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Capitulo 2: Directo Al Corazón

last update publish date: 2026-07-31 22:39:45

Alejandro estaba allí, pero no estaba solo. Una mujer se refugiaba con delicadeza en sus brazos, buscando consuelo, y Alejandro la sostenía rodeándola con una ternura y una protección jamás vistas en él, inclinando su rostro con una devoción que a Victoria nunca le había concedido.

Victoria se quedó paralizada en mitad del pasillo, sintiendo cómo el mundo se desmoronaba a su alrededor. La luz fluorescente del hospital iluminó la escena con cruel claridad: el color del cabello de aquella mujer que se aferraba con tanta intimidad al pecho de su esposo no era, bajo ninguna circunstancia, el de la hermana de Alejandro.

Victoria dio un paso al frente, sintiendo que el suelo se tambaleaba bajo sus pies. A medida que se acercaba, la luz del pasillo iluminó por completo el rostro de la mujer que se aferraba a Alejandro.

Un frío glacial le recorrió la espalda al reconocerla. Era Andrea, la ex prometida de Alejandro. La mujer que él realmente había amado y por la que tanto había sufrido en el pasado.

Al notar la presencia de Victoria, Andrea se enderezó lentamente. Con un gesto delicado y una mirada cargada de aparente inocencia, fue la primera en romper el silencio.

—¿Quién eres tú? —preguntó Andrea, entornando los ojos con curiosidad.

Victoria contuvo el aliento, esperando que Alejandro diera un paso al frente y la presentara como su esposa. Sin embargo, la respuesta de él fue un golpe directo al corazón.

—Victoria —dijo Alejandro con voz seca y desapasionada.

Solo su nombre. Ni una mención a su matrimonio, ni un rastro de afecto. Nada.

Andrea esbozó una sonrisa suave, como si hubiera ganado una pequeña batalla silenciosa, y dio un paso hacia ella extendiendo la mano.

—Mucho gusto, Victoria. Yo soy Andrea, la exnovia de Alejandro.

Victoria miró fijamente a su esposo, buscando en sus ojos alguna señal, algún destello de incomodidad o la decencia de corregirla. Pero el rostro de Alejandro era una máscara de piedra. Su expresión no cambió lo más mínimo, manteniéndose completamente indiferente ante la humillación que su esposa estaba sufriendo en silencio.

Antes de que Victoria pudiera articular palabra, la puerta de la habitación se abrió de par en par. La hermana de Alejandro entró a paso apresurado. Al ver a Victoria, su expresión se transformó de inmediato en una mueca de fastidio y desdén.

—Qué bueno que estás aquí, Victoria —soltó la hermana con tono despectivo, tendiéndole un fajo de papeles sin la menor cortesía—. Ve a pagar estas cuentas del hospital y encárgate de estos recados ahora mismo.

Victoria apretó los puños, tragándose el orgullo. Pero la humillación no terminó ahí.

La hermana de Alejandro se giró hacia Andrea y, delante del propio Alejandro, le tomó las manos con un afecto exagerado.

—Menos mal que estabas ahí, Andrea. Eres tan valiente y bondadosa... arriesgaste tu propia vida para salvarme de esos delincuentes sin importar el peligro —dijo la hermana, lanzando una mirada venenosa hacia Victoria—. Solo espero que mi hermano esta vez sí sepa distinguir quién es la mujer que realmente vale la pena y no vuelva a cometer el error de perderte por segunda vez.

Cada palabra era un puñal diseñado para herir a Victoria. Ella esperó, con un hilo de esperanza, que Alejandro interviniera, que pusiera un límite a las ofensas de su hermana. Pero el silencio de él fue absoluto. Alejandro no movió un solo dedo para defenderla.

 Con la mente hecha un caos absoluto y el pecho oprimido por el dolor, Victoria dio media vuelta y salió apresuradamente de la habitación del hospital.

 Las preguntas daban vueltas en su cabeza sin piedad. ¿Cuándo había regresado Andrea? ¿Llevaban tiempo viéndose a sus espaldas? Necesitaba respuestas. Necesitaba hablar con él a solas y aclarar, de una vez por todas, qué significaba realmente su matrimonio.

 La tarde transcurrió en una nebulosa de ansiedad. Sorprendentemente, la reunión con el socio comercial se desarrolló sin contratiempos y la firma del contrato fue un éxito rotundo.

 Sin embargo, apenas el cliente cruzó la puerta de salida, Victoria buscó a Alejandro con la mirada, pero él ya no estaba por ningún lado. Le preguntó a su secretaria, pero nadie sabía dónde se había metido.

 "Seguro fue a buscar a Andrea", pensó Victoria con amargura.

 Resignada, decidió ordenar los últimos detalles de su trabajo en la oficina y regresar a la casa que compartían. Lo esperaría allí el tiempo que fuera necesario para tener esa conversación pendiente.

 Al bajar al vestíbulo del edificio para dirigirse al estacionamiento, una voz alegre la sacó de sus pensamientos.

 —¡Victoria!

 Al levantar la vista, vio a su mejor amiga caminando hacia ella con paso decidido. Antes de que Victoria pudiera reaccionar, su amiga la tomó firmemente del brazo.

 —Ni se te ocurra decirme que tienes que trabajar —dijo su amiga con una sonrisa cómplice—. Ayer fue tu cumpleaños y no pudimos celebrar nada por culpa de tus pendientes de la oficina. Así que hoy yo misma te voy a compensar.

 —No, de verdad no puedo... —intentó protestar Victoria, pensando en Alejandro.

 —Claro que puedes —la interrumpió su amiga, empujándola suavemente hacia el asiento del copiloto de su coche—. Vamos a mi casa. Te tengo una sorpresa que te va a encantar, no acepto un no por respuesta.

 Victoria suspiró, dejándose llevar por la insistencia de su amiga. Quizás un momento de distracción la ayudaría a calmar la tormenta que llevaba dentro.

 Poco después, llegaron al apartamento de su amiga. Al abrir la puerta principal, Victoria entró al recibidor. Pero antes de que pudiera encender la luz o dar un paso más, una voz sumamente familiar, que no había escuchado en mucho tiempo, resonó desde el interior de la sala.

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