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El agente Ale

last update publish date: 2026-09-30 11:30:22

Iris, por su parte, aprovechó la salida para intentar comunicarse con uno de sus compañeros más leales. Lo intentó varias veces, pero la comunicación se cortaba antes de conseguir establecer una conversación. Después de varios intentos, se detuvo junto a una arboleda y se quitó uno de los audífonos para recuperar el aliento que había perdido durante el trote.

—Contéstame, Alejandro —pidió Iris, mirando la pantalla del teléfono con creciente frustración mientras volvía a intentarlo.

Finalmente
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  • Este cuerpo no es mío    El agente Ale

    Iris, por su parte, aprovechó la salida para intentar comunicarse con uno de sus compañeros más leales. Lo intentó varias veces, pero la comunicación se cortaba antes de conseguir establecer una conversación. Después de varios intentos, se detuvo junto a una arboleda y se quitó uno de los audífonos para recuperar el aliento que había perdido durante el trote. —Contéstame, Alejandro —pidió Iris, mirando la pantalla del teléfono con creciente frustración mientras volvía a intentarlo. Finalmente, Alejandro decidió atender aquel número extraño mientras trabajaba en la base de investigaciones. —Hola… —respondió con cautela, sin apartar la mirada de la pantalla. —Hola, Ale, soy Iris —dijo ella al otro lado de la línea. Alejandro abrió los ojos de par en par. Durante unos segundos se quedó sin palabras, hasta que se levantó de su asiento y comenzó a alejarse de sus compañeros para poder hablar con mayor tranquilidad y evitar que alguien escuchara la conversación. —¿Dónde carajos te hab

  • Este cuerpo no es mío    Las cosas cambiaron

    Carla fingía llorar en la sala, acompañada por Victoria. Cuando escucharon los pasos de Dante bajando por las escaleras, Victoria levantó la mirada y lo vio descender con una expresión extraña. Inmediatamente le hizo un gesto discreto a Dante para que se acercara y consolara a Carla. Él se aproximó, mientras Carla continuaba fingiendo un llanto desconsolado. —Dante, Elisa es muy mala —lloró Carla, refugiándose entre los brazos de Victoria. —Creo que no te dijo nada para que te pongas así —respondió Dante, observándola con cierta indiferencia. Carla levantó la mirada y frunció el ceño, sorprendida por su reacción. —¿Ahora la defiendes? —preguntó con voz dolida—. ¿Qué te está pasando? ¿Acaso tus sentimientos cambiaron? —Vaya, parece que se invirtieron los roles entre ustedes —protestó Dante, llevándose una mano al rostro con evidente cansancio—. Ya no entiendo nada. Dante soltó un suspiro y, sin añadir nada más, le hizo un discreto gesto a Victoria para que se llevara a Carla a la

  • Este cuerpo no es mío    El divorcio

    Iris ingresó a su habitación y cerró la puerta detrás de sí, pero apenas dio unos pasos, unos zapatos negros perfectamente lustrados aparecieron atrás de ella y la obligaron a detenerse. Giró lentamente para descubrir quién la había seguido y se encontró con Dante, que acababa de entrar por el umbral. —Creo que no he terminado de hablar contigo —dijo con seriedad, cerrando la puerta tras de sí. —Yo sí terminé. Puedes irte, por favor —respondió Iris con absoluta calma, señalando la puerta con un leve movimiento de cabeza. —No lo haré hasta que me escuches lo que tengo que decirte —insistió Dante, acercándose unos pasos. —Habla —contestó Iris, cruzándose de brazos mientras lo observaba sin ninguna emoción. —No te quiero. Siempre quise decírtelo, pero eras tan frágil que no me salían las palabras. No quería herirte, pero ahora que te veo fuerte, creyéndote la Mujer Maravilla, voy a decirte todo lo que no pude decirte antes —confesó Dante con una seriedad que no dejaba lugar a dudas—

  • Este cuerpo no es mío    Iris pone a cada uno en su lugar

    Elisa mantenía la mirada fija en la pantalla de su teléfono, aparentando estar completamente distraída, pero sus oídos permanecían atentos a cada comentario casi imperceptible de Carla y Victoria. Aunque parecía absorta en el aparato, analizaba cada gesto, cada palabra y cada cambio en sus voces. —Ay, querida Elisa… a tu querido esposito le gustan las cosas difíciles. ¿Y tú tenías que ser tan migajera? —susurró, negando ligeramente con la cabeza—. Me decepcionas, mujer. Le entregaste todo y todavía tenías que perseguirlo. Qué manera tan triste de rogar por cariño. Iris se levantó del sofá y comenzó a subir las escaleras, pasando cerca de Victoria y Carla sin dedicarles una sola palabra. Ambas siguieron sus movimientos con la mirada. Carla frunció el ceño, claramente molesta por aquella indiferencia, mientras Victoria la observaba con una mezcla de desconcierto y cautela. Iris continuó subiendo con el teléfono en una mano y el rostro completamente sereno. No necesitaba provocarlas ni

  • Este cuerpo no es mío    La rabia de los Valeri

    Carla ocupó directamente su lugar al lado de Dante. Él observó a Elisa, esperando encontrar algún rastro de celos detrás de aquella nueva arrogancia que, según él, había aparecido después del accidente. Sin embargo, no encontró absolutamente nada. Iris ni siquiera se molestó en mirar a Carla; estaba demasiado concentrada en comer y recuperar las fuerzas de aquel cuerpo para cumplir su misión y encontrar su verdadero cuerpo. Para ella, Dante podía sentarse junto a quien quisiera, besar a quien quisiera o tener una amante dentro de aquella misma casa. Nada de eso le provocaba el menor interés. Aquel hombre no era suyo, y ella tampoco sentía que le perteneciera a nadie. Si Dante esperaba verla sufrir por Carla, iba a llevarse una decepción. Iris levantó la copa, bebió tranquilamente y continuó con su cena, como si la mujer sentada junto a su supuesto esposo fuera tan irrelevante como cualquier otro objeto de aquella mesa. La rabia comenzó a crecer silenciosamente dentro de Dante, pero d

  • Este cuerpo no es mío    choques de egos

    Dante dio unos pasos hacia atrás, sin apartar los ojos de ella. —Dime qué pasó en ese cuarto —insistió, con el ceño fruncido. —¿Importa? —preguntó Iris, cruzándose de brazos con absoluta tranquilidad. —Claro que importa. Que mi esposa esté cogiendo con mi padrastro me revuelve el estómago —espetó Dante, visiblemente disgustado. —¿Tu esposa? —replicó Iris, levantando ligeramente una ceja—. Tu beneficiaria, querrás decir. —¿Desde cuándo te volviste tan arrogante? —preguntó él, indignado, sin apartar la mirada de ella. Iris lo observó con desdén y negó ligeramente con la cabeza. —¿Sabes qué? Ya no tengo ganas de hablar. Adiós —respondió con indiferencia antes de darse la vuelta y retirarse. Dante intentó retenerla, pero no alcanzó a reaccionar. Iris ya había salido del despacho y cerrado la puerta detrás de ella. Horas más tarde, durante la cena, Daniel bajó por las escaleras. Sus ojos buscaron inmediatamente a Elisa y, al encontrarla, sintió una incomodidad que no pudo disimula

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