MasukTodavía tengo la mano de Adrián entre las mías cuando comprendo que Lucía está llorando.No es un llanto ruidoso. Apenas respira entrecortado, con los ojos llenos de lágrimas y una expresión que mezcla alivio, miedo y algo parecido a incredulidad.La miro y me cuesta aceptar que esta mujer estuvo en algún lugar de mi vida antes de que yo pudiera recordarla.Mi hermana.La palabra todavía me resulta extraña.La pienso y algo dentro mío responde antes que mi cabeza.Lucía.Ella da un paso hacia mí.—¿Puedo abrazarte otra vez?No necesito contestar.Soy yo quien se lanza hacia ella.Sus brazos me rodean con fuerza y cierro los ojos. Hay algo en ese abrazo que no se parece a recuperar un recuerdo. Es más profundo. Como reconocer una casa después de haber pasado años sin saber que existía.Apoyo la cara contra su hombro.—Te busqué —susurra.Se me quiebra la respiración.—Yo no sabía que existías.—Lo sé.—Lo siento.Lucía se separa apenas para mirarme.—No tenés que disculparte por algo q
La voz vuelve a escucharse del otro lado.—Abrime.Lucía.Mi hermana.Está ahí.Durante unos segundos nadie se mueve.Yo tampoco.No sé qué hacer con todo lo que siento.Tengo una hermana.Está viva.Y acaba de llamarme por mi nombre.Adrián me aprieta la mano.Lo miro.No necesito explicarle nada.Él entiende.—Estoy con vos —me dice.Es apenas un susurro.Pero me sostiene.Aprieto sus dedos.—No me sueltes.—No pienso hacerlo.La frase me atraviesa de una manera que nada más consigue hacerlo en ese momento.Después de todo lo que nos hicieron.Después de todos los recuerdos que nos arrancaron.Después de habernos separado una vez...Él sigue acá.Lo miro durante un instante demasiado largo.Adrián levanta una ceja.—¿Qué?Niego con la cabeza.—Nada.—No es nada.Sonrío apenas.—Estaba pensando que siempre terminás agarrándome la mano cuando tengo miedo.—Y vos siempre terminás buscándome cuando tenés miedo.—Eso no es cierto.—Silvia.—Bueno.Me acerco un poco más.—Tal vez sí.Él s
—Tu hermana.Las dos palabras quedan suspendidas en la habitación.No entiendo.O quizá sí.Quizá mi cabeza entiende algo que yo todavía no puedo aceptar.Miro a mi padre.—No.Él no responde.—No tengo una hermana.Mi madre se cubre la boca.—Silvia...—No.Retrocedo un paso.—Yo lo sabría.Mi padre baja la mirada.—Eso era lo que querían.—¿Quiénes?—El proyecto.Siento que la rabia vuelve a ocupar el lugar del miedo.—¿Otra vez esa respuesta?Me acerco a él.—¿Cuántas cosas me borraron?—No sé.—¿Cuántas?—Silvia...—¡¿Cuántas?!Mi padre cierra los ojos.—No solamente te borraron recuerdos.El silencio se vuelve insoportable.—¿Qué hicieron?Mi madre rompe a llorar.Adrián se coloca a mi lado.No dice nada.Solo me toma la mano.Es suficiente.Mi padre finalmente habla.—Tu hermana nació antes que vos.Lo miro.—¿Cuánto antes?—Tres años.La información tarda en entrar.Tres años.Una niña.Mi hermana.Alguien que existió durante mis primeros años de vida y de quien no tengo absolu
La puerta termina de abrirse.No hay nadie detrás.Solo una habitación blanca.Una mesa.Dos sillas.Y una pared completamente cubierta de pantallas.Doy un paso.Adrián me sigue.—Silvia...No respondo.Algo está pasando dentro de mi cabeza.No es un recuerdo aislado.Son demasiados.Imágenes que aparecen una encima de otra.Una escalera.Una puerta.La mano de Adrián.El auto.La lluvia.Una voz.Después otra.—No mires atrás.Me detengo.—¿Qué?Adrián me observa.—¿Qué pasa?Me llevo una mano a la sien.—Yo dije eso.—¿Cuándo?—Esa noche.Cierro los ojos.Y el recuerdo vuelve.Tengo diecisiete años.Estoy sentada en el asiento del acompañante.Adrián conduce.La ruta está casi vacía.Hay una mochila a mis pies.Dos bolsos atrás.Y una carpeta sobre mis piernas.—¿Estás segura? —me pregunta.—Sí.—Podemos volver.Lo miro.—¿Querés volver?—No.—Entonces seguí.Sonríe.Me toma la mano.—Te amo.Yo aprieto sus dedos.—Yo también.El recuerdo se vuelve borroso.Después aparece otro.Es
No puedo respirar.Mi padre está ahí.De pie.A unos diez metros de mí.La primera reacción de mi cuerpo es correr hacia él.La segunda es quedarme quieta.Porque hay algo que no encaja.Lo observo desde la penumbra.Tiene el pelo mucho más canoso de lo que recuerdo. La cara más delgada. Los hombros algo encorvados. Lleva una camisa gris y un pantalón oscuro. No parece un hombre que haya pasado años encerrado en un laboratorio.Parece un hombre que envejeció.Un hombre que siguió viviendo.Uno que yo lloré.Uno cuya muerte acepté sin siquiera tener un recuerdo claro de cómo había ocurrido.—Papá...La palabra sale rota.Él me mira.Y durante un instante no hace nada.Después da un paso hacia mí.—Silvia.Es la misma voz.No una grabación.No una reconstrucción.Él.Doy otro paso.Adrián no me suelta.No intenta detenerme.Simplemente permanece a mi lado.Eso me permite avanzar.Mi padre vuelve a hablar.—Estás grande.Una risa nerviosa se me escapa.Es una frase tan absurda para este
Durante unos segundos nadie se mueve.La mujer permanece detrás del vidrio, inmóvil, observándonos desde el otro lado. Las luces del laboratorio le dibujan el rostro con una claridad casi cruel. No parece una persona que lleve años encerrada en una instalación abandonada. Está demasiado serena.Demasiado consciente.Yo sigo mirándola.Y cuanto más lo hago, más fuerte se vuelve esa sensación.La conozco.No sé de dónde.No sé cuándo.Pero la conozco.—¿Quién es? —pregunta Adrián.La voz sale baja.Julián no responde.Ferrer tampoco.Eso me inquieta más que cualquier explicación.Doy un paso hacia el vidrio.La mujer levanta ligeramente la cabeza.Entonces sonríe.No es una sonrisa amable.Es una sonrisa de reconocimiento.—Silvia —dice.Siento que el cuerpo se me tensa entero.Adrián me toma de la mano.—¿Cómo sabe tu nombre?No puedo contestarle.Porque hay algo todavía peor.La voz de esa mujer me resulta familiar.No la voz actual.La sensación que me provoca.Un recuerdo que no con







