INICIAR SESIÓN¿Puede el hombre que te destruyó en el día ser el mismo que te hace tocar el cielo por la noche? Eileen Miller nunca encajó en el perfecto y superficial mundo de su familia. Señalada por sus curvas reales y viviendo a la sombra de Eliana, su impecable hermana gemela, creía que su prometido Ben era su único refugio. Pero la noche de su fiesta de compromiso, su corazón se hace pedazos al descubrirlos juntos en la cama, escuchando a Ben burlarse cruelmente de su cuerpo. Destrozada y huyendo bajo la tormenta, Eileen busca desaparecer en un exclusivo club de máscaras. Allí, se entrega a un imponente desconocido con máscara de lobo plateado, un hombre despiadado que adora cada centímetro de su piel y la hace sentir deseada por primera vez. Al amanecer, la fantasía termina. Para salvar a su padre de la ruina, Eileen se ve obligada a firmar un humillante matrimonio por contrato con el billonario más temido del país: Edward Knight. Edward la odia, culpadola de un oscuro secreto del pasado, y está dispuesto a hacer de su vida un infierno. Lo que Eileen no sospecha en su juego de odio y sumisión diaria... es que el frío magnate que la castiga en la oficina y el lobo que la reclama en la oscuridad de su cama son exactamente la misma persona. Cuando las máscaras caigan y la traición se tiña de sangre, ¿vencerá el deseo o el ansia de venganza?
Ver másEl espejo de cuerpo entero en el ala este de la mansión Miller no mentía, y en el mundo de la alta sociedad de Nueva York, la verdad podía ser letal.
Eileen Miller exhaló un suspiro tembloroso mientras alisaba con sus manos las costuras del vestido color vino que llevaba puesto. Era de seda pesada, ceñido al cuerpo, con un escote que enmarcaba sus clavículas y se ajustaba con firmeza a sus caderas anchas y a la curva pronunciada de su vientre suave. No era un vestido diseñado para esconderse. Era un vestido que gritaba su presencia.
Toda su vida, Eileen había escuchado a su madre repetir que las mujeres de su estatus debían ocupar el menor espacio posible. Su hermana gemela, Eliana, era el vivo ejemplo de esa regla no escrita: esbelta, de movimientos etéreos, una muñeca de porcelana que los diseñadores se disputaban por vestir. Eileen, en cambio, era de carne, curvas generosas y una presencia física que la hacía sentir como un elefante en una cristalería cada vez que asistía a un evento de etiqueta.
—Es solo un vestido, Eileen. Deja de respirar como si te estuvieras ahogando —se recriminó en un susurro, mirando sus ojos almendrados en el reflejo.
Hoy era su gran noche. Abajo, en el gran salón de baile, cientos de invitados celebraban su fiesta de compromiso oficial con Ben, el brillante y ambicioso director financiero de la empresa de su padre. Ben había sido su salvavidas durante el último año. Mientras el resto del mundo la miraba con sutil condescendencia o lanzaba miradas de reojo a sus muslos gruesos en las galas, Ben siempre había estado ahí, ofreciéndole una sonrisa amable y palabras de aliento. Aunque en la intimidad él insistía casi siempre en apagar las luces —un detalle que alimentaba sus complejos—, Eileen se convencía a sí misma de que lo hacía por respeto a su timidez.
Decidida a sorprenderlo y a dejar atrás sus eternos complejos de "la gemela gorda", Eileen se arregló el cabello castaño, que caía en ondas salvajes sobre sus hombros, y salió de la habitación. Quería ver a Ben a solas antes de que bajaran juntos las escaleras principales para el anuncio oficial.
El pasillo del ala de invitados estaba inusualmente silencioso, bloqueando el eco de la orquesta clásica que resonaba en la planta baja. Sabiendo que Ben solía usar el despacho de invitados para revisar los últimos detalles de su discurso, Eileen caminó hacia la última puerta de madera de roble.
Estaba a punto de girar el picaporte cuando un sonido apagado la detuvo en seco.
Un jadeo. Agudo, ahogado, seguido de una risa baja y masculina que Eileen reconocería en cualquier parte.
Era Ben.
El corazón de Eileen dio un vuelco violento. Una extraña opresión en el pecho, un instinto primario de supervivencia, le impidió abrir la puerta de golpe. En su lugar, empujó la madera un par de milímetros. La rendija fue suficiente para destruir su vida en un pestañeo.
La luz de la luna entraba por el ventanal, iluminando la silueta de dos personas contra el escritorio de caoba. Eliana, su hermana gemela, tenía el vestido de diseñador subido hasta la cintura, con sus piernas delgadas enredadas en las caderas de Ben. Ben la sostenía por la cintura con una desesperación salvaje, hundiéndose en ella mientras la besaba con un hambre que jamás, ni una sola vez, había mostrado con Eileen.
Eileen sintió que el aire se congelaba en sus pulmones. El dolor físico de la traición fue tan agudo que tuvo que taparse la boca con ambas manos para no gritar. Sus ojos se llenaron de lágrimas calientes que nublaron su vista, pero sus oídos, implacables, capturaron cada palabra.
—Ben... detente —gimió Eliana, aunque sus manos se enterraban más en el cabello del hombre—. Dios, si alguien entra... la ballena de mi hermana se va a morir antes del anuncio.
Ben soltó una risa ronca, acelerando el ritmo de sus movimientos sin una pizca de remordimiento.
—Déjala que se muera. Por fin estoy tocando a una mujer de verdad, Eliana —respondió Ben, con la voz pastosa por el deseo—. No sabes el jodido asco que me da tener que abrazarla. Casarme con Eileen es el único boleto que tengo para heredar las acciones de tu padre, pero tener que acostarme con ella, tener que tocar esas carnes flojas... es una maldita tortura. Cada vez que la toco en la oscuridad, me imagino que eres tú.
Eliana soltó una carcajada cristalina, una burla que se clavó como una estaca en el centro de la autoestima ya agrietada de Eileen.
—Pobre Eileen. Tan gorda, tan ingenua... de verdad cree que un hombre como tú podría desearla.
Eileen dio un paso atrás, con las piernas temblando tanto que estuvo a punto de colapsar en la alfombra del pasillo. Las palabras de Ben se repetían en su mente como un eco distorsionado: «Esas carnes flojas... una maldita tortura... me da asco».
El vestido color vino, que minutos antes la hacía sentir poderosa, ahora se sentía como una burla asfixiante sobre su piel. El dolor mutó rápidamente en una oleada de humillación devastadora. Sus padres, su prometido, su propia hermana... todos la veían como un chiste, un precio que pagar por dinero y estatus.
No pensó. No confrontó. No tenía las fuerzas para ver el desprecio directo en los ojos de Ben. Eileen dio media vuelta y corrió.
Bajó por las escaleras de servicio para evitar a los invitados, ignorando los gritos de los camareros que se apartaban a su paso. Salió por la puerta trasera de la mansión, directo hacia la noche neoyorquina. Una tormenta torrencial acababa de estallar sobre la ciudad, pero a Eileen no le importó. Las gotas heladas golpearon su rostro, mezclándose con sus lágrimas mientras corría por las calles residenciales, arruinando sus tacones y empapando la seda de su vestido.
Caminó durante lo que parecieron horas, temblando de frío y de asco hacia sí misma, odiando cada centímetro de su cuerpo voluptuoso que la sociedad consideraba inválido para el amor. Desesperada por esconderse del mundo, por encontrar un lugar donde la luz no pudiera juzgarla, se detuvo frente a un callejón en el distrito financiero.
Una hilera de coches de lujo estaba aparcada frente a un edificio con una discreta fachada de piedra negra. En la entrada, un enorme letrero de neón morado parpadeaba con el nombre del club más exclusivo e infame de la ciudad: L’Éclipse. Un club de máscaras donde la élite pagaba miles de dólares para despojarse de sus nombres y dar rienda suelta a sus fantasías más oscuras bajo el absoluto anonimato.
Eileen se acercó al imponente guardia de la entrada. Estaba empapada, con el maquillaje corrido y temblando, pero la mirada vacía y decidida en sus ojos almendrados hizo que el hombre no dudara. Le entregó una máscara de encaje negro que cubría la mitad de su rostro.
—Bienvenida a la oscuridad, señorita —dijo el guardia, abriendo la pesada puerta metálica.
Las horas pasaron en una dolorosa y lenta agonía. El amanecer llegó teñido de gris a través de los ventanales de su cuarto. Eileen se había quitado el vestido vino, colocándose una pijama de seda holgada, y se había sentado en el suelo, apoyando la espalda contra la cama. La mejilla le había amanecido hinchada y morada, un recordatorio físico de la brutalidad de su padre.Apenas podía pensar con claridad. La humillación de Ben y Eliana la quemaba por dentro, pero en medio de esa oscuridad, el recuerdo del hombre de la máscara de lobo regresaba a su mente como un faro de calor. Recordaba la fuerza de sus manos enterrándose en sus caderas generosas, la forma en que él había ignorado a Ben al teléfono para concentrarse en su placer, y sus últimas palabras: «Pronto nos volveremos a ver». ¿Quién era él? ¿Realmente la buscaría o solo había sido el juego de una noche para un billonario aburrido?El sonido de la cerradura abriéndose interrumpió sus pensamientos. Era el mediodía.La puerta se
El frío de la madrugada neoyorquina no era nada comparado con el hielo que se ramificaba por las venas de Eileen mientras el taxi se detenía frente a la imponente mansión de los Miller. El vestido color vino, que horas antes había sido el lienzo donde un lobo grabó su posesión, ahora estaba arrugado, húmedo por la tormenta y cubierto por el abrigo de lana que apenas lograba contener el temblor de su cuerpo.Eileen bajó del vehículo con las piernas entumecidas. Cada paso hacia la gran puerta de roble le recordaba la brutalidad erótica de la que venía; sentía el roce de su propia intimidad, hinchada y sensible, un recordatorio carnal de que ya no era la misma mujer sumisa que había huido de esa casa. Sin embargo, al cruzar el umbral del recibidor principal, la burbuja de poder que el desconocido de la máscara le había otorgado se reventó de golpe.El silencio de la casa era denso, cargado de una violencia inminente. Las luces del gran salón seguían encendidas, reflejándose en los pisos
El eco del orgasmo de Eileen aún flotaba en el aire denso de la habitación, mezclado con el sonido de sus respiraciones agitadas. Edward, con la máscara de lobo plateado todavía intacta, apoyó su frente contra la de ella, asimilando la brutalidad de la conexión que acababan de compartir. Sus manos, grandes y posesivas, continuaban enterradas en las caderas generosas de Eileen, manteniéndola unida a él mientras sus cuerpos se enfriaban lentamente.—¡¿Eileen?! ¡¿Qué maldito juego es este?! ¡Contesta! —la voz de Ben volvió a salir por el altavoz del teléfono, esta vez quebrada por una mezcla de incredulidad, furia y un ego profundamente herido—. ¡Sé que estás ahí! ¿Con quién estás? ¡Eres una...!Antes de que Ben pudiera terminar el insulto, Edward se movió. Sin desconectarse de ella todavía, inclinó la cabeza y capturó los labios de Eileen en un beso devastador.Fue un beso hambriento, ruidoso y cargado de una posesividad absoluta. Edward usó su lengua para reclamar su boca, ahogando cua
El agarre de Edward en su cadera no era una invitación, era un reclamo absoluto. Eileen sintió un escalofrío de fuego recorrerle la columna. Por primera vez en su vida, el peso de sus carnes no se sentía como una carga, sino como el combustible de un deseo ajeno que amenazaba con devorarla.—Vamos a bailar, hermosa —susurró el lobo contra su oído, su aliento caliente rozando la piel sensible detrás de su oreja—. Quiero ver cómo se mueve todo esto bajo mi control.Sin esperar una respuesta, Edward la guió hacia la pista de baile principal. El ambiente en L’Éclipse era una marea de cuerpos anónimos moviéndose al ritmo de un bajo lento, denso y sensual que vibraba directamente en el pecho. Edward se colocó detrás de ella, pegando su pecho firme y musculoso contra la espalda de Eileen. Sus manos grandes, de dedos largos y seguros, bajaron de inmediato hacia su vientre suave, presionándola contra su virilidad ya endurecida bajo el sastre gris.Eileen cerró los ojos, entregándose al compás
Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.