LOGINALESSANDRO RIZZO
El maldito Santoro... se atrevió a tocar temas que no le corresponden. Tiene miedo. No me quiere cerca de su hija, eso es más que evidente. Y fue lo bastante sucio como para contarle lo de Angélica. Un movimiento sucio, cobarde, pero no inesperado.
—Así que me quieres lejos de tu hija —le dije apenas crucé la puerta.
Santoro, al verme, dejó los papeles a un lado. La tensión se sintió al instante. Su expresión cambió como si un rayo le cruzara el rostro.
—Le contaste lo de la muerte de Angélica.
—Tú estás tratando de meterte con mi hija —me lanzó, sin rodeos—. Agradece que no le conté lo otro. —¡Por favor! Hipócrita.
—¿Agradecerte? ¿De verdad crees que me importa si tu hija sabe que soy mafioso? El que pierde aquí eres tú. ¿O se te olvida que también estás metido hasta el cuello? —Sus puños se tensaron.
—Yo no soy mafioso.
—Lavas dinero en tu empresa, Santoro. Eso te hace parte de este mundo sucio. ¿Qué crees que va a pensar tu "niña bonita" cuando descubra que su imperio está construido sobre sangre y plata manchada?
Se me acercó furioso, sus pasos retumbando. Intentó agarrarme, pero le bloqueé el movimiento con firmeza.
—¡Eres un desgraciado!
—¡Cuida tus palabras! No estás hablando con cualquier tipo. Con solo mover un dedo, puedo hundirte.
—¡Te quiero lejos de mi hija! —gritó, y de un golpe hizo trizas la mesa de vidrio. El estallido del cristal fue tan brutal que atrajo la atención de media oficina.
La puerta se abrió de golpe. Ahí estaba ella.
—¡Papá! ¿Qué pasó?
—Tranquila, hija, no pasó nada —intentó calmarla con voz forzada.
—¿Nada? ¿Y la mesa rota, los gritos? —Me clavó la mirada—. ¿Qué le hizo a mi padre?
¿De verdad? ¿Me está señalando a mí?
—Señorita Santoro, creo que no debería acusarme tan a la ligera. No le hice nada a su padre.
—¿Ah, no? Mi padre jamás reacciona así. —Santoro intervino, intentando tapar el desastre.
—Hija, fue un accidente. Me tropecé.
—No te creo, pero está bien, son asuntos suyos —dijo con desdén. Luego se volvió hacia mí, más altiva que nunca—. Ten cuidado con mi padre. —Una amenaza disfrazada. En vivo y en directo.
—Es mejor que vayamos a la sala de reuniones —murmuré, intentando mantener la compostura.
VALERIA SANTORO
Entramos a la sala de juntas. Las miradas se clavaron en mí como si fuese un fenómeno de feria. Hombres fríos, trajeados, con la arrogancia de quienes creen que todo les pertenece. Me observaban como si estorbara, como si no tuviera lugar allí.
—Señor Santoro, ¿su hija estará presente en la reunión? —preguntó Bruno con una mueca de desprecio.
Mi padre lo miró serio, pero no necesitaba intervenir. Esa respuesta era mía.
—¿Tiene algún problema, señor Bruno?
—Pues sí. Las mujeres no deberían estar en reuniones de hombres. —Mi sangre ardió, pero mi voz salió firme, sin temblar.
—Aclararé algo antes de empezar: les guste o no, trabajo aquí. Soy la mano derecha de mi padre y muy pronto ocuparé su lugar. Estoy más que capacitada para este puesto, y me importa una m****a lo que piensen. Si alguno no está de acuerdo, les invito a que me vendan sus malditas acciones y se larguen de mi empresa.
El silencio que siguió fue sepulcral. Solo una leve sonrisa se dibujó en los labios de Rizzo. Mi padre me estrechó la mano y me indicó que me sentara.
—Como ven, mi hija no solo tiene carácter, también tiene el control. Si quieren sacarla, les informo que ya es la dueña. Yo pronto me retiraré.
—Hicimos negocios contigo, no con una mujer —soltó otro de los presentes, torciendo el gesto.
—No me subestime —contesté con firmeza—. Puedo ser mejor que todos ustedes juntos.
—Señores —intervino Rizzo, con tono tranquilo—, dejemos que la señorita Santoro nos sorprenda.
La reunión comenzó, aunque algunos aún no tragaban la idea. Bruno, en especial, parecía más molesto con cada palabra que decía.
Y no tardó en exponer su "gran" propuesta. Una verdadera estupidez envuelta en traje caro.
—¿En serio cree que con eso sacará adelante el negocio? —Las miradas se posaron en mí.
—¿Tiene una mejor idea? —replicó Bruno, mordaz.
—Para ser honesta, sí —me levanté con calma, pero con la determinación de quien no duda—. Y la explicaré ahora.
A medida que hablaba, vi cómo algunas caras cambiaban. Rizzo me miró con una expresión que no supe leer del todo. ¿Orgullo? ¿Interés? ¿Asombro?
—Me gusta la propuesta —dijo él—. Y si los demás están de acuerdo, quiero entrar cuanto antes.
Mi padre lo fulminó con la mirada. La tensión entre ambos era densa, como pólvora esperando chispa.
La mayoría aprobó mi idea. A regañadientes, quizás. Pero la aceptaron.
—Felicidades, señorita Santoro. Nos ha sorprendido.
—Y tengo muchas más sorpresas preparadas.
Más tarde, fui a ver a mi padre. Estaba sentado, mirando por la ventana. Su figura parecía más pequeña, más... vulnerable.
—Papá, ¿todo bien? —Se giró y me sonrió con esa ternura suya que me rompía un poco por dentro.
—Estoy orgulloso de ti. Eres fuerte, determinada. Una mujer que sabe lo que quiere.
—Papá, no dejaré que nadie me aplaste. Soy mujer, sí, pero eso no me hace menos.
—Este mundo puede ser cruel con mujeres como tú. No quiero que te hieran.
—Yo puedo con esto. Y si alguien se atreve a pasar por encima de mí, me tendrá de frente.
—¡Esa es mi hija!
Al llegar a casa, el cansancio me cayó como un peso encima. Pero entonces recibí el mensaje de Antonina. Mi mejor amiga, mi cable a tierra.
—Estoy cansada —pensé—. Pero la necesito.
Le respondí que nos veríamos en media hora en el bar de siempre. Me puse una falda corta, botas altas, el cabello suelto y un maquillaje que solo decía: Estoy viva.
Le pedí al chofer que me dejara allí. No sabía cuándo volvería y no quería que me esperara toda la noche.
—¡Amiga! —Antonina me abrazó—. Te sienta bien ser empresaria.
—Y a ti, el diseño. Todavía espero mi vestido, ¿eh?
—Y lo tendrás, lo prometo. Solo que ahora tengo más trabajo del que puedo manejar.
—Como yo. Estoy agotada.
—Pues vamos a beber antes de que te desmayes aquí mismo.
Pedimos tequila como si fuera agua bendita. Bailamos, reímos, y poco a poco el estrés se evaporó. Mi cuerpo se dejó llevar por la música, sintiendo el pulso de la vida otra vez.
Hasta que unas manos se posaron en mi cintura. Un cuerpo fuerte, cálido, detrás de mí. Me tensé, lista para girarme y gritar... pero una voz familiar me detuvo en seco.
—No grites.
Me giré, y ahí estaba. El hombre que lleva ocupando mis pensamientos desde que lo conocí.
—Alessandro...
5 AÑOS DESPUÉSHoy celebramos el cumpleaños número ocho de nuestra pequeña Celeste. Ocho años desde que llegó a cambiarlo todo. Es increíble lo mucho que ha crecido, no solo en estatura, sino en sabiduría y sensibilidad. Ama los animales con una devoción que enternece el alma. Dice con absoluta convicción que quiere ser veterinaria. Y lo dice tan seguido y con tanta certeza, que Alessandro y Lucas han terminado por complacer todos sus deseos: perros, gatos, conejos... incluso una mini vaca que llegó el año pasado como regalo inesperado.Celeste es el centro del universo para su padre, y con Lucas basta que le ponga una carita de "ternero degollado" para que caiga rendido. Es su debilidad, su talón de Aquiles.—¿Princesa, ya estás lista? —le pregunto desde el pasillo.Sale corriendo hacia mí con un vestido morado que le sienta como si fuera de cuento de hadas. Ama ese color. Su habitación entera parece un santuario púrpura.—¿Cómo estoy, mami? —da una vuelta coqueta, esperando mi aprob
VALERIA RIZZOVeo salir de la cocina a Lucas con cara de enojado y, al rato, salen Antonia y mi marido, pero ella tenía la nariz roja, como si hubiera llorado.—Yo estoy algo cansada y quiero llegar a mi hotel. —¿Hotel? Ni loca dejaré que se vaya a un hotel.—Anto, eres mi invitada. No pienso dejar que te vayas a un hotel —ella se ríe.—Prefiero el hotel —se acerca a Celeste, quien está bastante concentrada con sus juguetes—. Adiós, preciosa. Mañana nos vemos —le deja un beso en la frente y a los demás les dedica una cálida sonrisa.—Te acompaño —camino con ella hasta la entrada, pero antes de que se vaya la detengo.—¿Qué ocurrió?—Val, no quiero hablar del tema justo ahora. Han pasado muchas cosas y aún no las proceso.—¿Es por Lucas? —ella agacha la mirada.—Me impactó verlo con otra mujer. Se le ve bien, contento, y se nota que ella también está enamorada y es muy bien recibida en tu casa.—No creas. Alessandro a veces la quiere matar.—No creo que ella mate ni a una mosca. —Ay, A
ALESSANDRO RIZZONo me podía creer que, en serio, la tal Medusa haya hecho el trabajo, pero me sorprende más que lo hiciera sola. Debo admitir que esa mujer se acaba de ganar mi respeto, y por lo que veo, tendré que verla más seguido, ya que estoy un 100 % seguro de que Lucas y ella van para algo serio.—Te transferiré el dinero.—Lo quiero en efectivo —sí que es exigente.—Lucas, saca el dinero de la caja fuerte y entrégaselo en maletas.—¿Te quedas a comer? —mi mujer y su boca... ¿Por qué mejor no nos quedamos ella y yo solos?—. Tú también, Lucas.Ambos se miran y luego dicen que sí. Veo cómo la chica toma la mano de mi hija y la lleva hasta la sala donde hay más juguetes de ella.—Veo que se la lleva con los niños —le digo a Lucas al verla jugar y hablar con mi esposa.—Es extraño ver a una mujer que ha matado a un montón de personas por dinero, jugando con una niña, así de tranquila, como si no hubiera hecho nada.—Cada uno tiene su historia, y de seguro ella debe tener la suya.—
VALERIA RIZZOMi hija...Sonaba tan lindo escuchar a Alessandro decir eso. ¡Tenemos una hija! ¡Somos padres! ...Bueno, Val, no te emociones, estamos en un proceso. Oh, Dios, ¿a quién engaño? Estoy saltando de felicidad.—¿¡TÚ QUÉ!?? —el llanto de la pequeña se hizo presente en la sala y Alessandro fulminó con la mirada a Lucas.—¡Las despertaste! —grita él—. ¡Idiota! —Ver a Alessandro tan pegado a Celeste, mientras la arrulla intentando calmarla...—¿Entonces me vas a decir por qué carajos me dices que es tu hija?—Ay, Dios, Lucas. No es tan difícil de entender —interviene Melina—. Adoptaron a esa hermosa niña que tiene en brazos el señor Rizzo.—No te quiero en mi casa. —¡Por Dios! ¿Por qué carajos es tan grosero?—Melina, disculpa. Mi marido es un poco gruñón.—¿Eres mi esposa o mi enemiga?—Soy tu esposa, pero deja de ser grosero con ella. Es la invitada. —Tengo que reírme un ratito.—Esta mujer no dormirá en mi casa.—Amor, déjala que se quede con Lucas.—Cariño, acabamos de traer
Escuchar la dulce voz de la niña hizo que algo en mí se ablandara por completo. Su rostro cálido y sus ojos celestes hacían que me derritiera por la ternura que emanaba de ella.—Cariño, ve con los otros niños. Ahora voy contigo —el tono de voz de mi esposa había cambiado por completo; su voz era dulce y tierna.—Sí —la niña se va y los ojos de mi esposa quedan clavados en ella hasta que la pierde de vista. Su mirada se gira y, al verme, parece que me estuviera clavando un puñal—. ¿Qué haces aquí?Su tono de voz fue tan rudo que la señora Blanca dio dos pasos hacia atrás.—Voy a dejar que hablen a solas.—Gracias, señora Blanca —esta se va y me quedo solo con el ogro de mi mujer—. ¿Ya me vas a responder?—¿Hace cuánto estás viniendo aquí?—No llevo mucho tiempo. Cuando lo descubrí, el lugar estaba en muy malas condiciones y decidí ayudarlos.—La señora Blanca piensa que yo soy la donadora.—Lo hice con el dinero que siempre dejas en mi cuenta —con razón se me hacía tan raro que ella l
ALESSANDRO RIZZOMe quedé de piedra cuando Valeria me lanzó esa frase. Jamás pensé que ella lo fuera a comentar, y más sabiendo lo que representa formar una familia. En mi mente solo estaba una pregunta: ¿Quiero hijos? No, no creo que este mundo sea el indicado para criar un hijo. Valeria lo sabía cuando decidió continuar conmigo. Además, por su problema para concebir, pensé que eso haría que descartara esa idea por completo.—Dime algo, Alessandro. Me tienes pensando, viendo tu cara.—Cariño, creo que es un tema que ya hemos hablado.—Lo sé, pero ahora todo está más tranquilo. Podemos tener una familia.—Ya somos una familia. ¿Quieres que consiga un perro? —su cara se pone seria, creo que no debí irme por ese lado.—¿Por qué no quieres tener un hijo?—No quiero discutir aquí. —Creo que no es el lugar para hablar de ese tema.—Solo responde. —Valeria, naciste para sacarme de quicio.—¡¿Por qué quieres exponer a un ser inocente a esta vida de mierda?! Un hijo solo sería un estorbo en e







