LOGINCAPÍTULO 6: Radiografía de una traición II
VALENTINA
Miguel regresó a casa pisando con sigilo, intentando fingir que el cansancio natural de un hombre de negocios lo agobiaba. Yo seguía sentada en el sofá de la sala, con la luz tenue de la lámpara de pie iluminando la pantalla de mi ordenador portátil y una vieja película proyectándose de fondo sin que le prestara la más mínima atención.
Al verme allí despierta a altas horas de la madrugada, iluminada por el resplandor azulado de la pantalla, Miguel se detuvo en seco, visiblemente desconcertado. Intentó recomponer el gesto de inmediato, adoptando esa postura de esposo arrepentido y atareado que tantas veces me había manipulado con anterioridad.
—Valentina, cariño... ¿Aún despierta a estas horas? —balbuceó, quitándose el saco con desgana y arrojándolo sobre el respaldo de un sillón—. Perdóname por la hora, quería avisarte, pero la cena de negocios se alargó más de lo previsto...
Intentó explicarse con una retahíla de excusas baratas, pero no lo dejé continuar. Lo atajé de golpe, levantando la vista de la pantalla con una frialdad calculada que lo dejó descolocado.
—No te preocupes, Miguel. No hace falta que me expliques nada —dije con voz serena, manteniendo mis manos quietas sobre el teclado—. Laura ya me explicó todo. Hoy me la crucé en una tienda por la tarde, y me comentó que tenían una cena sumamente importante que nos ayudará a asegurar de una vez por todas la firma del contrato con los Valente.
La cara de profunda preocupación que Miguel traía pegada desde la calle se desvaneció en un segundo, sustituida por una mezcla de estupefacción y alivio. No entendía cómo Laura conocía ese detalle, ni imaginaba que mi asistente había jugado a su favor solo para ganarnos tiempo mientras yo armaba la trampa perfecta.
—Ah... ¿te lo dijo Laura? —murmuró él, parpadeando con torpeza mientras intentaba procesar la información—. Sí, exacto. Fue una cena pesada, pero necesaria para la empresa. Perdón, cariño, se me ha olvidado avisarte con tiempo, pero ya ves cómo son estas cosas del mundo corporativo.
Me puse de pie lentamente, cerrando la tapa del ordenador portátil con un movimiento seco que resonó en el silencio de la sala. Caminé hacia él despacio, cruzándome de brazos para mantener una barrera física infranqueable.
—No me has explicado, Miguel, porque el cambio repentino de las claves bancarias —le solté, mirándolo fijamente a los ojos con una falsa expresión de vulnerabilidad dolida—. Podemos hablarlo mañana, cariño; seguro vienes estresado de estar todo el día en la oficina y luego de esas reuniones interminables.
Tenía que fingir tranquilidad. Era una tarea agotadora y repugnante, pero absolutamente necesaria. No quería que ese cínico se diera cuenta de que ya había empezado a investigarlo a fondo, que conocía la verdad de su amante, de su hijo en camino y de todas las mentiras con las que había intentado pisotear mi dignidad durante los últimos tres años.
Miguel exhaló un suspiro exagerado, dio un paso al frente e intentó acercarse para rodearme los hombros, pero retrocedí un paso antes de que sus manos pudieran tocarme.
—Con respecto a eso, te pido disculpas, Valentina —dijo él, frunciendo el ceño con fingida preocupación—. Me asusté muchísimo cuando el sistema me alertó de que estaban intentando ingresar a las cuentas bancarias corporativas. Y claro, como no tuve tiempo de ir personalmente al banco a verificar si se trataba de un hackeo, pedí que bloquearan momentáneamente las cuentas y las tarjetas asociadas por seguridad.
—¿Era necesario llegar a ese extremo? —le reproché.
—Hoy en día las estafas virtuales están a la orden del día —me interrumpió él rápidamente, levantando las manos en un gesto de apaciguamiento—. Te dije que si ocupabas dinero para tus caprichos me avisaras y te hacía una transferencia directa desde mis cuentas personales. La empresa no está pasando por su mejor momento financiero, hay muchos gastos operativos cruzados. Pero tú tranquila, mi amor, yo me voy a encargar de todo.
Solo asentí con la cabeza, manteniendo la mirada baja para ocultar el brillo de triunfo y desprecio que me quemaba en las pupilas. Claro que se iba a encargar... de hundirse solo. No era un bloqueo temporal el que habíamos ejecutado con Laura; pronto, muy pronto, Miguel Argüello no volvería a tener acceso a nada de mis cuentas ni del capital que creía dominar.
—Está bien, encárgate tú —le respondí con un hilo de voz sumiso, interpretando a la perfección mi papel—. Tienes razón, debo aprender a ser más prudente con el dinero en estos tiempos difíciles.
Él sonrió, satisfecho de haber ganado la discusión y convencido de que me tenía comiendo de la palma de su mano. Dio media vuelta para ir hacia la cocina a servirse un vaso de agua, creyendo que la conversación había terminado. Pero antes de que cruzara el umbral, lancé la pregunta que tenía guardada como un dardo envenenado.
—Por cierto, Miguel... Hoy también me encontré con una antigua compañera de universidad —comenté con total naturalidad, deteniéndolo en seco—. Me dijo que nos ayudaría a acercarnos directamente a Germán Valente. Una de sus mejores amigas es muy cercana a él, o eso me comento mi antigua amiga.
—¿De quién hablas? —preguntó, intentando disimular la falta de interés—. ¿A qué te refieres, Valentina?
—Sí, una tal Isabel... —dije, ladeando la cabeza con fingida inocencia mientras lo observaba temblar—. ¿Cómo era su apellido completo? Ah, déjame recordar... Isabel Lascurain. ¿Te suena de algo, mi amor?
Miguel se congeló a mitad del pasillo. Su espalda se puso rígida como una tabla y tardó varios segundos en girarse para enfrentarme. Su rostro había perdido todo el color, y una gota de sudor frío comenzó a asomarse por su sien.
CAPÍTULO 75: El primer acercamientoLUCASFinalmente, el teléfono vibró en mi mano.«Aún no lo sé. Quiero que cenemos juntos esta noche.»Valentina no estaba jugando conmigo; simplemente estaba siendo honesta.«Está bien, quiero esperarte», tecleé con rapidez, sintiendo que un peso inmenso se desprendía de mi pecho. «¿A las 7:30 en el pasillo?»«Perfecto», fue su única respuesta.A las 7:25 ya estaba listo, caminando de un lado a otro en mi sala. A las 7:27, la impaciencia me ganó. Caminé hacia la puerta y la abrí.En el exacto milísegundo en que mi puerta se abrió hacia el pasillo, escuché el clic de la cerradura electrónica de enfrente. Valentina estaba abriendo su puerta al mismo tiempo.Nuestras miradas se cruzaron en medio de la luz cálida del pasillo y el tiempo pareció detenerse.Estaba arreglada para la ocasión, y decir que iba hermosa sería un insulto a la realidad. —Sincronización perfecta —murmuré, incapaz de apartar la vista de ella mientras cerraba la puerta de mi depart
CAPÍTULO 74: Cuál es el plan?VALENTINA—Cancelaste el juego por mi culpa —murmuré, sintiendo que un nuevo nudo se formaba en mi estómago—. Era un juego de fútbol, ¿verdad? Germán odia que le cancelen a última hora. El equipo va a quedar incompleto y se va a pasar toda la semana de un humor de perros.Lucas se apoyó cómodamente contra el marco de la puerta, cruzando los tobillos y metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones. Me observó durante un largo momento, dejando que el silencio se estirara, deleitándose un poco con mi estado de nerviosismo absoluto. No me respondió de inmediato, lo que solo aumentó mi ansiedad.—No —respondió al fin, con una calma exasperante—. Íbamos a jugar al pádel, Valentina. Es un deporte de a dos o de a cuatro, no un equipo de once. Y conociendo a tu hermano, seguro encontrará otro compañero o compañera en el club para descargar su furia golpeando la pelota contra la pared. No te preocupes por Germán, su ego se recuperará.Solté un suspiro de al
CAPÍTULO 73: Un juego canceladoLUCAS—No, no, no. Lucas, escúchame bien —murmuró, moviendo las manos con una desesperación contenida, señalando frenéticamente hacia el pasillo—. Ni se te ocurra mover un solo músculo. Pidiéndote, exigiéndote que no abras esa puerta por nada del mundo.La observé con una mezcla de fascinación y absoluta diversión. Su cabello seguía ligeramente alborotado por la noche de tragos, y el contraste entre su ropa de diseñador arrugada y su evidente pánico fraternal resultaba extrañamente adorable.—Valentina, tranquila, respira —le respondí, manteniendo mi tono de voz normal, lo que provocó que ella me lanzara una mirada fulminante y me hiciera un gesto universal con el dedo índice sobre los labios para que me callara—. Somos grandes. Los dos somos adultos con vidas independientes. Tu hermano no es tu tutor legal. Solo dile la verdad: que tuviste un problema ayer por la noche, que el sistema de seguridad bloqueó tu cerradura y que, como cualquier persona sens
CAPÍTULO 72: Resaca, bloqueos y el reloj implacableVALENTINAEstoy soñando plácidamente. No logro distinguir con exactitud los detalles del paisaje que me rodea, pero la brisa es cálida y hay una sensación de ligereza en mi pecho que no había experimentado en años. Sé, con la certeza que solo los sueños otorgan, que es un momento inmensamente feliz. No hay demandas, no hay exmaridos resentidos, no hay holdings corporativos que salvar. Solo paz.Hasta que, de manera abrupta, una luz intensa y dorada se filtra a través de mis párpados cerrados, apuñalando mis retinas y dejándome virtualmente ciega.Abro los ojos de repente, soltando un quejido ronco mientras levanto una mano para protegerme del sol inclemente. Mi cabeza palpita al ritmo de un tambor tribal, un latido sordo y constante justo detrás de mis sienes. Parpadeo varias veces, intentando que mis ojos se adapten a la luminosidad de la habitación.Dejo caer la mano sobre el colchón y mis dedos se hunden en unas sábanas de algodón
CAPÍTULO 71: La llave equivocada y puertas que se abrenLUCASSabía perfectamente que Valentina no estaba en su departamento porque, durante las últimas horas, no se había escuchado absolutamente nada del otro lado de la pared. Había agudizado el oído en más de una ocasión, buscando el sonido familiar de sus tacones o el murmullo de la televisión, pero el silencio era total. Pasaba de la medianoche cuando lo escuché.Primero fue un ruido sordo, como si alguien hubiera tropezado contra la pared. Luego, sentí unos pasos muy pesados arrastrándose por la alfombra del pasillo exterior, seguidos por el inconfundible tintineo metálico de un manojo de llaves cayendo al suelo y una serie de maldiciones ahogadas.No lo pude evitar. Le puse pausa a la película, dejé la copa sobre la mesa de centro y me acerqué a la entrada. Salí a mirar de qué se trataba.Era Valentina.Estaba de pie frente a la puerta de su departamento, tenía el cabello ligeramente revuelto cayéndole sobre el rostro y sostení
CAPÍTULO 70: Neón, tequila y la memoria del corazónVALENTINAAún no entiendo, por más que le doy vueltas en mi cabeza nublada, cómo me dejé convencer por Laura de venir a este lugar.El bajo de la música electrónica rebotaba contra las paredes forradas en terciopelo oscuro y vibraba directamente en mi pecho, amenazando con desarmar el poco equilibrio emocional que me quedaba. Las luces de neón parpadeaban en tonos púrpuras y azules, cortando la oscuridad del local y revelando una multitud de cuerpos que se movían al unísono. El aire olía a perfume caro, a sudor y a ginebra derramada.Yo estaba sentada en un taburete alto junto a la barra. Hace mucho tiempo que no venía a un bar de este estilo. De hecho, si soy completamente honesta, creo que nunca fui de las que venían a bares. —¡No pongas esa cara de funeral, Valentina! —gritó Laura por encima de la música, inclinándose sobre la barra para hacerse escuchar. Llevaba el cabello suelto, los labios pintados de un rojo intenso y una ene







