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El despertar

last update publish date: 2026-09-18 15:42:50

El dolor fue lo primero que Iris sintió al regresar a la conciencia. No fue una molestia pasajera ni un simple dolor de cabeza; era una agonía que parecía recorrerle cada hueso del cuerpo. Intentó mover el brazo derecho y un quejido escapó de sus labios cuando una punzada brutal le atravesó el hombro. También tenía el pecho oprimido, las piernas le ardían y cada respiración le provocaba un dolor profundo en las costillas. Intentó abrir los ojos, pero la luz blanca que encontró al otro lado de sus párpados le obligó a cerrarlos nuevamente. Durante unos segundos permaneció estática, tratando de ordenar sus recuerdos, hasta que la imagen del puente apareció en su mente: los hombres persiguiéndola, la bala atravesándole el costado, el río bajo sus pies y aquella descarga que había convertido todo en oscuridad.

—¿Dónde demonios estoy...? —murmuró con dificultad, intentando llevarse una mano a la cabeza.

El movimiento apenas duró un segundo antes de que una enfermera se acercara rápidamente y le sujetara la muñeca con cuidado.

—No se mueva —pidió la mujer con expresión preocupada mientras acomodaba la almohada detrás de su cabeza—. Tiene varios huesos fracturados y una herida bastante seria. El médico dijo que debe permanecer tranquila.

Iris abrió lentamente los ojos y observó el rostro de la enfermera.

—¿Hospital? —preguntó con la voz ronca mientras intentaba enfocar la mirada.

—Sí —respondió la enfermera, acomodándole con cuidado la sábana—. Está en el hospital.

Iris cerró los ojos durante un instante y dejó escapar un suspiro entrecortado. Una parte de ella se sintió aliviada. Si estaba en un hospital, significaba que alguien la había encontrado. Pero inmediatamente apareció la siguiente pregunta: ¿quién?

—¿Cuánto tiempo llevo aquí? —preguntó mientras fruncía el ceño.

—Casi dos días.

Los ojos de Iris se abrieron nuevamente.

—Dos días.

Intentó incorporarse por puro instinto, pero el dolor que le atravesó las costillas la obligó a caer nuevamente contra la almohada.

—¡Mierda! —exclamó entre dientes mientras apretaba los ojos.

La enfermera intentó contener una sonrisa.

—Le recomiendo no intentar levantarse.

—Créeme, ya lo había deducido —respondió Iris con una mueca mientras respiraba lentamente—. ¿Quién me encontró?

La enfermera intercambió una mirada rápida con la otra mujer que se encontraba revisando unos instrumentos al otro lado de la habitación. Después volvió la atención hacia Iris, intentando mantener una expresión tranquila mientras acomodaba los papeles que llevaba entre las manos.

—La encontraron después de la caída —explicó con cautela, observando el rostro de la paciente para comprobar si aquella información despertaba algún recuerdo.

Iris frunció el ceño y ladeó ligeramente la cabeza, tratando de ordenar lo que acababa de escuchar.

—¿La caída? —repitió, mientras sus ojos se entrecerraban.

—Sí —confirmó la enfermera con un pequeño asentimiento, aunque la confusión de Iris comenzaba a inquietarla.

Iris respiró despacio antes de continuar, sin apartar la mirada de la mujer.

—¿Desde dónde? —preguntó, con el ceño todavía marcado por la desconcertante respuesta.

La enfermera pareció confundida ante la pregunta y bajó ligeramente la voz, como si temiera que la paciente estuviera más desorientada de lo que habían pensado.

—Desde un balcón —respondió, señalando vagamente hacia la ventana de la habitación.

Iris se quedó en silencio mientras sus ojos se abrían con incredulidad. Durante unos segundos permaneció mirando al frente, intentando encontrar en su memoria alguna imagen que relacionara su último recuerdo con aquella absurda explicación.

—¿Qué? —murmuró finalmente, girando el rostro hacia la enfermera con una expresión de absoluto desconcierto.

La mujer la observó con cautela y apretó ligeramente los labios antes de atreverse a preguntar.

—¿No recuerda lo que ocurrió? —preguntó con preocupación, inclinándose un poco hacia ella.

Iris negó lentamente con la cabeza mientras una expresión de frustración aparecía en su rostro.

—Recuerdo un puente, hombres disparándome y un río que intentó matarme —respondió con sarcasmo, dejando escapar un suspiro contemplando el techo con incredulidad—. Pero definitivamente no recuerdo ningún balcón.

La enfermera palideció ligeramente y dirigió una mirada preocupada hacia su compañera antes de volver a mirar a Iris.

—Señora Valeri... —murmuró con cautela, como si estuviera escogiendo cuidadosamente las palabras.

Iris giró lentamente la cabeza hacia ella y entrecerró los ojos al notar el tono extraño de su voz.

—¿Qué acaba de decir? —preguntó, incorporándose apenas sobre la almohada a pesar del dolor, mientras una expresión de alerta reemplazaba la confusión de su rostro.

La enfermera tragó saliva y se acercó un poco más a la cama, procurando mantener la calma.

—Señora Valeri —repitió con mayor cuidado—. Usted es Elisa Valeri.

Iris permaneció en silencio, observándola fijamente mientras aquellas palabras comenzaban a adquirir un significado que no estaba dispuesta a aceptar. Su respiración se volvió más lenta y sus cejas se juntaron mientras intentaba comprender qué clase de locura estaba ocurriendo.

Aquellas palabras tardaron unos segundos en encontrar sentido dentro de su cabeza. Finalmente, Iris negó con firmeza, sin apartar la mirada de la mujer.

—No —respondió, con la voz baja pero segura.

La enfermera frunció el ceño y ladeó ligeramente la cabeza, desconcertada por aquella respuesta.

—¿No? —repitió, intercambiando otra mirada inquieta con su compañera.

Iris tomó aire y apoyó una mano sobre el colchón, haciendo una mueca de dolor al mover el cuerpo herido, pero sin dejar que aquello desviara su atención.

—No soy Elisa Valeri —declaró con firmeza, señalándose ligeramente el pecho mientras sostenía la mirada de la enfermera.

—Señora... —intentó intervenir la mujer, levantando una mano en un gesto conciliador.

Iris negó nuevamente con la cabeza y la interrumpió con una seguridad que no dejaba espacio para dudas.

—Soy Iris Nox —afirmó, apretando ligeramente los labios mientras miraba a ambas mujeres, completamente convencida de sus propias palabras.

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