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C6 FLORENCIA

Autor: Ginya Les
last update Fecha de publicación: 2026-06-07 03:41:51

Pov: Valentina

Dos horas después, me quedé dormida sin querer, estaba agotada. Miguel me había tenido trabajando en el bar por mes y medio seguido sin dejarme descansar. Una de las chicas, había salido embarazada y otra se fue. Alguien tenía que entretener a los clientes, y ese alguien para él, era yo. 

Me desperté cuando el avión bajó entre nubes y la luz del amanecer entró por la ventana como algo que te golpea despacio. Italia. Estaba en Italia y quería poder sentirme feliz, pero no era posible. Aun así, una sensación de alivio me taladró el alma.

El verde era diferente al de Florida. Más oscuro, más viejo, como si la tierra aquí llevara siglos cargando el mismo paisaje y se hubiera acostumbrado. Colinas, cipreses, el destello de un río. Después tejados naranjas y torres que no habían cambiado en siglos.

Me quedé sin palabras, todo era hermosamente antiguo y romántico.

Las primeras que encontré fueron en voz baja, para mí.

—Dios… —musité al ver el paisaje frente a mí.

—Florencia —dijo Dante, desde enfrente.

Lo miré. Él miraba por su propia ventana, y por primera vez desde que lo conocí, su cara tenía algo que no era ni frío ni calculador, si no más familiar o cálido. Solo duró un segundo, después se acomodó el saco y volvió a ser Dante Moretti.

La mansión estaba en las colinas, detrás de una verja de hierro negro que se abrió sin que nadie tocara nada. El carro entró por un camino bordeado de cipreses altos y rectos como guardias. Al final, estaba la casa, ¿o mansión debería llamarla?

Era antigua y enorme. Estaba hecha de piedra gris que había visto siglos de lluvia y sol, con ventanas altas con postigos oscuros y una escalinata con leones de mármol a cada lado. Hermosa de una forma que te hacía sentir insignificante. Me bajé del carro con la maleta en la mano, negándome a esperar que alguien me la cargara.

Dante ya estaba en la escalinata, hablando con un hombre de más edad. No me esperó y tampoco deseaba que lo hiciera. Entré sola, detrás de él.

El vestíbulo era más grande que el departamento donde había crecido. Tenía un piso de mármol blanquecino, mientras que en el techo había molduras doradas, una lámpara de cristal que colgaba como si hubiera estado ahí antes de que yo naciera.

Olía a flores viejas y a madera fría.

Una mujer mayor se acercó, me dijo algo en italiano, y cuando vio mi cara entendió que no sabía italiano y cambió al inglés.

—Bienvenida, señora Cavalli. Su habitación está en el segundo piso. La tercera puerta a la derecha —me ha llamado Cavalli… pero no quiero que me conozcan así, no por ese apellido. Además, aunque esté aquí, con él, no significa que perderé mi autonomía. 

—Solo Valentina, por favor —corregí, pero ella solo me regaló una sonrisa de comprensión y me guio.

La seguí. En el pasillo, pasé frente a una puerta al fondo, más oscura que las otras, con una manija diferente.

—¿Esa qué es? —pregunté.

La mujer no volteó.

—Una habitación que no se usa —dijo.

Pero lo dijo demasiado rápido, como si ocultase algo. Cuando llegó a mi habitación abrió la puerta, entré después de ella. Mi cuarto era tres veces más grande que cualquier lugar donde había dormido en mi vida.

Había una cama con dosel, con sábanas blancas, una ventana que daba a los cipreses y las colinas de Florencia encendiéndose con la mañana.

Sobre el buró había un libro.

Lo tomé. Era una novela en español, gastada de tanto uso, con el lomo roto como si alguien la hubiera leído más de una vez.

No había nota ni había nombre, lo puse de nuevo en su lugar despacio. Alguien sabía que iba a llegar. Alguien había pensado en lo que yo necesitaría algo con que entretenerme.

Y eso era lo más inquietante de todo lo que había pasado en las últimas doce horas.

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Comentarios (1)
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Adamis Mckeson
en la habitación debe haber secretos de Dante
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