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Estrellas del Mañana
Estrellas del Mañana
Autor: Gris y Ámbar

Capítulo 1 De último minuto

Autor: Gris y Ámbar
En cuanto terminé la solicitud y di clic, apareció en la pantalla el mensaje “Solicitud enviada”.

Me quedé mirando esas palabras, con los ojos ardiendo por las lágrimas que contenía. Faltaba un minuto para que cerrara el sistema.

Vibró el celular que tenía sobre el escritorio. Era Silas Lind.

—Sonia, ya enviaste tu solicitud, ¿verdad? No puedo esperar a que estemos juntos en la universidad —dijo por el altavoz cuando contesté.

—¿En serio te emociona tanto? —pregunté después de quedarme en silencio un momento.

—Claro que sí —dijo despreocupado, como si la respuesta fuera obvia—. Lo hemos planeado desde que éramos niños.

No pude soportarlo más y le colgué.

Mi madre y la de Silas habían sido compañeras y amigas cercanas en la universidad. Eran casi como hermanas. Por eso, Silas y yo habíamos crecido juntos desde que nacimos. Éramos inseparables.

Cuando éramos pequeños, siempre decía que estaríamos juntos para siempre, algo que parecía cumplirse al ir al mismo preescolar, a la misma primaria, a la misma secundaria y a la misma preparatoria.

—Hay que estudiar juntos en Bradford —me dijo durante nuestro primer año de preparatoria, después de tomarme de la mano.

Le dije que sí.

Siempre había querido estudiar en el Instituto de Tecnología de Defensa Nacional. Sin embargo, pensaba que eso no importaba mientras estuviera con él.

Al comenzar el segundo año, reorganizaron los grupos y Rachel Morgan quedó en el nuestro.

Rachel era la chica más bonita de la preparatoria. Era preciosa, encantadora y tenía unos hoyuelos adorables que se le marcaban al sonreír. A todos les caía bien.

Al principio, cuando Silas empezó a almorzar con ella, a acompañarla a casa y a estudiar con ella, noté que había algo entre ellos. Así que empecé a distanciarme sin decir nada.

—¿Por qué me evitas? ¿No somos mejores amigos? —me preguntó Silas, que, por desgracia, no me dejaba alejarme.

—Sonia, no estoy aquí para separarlos —dijo Rachel al tomarme del brazo con una sonrisa radiante—. Quiero ser parte de su grupito.

Le creí.

Los tres nos volvimos cada vez más unidos, hasta que todos en el grupo nos llamaban los tres mosqueteros.

Así que, en cuanto supe que ambos planeaban solicitar el ingreso a la Universidad Bradford, renuncié sin protestar a estudiar en el Instituto de Tecnología de Defensa Nacional, como había soñado toda la vida.

Pensé que esa decisión era una muestra de nuestra amistad. Jamás imaginé que era la trampa que habían preparado con tanto cuidado para mí.

Si mi yo del futuro no me hubiera enviado aquel video, nunca habría sospechado que habían entrado a escondidas en mi cuenta y cancelado mi solicitud de ingreso a la universidad.

Mi celular se iluminó. Silas me había enviado dos mensajes.

“¿Por qué colgaste? ¿Mala señal?”

“Rachel y yo iremos a verte mañana. Te llevaremos tus pastelitos favoritos de Southside”.

Miré los mensajes y me reí con sequedad. Luego encendí la computadora.

Había hecho dos cosas antes de enviar mi solicitud de ingreso al Instituto de Tecnología de Defensa Nacional.

Primero, tomé una captura de pantalla que mostraba que habían cancelado mi solicitud a Bradford y me habían registrado para una universidad de cuarta.

Después, busqué la dirección IP del inicio de sesión más reciente y también tomé una captura de pantalla.

La dirección IP correspondía a un café internet de la ciudad. También descubrí enseguida que el local estaba justo debajo del departamento de Silas.

Reuní las dos capturas en un archivo, lo cifré y lo subí a mi almacenamiento en la nube.

***

Al día siguiente, el timbre sonó puntualmente al mediodía. Cuando abrí la puerta, vi a Silas de pie. Sostenía una caja de pastelitos de Southside y sonreía tan radiante como siempre.

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