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CAPÍTULO 3. Cayendo en una trampa

ผู้เขียน: Day Torres
last update วันที่เผยแพร่: 2024-11-04 14:12:56

CAPÍTULO 3. Cayendo en una trampa

Liliana

Mi cuerpo no responde. Todo es oscuro y frío, pero siento un par de voces que retumban en mi cabeza, distantes y profundas. Mi conciencia va y viene por momentos, hasta que escucho un tono que reconozco y un escalofrío recorre mi espalda.

“Prepárenla para el procedimiento”. Es la voz del doctor Ryker… estoy segura de que es él.

¿Procedimiento? ¿Qué procedimiento? Lucho por abrir los ojos, por mover mis manos, hacer cualquier cosa, pero mi cuerpo sigue inmóvil. Luego solo hay silencio, oscuridad y miedo.

Cuando abro los ojos otra vez, lo primero que siento es una sensación de mareo. La luz blanca y cegadora del cuarto me molesta, y los sonidos de los monitores y el típico olor a desinfectante me dicen que sigo en el hospital. Giro la cabeza y veo una vía conectada a mi muñeca, y todo el pánico sale de golpe.

—¡¿Qué me hicieron?! —Mi voz sale como un susurro al principio, pero luego se vuelve más fuerte y desesperada—. ¡¿Qué me hicieron?!

Una enfermera se acerca rápidamente, tratando de calmarme mientras intento arrancarme las vías del brazo.

—¡Señorita Duque, por favor…! ¡Solo es glucosa, mire…! —Me muestra el suero y mi aturdido cerebro lee esa palabra—. Solo es glucosa. Usted se desmayó por agotamiento y la estamos cuidando, nada más.

—Pero… el doctor Ry… el proced…

Ni siquiera logro hilvanar bien una idea. Mi cuerpo cae de nuevo en la cama y me recorro el cuerpo con manos temblorosas, como si intentara buscar qué me duele o qué me falta, pero la verdad es que lo único que duele terriblemente es mi corazón y sé que no es nada físico.

Miro alrededor, sintiendo cómo los recuerdos vuelven: mi madre está muerta. Las lágrimas empiezan a salir, y ya no puedo detenerlas. No me importa si esta enfermera me ve llorar; la pérdida de mamá es una herida que no puedo ocultar.

—Mi madre… ella… —sollozo, recordando el pitido del monitor y las caras de los médicos.

—Lo siento mucho —me dice la enfermera en un tono suave—. No pudimos hacer nada por ella. En cuanto alguien firme los papeles necesarios, enviaremos su cuerpo a la funeraria.

Mis manos tiemblan, y apenas puedo contener el llanto. Con un dolor agudo en el pecho, asiento y le pido los papeles. Los firmo con la mirada perdida y sin pensar demasiado, porque no tengo la energía ni las ganas de hacer nada más que salir de este lugar. No quiero ver esas paredes, ni escuchar esos monitores ni soportar la amabilidad forzada de nadie. Quiero irme, alejarme de todo.

Salgo del hospital sintiéndome hueca. Camino por las calles con pasos torpes, como si alguien hubiera cambiado el mundo que conocía.

Todo está borroso…

Tengo que organizar el funeral de mamá, pero no sé ni cómo empezar...

Siento que solo voy por inercia, como si el dolor me hubiera transformado en un autómata...

Me doy cuenta de que no tengo a quién avisarle... No hay familia ni amigos cercanos…

El día del funeral llega rápido, aunque a mí me parece eterno. Apenas logro mantenerme en pie mientras veo cómo bajan el ataúd junto a la tumba de mi padre. La tierra empieza a cubrirlo, y el peso de esa imagen me destroza.

Ahora de verdad estoy sola en el mundo.

Ni siquiera escucho las condolencias. La gente son sombras borrosas que van pasando hasta que finalmente una dice algo diferente.

—Lili, si necesitas ayuda… —La voz del licenciado Saldívar me hace levantar la cabeza.

—No… La única ayuda que necesito es demasiado dinero para pagar la hipoteca de la granja y eso… eso no se lo puedo pedir a nadie —murmuro aturdida—. Disculpen tengo que ir… tengo que irme…

Vuelvo a casa con la misma sensación de vacío. La granja está hipotecada y no tengo cómo salvarla. Ya no tengo a mis padres y ni siquiera soy capaz de conservar sus recuerdos.

Me paso el resto del día recogiendo algunas cosas que realmente me importan, algo de ropa y un par de fotos. Voy metiendo todo en una maleta porque sé que muy pronto tendré que irme de aquí. Para la noche ya estoy agotada, mi mente un caos y apenas escucho el toque suave en mi puerta.

No hay nadie cuando abro, pero en el suelo dejaron un sobre. Lo recojo y veo el membrete del banco en la esquina.

—¿Esto qué es…? —Lo abro, temblando, y leo las primeras líneas con incredulidad—. “Estimada señorita Duque: nos complace informarle que el saldo de su hipoteca ha sido pagado en su totalidad…”

Saco el resto de los documentos y veo que son las escrituras de la granja, es mía de nuevo pero… ¿cómo…? ¿Quién…?

Le doy la vuelta al sobre y en el reverso veo un número de teléfono escrito a mano. Me quedo en blanco, sin entender nada. ¿Quién hizo esto… por qué…?

Alcanzo mi teléfono y marco el número sin pensarlo dos veces, con la respiración contenida. Y mi corazón late desbocado cuando escucho una voz al otro lado, una voz que reconozco y que me provoca una rabia inmediata.

“Liliana” dice el doctor Ryker, en un tono sereno y controlado.

—¡¿Usted hizo esto!? —lo increpo furiosa—. ¡¿Usted pagó mi deuda?! ¡¿Por qué?! ¡¿Quién demonios es usted, porque ya los médicos me dijeron que no es un doctor del hospital!?

“Eso es porque no soy un simple médico y estoy por encima de todas sus cabezas”, dice con calma. “Pero si quieres saber toda la verdad, te espero en el hospital en una hora. El mismo piso de tu madre”.

La llamada termina, y siento que las piernas me fallan. ¿Qué está pasando? Una parte de mí quiere tirar el teléfono al suelo y olvidar esta pesadilla, pero algo me obliga a ir: ¡Necesito respuestas! ¡Necesito saber por qué no salvaron a mi madre!

Para cuando llego al hospital ya es noche cerrada y el piso está vacío. Recuerdo vagamente que iban a trasladar a todos, y parece que lo hicieron porque solo se escucha un monitor a lo lejos, en una de las habitaciones del fondo.

Sigo el sonido aunque tengo el miedo atenazándome el estómago, como si estuviera cayendo en una trampa; y entro en un cuarto donde solo hay un hombre joven en una cama, conectado a todos los equipos posibles. Ahogo un jadeo sobresaltado cuando la puerta se cierra detrás de mí y veo al doctor Riker pasar el seguro.

—¿Qué es esto…? ¡¿Para qué me llamaste aquí…?! —lo increpo tratando de disimular el pánico que siento.

—Para que conozcas a alguien importante —responde él sin inmutarse mientras señala a la cama—. Liliana, permíteme presentarte a Logan St. Jhon… tu esposo.

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ความคิดเห็น (6)
goodnovel comment avatar
Mart Soto
haaaaaa los casaron sin que se dieran cuenta
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osiris vizcaino
Queeeee Eso que significa Le tendieron una trampa Y no se dio cuenta Cómo que su esposo
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Isabel Haro
Que paso aquí como que su esposo?????
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