MasukColton piensa que está tomando la decisión correcta. Grace le importa La desea. Le hace feliz. Sabe que la echará de menos, pero es un Redford y los Redford siempre hacen lo que es justo. Grace llegó a Nueva York, huyendo de Atlanta. Conoció a Colton y supo que había encontrado su hogar. Tres años después siente que es el día más feliz de su vida hasta que Colton pronuncia la palabra divorcio. En ese momento su mundo entero se derrumba a sus pies. No puede volver a Atlanta. Es demasiado peligroso. Grace tiene que rehacer su vida, decidir sola que es lo mejor para ella… hasta que los Redford le ofrecen casarse con Adrian, el hermano de Colton. Y todo estalla por los aires.
Lihat lebih banyakGrace caminaba por Times Square con esa suave sonrisa que le nacía sin esfuerzo cuando se perdía por la ciudad. Nueva York la hacía compañía con el ruido del tráfico, el olor a café recién hecho que escapaba de las locales y los pasos rápidos de la gente que corría a alguna parte… Todo parecía empujarla hacia delante, como si Manhattan la conociera y ya supiera exactamente dónde deseaba ir.
Llevaba su abrigo favorito, uno rojo con el que Colton le decía que estaba adorable, y su bufanda de franjas de colores ondeaba cada vez que una ráfaga de aire frío le rozaba las mejillas. Caminaba deprisa. Estaba feliz. Hoy era uno de los días más especiales de su vida. El Redford Enterprises Group se alzaba unas calles más arriba, imponente, moderno, casi intimidante. El logo dorado brillaba recordándole al mundo que esa familia había construido un imperio. Y al frente de ese imperio estaba él: Colton Redford. Como cada vez que pensaba en él, Grace no puo evitar que una tonta sonrisa se colara en sus labios. Colton a veces podía ser frío, incluso distante, pero también había momentos de calidez que la llenaban de una manera perfecta. El café humeante que le dejaba por las mañanas en la mesita cuando ella se había quedado leyendo hasta tarde; un beso lento en la nunca; las risas mientras hablaban de cualquier cosa; como sentía las manos de él en su piel, su boca, las cosas que le decía, como su cuerpo se encendía como si estuviera hecho de fuegos artificiales cada vez que él la llamaba «buena chica». Dios… su corazón acababa de acelerarse y su temperatura había subido un millón de grados solo con pensarlo. El deseo siempre había sido un incendio entre ellos. Llevaban tres años casados. —¿Un pretzel, señorita? —le preguntó el dependiente de un puesto en el cruce de la 56 con Broadway. El olor a masa horneada y la mantequilla era uno de sus aromas favoritos. Le recordaba al diminuto apartamento en el que vivía antes. tenía las paredes tan finas que siempre escuchaba a su vecina aspirante a actriz de musicales ensayar las canciones para sus audiciones. En realidad, Grace nunca había dejado de ser como era, la chica soñadora que había llegado a Nueva York sin demasiadas certezas y con un corazón enorme que no sabía esconder lo que sentía. Ni siquiera necesitaba esforzarse para recordar el café en el que trabajaba muchas horas por poco dinero y donde conoció a Colton. Grace se detuvo y sonrió. —Hoy no, Harvey, gracias. Pero me lo apunto para mañana. —Los pretzels siempre son una buena idea, princesa —le recordó el hombre devolviéndole la sonrisa. Asintió. Estaba completamente de acuerdo. Dos minutos después el gigantesco vestíbulo del edificio de la Redford Enterprises Group la recibió. Era la perfecta antesala de la empresa en todos los sentidos. El guardia de seguridad la saludó respetuoso inclinando la cabeza. —Buenos días, señora Redford. Grace le sonrió. —Buenos días, Tom. Se montó en el ascensor y mientras observaba como las puertas se cerraban no pudo evitar morderse el labio inferior emocionaba. Hoy el mundo que Colton y ella habían construido iba a cambiar para siempre. Al poner los pies en la planta cincuenta y dos, reservada a la presidencia y a los directivos de más alto nivel, sintió las primeras miradas sobre ella. Puede que Grace pareciese un poco inocente, puede que incluso lo fuera, pero no era ninguna tonta y era muy consciente de que Colton y ella eran personas muy diferentes, que muchas personas del círculo de los Redford pensaban que ella no encajaba y seguirían buscando ocasiones para ponérselo difícil, pero no le importaba. Colton la había elegido a ella, ella lo había elegido a él y eso era lo único que importaba. Dio una bocanada de aire pensando en lo que llevaba en su bolso. —Buenos días, señora Redford —la saludo Kaya, la secretaria de su marido. —Buenos días —le devolvió el saludo y la sonrisa sin dejar de caminar al tiempo que señalaba la puerta del despacho de Colton en un silencioso «¿puedo pasar?». Kaya asintió. —Por supuesto. Aun así, como cada vez, Grace se detuvo delante de la puerta y llamó. Hubo un segundo extraño, un silencio mínimo, casi imperceptible, pero suficiente para hacerle cosquillas en el estómago y finalmente oyó la voz ronca y masculina de Colton desde el interior: —Adelante. Otra sonrisa. No podía dejar de hacerlo. Grace abrió la puerta, entró y cerró a su paso. Colton estaba de pie, frente a los ventanales que iban del techo al suelo, perdido en el mar de rascacielos y taxis amarillos que se extendían frente a él. Se volvió despacio y como cada día, su aspecto podría haberle parado la respiración a cualquier mujer. El traje de corte italiano a medida de un elegante gris oscuro, la impecable camisa blanca y la corbata también gris resaltando sobre ella. Llevaba el pelo castaño peinado como un actor de cine y sus ojos azules, no turquesas ni aguamarina ni celestes, azules, como si los hubieran coloreado con un rotulador, brillaban en un rostro muy atractivo y muy masculino. Era guapísimo hasta decir basta. Sin embargo, esta vez, su mirada no era como siempre. No había la chispa de calidez en medio de la frialdad que siempre se encendía cuando veía a Grace… Solo había distancia y ella se dio cuenta. Una distancia cortante que en un solo segundo le heló la piel. —Grace —la llamó Su tono era… formal. Extraño. Ella se obligó a no pensar en nada de eso, sonrió igual y se acercó. Seguro que era la presión por el trabajo. Colton se exigía el doscientos por cien cada día, dirigir una de las empresas más prosperas del país y, sin duda alguna, la número uno en Nueva York, era una corona muy pesada. —Tenía que verte —dijo ella con el tono alegre que le daba a todo—. Hay algo que quiero y no podía esperar ni un minuto… Se agarró las manos y el corazón empezó a latirle muy deprisa. ¡Estaba feliz! —No —la interrumpió él.. Grace parpadeó y parte de esa emoción se trasformó en confusión a la vez que su sonrisa se apagaba. Colton dio un paso hacia ella, inhaló como si buscara valor y finalmente habló con una frialdad quirúrgica: —Quiero el divorcio. El mundo de Grace se detuvo, literalmente, como si alguien hubiera cortado la electricidad de repente. La ciudad seguía ahí, enorme, detrás del ventanal, pero ella había perdido el compás. «Estoy embarazada», pronunció en su mente por una mezcla de inercia y los primeros pasos vacíos de un estado de shock. Algo dentro de ella se rompió en mil pedazos. Y así terminó su día más feliz.—Solo me estoy preocupando por ti —replicó Colton con la voz amenazadoramente baja. —Nadie te lo ha pedido —le dejó claro Grace—. Me gusta lo que hago con Miles y voy a seguir haciéndolo. En cuanto al estrés, solo necesito descansar un poco mejor y comer un poco más y se solucionará. Colton le mantuvo la mirada. ¿De verdad eso era todo lo que tenía que decir? «¡Solo quiero cuidar de ti, joder!».Finalmente, se humedeció el labio inferior, dolido, y cayó en la cuenta de algo con una sonría fría y fugaz, casi un resoplido. —Por supuesto que te gusta lo que haces con Miles —sentenció.—¿Estás insinuando algo?—Que tengo que aprender a meterme en mis asuntos. —En eso estamos de acuerdo. Se miraron un segundo más, la burbuja se formó porque parecía funcionar con amor, pero también con odio, como si lo que la alimentara fuera la intensidad que sentían, daba igual la dirección. —Creo que lo mejor será que nos centremos en el desayuno —propuso Miranda. Colton tardó un segundo de más e
No le dio tiempo a responder, se enderezó y simplemente se marchó.Andrea apretó los labios furiosa, los puños junto a sus costados. ¿Cómo se atrevía a decirle algo así? Todo por esa estúpida de Grace. La odiaba. ¡La odiaba! «Esto no ha terminado», pensó. «Y no pienso permitir que las cosas se queden así».La fiesta se alargó durante horas, pero ni Grace ni Colton ni Adrian ni Andrea la sintieron igual. Ninguno de los Redford lo hizo en realidad. Miranda no estaba segura de cuándo paso, pero alrededor de la media noche Colton desapareció. No hacía falta ser un lince para saber que se había marchado porque no soportaba estar un minuto más allí.Colton fue al Hendrix y entró directamente en la zona privada. No quería cruzarse con nadie, no quería oír un «encantado de verle, señor Redford». Había tenido más que suficiente por una noche… aunque era solo una excusa y Sam sentado frente a él, lo sabía. Lo que a su amigo le dolía era Grace. —¿Piensas terminarte la botella antes de dirigi
Grace se dio la vuelta a tiempo de ver a Colton caminar hacia ella. Estaba furioso, desesperado, dolido, una mezcla que se parecía peligrosamente a un cocktail molotov. —¿Qué quieres? —preguntó Grace sin ninguna intención de sonar amable. Había pasado por demasiado hacia solo unos minutos. Lo último que quería era tenerlo delante. En realidad, justo en aquel momento, no quería a nadie cerca. Solo quería poder romperse en paz y odiarlo y llorar.—¿Tú qué coño crees que quiero? —replicó sin ni siquiera pensar. La rabia infinita estaba hablando por él—. Acabas de darme tu bendición.No podía entenderlo. ¡No quería su bendición!—Si no la querías, no habérmela pedido —contestó Grace extendiendo los brazos en un gesto que demostraba que estaba al límite. —No lo hice —gruñó con la voz baja y ronca. —Tienes razón. Fue el amor de tu vida con la que tienes esa historia tan bonita… La ironía era su mejor aliada. —¡Podrías haber dicho que no! ¡Podrías no haber subido!—¡¿Para qué?! ¡¿Para
Las miradas de Grace y Colton se encontraron. La de él se llenó con sorpresa con rabia, con miedo, pero cuando iba a dar un paso adelante para acabar con todo aquello, Grace, sorprendiéndolo, empezó a caminar hacia el escenario. Ella odió casa paso. Se sintió como un condenado a muerte caminando hacia el patíbulo. Le dolió hasta el punto de que su corazón le suplicó que no lo hiciera, pero algunas cosas acaban simplemente porque así lo deseas; otras, tienen que doler para que abras la mano y las dejes marchar. Andrea sonrió triunfal. El ratoncito estaba caminando directo hacia la trampa. —Grace —dijo tras dar una bocanada de aire, como si la emoción le impidiese hablar—, has sido la señora Redford durante dos años. Eres muy importante para Grace y quiero que sepas que los dos vamos a cuidar de ti siempre. ¿Puedes darnos tu bendición?El silencio se volvió sepulcral. Solo había una cosa que la alta sociedad de Nueva York valoraba más que el dinero, una buena historia, y en aquel mom


















Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.