LOGINPOV: AIRYS
— ¡¿Qué fue eso?! — grité, recuperando el aliento mientras golpeaba el suelo. Mi cuerpo temblaba, no sabía si era por miedo o por rabia. Me levanté bruscamente, mis ojos recorriendo el entorno. — ¡¿Qué me hicieron?! ¡¿Dónde estaba?!
Las mujeres se miraron entre sí, pero ninguna respondió. Sus miradas cayeron sobre Daimon, que permanecía impasible, como si mi furia no fuera más que una molestia menor.
— ¡Tú! — Avancé hacia él, la sangre hirviendo en mis venas. Daimon no se movió. Mantenía las manos en los bolsillos, la postura relajada, pero su mirada seguía cada uno de mis pasos. Como si ya supiera exactamente lo que iba a hacer.
Levanté el dedo, señalándolo.
— ¿Crees que puedes cazarme, tirarme a ese infierno con una bestia y jugar conmigo?
Sus ojos bajaron lentamente hacia mi dedo levantado. Su ceño se frunció levemente y una ceja se arqueó, la expresión cargada de una advertencia silenciosa.
— ¡No voy a ser tu presa! —continué, sintiendo que la adrenalina alimentaba mi valentía. — Si piensas matarme, sé un Lycan honorable y hazlo ya.
El silencio cayó sobre el salón. El aire se volvió pesado. En el momento en que vi, sus ojos, volverse fríos y afilados, supe que había cruzado un límite.
En un movimiento rápido, Daimon me levantó del suelo, sujetando mi ropa con facilidad, como si no pesara nada. Mi cuerpo osciló en el aire, y él inclinó la cabeza hacia un lado, observándome con esa mirada depredadora.
— Pareces ansiosa por encontrar la muerte, pequeña. — Su voz era baja, casi un gruñido.
Me retorcí, golpeando sus brazos, intentando liberarme. Era inútil. Ni siquiera se movió.
— ¡Ponme en el suelo! — Exigí, sintiendo mi corazón acelerado.
Daimon solo sonrió, una sonrisa sombría, sin prisa, sin ningún rastro de paciencia.
— No. — Resonó grave, casi perezoso. Me acercó más, sus ojos quemando los míos. — Yo soy tu dueño, Airys Monveil. Y parece que tienes dificultades para comprender esto.
— Prefiero morir a servirte. — Mi voz salió firme, pero no ocultaba el temblor. Una lágrima se deslizó por el rincón de mi ojo, pero me negué a desviar la mirada. Sabía que mis palabras podían sellar mi destino, pero no me rendiría. — No sé por qué me compraste, no me importan esas pruebas. Pero yo, Airys Monveil, ¡no soy la esclava del Alfa Supremo!
Daimon no reaccionó de inmediato. Su mirada recorrió mi rostro, evaluando cada rasgo, cada respiración inestable.
— Interesante. — Me acercó más, nuestros rostros tan cercanos que sentí su aliento fresco contra mi piel. Su mirada era intensa, depredadora, analizando cada detalle de mi expresión. — Eres valiente, conejita. Lo aprecio.
Mi cuerpo se tensó.
— ¿Qué? —murmuré, confundida.
De repente, me soltó. Extrañamente, con delicadeza. Mis pies tocaron el suelo, pero aún sentía el peso de su presencia abrumadora sobre mí.
— ¿El tercer test? —preguntó Daimon, sin siquiera mirarme, su atención dirigida a las mujeres encapuchadas.
Ellas mantenían la cabeza baja, sin atreverse a mirarnos.
— Ella está débil para soportarlo, mi rey. — La mujer ciega levantó las manos en mi dirección, su voz era suave, pero cargada de algo desconocido. — Pero su espíritu es fuerte. Es la primera en sobrevivir a la prueba de las almas.
Mi estómago se retorció.
— Mi joven… — La de ojos celestes intervino, sus ojos analizando cada detalle de mi ser. — ¿Por qué elegiste la puerta Lycan si solo eres una humana?
Abrí la boca, pero vacilé. Antes de que pudiera formular una respuesta, vi cómo sus pupilas se dilataban. Luego, sonrió, demasiado, como si acabara de descubrir un secreto.
— Oh, no elegiste. — Afirmó. — Fuiste elegida.
Un escalofrío recorrió mi espalda. Algo dentro de mí me decía que nada sería lo mismo a partir de ese momento.
Tragué saliva, levantando la mirada hacia Daimon.
— No entiendo qué significa eso. —Le susurré confundida, enderezando la postura, enfrentando al Alfa Supremo con desafío. — No merezco ser tratada así.
Su mirada se oscureció, y una sonrisa cargada de algo indescifrable apareció en sus labios.
— Esto no se trata de merecer, pequeña. — Daimon humedeció los labios dejando asomar un colmillo. — Se trata de lo que te convertirás.
Apretó mis puños al sentir más lágrimas rodando por la esquina de mis ojos. Levanté la cabeza, forzándome a contener el llanto.
Demostrar miedo era debilidad. Llorar era debilidad. Sentir cualquier cosa era debilidad, demasiado humano. Tragué saliva, sequé mi rostro con fuerza y comencé a caminar, decidida a salir de allí.
Di dos pasos antes de que una mano firme agarrara mi muñeca, impidiéndome seguir adelante.
— Si no vas a segar mi vida, déjame regresar a mi cuarto, Rey Lycan. —Suspiré, la cabeza baja, intentando ignorar el escalofrío que recorrió mi brazo con su toque.
Daimon no soltó. Su agarre se intensificó levemente.
— Solo los cobardes prefieren la muerte a luchar por lo que desean. — Su gruñido resonó por el espacio. Su otra mano tocó mi mentón con una delicadeza absurda en comparación con la fuerza con que me sujetaba. Me obligó a mirarlo. — Yo sé lo que deseo, humana. ¿Y tú? ¿Sabes realmente lo que quieres?
Mis labios se entreabrieron en sorpresa, mi respiración vaciló, mis ojos subieron y bajaron por sus rasgos rígidos y marcados. Antes de que pudiera responder, un sonido fuerte rompió el silencio. Mi estómago rugió.
Daimon arqueó una ceja.
— En este momento, Supremo, solo deseo una comida y un largo baño. — Tiré de mi muñeca con fuerza para liberarme de su agarre. — ¡Y tus manos fuera de mí!
Un destello peligroso pasó por su mirada.
— Audaz. —Suspiró él con deleite. Daimon se inclinó un poco más y deslizó la lengua sobre los colmillos expuestos, como una advertencia. — Symon te llevará a tu cuarto. Lávate. El ama de llaves vendrá a buscarte para la cena.
Fruncí el ceño, confundida. Le eché una última mirada, pero Daimon ya se había dado la vuelta, conversando con las dos mujeres misteriosas.
Symon me indicó el camino. Caminé en silencio, absorbiendo cada detalle a mi alrededor. La estructura era sólida e impenetrable. Parecía una fortaleza.
— No hay puntos de fuga. — Un gruñido profundo llamó mi atención como una advertencia depredadora.
POV: ORIONA pesar de las lágrimas que corrían, percibí el alivio en el semblante de Amicia. Cuando Jasper la atrajo hacia sus brazos en un abrazo protector, ella giró discretamente el rostro en mi dirección. Entre las rendijas, su voz baja llegó solo hasta mí:— Gracias.Sequé con el pulgar la comisura de la boca manchada de sangre y arqueé una ceja, guiñándole un ojo con una media sonrisa que no hizo más que reforzar mi decisión.— ¿Cómo te atreves, Orion? — rugió Jasper, con los puños temblorosos y la respiración pesada. — ¿Hacerle esto a mi familia? ¿Humillar a mi hija delante de todas las manadas? ¿Dónde está el respeto, dónde está la consideración hacia nosotros?“Ah, el esc&aacu
POV: ORION— Esto está mal. — Hela gruñó, soltando mi mano y retrocediendo, con los ojos azules chisporroteando de furia. — No vine aquí para esto.Intentó pasar a mi lado, pero agarré su muñeca y la atraje de vuelta con firmeza. Incliné la cabeza, entrecerrando los ojos al evaluarla de cerca.— ¿Y por qué exactamente la hija del Alfa del Norte, enemigo de nuestra casa, está en el baile del Supremo? — gruñí en voz baja, con los colmillos expuestos, aprisionándola entre mis brazos. — ¿Viniste a infiltrarte y abrir camino para un ataque sorpresa?“Lo sientes.” Susurró mi lobo, ácido y sabio. “Y ella también lo siente. Pero mira cómo intenta negarlo… como si fuera posible escapar de nosotros.”Hela s
POV: ORION— ¿Quién eres tú? — llamé con firmeza, sin obtener respuesta. El olfato no engañaba, había alguien detrás de mí. Giré en un movimiento seco, agarré el brazo y lo lancé con brutalidad contra el suelo. — ¡Mierda, me asustaste!— ¿Yo te asusté? — gruñó Theron, con la voz cargada de irritación, mientras acomodaba el cuerpo. — Me tiraste al suelo y todavía arruinaste mi traje. ¿Sabes cuánto costó esta mierda?— No deberías acercarte a escondidas. — escupí las palabras, manteniendo la mirada seria, aunque una sonrisa de lado se escapó cuando extendí la mano para ayudarlo a levantarse. — ¿Qué haces aquí afuera, en vez de hacer de príncipe en el baile?Acept&o
1 – EL BAILE DE LA UNIÓNPOV: ORION— Odio los bailes. — refunfuñé en voz baja, sin disimular el aburrimiento.“Mucha gente falsa sonriendo y soñando con tu caída.” Ironizó mi lobo, la voz grave resonando dentro de mí. “Si fuera por mí, ya estaríamos separando a los que sirven de los que no merecen respirar.”— Contrólate. — murmuré, alzando el mentón, con la mirada firme. — No puedo despedazar a nadie en plena celebración.Theron apareció a mi lado con una copa de vino, arqueando una ceja.— Cuidado, hermano. Con esa cara, vas a terminar espantando a las pretendientes.— Mejor espantarlas que dar falsas esperanzas. — repliqué, seco.Él rio, provocador.— Eres
POV: AIRYSDaimon agarró mi cuello con firmeza, dominante, sin hacerme daño. Su mano caliente presionaba mi piel sensible, atrayéndome más cerca de sus labios hasta que nuestras miradas se alinearon. Mi cuerpo se estremeció con su intensidad. Sus ojos terrosos brillaban en rojo, Fenrir al acecho, ardiendo entre nosotros.— No más de lo que yo la amo, mi reina. — Su voz salió cargada, grave, vibrando entre nosotros. Sus ojos descendieron lentamente hacia mis labios antes de volver a los míos, atrapándome sin posibilidad de escape. — Podríamos dejar a Jasper de niñera e irnos a casa.— Oye, estoy aquí y los estoy escuchando a los dos... hablen en serio... — Jasper resopló, poniendo los ojos en blanco mientras se levantaba con ese aire burlón. — Vayan, yo me encargo de los mocosos.Per
POV: AIRYSMe apoyé contra el árbol, observando la escena frente a mí con el corazón acelerado. Daimon vestía solo un pantalón deportivo negro, el torso desnudo marcado por cicatrices y músculos definidos que se movían con cada orden firme. Entrenaba a nuestros cachorros con un orgullo evidente en la mirada, corrigiendo posturas, ajustando golpes e incentivando a cada uno de ellos con esa autoridad que nadie se atrevía a cuestionar.De vez en cuando, sus ojos terrosos se encontraban con los míos a la distancia. Bastaba una sola mirada para que un escalofrío intenso recorriera mi piel, haciéndome morder los labios en pura provocación. Sabía exactamente el efecto que causaba en él, y también sabía que sería deliciosamente castigada por tanta audacia.“Estás completamente entregada, Airys...” ro






