LOGINLa voz de Marina sigue resonando en los altavoces cuando mi padre se acerca a la consola y busca desesperadamente el origen de la transmisión. Yo permanezco frente a la pantalla, con los dedos apoyados debajo de mi oreja izquierda. La cicatriz es pequeña, apenas una línea que siempre atribuí a una caída durante mi infancia. Mi madre nunca quiso hablar demasiado de ella, y yo tampoco insistí. Ahora empiezo a preguntarme cuántas cosas de mi vida acepté sin conocer realmente su origen.—Mamá, ¿qué me hiciste? —pregunto, acercándome al micrófono.La imagen tarda unos segundos en regresar. Marina aparece acostada en la cama de aislamiento, con los ojos abiertos y una mano apoyada sobre el pecho. Parece agotada, pero cuando me reconoce intenta incorporarse.—Silvia, escuchame con atención. Necesito que salgas de ese sector.—Primero vas a explicarme qué significa esa imagen.—No tenemos tiempo.—Llevamos años sin tener tiempo para hablar de la verdad. Esta vez vas a contestarme.Mi padre ba
Durante unos segundos, mi cuerpo permanece inmóvil, aunque mi cabeza sigue atrapada en aquella imagen. Veo a Adrián con la mano ensangrentada, los ojos llenos de lágrimas y una expresión que jamás le había conocido. También escucho mi propia voz pronunciando aquellas palabras, con una tranquilidad que me resulta mucho más aterradora que el dolor que reflejaba su rostro: cuando llegue el momento, vas a tener que dejarme ir.Adrián me sujeta por los brazos antes de que pierda el equilibrio. Su contacto me devuelve al presente, pero no consigue borrar la sensación de haber estado en un lugar al que todavía no llegamos.—Silvia, mirame —me pide, acercando su rostro al mío—. ¿Qué viste?Intento responder, aunque tengo la garganta cerrada. Él espera sin apurarme, con las manos firmes sobre mis brazos y la mirada fija en mis ojos. Me cuesta reconocer al hombre que tengo delante y compararlo con el que apareció en aquella visión. En la imagen parecía haber perdido algo que no podía recuperar,
La mujer que acaba de entrar me mira con una sonrisa que parece demasiado familiar para alguien a quien nunca vi. Tiene el cabello oscuro, los ojos claros y una pequeña cicatriz junto a la ceja, igual que Nicolás. Sin embargo, lo que más me inquieta es la manera en que pronuncia mi nombre, con una cercanía que me hace sentir que está esperando algo de mí.—Silvia —repite—. Al fin puedo verte.Adrián se coloca a mi lado y su mano encuentra la mía. No necesito mirarlo para saber que está incómodo, aunque intenta mantener la calma. Nicolás, en cambio, parece preocupado por la reacción de su hermana.—Clara, tenés que volver a tu habitación.Ella lo ignora.—¿Por qué? Ya estoy despierta.—Todavía no estás recuperada.—Me siento perfectamente.Clara vuelve a mirarme y da un paso en mi dirección. Su expresión cambia cuando descubre que Adrián está sosteniendo mi mano.—Así que él es Adrián.—Sí —respondo.—Lo recuerdo.Una sensación desagradable me recorre la espalda.—¿Qué recordás?—Su vo
La voz de mi madre vuelve a escucharse por los altavoces y todos nos quedamos mirando la pantalla. Esteban no parece sorprendido. Al contrario, tiene la expresión de alguien que acaba de confirmar que una situación salió exactamente como esperaba.—Apagá eso —ordena mi padre.—No puedo —responde el hombre—. La conexión viene de otro servidor.—¡Te dije que la apagues!Mi padre avanza hacia la consola, pero Esteban pulsa un botón y las puertas de la sala se cierran automáticamente. Lucía intenta acceder al panel de seguridad desde su dispositivo, aunque el sistema rechaza cada uno de sus comandos.—¿Qué hiciste? —pregunta Elena.—Evitar que alguien interrumpa nuestra conversación.—Acabás de encerrarnos.—Y ustedes acaban de acusarme de matar a una mujer que lleva años utilizando mi trabajo para mantenerse con vida.La voz de mi madre vuelve a sonar.—Silvia, no te acerques a él. Esteban está mintiendo.Me acerco al altavoz.—Mamá, ¿dónde estás?—No puedo decírtelo todavía.—¡Necesito
La imagen de mi madre desaparece, pero su última frase sigue dando vueltas en mi cabeza. Todavía falta una persona por encontrar. Miro la pantalla apagada, esperando que vuelva a encenderse, que su rostro aparezca otra vez y nos explique qué quiso decir, pero el sistema solo muestra una línea de texto que cambia cada pocos segundos.CONEXIÓN EXTERNA INTERRUMPIDA.—¿Mamá está viva? —pregunto.Mi padre no responde enseguida. Tiene los ojos fijos en el monitor y una expresión que me resulta difícil de interpretar. Hay algo más que culpa en su rostro. Parece estar recordando una conversación que preferiría no haber tenido nunca.—Papá, te estoy preguntando si mamá está viva.—Sí —contesta finalmente—. Está viva.Siento que el aire me falta por un instante. Durante años pensé que había perdido a mi madre, que sus decisiones y sus silencios eran parte de una historia que nunca podría terminar de entender. Ahora descubro que estuvo cerca todo este tiempo, observando desde algún lugar, con in
Los tres nombres siguen iluminados en la pantalla y, por primera vez desde que entramos en esta clínica, tengo la sensación de que estamos a punto de descubrir algo que nadie podrá ocultarnos después. Mi mano permanece sobre el lector, junto a la de Elena, mientras Adrián sostiene la suya en el panel opuesto. La máquina espera nuestra autorización para restaurar el registro original, pero hay algo en esa imagen de los tres niños que me impide aceptar el procedimiento sin pensar en las consecuencias.—Antes de hacerlo, necesito saber qué puede pasar —digo.La voz del sistema responde de inmediato.—La restauración permitirá acceder al recuerdo original de los participantes. La información recuperada podría provocar alteraciones temporales en la memoria actual.—¿Alteraciones de qué tipo? —pregunta Adrián.—Confusión entre recuerdos originales y recuerdos reconstruidos. Pérdida temporal de referencias personales. Reacciones emocionales intensas.—Eso no es una explicación —protesta Lucí







