LOGIN~MINA~ Para cuando cayó la noche, los dos hombres que acompañaban al Rami ya se habían bajado de la camioneta en distintos puntos del camino y él continuaba manejando solo. Eso era exactamente lo que estábamos esperando. Artem y yo lo seguíamos desde bastante lejos, manteniendo suficiente distancia para no levantar sospechas. Habíamos dejado atrás las zonas más transitadas y ahora avanzábamos por un camino solitario, rodeado de oscuridad y vegetación, con las luces de nuestro automóvil apagadas para no delatarnos. Yo permanecía hundida en el asiento, todavía usando la gorra y la ropa holgada de mi fabuloso disfraz de narcotraficante adolescente, con una pistola descansando sobre mis piernas y los ojos clavados en las luces traseras de la camioneta que aparecían y desaparecían a lo lejos. Mi corazón llevaba un buen rato latiendo demasiado rápido. No era por miedo. Bueno, quizá sí había algo de miedo, pero no el suficiente para hacerme querer regresar. Mientras siguiéramos detrá
~MINA~ —Parezco un pinche chamaco que va a vender mota atrás de una secundaria —murmuré mientras me acomodaba por enésima vez la gorra que Artem me había hecho ponerme. El güero apartó apenas los binoculares de sus ojos para mirarme de reojo y después recorrió con la vista la camisa holgada, los pantalones anchos y la chaqueta que ocultaba bastante bien las curvas de mi cuerpo. Mi cabello estaba completamente recogido y escondido debajo de la gorra, y unos lentes oscuros terminaban de hacerme lucir lo suficientemente diferente como para que nadie que me viera desde cierta distancia pensara inmediatamente en Herminia Salazar. —Ese era precisamente el objetivo. —¿Que parezca vendedor de mota? —Que no parezcas tú. —Pues felicidades. Lo logramos. Artem soltó una risa breve y volvió a llevarse los binoculares a los ojos. Yo hice lo mismo. Nuestro automóvil estaba oculto a suficiente distancia del rancho como para no llamar la atención, estacionado en un punto desde donde podíamos
~ARTEM~Mi atención se clavó inmediatamente en la llamada y me alejé unos pasos de Mina, aunque no tanto como para que ella pudiera escuchar lo que hablábamos.—Habla.—Mis muchachos tardaron un poco porque resulta que el cabrón ya no anda tan pegado a Montalvo como antes —explicó Valdés—. Pero sí, encontramos al hombre que estás buscando. Ramiro Ortega, alias el Rami. Cincuenta y dos años, moreno, grandote y con el pelo casi rapado. Lleva más de veinte años trabajando para Montalvo.La descripción coincidía demasiado bien con la que Mina me había dado.—¿Dónde está?—Por Los Mochis. Montalvo tiene un rancho a las afueras que utiliza para algunos de sus negocios y el Rami pasa bastante tiempo allí. Según mi gente, ahora se encarga de supervisar algunas operaciones y de mantener a raya a los pendejos que trabajan para ellos.—¿Vive allí?—No. Tiene una casa en la ciudad, pero entra y sale del rancho constantemente. Mis hombres ya llevan siguiéndolo desde ayer para confirmar sus movimie
Dos días después... ~ARTEM~Mina ya había conseguido mejorar lo suficiente como para que al menos dejara de preocuparme la posibilidad de que terminara disparándose en un pie durante el entrenamiento.No pensaba decírselo, por supuesto.—Otra vez —ordené.—¿Otra vez? Güero, ya llevo como cincuenta.—Treinta y dos.Mina bajó el arma y volteó a verme con los ojos entrecerrados.—¿Los estás contando?—Claro.—Pinche obsesivo.—Y tú sigues hablando demasiado.—Eso no se me va a quitar nunca, así que ve resignándote.Tuve que contener una sonrisa mientras ella volvía a colocarse frente al blanco.Habíamos pasado los últimos dos días entrenando varias horas, sin excedernos por su pie, que continuaba mejorando, y aquella mañana había decidido hacerla practicar algo más que quedarse quieta disparando. Necesitaba aprender a moverse, mantener el arma segura y conservar la atención aunque tuviera cosas ocurriendo a su alrededor.El problema era que distraer a Mina resultaba demasiado fácil.Per
~MINA~ Llevaba casi todo el pinche día pegada en la ventana, vigilando discretamente que ningún cabrón que no fuera el güero se acercara a la propiedad. En mis manos tenía una pistola y sobre la mesa que tenía a mi lado había otras cuantas pistolas y municiones. Muchas municiones. El güero me había dejado bien preparada por si cualquier cosa pasaba durante su ausencia. No es que yo fuera toda una Pancho Villa, pero el día anterior había practicado tanto mi puntería que al menos ya podía herir de gravedad a cualquier pendejo que se acercara a mí.Sabía que no tenía nada de que preocuparme porque por los momentos la propiedad era segura y nadie podría saber la ubicación, porque únicamente la conocían Artem, Maksim Volkov y ahora yo. Nadie más.Sin embargo no podíamos confiarnos tanto y fue por eso que el ruido de un motor acercándose a la propiedad me hizo incorporarme de golpe y agarrar con más fuerza la pistola que tenía entre las manos.Me asomé con cuidado por uno de los costado
~ARTEM~ Apenas salí de la reunión con Valdés, llamé a Maksim para informarle de los resultados de la negociación. —Pensé que ya no me ibas a llamar, que había surgido otro retraso o que Valdés te había tomado como rehén para presionarme a aceptar sus demandas y que por eso no podías comunicarte conmigo —dijo apenas respondió. No pude evitar sonreír y mucho menos inventar otra mentira de mierda. —La reunión se retrasó un poco. —¿Un poco? —espetó—. En la mañana me dijiste que ya ibas saliendo para reunirte con Valdés y me devuelves la llamada hasta ahorita que ya es de noche. Cerré los ojos y respiré profundamente. No iba a discutirle absolutamente nada porque tenía toda la maldita razón y eran mis jodidas mentiras las que me estaban metiendo en estos putos problemas. —Surgió otro retraso. Fue lo único que se me ocurrió responder, porque las excusas de mi bolsa de mentiras estúpidas ya se me estaban acabando. —¿Otro?—Ajá, pero el acuerdo ya se firmó —agregué, esperando que es







