LOGINDos días después... ~ARTEM~Mina ya había conseguido mejorar lo suficiente como para que al menos dejara de preocuparme la posibilidad de que terminara disparándose en un pie durante el entrenamiento.No pensaba decírselo, por supuesto.—Otra vez —ordené.—¿Otra vez? Güero, ya llevo como cincuenta.—Treinta y dos.Mina bajó el arma y volteó a verme con los ojos entrecerrados.—¿Los estás contando?—Claro.—Pinche obsesivo.—Y tú sigues hablando demasiado.—Eso no se me va a quitar nunca, así que ve resignándote.Tuve que contener una sonrisa mientras ella volvía a colocarse frente al blanco.Habíamos pasado los últimos dos días entrenando varias horas, sin excedernos por su pie, que continuaba mejorando, y aquella mañana había decidido hacerla practicar algo más que quedarse quieta disparando. Necesitaba aprender a moverse, mantener el arma segura y conservar la atención aunque tuviera cosas ocurriendo a su alrededor.El problema era que distraer a Mina resultaba demasiado fácil.Per
~MINA~ Llevaba casi todo el pinche día pegada en la ventana, vigilando discretamente que ningún cabrón que no fuera el güero se acercara a la propiedad. En mis manos tenía una pistola y sobre la mesa que tenía a mi lado había otras cuantas pistolas y municiones. Muchas municiones. El güero me había dejado bien preparada por si cualquier cosa pasaba durante su ausencia. No es que yo fuera toda una Pancho Villa, pero el día anterior había practicado tanto mi puntería que al menos ya podía herir de gravedad a cualquier pendejo que se acercara a mí.Sabía que no tenía nada de que preocuparme porque por los momentos la propiedad era segura y nadie podría saber la ubicación, porque únicamente la conocían Artem, Maksim Volkov y ahora yo. Nadie más.Sin embargo no podíamos confiarnos tanto y fue por eso que el ruido de un motor acercándose a la propiedad me hizo incorporarme de golpe y agarrar con más fuerza la pistola que tenía entre las manos.Me asomé con cuidado por uno de los costado
~ARTEM~ Apenas salí de la reunión con Valdés, llamé a Maksim para informarle de los resultados de la negociación. —Pensé que ya no me ibas a llamar, que había surgido otro retraso o que Valdés te había tomado como rehén para presionarme a aceptar sus demandas y que por eso no podías comunicarte conmigo —dijo apenas respondió. No pude evitar sonreír y mucho menos inventar otra mentira de mierda. —La reunión se retrasó un poco. —¿Un poco? —espetó—. En la mañana me dijiste que ya ibas saliendo para reunirte con Valdés y me devuelves la llamada hasta ahorita que ya es de noche. Cerré los ojos y respiré profundamente. No iba a discutirle absolutamente nada porque tenía toda la maldita razón y eran mis jodidas mentiras las que me estaban metiendo en estos putos problemas. —Surgió otro retraso. Fue lo único que se me ocurrió responder, porque las excusas de mi bolsa de mentiras estúpidas ya se me estaban acabando. —¿Otro?—Ajá, pero el acuerdo ya se firmó —agregué, esperando que es
~ARTEM~ Estaba terminando de desayunar cuando mi teléfono comenzó a timbrar en el bolsillo de mi pantalón. Mina levantó la mirada de su plato de comida y me observó mientras metía mi mano en el bolsillo y sacaba el teléfono.Miré la pantalla y, por un instante, contuve el aliento al ver el nombre de Maksim. Carajo. Sabía exactamente por qué me estaba llamando. —Debo contestar —le dije a Mina mientras me ponía en pie. Ella apenas pudo asentir porque yo ya estaba saliendo de la casa para poder hablar con Maksim en el jardín, donde podía tener más privacidad. —¿Sí? —Llevas dos días en México y todavía no te has reunido con Valdés para cerrar el trato —dijo Maksim. Tal como lo supuse, no hubo saludo ni ninguna otra cortesía de su parte. Fue directo al punto que le interesaba y que yo sabía que era por el cual me estaba llamando. Era obvio que después de estar dos días perdiendo el tiempo en México y no dedicándome a los negocios de la Bratva, como se suponía que debía estar hacie
~MINA~ —Ponte los protectores —indicó, sacándome de mis pensamientos. Obedecí. Artem se colocó los suyos y después me hizo una señal para que levantara el arma. Respiré profundamente, apunté hacia el blanco y traté de recordar absolutamente todo lo que me había explicado. —Cuando estés lista. Puse el dedo en el gatillo y disparé. El estruendo me sobresaltó incluso a través de los protectores y el retroceso hizo que mis brazos se elevaran mucho más de lo que esperaba. Di un pequeño respingo y bajé inmediatamente el arma, manteniéndola apuntada hacia el suelo. Artem me observó. —No estuvo mal. Lo miré esperanzada. —¿En serio? Se volvió hacia el blanco. —Si tu intención era asesinar el aire que está a medio metro de la silueta. Mi esperanza murió instantáneamente. —Chinga tu madre. Se rio. —Te dije que no estaba mal para ser el primer disparo. —No dijiste eso. —Lo estoy diciendo ahora. —Solo porque te mandé a chingar a tu madre. —Mi madre no tiene nada que ver con tu
~MINA~ A la mañana siguiente, Artem decidió que ya había tenido suficiente de verme desarmar y volver a armar una pistola sobre una mesa como si estuviera jugando con un pinche rompecabezas para adultos y que había llegado el momento de que aprendiera a dispararla de verdad. La noticia me emocionó mucho más de lo que probablemente debería entusiasmar a una persona normal. Pero yo ya había aceptado hacía tiempo que mi concepto de normalidad se había ido derechito a la chingada. La propiedad donde nos estábamos quedando era lo suficientemente grande y apartada como para que Artem pudiera llevarme hasta una zona despejada detrás de la casa, bastante alejada de la carretera y rodeada por terreno árido, vegetación baja y algunos árboles dispersos. Había colocado un blanco a una distancia que, según él, era apropiada para alguien que jamás había disparado un arma en su vida y, por supuesto, también había llegado cargando una pequeña caja con municiones, protectores para los oídos y todo







