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Amada por el CEO demonio.

Autor: Pandora
last update Veröffentlichungsdatum: 2026-09-19 23:47:30
No mucho después, Ana María llegó al estacionamiento privado de un lujoso edificio.

Había sentido el rechazo de Luciano de forma en la que no podía con el dolor de su ego herido

Lo ocurrido frente a la mansión Salvatore.

Las palabras de Luciano que seguían repitiéndose en su cabeza.

"La mujer que elegí"

Aquella frase le había dolido más que cualquier insulto.

Para Ana María, Isabella no era simplemente otra mujer cualquiera.

Era la mujer que, según ella, había llegado a ocupar un l
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  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   El hombre que regresó de entre las sombras.

    Eliester mantuvo el teléfono frente a Luciano, para que pudiera ver la fotografía de aquel hombre que incluso tenía rasgos similares a los suyos. Durante varios segundos, el CEO no reaccionó. Simplemente no podía. Sus ojos permanecieron clavados en aquella fotografía. El hombre aparecía sentado en un lujoso despacho, detrás de un enorme escritorio de madera oscura. Vestía un traje negro impecable y tenía el cabello ligeramente encanecido. Pero aquellos ojos... Luciano los habría reconocido en cualquier lugar. Eran idénticos a los suyos, uno de color azul y otro de color verde. —No... —murmuró. Isabella dejó lentamente la bandeja del desayuno sobre la mesa y se apresuró a llegar a su marido a tomarme la mano. —¿Quién es? Luciano no respondió. El pakhan observó la fotografía y su expresión también se endureció. —Carajo, son tan parecidos. Eliester asintió. —Sí. Luciano cerró los ojos. Una imagen de su infancia apareció en su memoria. Un hombre alto. U

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Un enemigo del pasado.

    La noche cayó sobre el hospital sin que Isabella estuviera dispuesta a separarse de Luciano. La habitación VIP a la que lo habían trasladado había quedado en silencio. Era amplia, elegante y mucho más cómoda que una habitación hospitalaria convencional, pero para Isabella seguía siendo simplemente el lugar donde su esposo estaba obligado a permanecer después de aquella pelea. Habían colocado un sofá reclinable junto a la cama para que ella descansara, no se podían dar el lujo de descuidar a la jóven embarazada. —Isabella, vete a casa. —insistió Luciano por enésima vez. Ella acomodó una manta sobre sus piernas y se sentó. —No. No me iré. —Necesitas dormir en una cama, no en... eso. —Puedo dormir aquí. No es tan incómodo como se ve. —Ese sofá parece diseñado para torturar personas. —Entonces ya tenemos algo en común. Yo también sé torturar CEO, ¿No sabías? Luciano arqueó una ceja. —¿Qué? —Ademas no te hagas el inocente, tú también eres bastante torturador.

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   El amor de los esposos.

    Mauricio Salvatore, fue quien recibió la difícil tarea de informarle a Isabella lo ocurrido con su marido. Luciano se lo había pedido antes de que los hombres lo sacaran de la villa con rumbo al hospital. —Si algo me pasa, encárgate de ella, que no sufra ningún agravio, ni los hijos tampoco. —había dicho el CEO, con la mandíbula tensa.— No quiero que Isabella se entere por alguien más. Solo tú podrás calmarla, abuelo. Y ahora Mauricio tenía que cumplir aquel importante encargo. La encontró todavía en el salón de la mansión, rodeada de los invitados que habían presenciado el caos de aquella noche. Isabella estaba sentada, con una mano descansando sobre su vientre, cuando vio entrar al patriarca. No necesitó escuchar demasiado para saber que algo iba mal. —Mauricio… ¿Dónde está Luciano? El hombre respiró profundamente antes de hablar. —Ya lo trasladaron al hospital. Isabella palideció. —¿Qué cosa? —Resultó herido durante la pelea con Pietro. Las heridas se le a

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Duelo de dos hombres enamorados.

    El patio quedó en absoluto silencio cuando Pietro levantó una mano. —¡Todos atrás! Llegó el momento de ajustar cuentas tu y yo, Salvatore. Luciano hizo exactamente lo mismo. Ordenó que los dejarán liarse solos. Los hombres de ambos bandos retrocedieron unos metros. Mauricio observó a su nieto con los brazos cruzados. Aquello ya no era asunto de guardaespaldas. Era personal. Pietro se quitó el saco y lo arrojó al suelo. —Tantos años creyéndote intocable, Salvatore. Hoy vas a darte cuenta de que no eres invencible. Luciano se quitó lentamente el reloj y se lo entregó a uno de sus hombres. —Y tú un año creyendo que Isabella te pertenecía. Pero ni siquiera lograste conquistar su corazón, ella nunca te amó. Los ojos de Pietro se encendieron de rabia. —¡Tú me la quitaste! —Si eso quieres creer para consolarte por haber fallado como hombre, no tengo problema. Luciano dió un paso hacia él. Y continúo. —Ella se alejó de ti porque tú mismo la perdiste en el momento en el que la

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   Pietro quiere robar a la novia.

    El ambiente en la mansión Salvatore cambió en cuestión de segundos. Mientras los hombres se preparaban para enfrentarse a Pietro, Mauricio decidió que ninguna de las mujeres tenía por qué presenciar aquel espectáculo. —Ustedes se quedan aquí. —ordenó con firmeza, señalando uno de los enormes salones privados de la villa.— Nadie entra sin mi autorización. Isabella abrió la boca para protestar, pero un aroma delicioso llegó desde el comedor contiguo. Langosta a la mantequilla. Sus ojos se iluminaron. Moría de hambre y antojos. —Bueno… quizá sí puedo quedarme aquí por un corto tiempo. Luciano, que ya se disponía a salir, la miró con una mezcla de preocupación y ternura. —¿Tienes hambre? —Me muero de hambre —admitió Isabella, llevándose una mano al vientre— Y quiero langosta. El rostro severo del CEO se suavizó inmediatamente. —Tráiganle a mi esposa la mejor langosta que haya. — Ordenó aquel hombre. En cuestión de minutos, el salón parecía preparado para recibir a una reina.

  • LA ESPOSA AMADA POR EL CEO DEMONIO.   ¡Vengo por tí, Isabella!

    El ruido de los vehículos hizo que todos los invitados se giraran hacia la entrada de la mansión. Luciano permaneció inmóvil. Isabella, todavía a su lado, sintió cómo la mano del CEO se cerraba con mayor firmeza alrededor de la suya. —¿Quién es? ¿Qué pasa?—preguntó Isabella al CEO. El jefe de seguridad respondió inmediatamente: —Es Pietro Gambino. La expresión de Luciano se volvió de hielo. —Por supuesto. Tenía que venir a intentar llevarte. Las enormes puertas de la mansión se abrieron. Pietro entró acompañado por varios hombres armados al lugar. Su traje estaba impecablemente arreglado, pero su rostro mostraba una furia que apenas conseguía contener. —¡Isabella! Ella se estremeció. El presidente lo notó, lo que fue suficiente para terminar con su paciencia. Luciano dió un paso delante de ella. —No pronuncies su nombre como si fuera tuya. Pietro apenas miró al CEO. Su atención estaba en la hermosa novia de la boda. —Isabella, ven conmigo. Todavía pod

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