio Leandro —se dirige a mí, más sus ojos siguen
Omar Me cayó un balde de agua con hielos cuando Isa, me dio su bendita noticia; muy bien Leandro, así quieres jugar ahora. No le doy más vueltas, solicito nuestros atuendos a una de las tiendas más exclusivas del país, me va a encantar ver su cara cuando nos vea. —Diga —respondo la llamada que entra a mí móvil. —Necesitamos hablar —el padre de Isa. —¿Cuando? —Te espero en el bistró del centro, asegúrate que nadie te siga, es importante. Cuelga, tomo mi saco y las llaves del auto, al salir de la oficina solo se encuentra Doris y le informo que salgo a hablar con un posible cliente; en menos de treinta minutos llego, el señor Camarena ya me espera en la mesa del fondo. —Buena tarde —saludo mientras tomo asiento. —Me alegra que llegaras —se nota tenso. —No podía faltar, ¿qué sucede? —Tal vez, solo tal vez; el matrimonio de Isa con Leandro, este por finalizar. —¿En serio? No quiero volver a ilusionarme. —Estoy muy cerca de encontrar las cuentas, no te puedo prometer
Isabel No tarde ni medio día en estar feliz, su voz retumba en mis oídos desde mi espalda; un escalofríos recorre mi cuerpo con desagrado, ¿por qué simplemente no se quedó en su oficina? y ¿quién le fue con el chisme? —Mi amor, no me ignores —se planta frente a mí a la altura en la que me encuentro. —No te ignoro, simplemente estoy trabajando y creo deberías estar haciendo lo mismo, se supone que eres el presidente, eres el ejemplo a seguir. —Ja, ja, ja, ja, hoy te despertaste de excelente humor, vamos a mí oficina a hablar. —No puedo señor Arriaga, tengo varios pendientes después de mi ausencia, me temo que tendrá que esperar a que termine, si es que el señor Omar no me necesita en otra cosa —explico sin verle la cara y la mirada fija en la pantalla de la pc. —Como bien lo dices, soy el presidente de la empresa, mi autoridad está por encima que la del vicepresidente de la misma; así que por favor acompañame a mí oficina —se acerca a mi rostro y susurra —no pienso repetirlo
Leandro —Señor —la asistente entra a mí oficina. —¿Ya regresó a casa? —mi voz es fría. —No señor —baja la cabeza al tiempo que deja una invitación en el escritorio —es para la gala anual de empresarios, le busco acompa... —¡MI ESPOSA ES MI ACOMPAÑANTE! —golpeo la superficie frente a mí tratando de controlar el grito en mi garganta, me coloco en pie empujando la silla a mis espaldas —la única que puede ir de mi brazo es ella, ¿queda claro? —Sí señor, no vuelve a suceder —la mujer tiembla al escucharme. Sale al ver el movimiento en mi mano, me dejó caer en cuanto la puerta se cierra; una maldita semana y ella no regresa a casa. Lo peor de todo es que me tiene con las manos atadas, no puedo llegar a casa de sus padres y preguntar por ella, ya una vez la dejé sola, una vez ya se fue con ellos¿con que maldita cara me presento ante ellos? Isabel, Isabel, ¿donde demonios te metiste? Mi primer impulso fue buscarte en casa de Omar, y no encontré nada, esperé en la oficina y nunca







