INICIAR SESIÓNEstábamos allí encerrados a oscuras , no sabía quién era esa chica . Ni como llego allí . Pero en ese momento no era mi prioridad saberlo , estábamos bajo ataque y tenía que vigilar que no nos encontrarán .
Al cabo de un rato , un silencio se apoderó de todo el lugar . No se escuchaba nada ! estaba todo en total silencio . Estaba lejos de la base , así que no podía hacer mucho solo . Esperamos un rato más hasta que nos aseguramos que se habían ido .Seguramente pensaron que ya habían acabado con todos y se fueron . Yo respire nuevamente . o al menos eso intente con ese mal olor . Saque de mi morral una linterna y la encendí .No me van a creer pero cuando ilumine el rostro asustado de la chica , me quedé pasmado . Nunca había visto a una mujer tan bella . Realmente era hermosa . Su cabello era castaño y sus ojos eran verdes .Ella me miró y me preguntó con su voz aún temblorosa._¿Estás bien ?_Yo le respondo agitadoSi _ ¿ y tú ?_Bien _ !oh no ! _ Dice ella asustada _ Mirando mi pierna ._¿ Que pasa ? _ le pregunto asustado_¡Tu pierna está sangrando , te hirieron ! _ Dice ella asustadaDe tanta adrenalina, no me había dado cuenta que me habían herido en la pierna .Ella tomó una pañoleta que llevaba en su morral y me amarro la pierna para evitar que sangrara más .Esto va funcionar como un torniquete . Me dijo _Mientras me amarraba la pañoleta._¿ Eres médico ? _ le pregunteNo . soy enfermera del cuerpo de paz . Estamos aquí para ayudar _ Responde ella más tranquila ._¿ Que hacias aquí sola ? _ le pregunte extrañadoNo estaba sola ! mataron a mis compañeros , y yo me escondí aquí . nosotros los vimos a ustedes, estábamos por la otra calle cuando de repente comenzaron a disparar de todos lados . Así que tuvimos que bajarnos del auto y correr.Vi como ellos cayeron muertos, y también los soldados . Vi esto abierto y me metí aquí . Después decide mirar para ver de donde venían las balas . Pero solo te vi a ti , así que te llame .Estaba segura de que no ibas a sobrevivir , no vi a nadie más a tu alrededor .Me dijo ella con voz de tristeza. Seguramente por sus compañeros.La alumbre mejor y pude ver su escudo del cuerpo de paz en su brazo ._¿ Que haces ? _ me pregunta tapando su cara . la había iluminado de frenteLo siento solo quería mirarte el uniforme, no lo había visto bien este lugar está muy oscura además _ ¡ apesta ! _ le dijeclaro que apesta es una alcantarilla _ ¿ Si sabías ? _ Me dice ella_¿ En serio ?_ no lo había notado _ le dije yo tratando de olvidar un poco lo ocurrido .Duramos toda la noche metidos en una alcantarilla maloliente hasta que por fin vimos por el borde de la tapa que ya estaba amaneciendo._¿ Salimos ya ? _ pregunta ella_¡Espera , aún no ¡ _ le conteste yo . no quería que al salir cayéramos en la trampa nuevamente aunque ya era de día seguramente ellos iban a estar pendiente a nosotros.Cuando escucho unas voces y me di cuenta de que eran de los míos . poco a poco quite la tapa y salí . Efectivamente era mi grupo ._ ¡Sargento ! _ Dice un soldado acercándose a mi pensamos que estaba muerto . _ Dice el sorprendido .No . pero mi pelotón si . _ le dije yo furioso y triste .Volteé y me agaché para ayudar a salir a la chica . Me dolía la pierna pero estaba bien en general.El capitán Hansel se acerca y me pregunta_¿ Que paso aquí ?_Le expliqué lo sucedido y también como me salve yo . El me escuchaba atento y después mira a la chica y pregunta_¿ Quies es ella ?_Ella me mira y después lo mira a él y responde muy seriaMi nombre es Sofia Ventura señor . Soy miembro del cuerpo de paz .El la mira fijamente y le pregunta¿ De dónde es ese acento ?Colombia señor . Soy colombiana _ Dice ella con mucha seriedad y firmezaEl solo la mira y se va .Yo la miro y le digoMuchas gracias por salvarme . Si no me hubieras llamado estaría muerto . Gracias .Ella sonríe y diceDe nada ! pero tienes que verte esa pierna , la bala está allí y tienes que ir rápido con un médico.Si . lo sé _ le respondíPasaron unos días y yo estaba recuperándome de mi herida , no había visto a Sofía desde entonces . Y aunque era hermosa . no podía pensar en tener nada con ella , todavía sabana estaba en mi mente y en mi corazón.Una mañana llegue a la enfermería para revisar mi pierna cuando la ví . Estaba allí atendiendo a un soldado que estaba herido .Quise acercarme pero me detuve . Yo no era buena compañía en ese momento .Así pasaron los días y seguí en mi trabajo de siempre . Cuando una tarde de repente una voz me diceParece que conozco a este soldado .Volteé y era ella . Aunque mi corazón todavía le pertenece a Sabana había algo en Sofía que lo hacía latir diferente._ ¡ Hola ! _ le dijeHola ! _¿ Que haces ? _ Me pregunto con una voz tan tiernaEstoy organizando todo para irme está noche a la base que está fuera . volveré en unos días _ Le respondíEspero que todo salga bien fuera _ Me dijo con una sonrisaGracias . ¿ Así que eres colombiana ? _ le pregunte para que no se fuera aúnAsí es ! ya lo había dicho antes soldado _ me dijoSi . sé que ya lo habías dicho antes . pero cómo no lo había notado por tu perfecto inglés , te vuelvo a preguntar ._ ¿ Mi perfecto inglés ? _ No tengo un perfecto inglés . De hecho mi acento me delata _ ¿ Porque crees que tú capitán lo noto enseguida ? _ Me dice ella riéndoseSi . pero oye ! estaba en una alcantarilla apestosa ! Yo no estaba bien en ese momento . Además perder tantos compañeros duele mucho no note tu acento .Dije yo muy desanimadoSi . lo sé ! yo me siento igual por mis compañeros _ dice ella con sentimientoBueno ! espero te vaya bien soldado ! _ dice ella con una sonrisa _ Mientras se aleja _ Pero antes de irse le dije.Me llamo Kevin _ Kevin CollinsElla sonríe y se acerca y diceMucho gusto Kevin Collins . Dios te guarde en tu camino _ Y se vaYo la miro irse . Y no logro entender porque mi corazón reacciona así al verla . empieza a latir fuerte y aún no se porque .Se abrazaron con una desesperación desesperada, como dos náufragos que logran aferrarse a la balsa de salvación en medio de la peor de las tormentas oceánicas. Canela apoyaba la cabeza en el hombro empapado de David, sollozando sin control, liberando a través de sus lágrimas todos los días de agonía, las noches de insomnio, la humillación de la huida y el vacío insoportable que la ausencia de él había dejado en su vida. David la sostenía con fuerza, hundiendo el rostro en el cabello suelto de la joven, inhalando el aroma familiar a vainilla que la tormenta no había logrado borrar. Sentía que el corazón, que creía marchito y seco, volvía a latir con una fuerza inmensa, llenándole las venas de un calor vivificante que desafiaba el frío invernal de la ciudad. —Peróname, David... por favor, perdóname por ser tan tonta, por no escucharte esa mañana, por haber ido a la casa de esa infeliz a dejar que se burlara de nosotros —decía Canela entre sollozos, apretándose más contra su pecho—
El reloj de la terminal de autobuses del pueblo marcaba las cuatro y cuarto de la mañana cuando David compró su boleto con destino a la capital. La terminal era un lugar desolado a esa hora; solo unos pocos comerciantes abrían sus puestos de café y pan, y el aire olía a humo de diésel y a tierra mojada. David subió al viejo autobús de pasajeros, acomodándose en un asiento junto a la ventana en la parte media del vehículo. Sostenía la mochila contra su pecho, como si dentro de ella llevara el talismán que le devolvería la vida. El motor del autobús arrancó con un rugido ensordecedor que hizo vibrar toda la estructura de metal. El vehículo comenzó a avanzar lentamente saliendo del pueblo, adentrándose en la autopista oscura que serpenteaba entre las montañas. David apoyó la cabeza contra el vidrio frío, mirando el paisaje exterior que apenas comenzaba a vislumbrarse con los primeros tonos grises del amanecer. No había podido dormir en toda la noche, pero no sentía cansancio. Su me
La llegada de Canela a la ciudad fue un choque cultural y emocional absoluto. El apartamento de la tía Elena estaba ubicado en un tercer piso de un edificio antiguo en un barrio residencial de clase media alta, rodeado de grandes avenidas, edificios de oficinas y un tráfico incesante que no se detenía ni un segundo. Para una joven acostumbrada al silencio del campo y al ritmo pausado del pueblo, el ruido de las bocinas, el murmullo constante de las multitudes y la velocidad con la que se movía la gente resultaban abrumadores. Elena, la hermana menor de Sol, era una mujer soltera, jefa de enfermeras en un hospital público importante. Era una persona pragmática, activa, pero dotada de una gran sensibilidad. Recibió a Canela con un enorme plato de sopa caliente y un abrazo sincero que reconfortó un poco el espíritu de la joven. —Sé que las circunstancias por las que vienes no son las mejores, mi niña —le dijo Elena esa primera noche, mientras compartían la cena—. Tu madre me contó
El amanecer del día siguiente llegó con una neblina densa que cubría los campos del pueblo, como si la naturaleza misma se uniera al ambiente de tristeza que rodeaba la casa de Canela. Eran las cinco y media de la mañana. El motor de un automóvil de alquiler roncaba suavemente frente a la entrada principal, rompiendo el silencio de la madrugada. En la cocina, Sol servía café caliente en unas tazas de porcelana, mientras Patrick terminaba de amarrar la maleta grande en el maletero del auto. El rostro del hombre reflejaba el cansancio de una noche de insomnio; las ojeras marcaban su semblante, y su actitud, usualmente enérgica, se notaba apagada. Canela bajó las escaleras lentamente. Vestía unos pantalones de mezclilla cómodos, una sudadera holgada y llevaba el cabello recogido en una coleta sencilla. No llevaba maquillaje; su rostro lucía lavado, pálido, y sus ojos reflejaban una madurez amarga que no correspondía a sus pocos años. Sostenía una pequeña mochila con sus pertenencia
En el otro extremo del pueblo, en una pequeña casa de paredes blancas y tejas de barro, David se encontraba encerrado en su habitación. El cuarto estaba en penumbras; las cortinas permanecían cerradas, impidiendo el paso de la luz del sol. David estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la base de su cama y las rodillas pegadas al pecho. Tenía la misma ropa de la noche anterior, arrugada y con el olor del sudor de la fiesta y de la desesperación. Su mente era un caos de imágenes que se repetían en un bucle tortuoso. Recordaba el momento exacto en que salió del baño, sintiéndose el hombre más afortunado del mundo por tener a Canela como novia. Recordaba la aparición repentina de Caterine, sus palabras venenosas, su mirada fría y calculadora. Y luego, el movimiento rápido y felino con el que ella lo había empujado contra la pared del pasillo. David había intentado zafarse, pero Caterine se había aferrado a su camisa con una fuerza sorprendente, estampando sus labios c
El silencio en la habitación de Canela se sentía denso, casi sólido. Las paredes, que alguna vez habían sido testigos de sus risas, de sus tardes de música y de las largas llamadas telefónicas con David, ahora parecían cerrarse sobre ella como un recordatorio constante de su desgracia. Sobre la cama matrimonial de sábanas gastadas descansaba una vieja maleta de lona azul, abierta de par en par, esperando ser llenada con los restos de una vida que Canela deseaba desesperadamente dejar atrás. Con las manos temblorosas, la joven doblaba una blusa blanca. Sus ojos, hinchados y enrojecidos por las horas de llanto ininterrumpido, fijos en la nada. Cada prenda que guardaba se sentía como un clavo más en el ataúd de sus ilusiones. Recordaba el vestido azul de la fiesta, aquel que se había puesto con tanta emoción, pensando que esa noche sería mágica. Ahora, ese vestido estaba arrugado en el fondo del armario, una reliquia maldita de la noche en que su corazón se partió en mil pedazos. —







