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Elisa Valeri

last update publish date: 2026-09-18 15:41:23

Al otro lado del continente, muy lejos de aquella persecución, una mujer permanecía sola frente al balcón de una enorme mansión. Elisa Valeri contemplaba las luces de la ciudad mientras las lágrimas descendían silenciosamente por sus mejillas. Su vida había cambiado por completo desde que se había casado con Dante. Elisa era una mujer feliz llena de vida ; era la única hija de uno de los hombres más ricos e influyentes del país, un hombre cuya fortuna había construido durante décadas y que había protegido a su hija de cualquier persona que pudiera acercarse a ella por interés. Sin embargo, poco después de la boda, su padre había muerto de una manera inesperada y extraña, dejándola convertida en la heredera de una fortuna que muchos consideraban imposible de imaginar. Elisa había quedado destrozada por la pérdida y, en medio de aquel dolor, se había aferrado a Dante creyendo que al menos tenía a su esposo para sostenerla. Pero luego empezó a comprender que incluso aquello había sido una mentira.

Dante no se había casado con ella porque la amara. Cada palabra dulce, cada gesto de cariño y cada promesa que le había hecho antes de la boda habían formado parte de un plan cuidadosamente construido para acercarse a la fortuna de su padre. Elisa había sido demasiado ingenua para verlo. Había confundido interés con amor, paciencia con cariño y aquella manera aparentemente protectora de Dante con sentimientos que nunca existieron. Después de la muerte de su padre, cuando la fortuna pasó a estar bajo su nombre, la verdadera intención del matrimonio comenzó a hacerse evidente. Dante consiguió lo que buscaba y, poco a poco, dejó de esforzarse por ocultar la indiferencia que siempre había existido detrás de sus palabras.

A eso se habían sumado los constantes ataques de su cuñada y las humillaciones de su suegra, quienes jamás habían permitido que Elisa olvidara que, aunque hubiera llegado a la familia con una fortuna inmensa, seguía siendo una mujer a la que consideraban fácil de manipular. Su suegra encontraba cualquier motivo para recordarle que una mujer como ella no debía creerse demasiado importante solo por llevar el apellido de su esposo, mientras su cuñada disfrutaba provocándola delante de los demás, burlándose de sus decisiones y haciéndole sentir que nunca sería suficiente para los Valeri. Elisa había soportado cada palabra porque estaba convencida de que, cuando todo terminara, Dante estaría de su lado. Ahora comprendía que había estado esperando el apoyo de un hombre que jamás había estado realmente de su parte.

Sin embargo, aquella noche descubrió algo que terminó de destruir la poca esperanza que conservaba. Sobre la cama descansaba un pequeño sobre que había encontrado entre las pertenencias de Dante. Dentro había fotografías, mensajes y documentos que confirmaban la relación que mantenía con otra mujer. Pero aquella traición no era lo que más le dolía. Lo que realmente consiguió arrancarle el último pedazo de ilusión era descubrir quién era aquella mujer: la persona que Dante había amado antes, durante y después de su matrimonio con ella.

Elisa tomó una de las fotografías con las manos temblorosas y la contempló durante varios segundos, sintiendo que las lágrimas volvían a acumularse en sus ojos.

—Así que era ella... —susurró con la voz quebrada mientras una sonrisa amarga aparecía en sus labios—. Todo este tiempo fue ella.

Dejó caer lentamente la fotografía sobre el suelo y se llevó una mano al pecho. Recordó el día de su boda, cuando había mirado a Dante vestida de blanco y había creído que finalmente había encontrado al hombre que permanecería a su lado. Recordó la manera en que él le había tomado la mano, las palabras que le susurraba y la seguridad con la que le había prometido que jamás tendría motivos para arrepentirse de haberlo elegido. Ahora aquellas palabras solo le parecían una cruel y fria ficción. Dante sabía exactamente qué decirle para conseguir que confiara en él, porque Elisa estaba enamorada y porque conocía perfectamente lo que podía obtener al convertirse en su esposo.

—Todo fue mentira—Susurró Elisa con un hilo de voz mientras miraba hacia la puerta, como si esperara que Dante apareciera para contradecirla—. ¿Cada palabra que me dijiste fue parte de tu plan?

La puerta permaneció cerrada. Elisa soltó una risa débil y se secó las lágrimas con el dorso de la mano, aunque nuevas lágrimas ocuparon inmediatamente su lugar.

—Claro que no vas a responderme —murmuró con amargura mientras bajaba la mirada hacia la fotografía—. Nunca respondes cuando necesito escucharte.

Durante unos segundos permaneció en silencio, recordando todas las veces que había intentado ganarse el cariño de Dante después de la muerte de su padre. Pensó que su matrimonio podía convertirse en el refugio que necesitaba para superar la pérdida, pero él comenzó a distanciarse en cuanto consiguió aquello que realmente buscaba. Elisa soportó su frialdad, había intentado agradarle, había defendido su matrimonio frente a las críticas de su familia y había aceptado humillaciones que jamás habría tolerado de ninguna otra persona. Todo porque todavía conservaba la esperanza de que, en algún momento, Dante llegara a amarla de verdad. Entonces descubrió que mientras ella luchaba por salvar un matrimonio que creía real, él estaba entregando su amor a otra mujer.

Elisa cerró los ojos y dejó escapar un suspiro tembloroso.

—¿Por qué nunca fui suficiente para ti? —preguntó con lágrimas en los ojos mientras apretaba los dedos contra su pecho—. ¿Qué tenía ella que yo no?

Nadie respondió.

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