LOGINEvitar que la información sobre la muerte de Adriana se filtrara requirió de sobornos y mucho dinero.
Adhara había odiado hacer esa llamada, pero no tuvo otra alternativa que contactar con el multimillonario, Luke Jones. No quería parecer una persona interesada, pero el único con el suficiente poder como para ayudarla a hacer justicia, era precisamente él, Luke. El empresario más famoso de toda Inglaterra y, quién había desarrollado alguna especie de fijación por ella. Luego de que lo conociera por casualidad en un evento de la universidad, le había ofrecido la oportunidad de hacer pasantías en su empresa. Adhara había aceptado, porque evidentemente eso le abriría las puertas al mundo laboral, pero al poco tiempo todo se había complicado. Luke no dejó de insistir para que salieran y ella no había dejado de posponer dicho encuentro. Hasta que no tuvo otra opción que tomar su teléfono y pedirle un favor, un favor que seguramente le costaría muy caro, pero que no le importaba en ese momento, solamente le importaba cumplir su objetivo. Y ese objetivo era destruir a Oliver Volkov hasta el punto de dejarlo reducido a simples cenizas. Lo primero en su plan era hacerse pasar por su hermana para apoderarse de la empresa de la familia Volkov, luego de dejarlos en la calle se encargaría de que la verdad sobre la muerte de Adriana saliera a la luz y que todos los implicados pagarán las consecuencias. Adhara tomó el portarretrato donde estaba inmortalizada la última foto que había compartido con su hermana. Ambas se mostraban radiantes sonriéndole a la cámara, sin imaginarse que esa sería la última foto que compartirían juntas. Lamentablemente, la vida era así de incierta y ahora no podía hacer otra cosa que llorar por la pérdida de su otra mitad. Pero se encargaría de que el culpable de sus actuales lágrimas, pagara con sangre por el sufrimiento de su hermana. Adhara respiró profundamente y se dispuso a comenzar con su plan… Luego de más de veinticuatro horas de desaparecida, Irina celebraba haber quitado de su camino a la estúpida de su nuera Adriana. Estaba convencida de que, gracias a la reconciliación de Oliver y Anastasia, estaría organizando una boda muy pronto. La idea le fascinaba, no podía evitar hacer una lista mental de todos los medios de comunicación a los que contactaría para que cubrieran el magno evento. Hasta había comenzado a fantasear con algunos de los titulares que seguramente se mostrarían en los periódicos: “¡Por todo lo alto! Se unen en matrimonio dos grandes familias empresariales” Mientras Irina destapa su mejor reserva de vino para celebrar, la puerta de entrada de la mansión Volkov se abrió de par en par, revelando una visión de nada más ni nada menos que de Adriana. La sonrisa de Irina se borró de sus labios y una expresión de enfado se apoderó de su muy conservada cara. —¿Qué demonios haces aquí? —reclamó con los puños cerrados a los costados, conteniendo apenas su deseo de darle una paliza como la del otro día. Adriana, quien ahora portaba una sombra de ojos de color negro y una mirada desafiante, sonrió cínicamente antes de contestar: —¿Qué hago aquí? —inquirió lentamente, saboreando cada sílaba—. ¿Qué ocurre, Irina, tan mal está tu memoria que se te ha olvidado quién es la señora de esta casa? La reacción de Irina no se hizo esperar, una maldición fue vociferada, al tiempo en que sus pasos acortaban la distancia con una fuerza atroz. Adhara no pudo evitar sentir una furia descomunal, apoderarse de su interior al imaginarse a su pobre hermana, siendo la receptora de estos insultos y golpes. Pero ella no era la dulce Adriana y se encargaría de dejárselo saber a esa vieja abusadora. Antes de que la mano de Irina fuese levantada con la intención de darle una cachetada, Adhara se le adelantó y la tomó del cabello, haciéndolo un puño en su palma. Jalándola muy fuerte, acercó el rostro envejecido de Irina al suyo, antes de decir: —Nunca más vuelva a ponerme un dedo encima —advirtió peligrosamente, soltándola con un empujón y haciendo que la espalda de la mujer chocara contra el frío suelo. Las arrugas de Irina se apoderaron de su rostro, mientras rompía en cólera, jurando que pagaría muy caro por su osadía. —Eso lo veremos —se burló, caminando triunfalmente hacia las escaleras. Se suponía que la habitación de Adriana estaba en el primer piso, así que caminó con seguridad tratando de encontrarla. Pero mientras daba cada paso no dejaba de pensar en su fallecida hermana, así que su corazón no hacía otra cosa que resquebrajarse consciente de que a pesar de su venganza nunca más volvería…Su corazón saltó frenético al tiempo en que escuchaba decir a su marido, lo último que esperaba que surgiera de sus labios. —Si quieres que lo deje, entonces eso haré —soltó como si nada. Anastasia lo miró con extrañeza, como si de repente su esposo se hubiera transformado en un ser completamente diferente, del hombre que solía conocer, del hombre que llevaba meses siendo su esposo. «Ese hombre no podía ser Alessandro, ¿o sí?», se preguntó incrédula, mirándolo de arriba abajo como si un ente extraño lo hubiera poseído de repente. —¿Qué.. quieres decir? —titubeo la pregunta buscando obtener un poco de claridad. A lo mejor se estaba equivocando y no era lo que ella creía. —Quiero decir que nada para mí está por encima de ti y mi hijo —su voz profunda y sus ojos fijos en su persona, le transmitieron oleadas desmedidas de emoción y felicidad. Pero Anastasia sabía que no todo podía ser tan magnífico, sabía que había cosas malas que podrían surgir de esta decisión. —¿Y acas
La noticia fue tan inesperada como la pregunta misma.La mujer se quedó boquiabierta, mientras veía a su marido acercarse a grandes zancadas.—Dime ahora mismo, ¿quién es el padre de ese niño? —exigió saber tomándola del brazo con fuerza.Los dedos del hombre se clavaron en su delicada piel, dejando una marca con sus dígitos.Anastasia contuvo la respiración, cavilando sus opciones profundamente.¿Decirle o no decirle?¿Confesarle la verdad o no hacerlo?—¡Dime! —exigió de nuevo, zarandeándola un poco con el brusco movimiento.—El niño es… el niño es…Sin duda esta no era la manera en la que esperaba enterarse de un embarazo.¿Cuándo ocurrió esto?El médico le había dicho que lo ideal sería evitar un embarazo por un tiempo, ya que debido a su historial cancerígeno podía ser riesgoso para ambos. Pero aquí estaba ella con una criatura en su vientre; lo peor del caso era que su marido no creía que era suyo y eso, sin lugar a duda, complicaba mucho las cosas.—El niño es… —balbuceó de nue
Parecía que su destino se había marcado desde el mismo instante en que había dado el “sí” en el altar.No había escapatoria. Anastasia lo comprobó cuando, al día siguiente, había intentado salir con destino al “centro comercial”. En realidad, esto era una simple excusa para escaparse de su marido, pero su intento fracasó en el mismo segundo en que surgió. —En tu estado creo que lo mejor será que no salgas por un tiempo —le notificó el hombre en cuestión, entrando en la habitación justo en el momento en que acababa de terminar de alistarse. —¿Qué? Anastasia lo miró como si hubiera enloquecido. Y por su expresión pudo darse cuenta de que no estaba muy lejos de alcanzar esa conjetura.—Estás muy inestable, Anastasia. No puedo permitir que salgas así.—Yo no estoy… —Intentó negar sus absurdas ideas, pero no se lo permitió cuando la interrumpió con más preguntas.—¿Y la conversación de ayer, acaso qué fue? —La conversación de ayer es lo que quiero, Alessandro. ¿Por qué te cuesta tant
Los primeros meses de su matrimonio, Anastasia había intentado ignorar a lo que se dedicaba su esposo. Pero con el tiempo, el peso de saber que era un mafioso había llevado su vida a una encrucijada. ¿Estaba bien aceptar ese estilo de vida? ¿Debería ignorar el hecho que directa o indirectamente su esposo acababa con la existencia de otras personas? ¿Estaría su conciencia bien con eso? La verdad era que no. El peso de la realidad comenzaba a sobrepasarla cada vez más con cada día. Y todo comenzó una noche, un mes atrás. Anastasia seguía en la recuperación de su operación, cuando su esposo se ausentó con la excusa de atender un asunto urgente. Ella fue comprensiva al respecto y le dijo con calma que se podía marchar a atender sus asuntos. Ciertamente, Anastasia sabía que Alessandro no se había despegado de su lado cuando estuvo en el hospital y esto, seguramente, había contribuido a que algunas cosas se salieran de su control. Y efectivamente eso estaba suce
Adhara miraba a su pequeño bebé dormir en la cunita de hospital, justo al lado de su cama.No podía creer lo irreal que era todo esto.Hacía unos meses pensaba que este momento nunca llegaría y que jamás se le cumpliría su sueño de ser madre. Sin embargo, ahora era una realidad. Tenía a su hijo consigo.Tenía al pequeño Ignacio.Una manta color azul cubría parte de su cuerpecito, el bordado llevaba la inscripción completa de su nombre.Ignacio Volkov.El niño que vino al mundo para unificar a su familia.Adhara suspiró, enamorada.No podía dejar de observar a su pequeña criatura.Lo amaba.Unos golpecitos en la puerta la distrajeron momentáneamente de su inspección.Adhara se enderezó en la cama, consciente de que una visita especial se avecinaba.Se trataba de su hijo Tomás.Ese niño que le había regalado la vida.El pequeño Tomás entró en la habitación en su silla de ruedas, siendo llevado por Oliver.Una sonrisa ancha se mostraba en su infantil rostro. Se veía alegre y emocionado.
Justo como le había indicado su ginecóloga, Adhara se estaba tomado el tema de la concepción con calma. Había permitido que pasaran las semanas sin obsesionarse ante las más mínimas señales de un embarazo. Había sentido un poco de mareo y náuseas, pero no atribuyó esto a un síntoma serio, así que no se hizo un test para comprobarlo. Ya había caído en el error de hacerse una prueba a la más mínima señal antes, para encontrarse entonces con un negativo y terminar perturbándose.En esta ocasión, no le sucedería lo mismo. Así que desecho todo aquello de su mente y se sumergió en su trabajo, hasta que los síntomas se volvieron demasiado serios para ignorarlos. Todo comenzó con la ausencia de su menstruación, casi un mes entero de retraso. Se dijo a sí misma que quizás aquello era debido a la operación de sus trompas de Falopio, quizás era un efecto secundario, pero ya había pasado suficiente tiempo desde entonces. Así que decidió salir de dudas.Ese día, luego de salir del trabajo, pa







