FAZER LOGINLeandro
—Amor, quita esa carita —Lina, en bata de seda casi transparente, se sienta en mi regazo —acaso, ¿no te da gusto estar conmigo? —mete su cabeza entre mi cuello y mi hombro y siento sus lágrimas caer en mi camisa. —No es eso, es solo que ya tardé demasiado y tengo que regresar a hacerme cargo de la empresa, ese fue el acuerdo —mi voz no tiene ninguna emoción. —Pero ahora tú eres el jefe, el presidente, el dueño —su tono cambia a uno muy ambicioso, tal vez ya estoy alucinando —puedes hacer lo que sea. —En eso te equivocas —la dejo a un lado y me coloco en pie —puede que sea el nuevo CEO, sin embargo, aún dependo de la junta directiva, y créeme; no están para nada contentos con esto. Mi esposa ya ha regresado y yo continúo sin aparecer en la oficina. —Y realmente son esos viejos o quieres regresar con esa zorra —me giro y la beso sin responderle. —Eso contesta o tengo que hacer algo más —le sonrío acorralando su cuerpo entre el mío y el sillón. —Hazlo ya, no soporto no tenerte. La tomo entre mis brazos y la llevo a la habitación, la aviento en la cama y disfruto de cada centímetro de su cuerpo. Llega la noche y después de una semana, tomo mi móvil para revisar si hay algo urgente. Más de doscientos llamadas perdidas y miles de mensajes aparecen uno tras otros tras encender el aparato; ¿que puede ser tan urgente como para marcar tan desesperados? Entro a los correos y lo mismo, todo el mundo trata de comunicarse conmigo, decido marcar primero al vicepresidente. —Bueno —su voz adormilada me recuerdo que estoy del otro lado del mundo. —Omar, soy Leandro. —Por fin apareces, ¿dónde demonios estás? La empresa necesita de ti, carajo Leandro; si para eso luchaste tanto, mejor me hubieras dejado a mi, parece que todo es un maldito chiste para ti, si no te presentas mañana, los viejos convocarán a junta para destituite, y entonces sí, nada de lo que sacrifiscaste habrá valido la pena. Me cuelga sin decir más, camino de un lado a otro en la sala como león enjaulado; ¡maldita sea! No voy a permitir que nadie me quite mi lugar, mucho menos ese grupo de viejos. Tampoco le daré el gusto a mi padre de sacarme por violar los acuerdos del contrato. Regreso a la habitación y tomo mi chaqueta, no me llevo nada más, salgo de su apartamento dejando solo una nota para avisarle que regreso al país y dinero en efectivo para su vuelo. Ya me las arreglaré con Isabel cuando regrese. Lina Mis planes están saliendo conforme a lo planeado, Leandro se casó con la hija de los Camarena, y ahora vive conmigo con todos los privilegios que ser el heredero y presidente de la empresa le dan, y yo, no voy a tener que volver a rebajarme ante nadie, soy prácticamente la dueña del mundo. Cuánto gusto me dará ver la cara de su padre cuando me vea de su brazo en dos años, como la esposa de su adorado hijo; tanto quiso evitar que estuviéramos juntos, que insus amenazas pudieron separarnos, viejo estúpido, más temprano que tarde te voy hacer pagar por todo lo que me hiciste, y no solo tú, también tu querida esposa, y cuando al os se larguen de este mundo yo estaré ahí para consolar a Leandro. La mañana llega y busco el calor de su cuerpo, su lado de la cama está frío, me levanto de golpe y busco por la habitación, no se escucha la ducha, salgo a la estancia principal, vacío; ¡maldita sea! No, calma Lina, tal vez solo fue por el desayuno, si debe ser eso. Me relajo y vuelvo sobre mis pasos, al entrar en mi pieza voy directo a la mesita de noche para tomar el móvil y enviarle mensaje, tengo antojo de tostadas y las mejores son las del centro... ¿Que es esto? Una nota y un pequeño sobre manila; frunzo el ceño y tomo el papel para leerlo. "Lina, tuve que tomar un vuelo de emergencia de regreso, los viejos no me están dejando oportunidad alguna, te dejo efectivo suficiente para compras y tu vuelo a la ciudad. Nos vemos en unos días, toma tu tiempo; prometo arreglar todo para tu llegada, el departamento sigue a tu nombre así que no tienes de que preocuparte. Leandro" Arrugo la nota la nota y pisoteo el suelo, esto se sale por completo del plan original, se supone que tenía que quedarse por lo menos un mes aquí, sin ese idiota todos los días en mi cama, nada va a funcionar. Hago la peor rabieta del mundo, me coloco una almohada en el rostro para poder gritar sin que ningún vecino se queje. Tengo que salir ya mismo de aquí.Leandro —Eres un maldito inútil —en cuanto sale Omar con Isabel en brazos, mi padre llega y me da una bofetada que me regresa al piso —no es posible que ni para retener a una mujer como Isabel, sirvas.—Él se la ha llevado ¿cómo se supone que lo detenga si me ha golpeado? —Te mereces eso y más por imbécil, ¿que pecado cometí para tener a una basura como tú de hijo?—¡Pues no me hubieras adoptado! —grito ya harto de su cantaleta de siempre.—Maldito desagradecido —me toma por el saco con la cara roja de la rabia —tu madre y yo lo hemos dado todo, absolutamente todo para que tuvieras las mejores oportunidades, ¿y cómo nos pagas? Siempre has sido un fastidio, desde que ella murió no puedo controlar tu actitud de mierda. De no ser por nosotros, tú estarías en las calles como un perro sin dueño, en cambio, eres reconocido como el heredero de la familia Arriaga ¿te parece poco? —Poco, poco es el cariño que me has dado, la única que siempre me amó fue tu esposa, de ti solo he recibido pr
Isabel —Preparé lasaña de vegetales —menciona con una sonrisa tierna en sus labios, y dice algo más que no logro escuchar. —No puedo creer que mi jefe sepa cocinar —bromeo mientras pone un plato con un gran trozo. —Bueno, hay ocasiones en las que uno tiene que aprender a hacer pequeñas cosas —levanta los hombros restándole importancia. —¿Pequeñas? —pregunto con el delicioso bocado en la boca —esto es una delicia, es la mejor lasaña de vegetales que he probado en mi vida —digo saboreando mis labios. —Me halaga, señorita Camarena —hace una reverencia con una copa de vino blanco en la mano. —Para mi es un placer señor Chef, ja, ja, ja, ja, ja, ya en serio; debes pasarme la receta. Esto es una verdadera delicia —como bocado tras bocado hasta terminar. —Eso o realmente tenías hambre. —Ambas, no comí nada en la oficina... —Olvidemos eso, mejor nos comemos otro poco, además, no sé si te guste, pero tengo helado de vino tinto y selva negra, ¿cuál eliges? —Ambos, como que e
Isabel Lucho con todas mis fuerzas para que no ponga sus sucias manos sobre mi, aún así logra romper mi blusa y dejar sus dedos marcados en mi piel, justo cuando pensé que todo estaba perdido, algo me lo quita de encima, me cubro el rostro y le hago un ovillo en el suelo. Su voz llega como la calma después de la tormenta, por un segundo creo que estoy imaginando cosas, hasta que siento sus brazos elevar mi cuerpo; envuelvo mis brazos en su cuello sintiéndome segura. Realmente no se cómo terminamos en su departamento, sin embargo, mi boca empieza a hablar hasta sacar todo lo que tengo quemando por dentro; sentir como me abraza con ese cuidado, con esa ternura y a la vez sentirme basura por lo que me hizo ese monstruo. —No, por favor, no, no digas eso —sus manos y su voz tiemblan —nunca dejes que nadie te haga sentir así, eres una mujer maravillosa, inteligente, fuerte, bella, única, que con solo sonreír ilumina el lugar más oscuro en este mundo. —No, no, no —no soporto el asc
Omar —Señor —Doris entra inquieta, lo cual me sorprende, ella siempre es muy tranquila. —No sé que tan correcto sea decirle esto —Se frota las manos, está nerviosa. —Sabes que tienes toda la confianza del mundo para decirme cualquier cosa que te inquiete, dime qué te preocupa —le señalo la silla frente a mi escritorio y se sienta con cautela. —Estaba con la señorita Isabel, le estaba explicando parte de sus actividades, y en eso llegó el señor Leandro —respiro profundo y le pido que continúe —bueno, es que —la veo tragar con esfuerzo. —Doris —levanta la vista con los ojos temblorosos. —¿Hasta dónde se puede involucrar una en las relaciones personales de las compañeras? —pregunta acercando un poco su torso sobre el escritorio. —¿Qué le dijo Leandro a Isabel? —en verdad que hago mi mayor esfuerzo para ocultar la rabia que me corroe. —Tal vez no sea adecuado, pero no me voy a quedar callada con lo que vi y tal vez me quedé sin trabajo antes de tiempo, pero no me importa —s
Leandro No puedo creer que esa niña haya cambiado de la noche a la mañana, se supone que sería mas fácil de controlar que su hermanita, y aquí estoy, con la mente hecha un lío sin saber que hacer con la escuincla berrinchuda. Tengo que conseguir llegar a un acuerdo con ella, mientras mi padre mantenga su nariz lejos de mi matrimonio, todo con Lina estará bien. Salgo de mi oficina y llegó al escritorio de Doris, donde se encuentra Isabel jugando a la secretaria. —Buena tarde Doris —me giro a Isabel y también la saludo —mi amor, mi amor, ¿qué haces aquí? Mi esposa no debería de estar jugando a la secretaria de alguien más, es mejor que regresemos a casa y lo hablemos con calma. —Leandro, Leandro, yo no estoy jugando a ser la secretaria de nadie; soy la asistente personal de Omar Romero. ¿Sabes? Es raro que recién ahora recuerdes que estamos casados —se burla de mi —es hasta cierto punto gracioso. —No estoy jugando, Isabel, vamos a casa ahora mismo y deja de ponerme en ridículo
Bajo a dejar unos documentos al área de marketing, todo va tranquilo hasta que las puertas del elevador abren el piso ocho, topandome de frente con la persona que menos quería ver en este instante. —Buen día mi querida esposa —sonríe como el idiota que es. —Era bueno hasta que apareciste —ruedo los ojos e intento pasar de largo. —¿A dónde vas? —toma mi brazo impidiendo que siga avanzando —creo que me debes una explicación. —No, yo creo que no, así que —tomo su mano y la retiro de mi brazo —con permiso. —Pasaste toda la semana fuera de casa y crees que no tienes nada que hablar conmigo. —Así es —una vez más intento continuar mi camino y me vuelve a detener —¿ahora qué? —Tenemos que hablar Isa, somos esposos, no podemos estar así —casi le creo, entre cierro los ojos aguantando las ganas de reírme en su cara. —¿Tenemos? ¿Esposos? No, creo que te estás confundiendo, porque no fui la única que no paso la semana en la casa, así que no tienen ningún derecho a pedir absolutamen







