LOGIN—¿Ava, podemos hablar? —Pregunta mi padre a través de la puerta de mi habitación, luego de haber discutido hace un par de noches, cuando vacíe todo mi contenido estomacal sobre el idiota de Christian Ruiz.
—¡Adelante! —Le indico, aunque para ser sincera, no quiero ni verlo, pero seguir enfadada con él, solo hará que me nazcan raíces en esta casa de por vida. Entra, y empieza a caminar por la habitación sin decir una sola palabra. Se acerca a mi escritorio, y observa mi libro de dibujo. —¿Aún pintas? —Pregunta tranquilo y sereno. —¡No! —Respondo tajante, y él abre el libro, lo levanta y me muestra el dibujo de mi hermano junto a sus dos Chloe. —Sé que la extrañas, es un lindo dibujo. —Dice, y lo miro extrañada, la verdad si está siento tan amable conmigo es porque algo quiere, ya que él jamás es así. —¿Qué pasa papá?, dime de una vez a que viniste. —¿Acaso no puedo venir a hacer las pases con mi hija? —¡Si, claro!, ¿cómo si eso te importara? —Me levanto de la cama y tomo el libro de sus manos para guardarlo en una de mis gavetas. —Tu actitud amable habría funcionado en el pasado, cuando era una niña tonta que lo único que deseaba era tu atención, padre. Pero ahora, después de esperar por años algo que nunca llegó, estoy segura de que algo quieres. —¿Cómo puedes decir eso, Ava?, soy tu padre, y si a veces soy duro contigo, es porque te quiero, y quiero lo mejor para ti. —Me siento en la cama y me cruzo de brazos. —¡Hay por favor, papá!, ve al grano, sí. —¡Está bien!, ¡está bien!, hoy vienen los Ruiz, los invité a cenar, así que espero que te comportes, en especial con Christian. —Ya decía yo, papá. —¿Lo harás? —¿Tengo otra opción? —¡Esa es mi hija! —Dice, como si yo hubiera accedido voluntariamente y sale de mi habitación. Ni siquiera disimula que ya consiguió lo que quería. No entiendo ni siquiera porque se toma tantas molestias si al final siempre puede terminar obligándome. Llamo a mi hermano, pero Rosa contesta en su lugar, parece que está muy ocupado intentando organizar su vida, entre la empresa y la pequeña Chloe. No niego que me decepciona no poder hablar con él, pero ya debe ser difícil de por sí, aceptar lo qué pasó, como para tener que lidiar conmigo y los líos de mi padre. —Señorita, hora de merendar —Llega Flor muy emocionada con una bandeja en las manos. —Lo siento, pero no tengo hambre. —Señorita Ava, debería comer algo, últimamente a duras penas y prueba la comida, no es sano que no se alimente bien. —¿Y qué puedo hacer?, si incluso tragar se me dificulta, Flor. —Ay señorita, si sigue así, yo misma llamaré al doctor para que venga a verla. —No es necesario, yo estoy bien. —¡Si, claro! —Dice y sale de mi habitación, cerrando la puerta. Decido darme un baño, pues siento que necesito despejarme; mientras tomo algunas toallas del armario, mi teléfono suena, es Rita, pero no tengo ganas de hablar con nadie, además de mi hermano. Siento que él es el único que puede entender como me siento. Aunque para ser sincera, aunque quiera hablar con él, no puedo hacerlo, sería como ahondar en la herida. «Como quisiera poder devolver el tiempo, y evitar que Chloe muriera». Me meto en la bañera, y por un momento cierro los ojos, y caigo en cuenta en que hoy es uno de esos días, en que no sé que quiero, no sé que tengo, no sé que siento, no sé que hacer… No sé cuánto tiempo pasa, pero mi ánimo está igual que mis dedos por estar tanto tiempo en el agua, “arrugados”. Veo la hora y no sé exactamente cuánto tiempo tengo para arreglarme antes de que llegue el gran prospecto de marido, junto a su familia, pues mi padre ni siquiera eso me informó. No pongo mucho esmero en arreglarme, la verdad, simplemente quiero que pase el tiempo rápido, para que así como lleguen se vayan. Bajo y justo en ese momento están entrando por la puerta todos los Ruiz, quienes apenas me ven, lo hacen con desaprobación, pues juraría que mis tenis blancos, mis jeans desgastados y mi suéter de rayas, no les hacen gracia. —¡Buenas, buenas! —Digo de lejos Mi padre apenas me ve, no duda en acercarse. —¿Se puede saber por qué estás vestida así? —Me pregunta entre dientes. —No dijiste como tenía que vestirme. —¿Tenía que hacerlo?, ¡sentido común, Ava, sentido común! —Si hubiera usado mi sentido común, no habría bajado ni aunque me desheredarás, así que agradece que no lo usé. —Le respondo y abre los ojos de par en par por mi repuesta. Es que ni yo, algunos meses atrás, creería que le hubiera hablado así a mi padre, pero en este momento de mi vida nada me importa. Al final de qué sirvió complacer en todo a mi padre, si nunca, ni siquiera un abrazo he recibido de su parte. Hecho una furia, muy contra su voluntad, decide disimular, restándole importancia a mi atuendo y a mi actitud. Nos dirigimos a la mesa, y no duda en hacer que Christian se siente a mi lado, lo que es un disgusto para ambos. Empiezan a hablar del único que tema que hace que mi padre sonría genuinamente, "política", y yo, sin poder evitarlo, bostezo como 10 veces, de lo aburrida que estoy. —Pensé que siendo hija de Michael y con la educación que has recibido a lo largo de tu vida, serías más educada, pero ni siquiera te sabes comportar a la mesa. —Dice Christian, con aires de suficiencia, y en tono bajo, para que solamente yo lo escuche. —Pues no pienses, ya ves que no te sirve de mucho. —¡Wao!, ahora entiendo por qué tu padre desea casarte con insistencia. —¿Ah, si?, y según tú, ¿por qué? —Es obvio, para deshacerse del problema que tú supones. Lo que no entiendo es porque te vende como una chica dulce, tímida, y sumisa, si eres todo lo contrario. —¿Sabes qué?, ¿por qué mejor no te callas, o es que acaso quieres que te vomite otra vez? —Esta vez levanto la voz, y todos se me quedan viendo. —¡AVA! —Me regaña mi padre —¿Qué?, ¿acaso no vez lo que intenta este imbécil? —Pero, ¿cómo te atreves niña? —Responde la señora Ruiz, muy ofendida. —Ava Roberts, discúlpate ahora mismo. —¡No lo haré! —Ava, tranquila, solo jugaba —Interviene Christian con su cara de sínico. —Ava, te lo advierto, o te disculpas ahora o... —Ni siquiera dejo que mi padre termine de hablar, pues estoy tan cansada de tanto drama, que me levanto y salgo hacia el jardín, necesito algo de aire fresco porque mi pecho duele otra vez. La idea era calmarme, pero de la frustración empiezo a llorar... —¡Maldita sea!, me siento tan sola, ¡carajo!, ¿por qué todos parecen estar en mi contra?, como extraño a Chloe, si ella estuviera viva, mi hermano no me evitaría y sabría cómo animarme. —¿Quién es Chloe? —Pregunta alguien, me giro y es Christian. Al verlo reaccionó bastante mal, resoplando de forma brusca. —¡Que te importa! —¡Hey!, calma, solamente quería saber cómo estabas. —¡Ja!, mira tú, viniste a darte cuenta si no me habías irritado lo suficiente allá adentro para terminar el trabajo. —Me cruzo de brazos, y muestro una expresión desafiante, pero él, en cambio, se acerca cada vez más y me mira con cierta vacilación. —No es así, la verdad es que lamento si me he comportado como un capullo. —¿Disculpa? —Chloe, era tu cuñada, ¿cierto? —No me cambies el tema, ¿por qué te disculpas conmigo? —Parece que te afecta hablar de ella, se nota que la querías mucho. —Eso no es de tu incumbencia, pero sí, era alguien muy importante para mí. —No puedo evitar que se me forme un nudo en la garganta y se me agüen los ojos cada vez que hablo de Chloe, Christian suspira y me arroja una leve sonrisa, que me hace sentir nerviosa. —Lamento todo, pero simplemente quería espantarte. —¿Espantarme? —Si, la verdad no me quiero casar, y por lo que me has dicho tú tampoco. —Y no era más fácil que lo dijeras, en vez de hacerme quedar como la mala del cuento. —Lo siento, pero es que no es tan fácil, mis padres con esto del matrimonio no están teniendo en cuenta lo que yo quiero. —Te entiendo perfectamente, es como vivir en una cárcel. —Para mí no es tanto así, pero si hay ciertos temas en los que ellos quieren decidir sobre mi vida a como de lugar. Sin embargo, no estoy acostumbrado a ceder tan fácilmente. —¡Mmmm!, entonces, ¿qué harás? —Me iré, diré que tú me rechazaste y lo usaré como excusa para no tener que casarme contigo. —Eres un imbécil, ¿acaso crees que soy tu ave de presa? —Jajajajaja —Se ríe, pero apenas ve que yo agarro mi pecho, y busco asiento, intenta auxiliarme. —¿Estás bien, Ava?, que sepas que solamente era una broma. —Estoy bien. —¿Por qué no vas al médico?, deberías hacerte revisar, no es normal que te den estos episodios. —Lo es en una persona como yo. —Me mira con incertidumbre. —Enferma, ¿lo recuerdas? —Bien, me disculpo por eso, vale, pero no estoy acostumbrado a que me vomiten... —Si, me imagino, pero a lo que si estás acostumbrado es a ser un capullo de primera. —Lo observo con ironía, y él chasquea la lengua, y arroja una leve sonrisa. —¡Bien!, me lo merezco. Ahora, ¿será qué podemos hablar tranquilamente? —Pues yo no tengo nada que hablar contigo, pero si viniste hasta acá, imagino que es por qué tienes que decirme algo, así que te escucho. —Me mira, por un momento, sin decir palabra alguna. —El matrimonio se aplaza. —No lo creo, yo jamás acepté casarme contigo. —Yo tampoco, pero no es algo que tú y yo podamos rechazar en este momento, así que he aplazado el compromiso lo más que pueda, con la excusa de ir a estudiar un posgrado al exterior. —Coloca una de sus manos en el oído. —Creo que estoy sordo, por qué aún no he escuchado un "gracias" —¡Pufff!, ¿por qué debería agradecerte?, al final tú eres el más interesado en no casarte con una enferma como yo. —Suspira irritado y me voy hacia mi habitación, dejándolo allí. Un par de horas después, mi padre me informa lo que ya sabía por boca de Christian; luego de eso, recibo un par de mensajes de Linda, preguntándome cómo van las cosas, y de Rita, informándome que ya fue publicada la fecha para presentar el examen de ingreso al posgrado, que será en un par de meses. ... Durante varias semanas, me he centrado en estudiar, y eso lo he usado como excusa para visitar un par de veces a mi hermano, que parece llevar una vida bastante ajetreada y sin nada de descanso, entre la pequeña Chloe y la empresa, lo que me preocupa, por qué por más que él intenta disimular, yo sé que lo hace para no tener que pensar en la ausencia de Chloe, ya que yo hago lo mismo aferrándome a los libros. —A veces pienso que alguno de los dos colapsará, con el ritmo de vida que estamos llevando. —Le digo a mi hermano, quien no deja de hacerle caras graciosas a mini Chloe, como él le dice de cariño. —¿Qué?, ¿por qué lo dices? —Por nada, hermano. Creo que ya debo irme, debo acompañar a papá a una cena de negocios. —Menciono cabizbaja —¿Ava, todo bien? —Si, ¿por qué no habría de estarlo? —No lo sé, últimamente siento que mi padre acapara todo tu tiempo, si bien es cierto que casi no nos vemos, cada que podemos hablar, cuando no mencionas la universidad, hablas de los compromisos con Michael, me preocupa que sea demasiado para ti. —Para nada, yo estoy muy bien. Siempre he sido fuerte y lo sabes, ni siquiera mi problema cardíaco me ha detenido, así que no te preocupes, más bien sigue cuidando a nuestra bebé. —Sí, tienes razón. —Dice y por un momento se detiene a ver a la bebé muy detenidamente. —Tiene los ojos de su madre. —Comenta y por un momento cierra los ojos, quizás imaginando a su esposa, o tal vez evitando llorar frente a la bebé. No lo sé, pero la escena era demasiado para mí. —Hermano, ya debo irme. —Me levanto y le doy un beso a mini Chloe y luego a él. —Los amo, que no se les olvide. —Él asiente y simula una leve sonrisa en sus labios, tan falsa, sin abrir los ojos en ningún momento. —Salgo y apenas atravieso la puerta de la habitación, las lágrimas ruedan sin parar por mis mejillas. Me detengo por un momento, respiro, limpio mis lágrimas, y bajo las escaleras para salir de la casa que está llena de fotos de Chloe en cada rincón. Cuando salgo de allí, mi cuerpo pesa, y siento que recupero el aire que allá adentro me hacía falta. Empiezo a caminar por un rato, siento que lo necesito, pero New York, a las 3 de la tarde, no tiene el aire más puro, y mi cabeza empieza a doler, todo parece dar vueltas, y un cosquilleo en brazo izquierdo empieza a perturbarme, cómo puedo llegó a una parada, dónde intento detener un taxi, pero es inútil, de repente todo se torna oscuro, y para cuando reacciono, estoy en la habitación de un hospital, observando a mi padre que habla con el médico de turno. —¿P-papá, qué ha pasado? —Nada, tuviste un desmayo en pleno centro de la ciudad, lo que no entiendo, porque hasta donde me dijiste irías a estudiar con Rita, que vive en Brooklyn. —Es que, es que… yo… ammm… —¿Ava, podrías decirme cuantas veces te has desmayado en los últimos meses? —Interviene el doctor, lo que agradezco, aunque es lógico que mi padre deduce que estaba donde Damián. —No lo sé, un par de veces. —¿Pero, si has tenido la sensación de que podrías colapsar en cualquier momento? —Sí... —¿Has sentido dolor en el pecho con frecuencia? —A veces, si… —¿Cosquilleo en tus brazos? —Si… —¿Fuertes dolores de cabeza? —Eso creo… —¿Tu respiración se torna pesada y tienes dificultad para inhalar? —De vez en cuando… —¡Ya veo!, ¿estás tomando tu medicamento? —Si, sin falta. —Pues bien, entonces te haré unos estudios, y lo más seguro por la sintomatología que refieres, aumente la dosis de los medicamentos nuevamente. —¿Qué?, ¿pero por qué? —Ava, tu corazón ha sido bastante benévolo con tu cuerpo, a pesar de la afección que padeces, ha resistido bastante, pese a que siempre supiste que en algún punto podría ya no ser suficiente para tu organismo. —Lo miró con algo de duda, por qué entiendo lo que dice, pero no captó, cuál es el punto al que quiere llegar. —Siempre fui claro contigo, y con tu familia, en algún momento lo ideal sería que te sometieras a un trasplante de corazón, y creo que ese momento cada vez está más cerca. —Espere, es que, eso no puede ser, yo me he sentido bien… —¿Es así?, ¿entonces lo que me dijiste hace un momento era mentira? —No, ósea, pero, no sé, la mayoría de los síntomas me han dado otras veces. —Si, pero no tan seguido, y el cosquilleo en los brazos es un signo de alarma, puedes sufrir en cualquier momento un infarto, tu corazón podría detenerse. —¿Qué acaba de decir, doctor? —Pregunta Damián, quien está parado en la puerta, y mi padre, al percatarse de su presencia, se tensa. —¿Qué haces aquí? —Le pregunta mi padre. —Sigo siendo uno de los contactos de emergencia de mi hermana. —Valiente contacto, llegando como siempre tarde. —Le dice y puedo ver la expresión de dolor dibujándose nuevamente en el rostro de Damián, pues asumo que recordó que no pudo llegar a tiempo cuando Chloe tuvo el accidente. —Papá, puedes por favor, solo calmarte. —Estoy de acuerdo con la paciente, no es sano que ella se estrese en este momento. —Me apoya el doctor. —Entonces, doctor, dígame, ¿qué hay que hacer para que mi hermana esté bien? —Como le decía a ella hace un momento, por ahora, aumentaré la dosis de los medicamentos, le haré unos estudios, y cuando obtenga los resultados, decidiremos si es hora de un trasplante. —Entiendo doctor. —Muy bien, entonces me retiro con su permiso, para ordenar los exámenes de Ava. El doctor sale, y mi padre detrás de él, porque lógicamente le incomoda la presencia de Damián. —Lamentó que mi padre se comporte así. —Le digo a mi hermano, quien le resta importancia. —No te preocupes, lo que importa ahora es que tú estés bien. —Por favor, Damián, no nos digamos mentiras, desde hace años estoy en la lista de donantes y las pocas veces que he sido elegida, nunca hubo compatibilidad. Sé perfectamente que esperar a un donante, de esa lista, me puede llevar otros 7 años. —Ava, no puedes hablar así… —Veo la mirada llena de miedo de mi hermano, y eso me rompe el corazón. —¿Por qué me miras así?, soy realista, pero siempre he creído en los milagros, no te preocupes, no me daré por vencida. Te aseguro que todo estará bien, así que no pongas esa cara, mejor sé optimista. —¡Ja!, ¿Milagros?, ¿optimista?, Ava, eso no existe, tú tienes razón, así que debemos buscar la manera de encontrarte un corazón. —Jajaja, (simulo una carcajada), hablas como si un corazón humano lo vendieran en cualquier parte. Ya te dije, tranquilo, además aún hay que esperar los estudios, sin un trasplante he vivido los últimos 22 años, casi 23, así que quien te asegura que no viviré otras dos décadas más. —Él me mira con nostalgia. —Tal vez tú, estés pesimista por todo lo que ha sucedido, pero yo soy optimista ante la situación. —Le digo, fingiendo una tranquilidad que no existe, pues en este momento lo único que no deseo es que mi hermano sufra más.—¡Abrázame! —Me dijo, mientras estaba acostada a mi lado. —Sé que tienes miedo. —Sigue hablando, mientras la recuesto fuertemente a mi pecho. —¡Pero, yo no! Era horrible, verte llorar a diario, y no poder decirte que a pesar de todo siempre te amaría. Nunca pude explicarte mi decisión, pero ahora sé que la entiendes. —Sí… Nuestra pequeña es lo mejor que nos ha pasado. —Sí… Y si tuviera que tomar la decisión otra vez, haría lo mismo. Mi amor de madre es tan grande que ni siquiera por ti, dudé al tomar mi decisión. Agradezco este milagro. Jamás imaginé que pudiera abrazar a mi hija, y hoy lo he hecho. Has hecho un gran trabajo y estoy muy orgullosa de ti. —Gracias, pero no hables como si te estuvieras despidiendo, porque eso me rompe el corazón. —Es lo que debemos hacer. Despedirnos. —Pero… Es que yo… ¡No puedo! —Damián… Han pasado 5 años. —Se levanta y toma asiento en la cama. —Tenía una sola cosa pendiente en este mundo, y ahora que la he cumplido puedo descansar en pa
—¿Acaso estoy soñando? —Pregunto en voz alta y me froto los ojos, pero apenas veo nuevamente a mi esposa, que hace 5 años había muerto, frente a mí, mostrándome una sonrisa dulce y cálida, mientras acerca su mano a mi rostro, y apenas siento el roce de su piel con la mía, me echo a llorar desconsolado, aferrándome a su mano, que creía jamás volvería a tocar. —No puedo creer que estés aquí. —lleno de besos su mano, mientras hablo, y Chloe acerca su otra mano para acariciarme. —¿Cómo es esto posible? ¡Es un milagro! —Afirmo entre sollozos sin poder creer lo que está pasando. —Si es un sueño, no quiero despertar. —Afirmo, seguro de que podía ser una de mis alucinaciones, pero de la nada siento su cuerpo, aferrarse al mío, abrazándome con fuerza.—No sabes cuánto te extrañé... Lamento tanto haberte dejado. Jamás fue mi intención. Vi a diario lo mucho que sufriste y se me partió el corazón al saber que no eras completamente feliz... —Siento sus lágrimas cálidas en mi pecho, que me hacen a
Observo a Chloe dormir plácidamente luego de la fiesta de cumpleaños, y luego de unos minutos, bajo a despedir a Anastasia que se quedó para ayudar a Rosa a organizar todo. —¿Ya se durmió? —Me pregunta Anastasia, apenas me ve. —Sí. Gracias por todo. Chloe fue muy feliz hoy. Pero no tenías que quedarte, sé que aún estás trabajando en tu libro, Rosa podía encargarse de todo junto con las otras empleadas. —Le digo a la hermosa mujer de facciones delicadas, cabello negro, ojos penetrantes y labios rojos. —Bueno, yo organicé todo, lo más justo es que me quedara a limpiar. Además, quería hablar contigo. —Me dice y por primera vez, noto una actitud bastante tranquila y algo triste de parte de Anastasia, que suele ser muy extrovertida y escandalosa. —Si quieres vamos al despacho. —Le digo, asiente y me sigue. Le indico que tome asiento, pero no me hace caso y permanece de pie. —¿De qué querías hablar conmigo? —Sé sincero. ¿Tengo alguna oportunidad de ser más que una amiga en tu vi
—¿Qué haces? —Me pregunta Austin mientras observo firmemente el ocaso desde el balcón de la habitación de nuestra casa en la playa. —Me encanta como el sol se esconde tras el horizonte. Es como si el mar lo guardara —Es cierto… ¡Es hermoso! Pero deberías entrar, podrías resfriarte y eso no te hará bien en tu estado. —Me giro y lo miro con agrado —No seas tan sobre protector, el bebé y yo estamos bien… —Acaricio con movimientos circulares, mi enorme panza que cada día crece más, y él se agacha para llenarla de besos. —Disculpa, es que estoy muy nervioso. El doctor dijo que debías guardar reposo debido al pequeño sangrado que tuviste. No queremos que el bebé nazca antes de tiempo—Sonrío por su ternura —El bebé está bien, y yo también… No te preocupes, aún faltan un par de semanas para que nazca, así que déjame disfrutar de la hermosa vista de mi casa. Me da un beso en los labios —Está bien… ¡Cómo podría negarte algo!, pero por favor no te esfuerces demasiado. Se gira,
Tiemblo de rabia y dolor, pero me doy cuenta de que mi padre tiene razón; Austin ha firmado los papeles del divorcio.«Eso significa qué… ¡Ya no me quiere!, ¡todo terminó!»Sin poder controlarme, rompo los papeles del divorcio frente a mi padre, quien muestra una sonrisa de satisfacción.—¡No es nada querida! Eso es tan solo una copia. Los originales están muy bien guardados. Algo me decía que debía ser precavido. Pego un grito de frustración, luego respiro hondo para tranquilizarme y me levanto de la mesa. —¿A dónde vas?, aún no terminas de comer—¡He perdido el apetito! Salgo del comedor y me voy a mi habitación y apenas cierro la puerta, dejo salir el torrente de lágrimas que estaba reprimiendo. Me reprocho una y otra vez, porque fui yo, quien eligió poner fin a nuestro matrimonio, fui yo quien decidió romperle el corazón. Pero saber que ha firmado los papeles del divorcio me ha destrozado. No quiero ni puedo soportarlo. Me levanto furiosa y rompo todo lo que encuentro a mi paso.
Recuerdo todo lo que sucedió en los últimos dos años: Haber sido novia de Christian Ruiz, su engaño, conocer a Austin, escapar de mi boda, mi trato con él, casarme en Toronto, enamorarme de Austin. Recuerdo la mañana en que descubrí lo de la muerte de Chloe y decidí alejarme de Austin. Recuerdo a su abuela Savanah, hablando conmigo, y mostrándome la verdad. Recuerdo que estaba a punto de regresar con él, cuando me llamaron diciendo que mi padre había sufrido un infarto.Escucho que Austin hace un sonido como si le faltara el aire, mientras los hombres de Efraín le siguen dando una paliza, y en lo único que pienso es en que tengo que salvarlo.Corro hacia Efraín. —¡Dile a tus hombres que lo suelten! —¿Por qué lo haría?, él no quiere dejar de pelear.—No es cierto.—Si lo es, y te lo voy a demostrar.Efraín se acerca un poco más a la pelea, y le ordena a sus hombres que se detengan.—Lárgate de aquí niño bonito y deja a Ava donde pertenece.—¡Nunca!, es mi esposa y pertenece a mi lado







