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Capítulo Veintiocho

last update publish date: 2025-12-23 20:46:45

La atención de todos estaba sobre Pilar, algo que le hizo sentir un poco ansiosa, esperaba quizás que la primera en quejarse fuera su madre, remarcándole precisamente que el deber de una madre, era estar junto a su hijo, en especial cuando éste apenas tenía poco más de un mes de vida, y qué decir de su padre, que si bien no era un hombre machista, siempre trató de ser el sostén de la familia, que mientras él estuviese en pie, su hija no tuviera que esforzarse, ni padecer lo que él había padecid
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Lucia Cabana
Ares claro que no perderá la oportunidad de hundir al ser duarte
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  • Hace tanto tiempo Amor...   Capítulo 165

    Era su cuarto día como marido y mujer.El mundo de Pilar se había reducido a cosas pequeñas y felices, el tacto de la arena bajo los pies, el sabor salado del mar en los labios de Ares cuando la besaba, la risa de Caleb llenando la casita junto a la playa, y por supuesto que no tenía idea del final que habían tenido Marta y Daniel Duarte, Ares había decidido no decírselo, y toda la familia estuvo de acuerdo, mientras para la prensa, los Zabet Padilla, simplemente se habían esfumado; nadie sabía nada, y así seguiría siendo.Tenían planeado quedarse dos días más en Grecia, después volverían a Nueva York, seguirían jugando a elegir nombres para su hija, esa pequeña que, según los médicos, llegaría en dos semanas.La noche cayó suave, cálida, Ares y Pilar dormían enredados, con la ventana entreabierta dejando entrar la brisa del mar.Hasta que, de pronto, el dolor llegó.No fue un tirón ligero, ni una molestia vaga, fue una oleada brusca, profunda, que subió desde el vientre hasta la espa

  • Hace tanto tiempo Amor...   Extra 1

    La hora del desayuno llegó con olor a café recién hecho, pan tostado y mar.Era, técnicamente, el primer desayuno de Ares como hombre casado, como esposo de Pilar, como padre a punto de serlo por segunda vez, los Zabet podían llamarle, luna de miel, viaje familiar o retiro romántico; daba igual, porque todo estaba en su sitio, la mujer que amaba, su hijo, el mar griego de fondo, la familia cerca.Todo, menos una cosa.Y eso era que cada cinco segundos, el teléfono móvil vibraba sobre la mesa, y cada cinco segundos, Ares bajaba la vista para revisarlo.Baltazar no era precisamente un hombre observador en lo cotidiano, no lo creía necesario… pero con su hermano menor, no necesitaba esfuerzo, lo conocía demasiado bien.Era casi ridículo, pensó el retirado asesino Shofar, porque estaba ante una escena que nunca creyó ver, el gran magnate de la construcción, el hombre que había esperado años por Pilar, que la había amado en silencio, que había llenado una habitación de su mansión con fotos

  • Hace tanto tiempo Amor...   Capítulo 163

    Pilar no recordaba si se había enterado por la televisión, por un titular en internet, por un mensaje reenviado mil veces o por la voz tranquila de Ares junto al oído. Sabía, sí, que Daniel Duarte había sido declarado culpable de todo lo que se le imputaba; sabía que la prensa había hecho de aquello un espectáculo, pero, para ella, ese capítulo ya no existía, estaba cerrado, sellado y enterrado.Ahora su mundo era otro, elegir el tocado para su boda, decidir si el vestido debía ser más suelto o más ceñido a su vientre, discutir con Ares cuál sería el nombre perfecto para su hija.—Sigo pensando que podríamos desposarnos este fin de semana. —propuso Ares una tarde, recostado en el respaldo del sofá, con Pilar apoyada entre sus piernas. — Una ceremonia íntima, solo tu familia y la mía, y cuando digo familia, me refiero a tus padres, los míos y mis hermanos, después, cuando nazca nuestra hija, nos volvemos a casar. Y ahí sí… invitamos al mundo entero.—Suena muy bien. —sonrió la castaña,

  • Hace tanto tiempo Amor...   Capítulo 162

    Cinco días. Eso fue todo lo que necesitó la justicia para hacer caer el telón sobre Daniel Duarte.Cinco días en los que, ante los ojos de la ciudad entera, el hombre que una vez se presentó como heredero de una de las familias más respetadas, terminó reducido a lo que siempre había sido, un niño asustado atrapado en el cuerpo de un adulto.Desde el primer día de juicio, quedó claro que la palabra “patético” era la que mejor acompañaba su nombre, la alta sociedad, los periodistas, los curiosos, incluso el propio juez… todos veían lo mismo, Daniel no tenía temple, ni carácter, ni frialdad, ese hombre lloraba, y suplicaba, pedía por su madre como un niño que se ha perdido en un supermercado.—Quiero ver a mi mamá… —sollozaba una y otra vez, con los ojos enrojecidos, la voz quebrada— ¡Necesito a mi mamá!Era un contraste brutal con Marta, de eso no había dudas, mientras su madre había enfrentado su juicio con una máscara de hielo, manteniendo la postura de “gran dama” hasta el momento m

  • Hace tanto tiempo Amor...   Capítulo 161

    El estrado olía a madera vieja, a desinfectante y a tensión.Marta Brooklyn, viuda de Duarte, estaba sentada en el banquillo de los acusados, con el traje más sobrio que había encontrado… pero ni la tela cara ni el perfume importaban ya, porque las esposas, discretas pero visibles, brillaban cada vez que movía mínimamente las manos, y es que hasta incluso eso le habían negado, la posibilidad de estar sentada en el banquillo de los acusados sin estar esposada, porque pudiese ser que Pilar estaba allí por justicia, pero Ares para verla caer, por supuesto que no la dejaría guardar un mínimo de orgullo.Cuando el secretario se puso de pie y empezó a leer los cargos, Marta sintió que cada palabra era un golpe directo a todo aquello en lo que había construido su vida, su apellido, su reputación, su supuesta “respetabilidad”.—Se imputa a la acusada, Marta Brooklyn viuda de Duarte, de los siguientes delitos…La sala se silenció de inmediato tanto así que ni los periodistas se atrevieron a res

  • Hace tanto tiempo Amor...   Capítulo 160

    Daniel se estaba desmoronando.No dormía, no comía, no razonaba, solo repetía lo mismo una y otra vez, como un niño perdido en medio de una multitud.—Quiero ver a mi mamá… Necesito ver a mi mamá… —sus manos temblaban, crispadas sobre la mesa metálica de la sala de visitas. — ¡Tráiganla! ¡Díganle que venga! ¡Ella sabe qué hacer, siempre sabe qué hacer!Los abogados intercambiaron una mirada rápida, cansada, porque ya habían tenido esta conversación demasiadas veces.—Señor Duarte, por favor. —intentó uno de ellos, con tono profesional, aunque el fastidio se le escapaba por la comisura de la boca. — Se lo hemos explicado muchas veces, no es posible que vea a su madre, no hasta que su juicio y el de ella hayan concluido, y aun así, en el mejor de los casos, solo se autorizaría correspondencia entre ustedes, algún mensaje por escrito, pero nada de encuentros personales.—Ustedes no entienden. —soltó Daniel, con la voz quebrada. — Ella… ella necesita verme también o se va a preocupar, se

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