LOGINEl patio quedó en absoluto silencio cuando Pietro levantó una mano. —¡Todos atrás! Llegó el momento de ajustar cuentas tu y yo, Salvatore. Luciano hizo exactamente lo mismo. Ordenó que los dejarán liarse solos. Los hombres de ambos bandos retrocedieron unos metros. Mauricio observó a su nieto con los brazos cruzados. Aquello ya no era asunto de guardaespaldas. Era personal. Pietro se quitó el saco y lo arrojó al suelo. —Tantos años creyéndote intocable, Salvatore. Hoy vas a darte cuenta de que no eres invencible. Luciano se quitó lentamente el reloj y se lo entregó a uno de sus hombres. —Y tú un año creyendo que Isabella te pertenecía. Pero ni siquiera lograste conquistar su corazón, ella nunca te amó. Los ojos de Pietro se encendieron de rabia. —¡Tú me la quitaste! —Si eso quieres creer para consolarte por haber fallado como hombre, no tengo problema. Luciano dió un paso hacia él. Y continúo. —Ella se alejó de ti porque tú mismo la perdiste en el momento en el que la
El ambiente en la mansión Salvatore cambió en cuestión de segundos. Mientras los hombres se preparaban para enfrentarse a Pietro, Mauricio decidió que ninguna de las mujeres tenía por qué presenciar aquel espectáculo. —Ustedes se quedan aquí. —ordenó con firmeza, señalando uno de los enormes salones privados de la villa.— Nadie entra sin mi autorización. Isabella abrió la boca para protestar, pero un aroma delicioso llegó desde el comedor contiguo. Langosta a la mantequilla. Sus ojos se iluminaron. Moría de hambre y antojos. —Bueno… quizá sí puedo quedarme aquí por un corto tiempo. Luciano, que ya se disponía a salir, la miró con una mezcla de preocupación y ternura. —¿Tienes hambre? —Me muero de hambre —admitió Isabella, llevándose una mano al vientre— Y quiero langosta. El rostro severo del CEO se suavizó inmediatamente. —Tráiganle a mi esposa la mejor langosta que haya. — Ordenó aquel hombre. En cuestión de minutos, el salón parecía preparado para recibir a una reina.
El ruido de los vehículos hizo que todos los invitados se giraran hacia la entrada de la mansión. Luciano permaneció inmóvil. Isabella, todavía a su lado, sintió cómo la mano del CEO se cerraba con mayor firmeza alrededor de la suya. —¿Quién es? ¿Qué pasa?—preguntó Isabella al CEO. El jefe de seguridad respondió inmediatamente: —Es Pietro Gambino. La expresión de Luciano se volvió de hielo. —Por supuesto. Tenía que venir a intentar llevarte. Las enormes puertas de la mansión se abrieron. Pietro entró acompañado por varios hombres armados al lugar. Su traje estaba impecablemente arreglado, pero su rostro mostraba una furia que apenas conseguía contener. —¡Isabella! Ella se estremeció. El presidente lo notó, lo que fue suficiente para terminar con su paciencia. Luciano dió un paso delante de ella. —No pronuncies su nombre como si fuera tuya. Pietro apenas miró al CEO. Su atención estaba en la hermosa novia de la boda. —Isabella, ven conmigo. Todavía pod
—¡Yo tengo una objeción! Dijo la mujer. Todos los presentes voltearon hacía ella. El abuelo Valerio Salvatore. El CEO Eliester Ivanov, su bella esposa Amelia Romanov Y El actual Pakhan de la bratva, Ivanko Romanov, y su hermosa esposa Elizabeth Ivanov. Isabella palideció al escuchar a la recién llegada. Luciano endureció el rostro. Débora apareció primero, avanzando con una expresión desafiante. Se sabía bella, había nacido en cuna de oro y se sentía muy superior a una simple galerista. Además no estaba sola. A su lado apareció Ana María. Las dos mujeres se habían confabulado para venir a detener la boda. Caminaron y se pararon frente a los invitados. Ana María sonrió lentamente. La castaña que era conocida por ser una fem fatal. Miraba a todos por debajo de su estatus. —Creo que llegaron demasiado pronto a la parte de "felices para siempre". — Se le escuchó decir. Luciano dió un paso adelante para poner detrás de él a Isabella. A su mujer no podía pasar
Mientras estaban abrazasos todavía en la cama. El CEO de pronto miró los ojos ámbarinos de la hermosa mujer que tenía entre sus brazos y dijo. — Isabella, casaré conmigo. Después se puso de pie y sacó de un cajón una pequeña caja aterciopelada color morado y la abrió. Dentro había un anillo con una piedra azul turquesa, era una de las joyas familiares más antiguas costosas e importantes de la familia Salvar Y ahora el presidente se la estaba ofreciendo a la mujer que amaba. La decisión de Luciano fue tan inesperada que Isabella tardó varios segundos en comprender lo que estaba diciendo. — ¿Qué dijiste? No es que no lo hubiera escuchado en el hospital cuando se lo propuso. Era que ya con ese hermoso anillo en la caja, todo se ponía más serio. —Que quiero casarme contigo. Qué seas mi esposa y te quedes a mí lado para siempre. Isabella lo miró por varios segundos sin apartar la mirada de esos dos ojos de diferente color que la tenían hechizada. — Yo... Si nos casamos
La habitación permanecía con las luces tenues. Isabella estaba recostada entre las almohadas, todavía delicada después de todo lo que había ocurrido. Luciano permanecía a su lado, observándola con una intensidad que ella conocía demasiado bien. —No deberías mirarme así —susurró ella. — Tratando de alejarse un poco de su cercanía. Él acarició lentamente su mejilla. —¿Así cómo? —Como si fueras a olvidarte de todo lo demás. Una sonrisa apenas perceptible apareció en los labios del CEO. —Contigo siempre me olvido de todo lo demás. Isabella bajó la mirada. No era usual que un hombre tan poderoso, importante y con una impotencia tan marcada, le hablara de esa forma a una mujer. —Luciano... Él se inclinó y depositó un beso suave sobre su frente. Antes de acercarse más, recordó perfectamente la conversación que había tenido con el médico. Había preguntado directamente lo que quería saber. Había explicado que Isabella seguía delicada, que estaba embarazada y que







