Share

5

last update publish date: 2024-10-26 03:52:28

Simón alzó una ceja, observando a Natalia con una mezcla de desdén y burla. El silencio entre ambos era denso, cargado de resentimientos no dichos.

—Hasta para fingir dignidad tienes talento —soltó con voz cortante, mientras su mirada la recorría de pies a cabeza.

Las palabras cayeron como un golpe inesperado, pero Natalia apenas parpadeó. Estaba harta de esos juegos crueles.

Mantuvo su mirada firme, evitando mostrarle cuánto la afectaban sus comentarios.

—Piensa lo que quieras, Simón —respondió con frialdad, su voz era firme pero cansada.

No valía la pena discutir más. Había decidido no seguir atada a esa toxicidad.

Sin esperar su reacción, se dio la vuelta, mientras se alejaba de él con el cuerpo tenso.

El auto lujoso la esperaba en la entrada, con el chofer Roger al volante, encendiendo el motor en el frío de la noche.

Natalia bajó las escaleras con la cabeza en alto y las maletas pesadas en cada mano, como si con ellas llevara el peso de los últimos años.

Cuando vio el auto, frunció el ceño.

—¿No había otro? —preguntó, casi con desprecio. El coche parecía una declaración de opulencia que no encajaba con lo que ella sentía en ese momento.

Roger la miró con una leve inclinación de cabeza.

—Fueron órdenes del señor Simón, señora.

Natalia negó con la cabeza, incrédula.

“¿Por qué este gesto?”, pensó con disgusto.

Después de todo el desprecio, ¿por qué hacer que la despidieran en un auto tan caro? No entendía su proceder, pero ya no importaba.

Sacó su teléfono y llamó a su amigo Daniel, uno de los pocos hombres en los que aún confiaba. Él contestó rápidamente, como si estuviera esperando su llamada.

—Daniel, necesito un favor —dijo con voz tensa—. Quiero que redactes un acuerdo de divorcio. Pídele a Simón 200 millones y Villa Azul.

Daniel guardó silencio por unos segundos, sorprendido.

—¿200 millones? ¿Estás segura, Natalia? —su voz sonaba dudosa.

Ella asintió, aunque sabía que él no podía verla. Le parecía poco por los malos tratos durante tantos años, pero ya tenía destinado parte ese dinero para una buena causa.

—Sí, estoy segura. También te daré parte de esa cantidad para que me ayudes a investigar algo —dijo decidida.

Daniel no dudó en aceptar.

—Cuenta conmigo. ¿Qué quieres investigar?

Natalia apretó los labios, recordando las palabras de Isabella. “Había pasado años en el extranjero tratando una enfermedad coronaria”

¿Cómo podía estar tan segura de que eso era cierto? Algo en todo esto no le olía bien y estaba decidida a investigarlo.

—Quiero que investigues si realmente existe esa enfermedad del corazón que Isabella dice tener —dijo con determinación—. Algo no me cuadra, Daniel. Al menos Simón debería saber la verdad.

Daniel entendió de inmediato y prometió empezar la investigación de inmediato. Mientras tanto, Natalia se subió al coche, mirando por la ventana la mansión Cáceres desvanecerse tras ella.

Sabía que nunca volvería, pero esta vez, la sensación de huida no era de derrota, sino de lucha. El frío de la noche no se comparaba con el calor de la determinación que ahora ardía en su pecho.

Natalia llegó a la puerta del apartamento de Daniel, con el corazón pesado.

No había querido quedarse en el hotel que Simón había pagado para ella, como si fuera una simple transacción. Apretó los labios, llena de rabia contenida.

“Mete a su amante en la casa, y a mí me manda a un hotel”, pensó con disgusto, mientras golpeaba la puerta.

Daniel abrió al instante, su rostro estaba iluminado por una sonrisa cálida. La abrazó con fuerza, como si quisiera protegerla del mundo.

—Ya comencé con la investigación —dijo en cuanto la soltó—. ¿De verdad quieres desenmascarar a tu hermana?

Natalia lo miró a los ojos, con una determinación fría.

—Sí —respondió sin dudar—. Esa mujer ha mentido y manipulado a todos durante demasiado tiempo.

Daniel frunció el ceño, curioso.

—¿Esperas que Simón se arrepienta?

Natalia negó con la cabeza, soltando un suspiro cansado.

—Ya no espero nada de él. Lo que haga o deje de hacer ya no es mi problema.

Daniel asintió, entendiendo el dolor detrás de esas palabras. Caminó hacia la cocina y empezó a preparar la cena.

El aroma del pescado empezó a llenar el aire, pero cuando lo sirvió en la mesa, Natalia frunció el ceño.

—No se me antoja —dijo, apartando el plato con un gesto de desagrado.

—Es tu favorito, siempre te ha gustado —replicó Daniel, sorprendido.

—Hoy no. Solo quiero una copa de vino —sonrió con un tono de disculpa—. No tengo hambre.

Daniel le sirvió una copa, mirándola de reojo.

—Natalia... Cuando estuviste con Simón, ¿te cuidaste?

Ella lo miró en silencio durante unos segundos antes de responder con voz apagada.

—No... No lo hice.

Daniel la observó con una mezcla de preocupación y cautela, pero decidió no decir nada más. El silencio entre ellos quedó suspendido, cargado de incertidumbre.

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (2)
goodnovel comment avatar
Claudia Leonor Castillo
el bebé de verdad su hijo verdadero porque yo no creo que la otra sí sea
goodnovel comment avatar
Cristal Hernandez
lo más seguro es que Natalia allá quedado embarazada de Simón después de es noche
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • Ex esposo arrepentido: Vuelve a mí, querida   235 (Final)

    El reloj en la sala de espera parecía haberse detenido, y cada segundo que pasaba era una tortura para Keiden. Estaba de pie, caminando en círculos y retorciéndose las manos. Sus nervios eran evidentes en cada movimiento errático. —Keiden, por el amor de Dios, si sigues así vas a abrir una zanja en el suelo —le dijo Delia, apoyándose en la pared mientras acariciaba su vientre de casi seis meses. —No puedo evitarlo —respondió él, sin detenerse—. ¿Y si algo sale mal? ¿Y si la bebé tiene algún problema? Mateo, sentado al lado de Delia, soltó una carcajada. —Hermano, en unos meses estaré igual de nervioso, pero no quiero ni imaginar lo que sientes ahora. —¡Mateo, no lo estás ayudando! —le reprochó Delia, frunciendo el ceño. —¿Qué? Solo estoy diciendo la verdad —se encogió de hombros, sonriendo con sorna—. Pero eso sí, Keiden, cuando sea mi turno, puedes burlarte de mí todo lo que quieras. Keiden rodó los ojos, pero su expresión seguía cargada de preocupación. —Espero que

  • Ex esposo arrepentido: Vuelve a mí, querida   234

    La lluvia caía con insistencia sobre las lápidas del cementerio, mezclándose con las lágrimas silenciosas de los asistentes. Bajo el cielo gris, el ataúd de Isabella Benavides descendía lentamente hacia la tierra húmeda. Graciela, su madre, se aferraba a un pañuelo empapado de lágrimas. Su cuerpo temblaba a pesar del abrigo grueso. Roberto, su esposo, permanecía inmóvil a su lado, con los ojos cristalizados en un dolor silencioso. —Ella no era mala… solo estaba perdida —sollozó Graciela, aferrándose al brazo de su esposo. Roberto apretó los labios, incapaz de pronunciar palabra. Natalia, de pie junto a ellos, sintió el nudo en la garganta apretarse. Había soñado tantas veces con el día en que Isabella no estuviera interfiriendo en su vida, pero nunca imaginó que el final llegaría de esa forma trágica. Keiden, a su lado, la sostenía con firmeza, preocupado por su bienestar debido al avanzado embarazo. Le susurró al oído, con voz suave: —Si necesitas sentarte, dime. No quiero

  • Ex esposo arrepentido: Vuelve a mí, querida   233

    El chirrido de las sirenas retumbaba en las calles mientras Isabella pisaba el acelerador con furia, y el corazón le palpitaba desbocado. Apenas podía ver a través del retrovisor, pero sabía que las patrullas se acercaban. A pocos metros, Calvin también huía, con su rostro desencajado y las manos firmes en el volante. El destino, caprichoso, los llevó a un viejo almacén abandonado en una parte olvidada de la ciudad. Al verse acorralados, ambos se detuvieron de manera brusca. Los autos policiales bloquearon las salidas, dejando solo una opción: enfrentarse entre ellos o caer en manos de la ley. Isabella bajó del auto tambaleándose, el cabello revuelto y los ojos inyectados de rabia. Calvin hizo lo mismo, su expresión estaba cargada de incredulidad al verla allí. —¡Tú! —gritó Isabella, con los ojos encendidos por la ira—. ¡Maldito traidor! ¡Por tu culpa estoy aquí! Calvin soltó una risa amarga mientras cojeaba hacia ella. —¿Mi culpa? —espetó, señalándola con un dedo acusador

  • Ex esposo arrepentido: Vuelve a mí, querida   232

    Hugo observaba con suficiencia a Calvin desde la entrada del lugar abandonado. El ambiente olía a humedad y metal oxidado, pero el espacio para cerrarse en torno a ellos. Calvin, con el rostro crispado por el nerviosismo, daba pasos erráticos, tratando de convencerse a sí mismo que la presencia de Hugo en el lugar era irrelevante y que todavía tenía chances de escapar ileso.—No puedes escapar después de lo que le hiciste a Henry —dijo Hugo con voz firme. Calvin alzó la vista y soltó una risa burlona, intentando ocultar sus nervios.—¿De verdad vienes con ese sermón de lealtad? —espetó con desdén, mirándolo con irritación—. Tu lealtad de mierda no sirve de nada si el viejo ya está muerto. Hugo sonrió de una manera que hizo que un escalofrío desagradable recorriera la espalda de Calvin. “¿Qué diablos te traes, cabrón imbécil?,” pensó Calvin, inquieto. Dando un paso hacia él, Calvin frunció el ceño. —¿Fuiste tú quien congeló las cuentas? —preguntó con molestia. Hugo se enco

  • Ex esposo arrepentido: Vuelve a mí, querida   231

    Minutos antes… Calvin tecleaba de manera frenética, sus ojos clavados en la pantalla de la laptop. El sudor resbalaba por su frente mientras maldecía entre dientes. La cuenta regresiva en su mente era clara: cada minuto que pasaba era un riesgo. Isabella estaba ocupada con su obsesión por Natalia, y esa era su única oportunidad para desaparecer con todo el dinero.—Vamos… dame lo que necesito —gruñó, ingresando una nueva combinación de códigos. Intentó de nuevo, conteniendo el aliento. De repente, un sonido agudo indicó el acceso permitido. Calvin parpadeó incrédulo antes de lanzar un grito de euforia. —¡Sí! —exclamó, saltando en su lugar—. ¡Lo logré, maldita sea! Finalmente había desviado el dinero de Isabella. Todo estaba ahora en cuentas seguras bajo su control. Se sentía invencible. Agarró una mochila y comenzó a guardar documentos y billetes, tarareando una canción alegre. —Adiós, Isabella —murmuró con sorna—. Buena suerte pagando tus deudas. Por un breve instante pe

  • Ex esposo arrepentido: Vuelve a mí, querida   230

    Isabella caminaba de un lado a otro en la habitación, con los ojos desorbitados y el cabello revuelto cayendo sobre su rostro. Sus uñas, mordidas hasta la piel, eran el reflejo de su creciente desesperación. Habían pasado días siguiendo a Natalia, vigilando sus movimientos, pero los malditos guardias de Keiden frustraban cualquier intento de acercamiento.—¡Tiene que haber una forma! —gruñó, golpeando la pared con el puño—. Nadie puede estar vigilado las veinticuatro horas del día. Calvin, sentado en el sofá con las piernas cruzadas, observaba la escena con indiferencia. Estaba harto de todo aquello: las obsesiones de Isabella, el peligro inminente de ser capturados y el desquicio en el que se había convertido su vida. Pero sabía que no podía enfrentarse a ella abiertamente. No todavía. —Quizá deberíamos reconsiderar esto —sugirió con voz mesurada—. Cada minuto que pasamos aquí es un riesgo innecesario. Ya no hay tiempo para tus caprichos. Isabella se detuvo en seco y lo fulmi

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status