LOGINVICTORIA
Muchas veces me siento afortunada, casarme con mi primer y único amor es algo que no se da todos los días o que todas puedan hacerlo, pero realmente sí soy afortunada.
Hace cinco años nos casamos, aunque mi felicidad no fue completa porque me hubiera gustado que mi padre estuviera ahí para compartirla conmigo, pero sabía que siempre supo la verdad y nunca la objeto, porque era consciente de la clase de hombre con quien yo estaba, así de increíble era mi padre por eso el aceptar su partida ha sido uno de los dolores más profundos que he padecido y uno que casi acaba conmigo si no fuera por el apoyo de James, sin él a mi lado me hubiera entregado a los brazos de la muerte si con eso el dolor terminaba. Por eso, amo a mi esposo y por muchas cosas más, no me importa la diferencia de edad, a las carreras tan distintas una de otra riña que tenemos, no importa que la gente murmure a nuestro alrededor, dejando de lado a esas personas y nuestras diferencias soy inmensamente feliz y no veo mi vida sin él, si no está a mi lado como todas las noches, me abrazo a su almohada y solo así puedo calmar mi ansiedad, eso sí también con alguna videollamada o mensaje donde le digo lo desesperante que es mi mundo sin él, junto con emoticón de corazoncito o carita enamorada, como hace un momento acabo de hacer.
—Yo también te amo cariño — Me responde, no es adepto a mandar dibujos, emoticones o cosas como esa, no le gusta, dice que prefiere las cosas de frente, y comerme a besos para demostrarme lo mucho que también me ha extrañado.
He tratado de dormir, pero no puedo. Es como un presentimiento o una espinita que tengo aquí en la garganta, no puedo identificarla. Estoy tomando un vaso con agua para ver si así se me pasa, pero nada. De pronto una imagen hace que dé un grito.
—¡James! — Después del susto, corro a abrazarlo y enredo mis piernas alrededor de sus caderas, lo beso por todo el rostro, mientras él me toma de sus nalgas como él le dice en soledad de nuestra intimidad. — Porque no me dijiste que vendrías, además se supone que ibas a demorar.
—Solo viene esta noche para hacerle el amor a mi esposa y luego me voy muy temprano — Este hombre puede que no sea el más romántico, porque muchas veces olvida simples cosas, cualquier cosa menos mi cumpleaños y nuestro aniversario, no es romántico, pero es un caballero, te abre la puerta al subir y bajar del auto, me abrocha el cinturón y nunca olvida darme un beso antes de encender el auto, no olvida cuáles son mis platos favoritos y los pide por mí cuando salimos a almorzar o cenar, no le gusta bailar, pero deja que baile sola o con mis amigas las pocas veces que me acompaña, no le gustan las películas de acción y de drama como a mí, pero ama las de blanco y negro o clásicas, pero igual se ve una que otra conmigo, pero con pequeñas señales como esas me demuestra su amor, sin necesidad de palabras, porque sus actos valen mucho más para mí que cualquier cosa.
A la mañana siguiente se había marchado muy temprano, yo estaba realmente cansada, anoche me hizo el amor con tanta entrega, con tanto no sé ni como describir, los besos, las caricias, la manera que me miraba a los ojos y me decía te amo mientras me hacía suya, me recordó nuestra primera vez, aquella que con tan solo dieciocho años me atreví a dar el primer paso y terminar entre pétalos de rosas, sabanas de seda y música romántica, él quiso que mi primera vez fuera especial, fue tan delicado, tan suave conmigo, me tuvo tanta paciencia y sobre todo me enseño, me dio esa confianza para creer en mí misma y lo bonita que era ante sus ojos, recuerdo que llore, pero de la emoción, tanto tiempo enamorada de él en secreto cuando él también se sentía así, me decía que me quedaba mirando cuando nadie veía y yo le decía que también hacia lo mismo, me dijo que tenía temor que yo volara como cualquier chica de mi edad; sin embargo, si volé pero en sus brazos.
—Señora Makensi, el señor Albert, necesita hablar con usted sobre el nuevo proyecto
—Tranquilo Niki, hasta podría jurar que estás temblando, ni que el señor Albert fuera un ogro come niños— Al momento en que menciono esa palabra, me quedo muda al teléfono, Niki lo entiende, sabe lo que ese asunto significa para mí y encima yo traje a colisión la palabra, niños, suspiro profundo y pego el móvil contra mi pecho, hago los ejercicios de respiración una y otra vez como me menciono la psicóloga aún recuerdo su pregunta.
—¿Estás completamente de acuerdo en no tenerlos? Solo porque él no puede.
—Si doctora.
—Tú tienes lo que muchos llaman instinto de madre, te lo vuelvo a preguntar por qué quiero que entiendas ¿Estás dispuesta a renunciar a la idea de tener hijos propios?
—Los niños no serán parte de mi vida, ya lo decidí. Solo quiero que me enseñe a poder sobrellevar mi decisión y no volverme loca en el intento.
Por más loco o inverosímil que suene, he tratado de alejarme de ellos, porque provocan un dolor en mí, que no quiero que desencadene, que mi humor cambie y James se dé cuenta. No le dije sobre mis visitas al médico, no quiero que se preocupe o se sienta culpable, al final, es mi decisión, no de él.
—Señora, entonces le diré a la secretaria del señor ese que ya va para allá.
No dice nada, solo corta y yo de mala gana me levanto, me despojo de mis prendas y me quedo bajo la lluvia, que me da la ducha, de alguna manera mis manos van hasta mi vientre vacío, uno que siempre estará así, la vida así lo quiso entonces así será, muevo la cabeza tratando de alejar esos pensamientos.
Una vez que luzco como toda una mujer de negocios como dice Niki y no como jardinera como diría Maruja, mi amiga y socia.
—Ya deja de temblar, dame los bosquejos. Hola Karina, tu jefe me está esperando — Le digo a la secretaria del señor Albert, una morena preciosa que le hace ojitos a Niki y él ni enterado, ella me anuncia y yo entro, Albert me come con la mirada como siempre lo hace a pesar de saber que soy una señora casada.
—Hermosa amapola, flor silvestre de mi jardín. — La expresión tal vez no sea la adecuada, pero este hombre y sus piropos absurdos y pasados de moda, son como una espina en el trasero.
—Creo que ya hablamos al respecto, señora Makensi, para usted, señor Albert.
—Tanto formalismo es aburrido y anticuado, soy un hombre moderno, pero está bien señora Makensi, tome asiento y dígale a su asistente que no es necesario que se quede, que vaya a temblar fuera de mi oficina — Pobre Niki me queda mirando y yo le hago un gesto para que no lo haga.
—Él es mi asistente por lo que lo necesito aquí conmigo, se va a sentar allá para no molestarlo, además que él toma los apuntes sobre las ideas que surjan — De mala gana acepta, advirtiéndole que no quiera ni un ruido hasta que no es respire si pudiera.
—Bueno, más que venir a que le agregues o quites algo al proyecto de mis hoteles no es precisamente porque te quedo perfecto tal cual, tan de acuerdo a las tendencias y a juego con las remodelaciones que estamos haciendo, lo que necesito es que esto lo trasmitas a mis otros hoteles, con ligeras modificaciones, quisiera que viajaras junto conmigo a las otras cadenas.
Soy una mujer muy civilizada y calmada, pero cuando alguien colma mi paciencia suele explotar, aunque me ha pasado pocas veces.
—Se lo dije hace un tiempo, no viajo y eso ya todos mis clientes lo saben, puedo mandar un equipo hasta allá, pero nada más. — Él cree que soy tonta, sus intenciones hasta un ciego las podría ver.
—Yo necesito, que tú siendo la cabeza lo hagas, no me puedes venir con tonterías como que no viajas, además con un pretexto tan tonto como por tu esposo, excusas ridículas, por eso no avanzas por limitada.
—Nada de tonterías y guárdeme el respeto que me merezco, si viajo o no viajo es muy un asunto que solo me concierne a mí — En realidad no me gusta volar, las pocas veces que lo he hecho es al lado de James como si fuera el bálsamo de mis nervios, mi puerto seguro.
—Encima por un vejete que podría ser tu padre o tu abuelo, no entiendo cómo una mujer tan hermosa y talentosa como tú, está perdiendo el tiempo con un rabo verde.
¿Dijo lo que dijo? Niki sabe lo que voy a hacer y se levanta hasta llegar a mí, nadie se atreve a hablar mal de mi esposo, a él lo defiendo con uñas y dientes, me transformo cuando alguien lo mancilla con blasfemias
—Mire viejo asqueroso, lávese la boca con lejía y jabón carbónico antes de hablar de mi esposo, de un hombre intachable como lo es James Makensi mi ESPOSO, un hombre al que usted no le llega ni a los talones, usted lo único bueno que tiene para el mundo es su dinero, su mujer debe estar tan aburrida con usted que por eso se acuesta con su guardaespaldas y eso todas las personas a su alrededor lo saben, cornudo y envidioso, porque a usted ni se le para ese gusanito que tiene entre las piernas, porque hasta de eso hablan las modelitos tontas y huecas con las que se acuesta a cambio de que les haga favores como los cerdos asquerosos como usted están acostumbrados, en cambio, mi esposo es un hombre en toda la extensión de la palabra que tiene muy satisfecha a su mujer ósea a mí, ¿Entendió? Vergüenza le debe estar dando usted pagar con dinero las miserias de amor que recibe.
—¡Fuera, fuera, le dije! — Encima me grita, golpeó su escritorio y le arrojo todo lo que hay a su paso, su fino jarrón, sus cientos de papeles y hasta el tintero que estaba ahí lo arroje obre su cara, de mi esposo nadie se atreva a hablar y menos así.
—Señora Makensi, vayámonos, ya hizo suficiente, le dije ese señor, es insoportable. — Salgo de la oficina azotando la puerta, muy satisfecha de haberlo puesto en su lugar, aun sabiendo que esto me va a traer problemas hasta una regañada de JAMES, pero también él tiene que entender que nadie puede ofender a la persona que amas y una no hacer nada, soy muy tranquila, pero cuando me buscan me encuentran.
NARRADOR OMNISCIENTE.DIEZ AÑOS DESPUÉS—Esta es una clase de intercesión familiar, ¿o qué?—Como la mayor, es mi deber ante ustedes y mis hermanos hacer uso de la palabra. —Era la pequeña Ana, que de pequeña ya no tenía nada. Era hoy a sus veintitantos años, estudiante en derecho con especialidad en familia; a lado suyo estaba Dimitri, con veinte años, un estudiante de ingeniería ambiental que le daba dolores de cabeza de vez en cuando atándose a algún árbol, haciendo protestas, lanzando huevos a las autoridades de la ciudad que se niegan a firmar la ley de protección animal.—Ella tiene razón, no me gusta dársela, pero está en lo cierto acerca de reunirnos todos aquí. —Era Ángel con veintiún años, estudiante de medicina, futuro cirujano con especialidad en oncología y jugador de ajedrez aficionado, pero que en su poder tiene varios premios por ello. —Esto lo hacemos por su bien; siempre han velado por cada uno de nosotros y han procurado por nuestro bienestar.—No entien
VICTORIA—Madre, tengo curiosidad porque no nos dijiste nada de lo que estabas pasando. Una pregunta que siempre quise evitar responder; después de todo, se trata de mi hijo, de Dimitri, que aunque no nació de mi vientre, sí lo hizo en mi corazón, Ver su carita de expectativa, saber que tan pequeño padeció por tantas cosas, lo de sus padres biológicos y después lo que tuvo que pasar con mi enfermedad.—Por miedo, cariño, quería protegerlos y no me di cuenta de que los iba a lastimar aún más con mis decisiones. ¿Me perdonas?No dice nada y me abraza, sujetándose de mi cintura; es como su respuesta silenciosa, Por un momento se queda callado y eso me alegra.—Mami, lo bueno es que estás aquí, con nosotros, y si te pasaba algo, íbamos a volver a sentirnos solos.Acaricio su cabello y beso su cien, Mi niño grande, no tiene idea de que tanto Bastián, sus hermanos y él me dieron la fuerza para seguir, para no rendirme; fueron, como dice la canción, mi motor y motivo.…—¿Cómo te sie
VICTORIA—Ahora sí estás preciosa.—Sí, mami, tú eres la campeona mundial de hacer peinados a las princesas; a papi no le sale, no le diga, pero la vez pasada intentó usar esa cosa que usa para limpiar el carro, pero no le digas que te dije,Beso su pequeña nariz y la bajo de la encimera de la cocina; la veo correr a recibir a los invitados, Mi pequeña lombriz recibe a todos con una reverencia; yo la admiro y sonrío, suspiro profundo, me da esa nostalgia de cómo el tiempo pasa rápido, De pronto siento unos brazos alrededor de mi cintura y un beso en mi clavícula y yo acaricio con mi mano izquierda su rostro, siento su incipiente barba.—Mi princesa se ve hermosa, pero más mi reina.—Y tú cada día más guapo. —Me giro y lo rodeo con mis manos sobre su cuello. —¿Qué se le antoja hoy al rey de esa casa?—No me tientes, hermosa, que hay muchos niños cerca. —Eso último me dice al oído, pego mi rostro contra su pecho; en fechas como estas me da la nostalgia mucho más fuerte, porque pienso
BASTIÁN —Tómate este café, te hace falta.—Gracias; de lo contrario, me dormiré de pie.Le responde a mi padre, quien me da un par de palmazos sobre el hombro: Este lugar parece un campamento". Charlotte se fue a atender a mi hermana; Valery está rezando y aquí estamos, Emilia, quien está descansando sobre las piernas de Sebastián, Esta angustia nos tiene, como diría mi nana, con el Jesús en la boca, Recé, me hinqué y supliqué que le diera una oportunidad, que nos dejara ser felices, sin esa sombra de angustia sobre nuestras espaldas.—¿Cómo está, Ivanna?—En reposo absoluto, el doctor le dijo que las emociones fuertes pueden elevar su presión.—Deberías estar con ella —le digo; aunque agradezco su apoyo, no puedo arrastrar a todos a este tipo de suplicio, Me siento culpable de que algunas veces quiero estar solo, que nadie esté a mi alrededor y poder llorar con tranquilidad, gritar por esta rabia que me recorre, porque nos costó tanto estar juntos; tal vez nunca debí poner mis ojos
VICTORIASiento mi cuerpo pesado, mis ojos arden, pero no puedo abrirlos del todo; un constante cosquilleo en las palmas de mis manos y pies no me deja asimilar que estoy despertando, pero.—¡Mi bebé!Es lo primero que logro decir; no sé si lo grité o si se escuchó como un susurro, es como si hubiera perdido noción de la realidad, pero mi niña nunca podría olvidarla, eso jamás.—Hola, amiga, ¿cómo te sientes? —Reconozco su voz, es Charlotte.—Yo…yo yo —tartamudeo, quiero hablar, juro que quiero, pero es como si no tuviera fuerzas o me las hubieran quitado. Toco mi vientre, como dando alguna señal de lo que quiero y no puedo decir.—Es hermosa, perfecta, no te preocupes, solo que nació antes de tiempo y la están atendiendo, pero está bien, lo hiciste bien.No puedo evitar llorar, lo que tanto evité, por lo que luché hasta agotar mis fuerzas, mi princesa, pero ella me pide que me calme. Un sonido como de alarma se empieza a alterar. Me siento tan culpable, tan mala madre. Yo le hice es
BASTIÁN —¿Cómo está ella?—No lo sé. —Fui sincero, me sacaron a la fuerza de aquella sala, mientras intentaban regresarla a la vida. Yo gritaba, peleaba con los enfermeros, pero fue en vano. No sé cuánto tiempo estuve en el suelo hasta que tuve que salir de ahí, porque el aire me faltaba y mi cabeza iba a explotar.—Ella tiene que estar bien, por favor, tiene que estar bien— Es Valery siendo consolada por su marido; yo ahora estoy sentado sobre una de las bancas, De pronto sale una doctora, con la ropa manchada de sangre; es como si una película de terror en cámara lenta, me congela la sangre su mirada, como si no tuviera buenas noticias.—Señor Carter. Logramos estabilizar a su esposa; sin embargo, necesitamos hacer las pruebas que no pudimos antes, saber cuán avanzada está su enfermedad; el tiempo en este tipo de situaciones es un factor vital.—Hagan lo que tengan que hacer.—Necesitamos que firme esto, son los documentos legales para aceptar los riesgos que esto contempla. El







