Share

Capítulo 2. La pesadilla.

Author: Jeda Clavo
last update publish date: 2024-08-15 01:24:29

Amelia mientras vio que se llevaron a su bebé. Las lágrimas rodaron por sus mejillas, y los recuerdos del pasado golpeaban su mente como una tormenta.

Recordó aquel día cuando todo se desmoronó. Su padre la dejó en la entrada del club donde se celebraba la fiesta de graduación.

—Cuando estés lista, llámame para ir por ti —dijo antes de marcharse.

Al entrar, Amelia sintió que todas las miradas se volvían hacia ella. Escuchó susurros, una mezcla de admiración y envidia. Se abrió paso entre la multitud hasta llegar a su mesa.

Manuela Sarmiento la recibió con una sonrisa que no llegó a sus ojos, pero Amelia no lo notó. Pensaba que eran amigas, aunque la mirada de Manuela escondía celos y rabia hacia ella.

La muchacha, fingiendo agrado, le ofreció un vaso con un líquido ámbar. Amelia lo miró con desconfianza, lo pensó por un momento y negó con la cabeza, porque prácticamente había ido sola, y no le pareció maduro de su parte tomar y no saber lo que pudiera ser de ella.

—Lo siento, esta noche no bebo —dijo con cortesía.

Los demás la miraron con desagrado, lo que hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo.

La música comenzó a sonar, y alguien la invitó a bailar. Amelia aceptó, feliz de moverse al ritmo de la música, sin sospechar lo que estaba por venir.

Mientras bailaba, Manuela la observó con ojos llenos de malicia. Cuando Amelia se alejó de la pista, Manuela se inclinó hacia sus amigos y susurró:

—Esto debe salir perfecto. Harry, tú te encargas de las luces, solo el tiempo necesario. Joan, Giulio y Jonás, asegúrense de que termine en el baño.

Amelia, ajena a todo, seguía disfrutando. Se reía, se movía con gracia, hasta que decidió descansar.

Al regresar a su asiento, sintió un escalofrío. Algo no estaba bien, pero no pudo identificar qué era. Cuando llegó a la mesa, la oscuridad cayó sobre la sala de repente.

Se quedó paralizada. Un paño cubrió su boca, ahogando sus gritos, y unas manos fuertes la inmovilizaron. La arrastraron hasta el baño. Cuando volvió la luz, se encontró rodeada por tres chicos y dos chicas con miradas llenas de malas intenciones.

—¿Qué hacen? —susurró Amelia, asustada. —¿Qué quieren?

Manuela, que Amelia consideraba su amiga, se acercó y la miró con desprecio.

—Vamos a darte una lección de humildad —, escupió con veneno. —Que todo el mundo vea que no eres tan perfecta después de todo, siempre quieres presumir de tus notas, de ser Atleta, de ser bella, de ser la mejor, ¡Pero no más!

La inmovilizaron, uno en cada brazo, y otros dos la obligaron a separar las piernas y ni siquiera pudo gritar porque le pusieron cinta pegante en la boca. 

Un escalofrío de espanto invadió a Amelia mientras la despojaban de su ropa, el terror le arañaba la garganta. Se imaginó lo peor, mientras las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. 

Y así fue, cuando Manuela blandió una jeringuilla con una sonrisa depredadora, dejando sus intenciones claras y monstruosas, mientras el grito ahogado de Amelia salía con un leve quejido, cerrando los ojos con su rostro bañado en lágrimas. 

El dolor la atravesó, mientras dejaba deslizar algo en su interior. Su mundo, antes lleno del cálido resplandor, del respeto y la admiración, se había sumido en un abismo de pesadilla, de traición y dolor, mientras ellos la dejaban tirada en el baño, sumida en el dolor.

Tres meses después, Amelia estaba en el consultorio médico, con náuseas constantes. Temía que tuviera alguna enfermedad grave. Cuando el doctor le dio los resultados, su vida se vino abajo.

 —¿Qué tengo, doctor? ¿Una enfermedad? ¿Voy a estar bien? —, preguntó con voz temblorosa.

La respuesta cayó sobre Amelia como una sentencia.

 —Por supuesto que vas a estar bien, solo estás embarazada. 

—¿Embarazada? —repitió Amelia, incrédula. Recordó la fiesta y la inyección. No podía ser cierto, pero lo era.

Al regresar a casa, sus padres estaban sentados con sus hermanos hablando en  la sala, sin embargo, se tropezó y su bolso se le cayó de las manos temblorosas. Su contenido se desparramó por el suelo.

Su padre se levantó a ayudarla a recoger cuando encontró el sobre.

—¿Qué es esto? 

Con los ojos rebosantes de lágrimas calientes y punzantes, Amalia observó impotente cómo los dedos de su padre pellizcaban el papel y lo levantaban con la precisión de un hombre acostumbrado al control y como ella no le respondió insistió.

—¿Qué significa esto? —, preguntó, clavando su penetrante mirada en la de ella.

Un sollozo le subió por la garganta, crudo y desesperado. 

—Estoy embarazada —, confesó, su voz, apenas un susurro contra la tormenta de emociones que se estaba gestando en su interior y sus ojos llenos de lágrimas.

 La reacción de sus padres fue inmediata y despiadada.

—¿Quién te ha embarazado? —preguntaron al unísono.

—No lo sé… —respondió Amelia, su voz ahogada en sollozos.—No sé cómo o currió…

La furia de su padre estalló como un volcán que de repente cobró vida. Caminó hacia ella, y la distancia se redujo en latidos. Con un golpe rápido, como un relámpago, su mano conectó con su mejilla, haciéndola caer de espaldas sobre uno de los muebles. 

—¡No eres más que una zorra! —, le espetó, con veneno en cada sílaba. —¡¡Yo no voy a ser el hazmerreír de la gente!! Recoge tus cosas y vete de esta casa,

Amalia extendió la mano, con una súplica, formándose en sus magullados labios, buscando cualquier atisbo de compasión en el hombre que una vez la había sostenido con tierno cuidado.

Pero el padre que conocía había desaparecido, sustituido por aquel extraño inflexible y cruel.

—Papá por favor... mamá —. La voz de la muchacha tembló.

—¡Ya escuchaste a tu papá! —dijo su madre se dio la vuelta, con la espalda, como un último y aplastante rechazo —Recoge tus cosas porque no te queremos más en esta casa.

En ese momento Amelia, sola, embarazada y sin apoyo, vio cómo su mundo perfecto se hizo pedazos, la tristeza y el dolor se cernió sobre ella. Ahora estaba allí, dejando atrás a su hija en ese orfanato, porque no tenía otro camino, sin embargo, en silencio prometió que regresaría por ella, la vería día a día y la recuperaría, aunque le costara la vida “¡Lo juro!”, se dijo en la mente, segura de cumplir con esa promesa.

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (5)
goodnovel comment avatar
Silvia Cruz
es muy duro lo que vivió Amelia
goodnovel comment avatar
Ana Maria Vitto
Que dolor, pobre Amelia y su beba, ni siquiera nombre le puso a su hija. como la ba a reponer cuando ella vuelva por su hija
goodnovel comment avatar
Omaira Calderon
y será que cuando Amelia pueda regresar por su hija al orfanato, aún esté allí (⁠ب⁠_⁠ب⁠)
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • HIJA DEL SILENCIO. La heredera inesperada del magnate.   Capítulo 166. Epílogo. El valor de los sueños compartidos.

    Pasaron seis años, llenos de cambios, crecimiento y un sinfín de recuerdos entre Houston y Nueva York. La empresa de Sergio había crecido con fuerza, atrayendo el interés de grandes inversionistas internacionales. Así llegó la oferta de una transnacional asiática que prometía llevar su empresa al siguiente nivel. La oportunidad era única y aseguraba un futuro próspero, pero tenía un costo: para lograrlo, Sergio tendría que mudarse con su familia durante seis años. Una tarde, mientras Sergio se encontraba en su oficina, sopesando las implicaciones, sus pensamientos fueron interrumpidos por Naomi, que, percibiendo su tensión, se acercó y le abrazó suavemente por detrás.—Mi amor, ¿qué te preocupa tanto? —le susurró—. ¿Sabes qué puedes contarme?Sergio sonrió, agradecido por la intuición de su esposa.—¿Cómo haces para saber siempre lo que me pasa? —le preguntó con una media sonrisa.Naomi rió suavemente.—Es porque te amo demasiado, y presiento lo que te ocurra, así que no hay nada qu

  • HIJA DEL SILENCIO. La heredera inesperada del magnate.   Capítulo 165. El comienzo de siempre.

    El tiempo fue pasando rápidamente, y en un abrir y cerrar de ojos, se cumplió el primer año de vida de Apolo y Nohelia. Las familias Valente y Castillo, que se habían mantenido en contacto constante, aprovecharon la ocasión para reunirse en Houston, en la casa de Sergio y Naomi. A pesar de la distancia, la amistad entre ellos se había intensificado, fortalecida por experiencias compartidas y el cariño que unía a los más pequeños.Ese día, la casa de los Castillo lucía decorada de manera encantadora. Globos de colores adornaban los jardines, y una mesa repleta de dulces y pasteles temáticos recibía a los invitados. Las risas y las conversaciones llenaban el aire, enmarcando la celebración con un ambiente cálido y acogedor. Sergio y Naomi, anfitriones orgullosos, no podían ocultar la alegría que sentían al ver a todos reunidos para celebrar la vida de los pequeños.Esmeralda, radiante y con una sonrisa constante, estaba acompañada por su nuevo esposo, el doctor Garniel, con quien se

  • HIJA DEL SILENCIO. La heredera inesperada del magnate.   Capítulo 164. La decisión final.

    Naomi contuvo la respiración, su corazón latiendo con fuerza ante la revelación de Marina. La tensión en la habitación era palpable, como si el aire mismo se hubiera vuelto denso y pesado. Sergio, por su parte, se quedó inmóvil, su rostro una máscara de incredulidad.—Pueden ir a la habitación contigua y así hablan con comodidad —expresó Alejandro mientras los guiaba a un salón donde los dejó a los cuatro y se llevó Alexandre,—¿Crisis? —murmuró finalmente Sergio, su voz apenas audible—. ¿Cómo es posible? Las empresas Castillo siempre han sido...—Invencibles, lo sé —interrumpió Marina, su voz quebrándose ligeramente—. Pero los tiempos han cambiado, hijo. Necesitamos tu visión, tu talento. Sin ti, todo por lo que hemos luchado se desmoronará.Naomi observó a su esposo, notando cómo sus hombros se tensaban bajo el peso de la confesión de su madre. Conocía demasiado bien esa mirada en sus ojos, esa lucha interna entre el amor por la empresa familiar y lo nuevo que había construido con s

  • HIJA DEL SILENCIO. La heredera inesperada del magnate.   Capítulo 163. Una madre conflictiva.

    Días después.Tras unos días de recuperación en el hospital, Naomi y su hija recibieron el alta médica. Alejandro y Amelia ofrecieron a Sergio y su familia un ala de su casa para que pudieran recuperarse y descansar sin prisas, algo que Sergio aceptó con gratitud, sobre todo porque no quería arriesgarse en volar con ellas hasta Houston, porque quería estar seguro de que estaría bien. Así que habilitó el espacio, teniendo que adquirir muchas cosas que ya tenían en su casa, pero que eran necesarias para la comodidad de su hija y Naomi, porque la princesa quiso nacer en Nueva York. Además, deseaba que su esposa estuviera cómoda y bien atendida, especialmente después del esfuerzo que significó el nacimiento de su hija.Cuando llegaron a la casa, los cuatro, las dos madres, Apolo y Nohelia, como le habían puesto a la pequeña, Alejandro y Esmeralda, los estaban esperando. Habían organizado una pequeña fiesta de bienvenida para celebrar la llegada de los bebés.Adornaron la sala principal

  • HIJA DEL SILENCIO. La heredera inesperada del magnate.   Capítulo 162. El primer encuentro entre hermanos.

    La llegada prematura de la hija de Sergio y Naomi se convirtió en una carrera contra el tiempo. Sergio, a pesar de su carácter fuerte, sintió los nervios a flor de piel mientras caminaba con su esposa a la sala de emergencias. El personal médico los vio, y fue a su encuentro con rapidez y profesionalismo, y Naomi, aunque asustada, trataba de mantenerse calmada mientras Sergio le ofrecía palabras de apoyo.—Tranquila, mi amor, te prometo que todo estará bien.Alejandro, que había decidido acompañarlos hasta la sala de emergencias, le dio a Sergio una palmada en el hombro y le susurró al oído.—Escucha, amigo, no vayas a ver nada que no sea a tu mujer mientras está pujando, ¿me entiendes? Te lo digo en serio. Si te atreves a mirar… vas a acabar en el suelo, igual que yo. No me hagas quedar mal, ¿de acuerdo? —dijo Alejandro, intentando romper la tensión con una sonrisa burlona.Sergio asintió con una media sonrisa, consciente de que Alejandro tenía razón. Sabía que su amigo había tenido

  • HIJA DEL SILENCIO. La heredera inesperada del magnate.   Capítulo 161. Bienvenida inesperada.

    Al llegar al hospital, el médico revisó a Amelia y al bebé, confirmando que ambos estaban en perfectas condiciones. La alegría en el rostro de Alejandro era evidente mientras acompañaba a su esposa y a su hijo hasta la habitación privada que les asignaron. Allí, por fin pudieron relajarse después de la intensidad del parto en casa.Unas horas después, Esmeralda y Anaís llegaron para conocer al nuevo miembro de la familia. La emoción de Anaís era palpable; apenas podía contener su entusiasmo cuando vio a su hermanito envuelto en suaves mantas blancas. —¿Puedo alzarlo? —preguntó la pequeña con una mezcla de curiosidad y emoción, mientras miraba con asombro al pequeño rostro que apenas había llegado al mundo.—Claro —dijo Amelia.—Ven y te ayudo mi niña —se ofreció Esmeralda,Con cuidado, su abuela se lo puso en los brazos, mientras Anaís no dejaba de sonreír emocionada.—¿Cómo vamos a llamar a mi hermanito? —preguntó Anaís, sus ojos brillando conmovida, sin apartar la vista del bebé.A

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status