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Capítulo 3: La propuesta

Author: Rashy
last update publish date: 2026-05-04 21:20:07

Cuando la flor de mi juventud acababa de empezar fue cuando lo conocí. Era mi primer día en la universidad, cuando los nervios están a flor de piel y todo era desconocido; cuando el amor era algo inexistente en mi vida como hija sobreprotegida.

En esa época, acababa de salir de una secundaria solo para mujeres, así que el amor era una ilusión presente en mí. En esa época, en donde aún conservaba la inocencia, fue cuando lo conocí. Luego de una estampida de estudiantes que me tiró al suelo, mi rodilla sangró al chocar con el concreto y mis ojos estaban llorosos; más que por el dolor, por un inicio desafortunado de lo que iba a ser el resto de mi vida.

En ese momento lo sentí: su cálida mano tocar la mía. Levanté la vista y el mundo se volvió color de rosa.

—¿Estás bien? —preguntó ayudándome a levantar.

Su pelo negro caía sobre su frente, sus ojos azules eran brillantes y vibrantes, las pecas en su rostro seductoras... un perfil que mi joven mente sentía que era digno de admirar, y una sonrisa que fue el principio del fin para mí.

Ese día fue cuando lo conocí: al hombre que se convertiría en mi primer amor, y aquel que terminaría siendo el hombre que más odié.

De vuelta al presente, luego de tratar de borrar ese vergonzoso recuerdo de mí, pongo los ojos en blanco y maldigo al mundo, al universo, a mi mala suerte y a mi supuesto mejor amigo.

—¿A dónde me trajiste, Jean?

Él se aleja unos pasos y se protege, así que asumo que no me va a gustar la respuesta.

—Es la despedida de soltero de Cristian.

Maldita sea.

Abro mis ojos como platos y pongo mi puño en posición. Aunque Jean sea más alto y más fuerte que yo, por lo menos acertaré un par de golpes.

—¡¿Por qué m****a no me dijiste?!

—¡Sonabas muy desesperada en el teléfono, no tuve la oportunidad!

Maldita sea. Paso mi mano por mi pelo y juro por Dios que todo esto parece una mala broma.

—¿Con quién se casa? No creo que haya una mujer lo suficientemente demente como para casarse con él.

Sé que no debo preguntar y sinceramente no me interesa su vida, pero es que no puedo evitar sentir curiosidad. Todo el mundo sabe que Cristian no es un hombre de compromisos y su única novia oficial... prefiero no hablar de eso.

—Samanta —dice con demasiado cuidado.

Suelto una risa seca.

—¿Samanta se casa con él? ¿Por qué?

—¿Por qué más? Le propuso matrimonio.

—No me tomes por estúpida. Sé que le propuso matrimonio, pero ¿por qué?

—Pareces muy interesada en mi vida, Zamira.

Maldita sea mi vida y mi suerte, y esa maldita voz que, por más que trate, no puedo evitar reconocer. Mis ojos son como láseres clavándose en Jean, pero luego de un suspiro pongo mi más falsa sonrisa y doy la vuelta, quedando justo frente a él: Cristian Smith. El sujeto más insoportable que me ha tocado conocer y que, por algún motivo, durante más de siete años no deja de encontrarme.

—Hola, Cristian. Felicidades —me fuerzo a pronunciar.

—Gracias, pero si te interesaba tanto mi vida privada, podrías preguntarme a mí.

Suelto una risa falsa y seca.

—Más que interesarme, fue simple curiosidad. No me podría importar menos lo que hagas.

Se queda mirándome un segundo más de lo necesario.

—No esperaba verte aquí —dice sin ese tono sarcástico con el que siempre habla.

—Yo tampoco.

—Esta es mi despedida de soltero.

—Sí, pero no sabía dónde estaba y, si me disculpas, me largo. Siempre que veo tu cara me da dolor de cabeza.

Él ríe como si hubiera dicho un chiste, aunque en realidad estoy siendo brutalmente honesta.

—Quizás es que mi belleza te deslumbra.

Jean ríe a mi lado y lo fulmino con la mirada.

—En lugar de empresario deberías ser payaso. Mejor me voy. Suerte en tu matrimonio; espero puedas guardarte el pene en los pantalones esta vez.

Me doy la vuelta y levanto mi dedo medio mientras me voy. No sé si gané, pero por lo menos sabe que sus charlas cordiales no son bienvenidas aquí. Aunque, en realidad, ahora tengo un problema mayor que la boda de mi peor enemigo: mi propia boda, y averiguar dónde diablos conseguir un hombre con el que casarme.

Misión: Esposo

Estoy sentada en mi oficina con el pelo recogido, mientras veo cómo mi asistente corre con mi laptop para comenzar una presentación del tema que más me importa ahora mismo: encontrar un esposo.

Ella es una linda chica en sus veinte, con corte de pelo por las orejas y un estilo que yo no entendería en mis veintiocho años de edad. Sé que para muchos sigo siendo joven, pero he vivido una vida agotadora.

Ella por fin enciende la presentación y comienza a hablar.

—Hoy hice un resumen con la información que me pidió. Llamé a esto: Misión Esposo.

Se detiene un segundo y no sigue hasta que ve mi sonrisa de aceptación por su tierno y bien armado PowerPoint.

—Como meta, necesitamos conseguirle un esposo cuanto antes, ya que él —pasa a la siguiente página con torpeza—, el malvado Bruno, se quedará con la empresa si no se casa.

Sonrío con satisfacción al ver los cuernos de demonio que le puso a la foto de Bruno.

—La primera opción que tenemos es casarse por amor. Estas son las ventajas y desventajas: como ventaja principal es que es seguro y hay mayor porcentaje de felicidad en el matrimonio. La principal desventaja es que usted no cree en el amor y el proceso tradicional de casarse es muy largo.

—No me gusta esa. Un matrimonio real me haría perder mi autonomía y no existe el hombre con el nivel suficiente para hacerme enamorar.

Ella ríe y pasa de página.

—La siguiente opción es un matrimonio por conveniencia. Un intercambio entre familias que se necesiten mutuamente, algo más común en estos días. La ventaja es que ambas partes ganarán y no habrá sentimientos involucrados. Las desventajas son que, luego de los tres años, quizás sea complicado el divorcio y que la mayoría de familias querrán que tenga hijos.

—¿Acaso estoy loca? ¿Por qué traería un hijo a este basura de mundo? ¡Siguiente!

Ella pasa rápidamente de página.

—La última opción sería un matrimonio por contrato, bien conocida por las películas. Esta opción le permite buscar y encontrar un candidato, poner sus propias reglas y hacer todo más seguro y legal. El único problema sería encontrar a un hombre de confianza.

—Me gusta esta. Busca candidatos. Quiero que todos sean de buen extracto, no quiero arribistas. Tienen que ser tractivos, no quiero que las personas piensen que tengo mal gusto. Y que tengan buen carácter; no quiero tener que matarlo sin querer. ¿Entendido? —digo con una sonrisa.

Ella parece dudosa.

—Ya es difícil encontrar un hombre guapo, pero también tiene que ser rico y de buen carácter... incluso sin el contrato, parece imposible.

—Verdad... verdad que suena irreal.

Ella asiente con la cabeza con una sonrisa triste.

—¡Ay de mi suerte! ¡Porque mi esposo perfecto simplemente no cruza esa puerta! ¡Si mi padre me quisiera y me considerara aunque sea un poco, enviaría a mi esposo ahora mismo!

Y justo en ese momento, entra Cristian por la puerta de mi oficina, con un traje ajustado y su pelo perfectamente peinado, luciendo como el príncipe que pensé que era el día que lo conocí por primera vez.

Vaya timing.

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