FAZER LOGINLa noticia del arresto masivo de la junta directiva de Luthier Group se extendió como el fuego sobre paja seca. En cuestión de horas, los titulares de todos los canales de televisión y de la prensa escrita se llenaron de fotografías de la detención de Grigory Luthier y del congelamiento de todos los bienes de la familia de magnates. El mundo empresarial de la ciudad se sacudió, mientras la gloria de la que los Luthier habían presumido durante décadas se esfumaba y se convertía en una vergüenza que andaba de boca en boca. En otro rincón de la ciudad, lejos del lujo de los rascacielos que habían sido el centro de su poder, una villa privada, el último bien que le quedaba a la familia, se veía silenciosa y siniestra. La cinta amarilla de la policía recorría toda la reja del frente. Loretta estaba hecha un ovillo en el piso de mármol helado, en medio de una sala que ya no tenía nada. Los ejecutores de la fiscalía se habían lleva
Los pasos de Leander resonaban con calma y a un ritmo parejo por el frío corredor de la jefatura de policía. Detrás de él, los gritos desesperados de Loretta y la risa desquiciada de Devano se fueron apagando hasta desaparecer tras la gruesa puerta de hierro, que se cerró con un golpe seco. El silencio de la noche volvió a adueñarse del pasillo, pero el aire alrededor de Leander no se suavizó en absoluto. La furia que lo había envuelto hasta hacía un rato se había enfriado y endurecido en algo más pesado.Leo se puso a su lado y le tendió una carpeta de cuero abultada, llena de documentos financieros, copias de transferencias bancarias al extranjero y el registro de bienes ocultos.—Señor, ya compilamos todos los expedientes sobre el desvío de fondos, la falsificación de documentos fiscales y el historial financiero secreto de la familia Luthier —informó Leo en voz baja, pero firme—. La Fiscalía Superior y el organismo regulador financiero recibieron las copias completas hace diez min
Las luces del pasillo del hospital parpadeaban con un brillo tenue y dejaban una claridad blanca y fría sobre el piso de vinilo. Valerie dormía en la cama de la habitación VIP, con las muñecas ya vendadas. Leander se quedó un momento a su lado. Le pasó la mano despacio por la frente, con tanto cuidado que apenas la rozó, y se detuvo a mirar las vendas manchadas de un rojo pálido. Después se dio la vuelta y salió. Tenía la mirada oscura y la mandíbula tensa.—Señor Leander, Loretta acaba de llegar a la jefatura de policía —informó Leo, que lo esperaba junto a la puerta—. Está armando un escándalo y exige que liberen a Devano de inmediato.Leander se acomodó el cuello de la camisa negra. Sus labios se curvaron en una línea delgada y peligrosa.—Bien. Es hora de terminar con esto.***En la sala de interrogatorios de la jefatura, estrecha y con olor a metal frío, Loretta les gritaba a dos oficiales. Tenía el cabello algo desordenado, pero la soberbia seguía intacta en su rostro.—¿¡No sa
El empujón y el codazo repentino de Valerie hicieron que Devano se tambaleara hacia atrás. Su pie tropezó con el extremo de una tabla podrida y perdió el equilibrio justo al borde del muelle. Por puro reflejo, su mano se disparó al aire buscando de dónde agarrarse, y los dedos, crispados y desesperados, se estiraron hacia la ropa de Valerie.Pero antes de que rozaran la tela de su blusa, Leander ya se había lanzado hacia adelante.Con un movimiento firme y certero, la rodeó por la cintura y la jaló contra su pecho, cerrando los brazos a su alrededor con tanta fuerza que no quedó espacio para el miedo. Al mismo tiempo, su pierna salió disparada y golpeó a Devano en el pecho, lo bastante fuerte para dejarlo fuera de su alcance.—¡Argh! —gritó Devano.Su cuerpo salió despedido hacia atrás y chocó contra la barandilla de madera, tan carcomida que se quebró con un crujido seco. Cayó sobre las tablas con un golpe sordo que se oyó hasta el otro extremo del muelle. Antes de que pudiera incorp
El viento del mar soplaba con fuerza y traía consigo el estruendo de las olas que golpeaban los pilotes de madera del viejo muelle. Los pasos de Devano sonaban cada vez más inquietos mientras guiaba a Valerie, o más bien la arrastraba, hacia el borde de las tablas, ya podridas. Miraba una y otra vez hacia atrás, como si sintiera el aliento del peligro acercándose entre la oscuridad de la noche.—¡Devano, despacio! ¡Las tablas están resbalosas! —gritó Valerie, intentando mantener el equilibrio.Detrás de su espalda, los dedos de Valerie seguían moviéndose con agilidad, sin descanso. De las fibras de la gruesa cuerda que le rodeaba las muñecas solo quedaban unas cuantas hebras delgadas. El ardor del roce de la pequeña hoja y de los bordes filosos de la cuerda seguía clavándose en su piel, pero ese dolor se esfumaba, vencido por la adrenalina que le ardía en el pecho.De pronto, un haz de luz brillante salió disparado desde la oscuridad del almacén, partió la noche en dos y los dejó a am
Devano aflojó apenas la cuerda de las muñecas de Valerie, lo justo para que la piel de ella no siguiera desgarrándose. Aun así, sus dedos temblorosos y su mirada llena de dudas demostraban que la sospecha todavía no se había borrado por completo de su mente.—No se te ocurra pensar tonterías, Valerie —susurró Devano con la voz ronca. La miraba fijamente, al rostro pálido bajo el resplandor tenue de la luna—. Te conozco. Sé lo astuta que eres.Valerie contuvo el aliento, sin atreverse a hacer el menor movimiento impulsivo. Solo asintió despacio, disimulando el ardor de sus muñecas.—Solo necesito respirar sin dolor, Devano. Nada más.Devano no contestó. Volvió a pisar el acelerador y giró el volante hacia un camino de grava que descendía en pendiente pronunciada. El roce de las llantas contra las piedras pequeñas resonó en el silencio de la noche, señal de que se alejaban cada vez más de la carretera principal.Al final del camino empezaron a recortarse en la oscuridad las siluetas de







