INICIAR SESIÓNLa puerta termina de abrirse.No hay nadie detrás.Solo una habitación blanca.Una mesa.Dos sillas.Y una pared completamente cubierta de pantallas.Doy un paso.Adrián me sigue.—Silvia...No respondo.Algo está pasando dentro de mi cabeza.No es un recuerdo aislado.Son demasiados.Imágenes que aparecen una encima de otra.Una escalera.Una puerta.La mano de Adrián.El auto.La lluvia.Una voz.Después otra.—No mires atrás.Me detengo.—¿Qué?Adrián me observa.—¿Qué pasa?Me llevo una mano a la sien.—Yo dije eso.—¿Cuándo?—Esa noche.Cierro los ojos.Y el recuerdo vuelve.Tengo diecisiete años.Estoy sentada en el asiento del acompañante.Adrián conduce.La ruta está casi vacía.Hay una mochila a mis pies.Dos bolsos atrás.Y una carpeta sobre mis piernas.—¿Estás segura? —me pregunta.—Sí.—Podemos volver.Lo miro.—¿Querés volver?—No.—Entonces seguí.Sonríe.Me toma la mano.—Te amo.Yo aprieto sus dedos.—Yo también.El recuerdo se vuelve borroso.Después aparece otro.Es
No puedo respirar.Mi padre está ahí.De pie.A unos diez metros de mí.La primera reacción de mi cuerpo es correr hacia él.La segunda es quedarme quieta.Porque hay algo que no encaja.Lo observo desde la penumbra.Tiene el pelo mucho más canoso de lo que recuerdo. La cara más delgada. Los hombros algo encorvados. Lleva una camisa gris y un pantalón oscuro. No parece un hombre que haya pasado años encerrado en un laboratorio.Parece un hombre que envejeció.Un hombre que siguió viviendo.Uno que yo lloré.Uno cuya muerte acepté sin siquiera tener un recuerdo claro de cómo había ocurrido.—Papá...La palabra sale rota.Él me mira.Y durante un instante no hace nada.Después da un paso hacia mí.—Silvia.Es la misma voz.No una grabación.No una reconstrucción.Él.Doy otro paso.Adrián no me suelta.No intenta detenerme.Simplemente permanece a mi lado.Eso me permite avanzar.Mi padre vuelve a hablar.—Estás grande.Una risa nerviosa se me escapa.Es una frase tan absurda para este
Durante unos segundos nadie se mueve.La mujer permanece detrás del vidrio, inmóvil, observándonos desde el otro lado. Las luces del laboratorio le dibujan el rostro con una claridad casi cruel. No parece una persona que lleve años encerrada en una instalación abandonada. Está demasiado serena.Demasiado consciente.Yo sigo mirándola.Y cuanto más lo hago, más fuerte se vuelve esa sensación.La conozco.No sé de dónde.No sé cuándo.Pero la conozco.—¿Quién es? —pregunta Adrián.La voz sale baja.Julián no responde.Ferrer tampoco.Eso me inquieta más que cualquier explicación.Doy un paso hacia el vidrio.La mujer levanta ligeramente la cabeza.Entonces sonríe.No es una sonrisa amable.Es una sonrisa de reconocimiento.—Silvia —dice.Siento que el cuerpo se me tensa entero.Adrián me toma de la mano.—¿Cómo sabe tu nombre?No puedo contestarle.Porque hay algo todavía peor.La voz de esa mujer me resulta familiar.No la voz actual.La sensación que me provoca.Un recuerdo que no con
La puerta termina de abrirse.No hay nadie detrás.Solo oscuridad.La alarma sigue sonando.Una luz roja parpadea sobre nuestras cabezas, iluminando el pasillo durante un segundo y dejándolo nuevamente a oscuras.—No me gusta esto —murmura Adrián.—A mí tampoco.Ferrer permanece junto al panel.—Tenemos que movernos.—¿Adónde? —pregunto.—Al nivel superior.Julián niega.—No.Ferrer lo mira.—¿Qué?—Si salimos por arriba, nos van a encontrar.—¿Quiénes?Julián no responde.Adrián se adelanta.—Ya basta de secretos.La voz le sale baja, contenida.—Nos pasamos toda la vida escuchando medias verdades. Ahora estamos encerrados en un laboratorio y alguien nos habla desde los altavoces. Así que empezá a explicar.Julián lo mira.Por primera vez parece cansado.—El proyecto no murió.Siento un escalofrío.—¿Qué?—La organización que lo financió se disolvió oficialmente.Ferrer completa:—Pero una parte continuó trabajando.—¿Dónde?Julián señala la puerta abierta.—Acá.Miro hacia la oscuri
La puerta no parece una puerta.Es una pared.Una superficie de metal oscuro que ocupa todo el fondo del pasillo. No tiene manija, cerradura ni panel visible.Solo una palabra grabada en el centro.ORIGEN.Me acerco.No la toco.Hay algo en ella que me produce una sensación difícil de explicar.No es miedo.Es reconocimiento.Adrián se coloca a mi lado.—¿La recordás?Cierro los ojos.Nada.Después aparece un destello.Una luz blanca.Un vidrio.Mi mano.La suya.—No —susurro—. Pero sé que ya estuve acá.Julián permanece unos metros detrás de nosotros.—Sí.Me vuelvo.—¿Cómo se abre?—No lo sé.—Mentís.—No.Ferrer se acerca.—La puerta se abre desde adentro.Lo miro.—¿Desde adentro?—Fue diseñada así.Adrián observa el mecanismo.—Entonces alguien tiene que estar ahí.Ferrer no contesta.Julián sí.—Lo había.Siento un escalofrío.—¿Quién?Julián mira la puerta.—Sus padres.Adrián da un paso hacia él.—Abrila.—No puedo.—Entonces encontrá la forma.—No depende de mí.—¿De quién de
La puerta termina de abrirse.Y lo veo.Julián.Durante un instante no reconozco al hombre que tengo delante.Lo recuerdo de otra manera.Más joven.Más seguro.Siempre impecable, siempre controlado, con esa mirada que parecía atravesar a las personas para encontrar aquello que podían esconder.Ahora está envejecido.El pelo completamente gris.El rostro más anguloso.Pero los ojos son los mismos.No siento miedo.Siento algo peor.Reconocimiento.Como si una parte de mí hubiera estado esperando este momento durante años sin saberlo.Julián mira primero a Ferrer.Después a Adrián.Finalmente a mí.—Silvia.No respondo.Adrián se coloca ligeramente delante de mí.Julián lo observa.—Seguís haciendo eso.—¿Qué cosa?—Ponerte entre ella y cualquier cosa que consideres una amenaza.Adrián no se mueve.—Y vos seguís hablando como si supieras quiénes somos.Una sombra de sonrisa aparece en el rostro de Julián.—Sé bastante más de ustedes que ustedes mismos.Doy un paso hacia adelante.—Ento







