Se connecterNadie sabía que detrás de ese rostro hermoso y perfectamente tallado de Luciano se escondía un hombre despiadado con sus enemigos. Milena apenas comenzaba a darse cuenta de que se había casado con un ser sanguinario, del cual debía cuidarse. Lo que él le había dicho era suficiente para entender que a él no le temblaba la mano al momento de deshacerse de quién se interpusiera en su camino.Por lo menos, por ahora, ella no estaba en su lista de enemigos. Sin embargo, cuando él descubriera que todo había sido una mentira de principio a fin, no sabía qué podría pasar con ella. Pero no era momento de pensar en eso. Ahora debía enfocarse en su plan de venganza, tal como lo había trazado. Y lo mejor de todo era que sabía que los resultados llegarían más rápido, porque había conseguido que Luciano estuviera de su lado en su venganza.Cuando estaba perdida en sus pensamientos, lo escuchó decir con voz firme:— Entonces dime cómo quieres que esas dos basuras paguen por todo tu sufrimiento. Solo
Luciano iba a decir algo en aquel instante, pero fue interrumpido por Milena cuando le dijo:—Te juro que no sabíamos que iríamos a la misma boda. Al principio, cuando te vi llegar, pensé que habías venido por mí. Pero al verte entrar y caminar directo hacia las bancas de los familiares… —Hizo una nueva pausa, como si aún le costara procesarlo. Luego, con la voz baja, pero firme, dijo:—Entonces, al pensarlo dos veces… todo tuvo sentido en mí.Y aunque me doliera admitirlo, algo dentro de mí se agitó cuando te vi en aquel lugar. No quería creerlo y la verdad era que no quería aceptarlo en aquel momento.Pero cuando te vi sentado en las primeras bancas… lo entendí todo.Tú eras el hombre del que Valentina tanto presumía.Puede parecer una mentira, pero no lo supe hasta ese momento, hasta que te vi parado junto a un señor que supuse era tu padre. Por eso le escribí a Fabricio y le pedí que pasara por mí.Luciano, en ese instante, estaba estupefacto. Pero Milena no se detuvo allí, ya que l
Luciano lo pensó por un momento y dudó si contarle o no lo que había sucedido en aquella boda. Finalmente, se decidió y le dijo:—Me hubiese gustado que estuvieras conmigo... Ya que todo fue como una obra de teatro, y diría yo que la mejor de todas. No tienes idea de todo lo que pasó en plena ceremonia.Mientras entraban a la casa, le fue narrando cada detalle de aquella caótica boda. Al terminar, soltó una sonrisa divertida y le dijo:—Bueno, eso ya no importa... —E inmediatamente le devolvió la pregunta—. ¿Y a ti? ¿Cómo te fue?Milena lo miró con cierto cansancio en la voz cuando dijo.—Igual o peor que tú...Entraron a la casa, se quitaron los sacos en silencio. Luego, ella añadió, como queriendo cambiar el rumbo de la conversación:—Mejor hablemos de otra cosa. Ya después te contaré todo lo que pasó.La verdad era que, antes de hablar con él, sobre aquella boda, ella prefería esperar los resultados de la investigación de Fabricio. Si resultaba ser Dionisio de verdad, le contaría
Ignacio, al escuchar que su hijo mencionaba a aquella mujer, lo miró con cierto desprecio en los ojos. Luego, con tono firme, dijo:—Tráela para que todos la conozcamos. Dado que ya forma parte de esta familia, no podemos dejarla de lado.Luciano sabía que su esposa no iría. Ella misma le había pedido tiempo para conocer a su familia, y además, justo en ese momento debía estar celebrando la boda de su amiga. Aun así, sacó su teléfono y le marcó. Sin embargo, no obtuvo respuesta.Eso lo inquietó de inmediato. No sabía exactamente dónde se celebraba esa boda, y al ella no responderle su llamada le provocaba un mal presentimiento.Sin pensarlo demasiado, le respondió a su padre:—Después la traeré a la casa grande. Ahora debe estar ocupada..., ya que no contesta a mi llamada.Tras decir eso, se marchó sin más. Dejando a su padre con la palabra en la boca. Ni siquiera se despidió de su madre, ni de su abuela; ya que quería evitar, por ahora, el sermón que sabía que le esperaba de parte de
Luego de haber pronunciado aquellas palabras, Milena se miró el brazo, aún cubierto de moretones. Se los había hecho a sí misma al ver al hombre parado en el altar, tratando desesperadamente de despertar de aquella supuesta pesadilla. Debido a que quería convencerse de que no era real. Pero ahora, al observar las marcas en su piel, comprendía con dolorosa claridad que todo había sucedido de verdad. Dionisio estaba vivo.Tomó con firmeza el brazo de Fabricio y, mirándolo a los ojos, le dijo con voz temblorosa pero decidida:—Investiga todo sobre el hijo bastardo de la familia Laos. Quiero saber desde cuándo está con ellos… y así descubrir si realmente es Dionisio, o solo alguien que se le parece demasiado.Fabricio estuvo de acuerdo sin dudarlo. De inmediato llamó a su investigador privado y le pidió que comenzara con la búsqueda cuanto antes mejor. Antes de colgar, le dio una orden clara:—Quiero la información para más tarde, antes de que termine el día. Al menos mándame algunas foto
Por su parte, Fabricio, que recién salía de los juzgados, se apresuró a buscar a Milena en cuanto leyó su mensaje. Ella no era de las que pedían ayuda con facilidad, y si lo estaba haciendo ahora, era porque algo serio había sucedido en aquella boda.Mientras caminaba con rapidez, un sentimiento de culpa comenzó a invadirlo. Se estaba arrepintiendo de no haber insistido en acompañarla. Y todo lo había hecho porque tenía un juicio muy importante ese día, uno que había preparado durante meses, y por eso no discutió más con ella cuando decidió ir sola. Pero ahora... ahora sentía que había cometido un error.Al llegar a la iglesia, la llamó. Milena, con voz temblorosa, le dio instrucciones precisas de dónde se encontraba sentada y le pidió que entrara y la sacase de allí, porque no podía moverse. Milena no sabía si lo que la había paralizado era el miedo que aún le tenía a Dionisio o la impresión de verlo con vida frente a ella, cuando creía haberlo dejado atrás para siempre.Lo único ci







