LOGIN——*—— HAWK ——*——
No quiero sonar ególatra, pero sé muy bien el impacto que causo. El fútbol es lo mío, se me da bien, y eso atrae a las chicas. El ejercicio también atrae a las chicas, la moto atrae a las chicas, el carisma atrae a las chicas…
Pero dije que no soy ególatra, ¿verdad?
En fin…
Que estoy bastante seguro de lo que le provoco a cualquier chica… hasta que la bruja esta me da un rodillazo digno de Bruce Lee. ¡Y encima me dice que no la tengo grande! ¡Lo dice ella con su cara de nerd mojigata!
Tengo suficiente con eso como para joderme el día ¡pero ahora resulta que también la tengo que aguantar como tutora!
Sale de la oficina del entrenador rezongando y yo salgo también dando otro portazo.
La veo caminar furiosa delante de mí y no entiendo este subidón de adrenalina que me provoca. ¿Es sexy? Ni por asomo. Es “linda”, y pelea en la categoría de las tiernas inocentes… como un bizcochito tentador.
De cualquier forma estoy atorado con ella, y no lo disfrutaría de no ser porque sé que está agonizando por tener que darme tutorías.
Así que voy preparando la lista de cuentas por cobrar y la primera es el rodillazo en mi “mejor jugador”.
Cuando llegamos al área de entrenamiento, escucho el eco de los balones, los gritos, el ritmo constante del equipo. Entonces lo veo: un balón viene directo y yo lo detecto por puro instinto predictivo.
—El karma es una perra —murmuro dudando un segundo, pero eso es más que suficiente. Porque cuando me muevo para sacarla del camino ya no llego a tiempo.
El balón pasa a tres centímetros de mis dedos, y el bizcochito ni siquiera puede reaccionar. El impacto la empuja hacia atrás y su cuerpo choca contra una de las bancas con un sonido seco.
—¡Joder! —maldigo cuando escucho el golpe demasiado fuerte, pero Hunter casi derrapa junto a ella antes de que yo la alcance.
Mi mejor amigo, mi quarterback y la voz de mi conciencia que no funciona: ese Hunter. Y no sé qué se me crispa cuando lo veo abrazar al bizcochito para levantarla.
—¡¿Estás bien!? Lo siento mucho, no te vi… —le dice y por un segundo la mira de más con esa expresión que reconozco perfectamente: le gustó.
—Sí… no pasa nada —murmura ella agarrándose de sus brazos. ¡Y ni siquiera se dio cuenta de que él fue el idiota que lanzó y yo el que traté de salvarla!
—Hay que tener cuidado alrededor de los postes de gol —le sonríe Hunter—. ¿Eres de primer año?
—De cuarto —responde el bizcochito y eso me desconcierta.
¿Hemos pasado cuatro años en la misma escuela y jamás la había visto?
—¿Estás buscando a alguien? ¿Necesitas ayuda? —insiste mi amigo y antes de que ella pueda responder le paso un brazo sobre los hombros.
—Ahórrate la amabilidad. Es una fan, de las pegajosas —advierto y la sonrisa se le borra a Hunter.
—Entonces supongo que esta fan —sisea Joanne mientras se desprende bruscamente de mi brazo— te espera en la biblioteca a las seis, si todavía quieres jugar el campeonato. ¡Maldito inútil! —masculla mientras se va frotándose el costado.
—¡Y su mirada helará el fuego del infierno! —grito dramáticamente en su dirección, ganándome un lindo dedo del medio.
—¿Y eso qué fue? —pregunta Hunter y yo me encojo de hombros.
—Una chica linda que quiere ser conquistada —declaro.
—¿Te cayó lejía en los ojos? —me increpa—. Porque no creo que esa chica quiera que te le acerques a diez metros.
—Pues tendrá que aguantarse porque es mi tutora designada —replico—. Además, todas empiezan así: difíciles. Ese es el juego favorito de las chicas —aseguro palmeando su pecho—. Y yo, amigo mío, sé muy bien cómo jugarlo.
—Oye… de verdad parece una buena chica —insiste y hay algo en su tono que me enerva, no sé por qué. Es un estúpido “calzón caliente” como todos los del equipo, ¿por qué demonios se está haciendo ahora el santurrón?
—No he dicho que no lo sea —replico—. Y para que conste, sería incapaz de hacerle nada que ella no… disfrute.
Me pongo la camiseta del equipo y me voy a mi sitio a entrenar, pero aprovecho una de las pausas para mandarle un mensaje a alguien que puede ¿ayudarme?
“Ven a estudiar conmigo”, texteo y me responde con un corazón y una berenjena. ¡Tan expresiva ella!
A las seis de la tarde mi plan y yo ya estamos en la biblioteca. Pido una sala de estudio privada, dejo mi nombre para que Joanne sepa dónde encontrarme y apenas entro siento unas manos que me rodean, me empujan contra una de las mesas y por supuesto es Mirna. Mirna Crawford, líder del equipo de porristas, uno de mis ligues ocasionales.
Me besa sin siquiera avisar y yo levanto las manos a modo de rendición.
—Me encantó tu mensaje —murmura mientras su boca baja por mi abdomen y sus manos se pelean con mi bragueta—. ¿Me estabas extrañando, bebé? —pregunta y la respuesta es “no”, pero para qué molestarla antes de que cumpla con mi plan.
Y mi plan queda listo diez segundos después: cuando se abre la puerta de golpe y el bizcochito nos mira con cara de asesina.
—Interesante elección de prioridades —sisea—. Con razón no apruebas —me espeta soltando sus libros de un tirón en la mesa antes de volverse hacia Mirna—. Tenemos tutoría privada. Haz el favor de salir.
—¿Disculpa? ¿Tienes idea de con quién estás hablando? —Mirna se levanta echando fuego por los ojos.
—Con una de las tantas que usa la biblioteca para arrodillarse —replica el bizcochito y tiene que estar loca para encarar a Mirna así.
—¡¿Tú quién carajo er…!?
—Uno de cada cuatro deportistas en esta universidad tienen una ETS, es estadística básica —la interrumpe Joanne antes de mirarme—. Y con el historial de este, tus probabilidades son del cien por ciento. Así que considera que soy la que te está haciendo un favor.
Veo cómo la cara de Mirna se pone roja, y sé que todo va a empeorar.
—¡¿Qué dijiste, estúpida?! —le grita avanzando hacia ella.
—Pero claro, los deportistas no son los únicos promiscuos. ¿Quieres que te cite las estadísticas para las porristas? —pregunta el bizcochito.
Y lo veo, lo veo venir, el instinto predictivo vuelve cuando Mirna levanta el brazo, lista para golpearla en la cara… y sé que será feroz.
ES SEGUNDO EXTRA, PORQUE DE ALGO HAY QUE REÍRSE.Otros tres años después…—JOANNE—Todo empezó como empiezan las tragicomedias en esta casa: con una pregunta aparentemente inocente.—Papá… —dice Marie, sentándose frente a Hawk con esa cara de negociación peligrosa—, ¿por qué yo no puedo jugar fútbol como jugabas tú?Yo levanto la vista inmediatamente. Hawk también. Nos miramos.¡Uuuuuuuy esto pinta mal! Muy mal.Marie ya tiene doce años y sus preguntas ya no son precisamente curiosidad, son desafío, son cálculo, negociación y ataque masivo sorpresivo… ¡todo a la vez!—Claro que puedes —respondo yo, antes de que él abra la boca.¡Error! Grave error. Porque mientras yo quiero evitarle la charla adolescente sobre justicia, su padre decide no disfrazarle nada y hablarle con la cruda verdad.—Bueno… —empieza, rascándose la nuca—, no es tan simple, cariño.Lo fulmino con la mirada porque sé en el lodazal en el que se va a meter, pero él sigue pecando de deslenguado, así que… ¡que diosito lo
UN EXTRA… PORQUE LA VIDA DE VERDAD ESTÁ HECHA DE ESTOS PEDACITOS.—JOANNE—Tres años después de haber sobrevivido a secuestros, suegros psicópatas, juicios interminables y a un marido con tendencias heroicas innecesarias, una pensaría que la vida finalmente decide darte paz… pero no, la vida, claramente, me odia un poco, porque decide darme otra sorpresa justo cuando Hawk termina de ganar otro maldito Super Bowl.¿Qué estoy emocionada por él? ¡Por supuesto! En especial porque el hombro ha mejorado, las empresas van creciendo, cada uno hace lo que le gusta, los niños son maravillosos no hemos enloquecido tanto gracias a la abuela y a la red de apoyo de tres tíos, dos tías agregadas, un abuelo entrenador y la plantilla de cincuenta y tres jugadores de los San Francisco 49ers, que hacen de niñeras voluntarias bastante seguido.Y aun así, cuando la prueba de embarazo marca las dos barritas en el baño del estadio mientras todo el mundo grita, siento que me voy a desmayar.—Estoy embarazada
EJF. EPÍLOGO—HAWK—Hay algo profundamente engañoso en la tranquilidad, algo que no termina de creerse cuando has vivido demasiado tiempo esperando el siguiente golpe, así que incluso ahora, cuando todo está en calma, cuando Joanne camina por la casa con Seth en brazos y Marie corre detrás de ellos con esa energía inagotable que parece definirla, hay momentos en los que me detengo a mirar la escena como si necesitara asegurarme de que es real, de que no va a romperse en el instante en que parpadee.—Papá, estás raro —dice Marie, cruzándose de brazos frente a mí—, llevas como cinco minutos mirando sin decir nada.Parpadeo, vuelvo a la realidad y sonrío.—Estoy admirando mi obra maestra.—¿Cuál? —pregunta con sospecha y yo señalo a Joanne, que ni siquiera levanta la vista porque ya sabe por dónde voy.—Tu madre.—Eso no cuenta —responde Marie—, ella ya era perfecta antes.Joanne se ríe y yo suspiro porque esta niña nos ha salido demasiado inteligente.—¡Bien respondido!Y es en esos mom
EJF. CAPÍTULO 80. Señor Subdirector—JOANNE—Cuatro meses después.El dolor todavía vibra en mi cuerpo cuando escucho el llanto, fuerte, claro, decidido, y en ese instante todo lo demás desaparece. El cansancio, el miedo acumulado, los meses de tensión que cargué en silencio, todo se va porque lo único que existe es ese sonido que me confirma que está aquí, que está bien, que lo logramos.Para mí es el segundo llanto que me sobrecoge el corazón, para Hawk es el primer terror disfrazado de control. Fue desesperarse mientras conducía hacia el hospital después de la primera contracción y ser él el que casi me rompe los dedos apretando mi mano cada vez que la doctora me decía que pujara.Pero al final nuestro bebé sale con un llanto furioso, decidido, y la expresión de Hawk se derrite en un segundo.—¡Dios… es igualito a ti! —me dice y el doctor se lo pone en los brazos después de revisarlo.—Es un niño fuerte —asegura con una sonrisa tranquila—, completamente sano.Hawk lo abraza con una
EJF. CAPÍTULO 79. Por ellas—HAWK—Lo pienso mil veces antes de ir, porque sé que nada de lo que Hunter quiera decir ahora resolverá lo que hizo, pero prefiero zanjarlo de una vez en lugar de dejar la herida abierta, porque hay traiciones que no se entierran.Así que cuando Hunter se sienta frente a mí, con esa expresión que alguna vez confundí con lealtad, lo único que siento es un desprecio frío que me deja completamente claro que no hay nada que rescatar de esto, nada que valga la pena salvar de lo que alguna vez creí que era una amistad.—De verdad lo siento —dice, bajando la voz como si eso le diera valor a sus palabras—, lo que pasó con Joanne no debió llegar tan lejos.Lo miro con las manos en los bolsillos, sin sentarme, sin concederle el mínimo gesto de cercanía.—Si de verdad lo sintieras, no la habrías puesto en peligro en primer lugar, ni te habrías pasado toda tu vida fingiendo ser mi amigo para venderle cada detalle de mi vida a mi padre.Hunter aprieta la mandíbula, per
EJF. CAPÍTULO 78. Una declaración importante—JOANNE—Salir de la clínica no se siente como una victoria inmediata, sino como un regreso lento a una vida que casi se me escapa de las manos; porque aunque camino por mi propio pie y aunque Hawk ya no me mira como si en cualquier momento fuera a desvanecerme, todavía hay algo dentro de mí que no termina de acomodarse, algo que sigue alerta, que sigue esperando que todo vuelva a romperse.Sin embargo cuando cruzo la puerta de nuestra casa siento el aire distinto, el olor familiar, el eco de lo que somos, y entiendo que sobreviví, que seguimos aquí, que esta historia no terminó donde otros quisieron que terminara.—Despacio —murmura Hawk, sujetándome por la cintura como si temiera que un paso en falso me haga caer.—Estoy bien —le digo, aunque no me aparto de él, porque sé que necesita sostenerme tanto como yo necesito ese contacto.Marie aparece corriendo desde el salón, con esa energía que parece haber estado contenida durante días, y cu







