LOGINEn cuanto terminó de limpiar la mesa, el joven la rodeó por la cintura con un brazo. Lo miró con esa ternura apacible que la caracterizaba. Le acarició la espalda con suavidad, sin saber muy bien qué decir. Le sostuvo la mirada y, con una sonrisa, le revolvió el cabello corto y rebelde. —Feliz cumpleaños. Sin saber cómo reaccionar ante su dulzura, el heredero resopló y la pegó más a su cuerpo, dándole una orden con ese tono caprichoso que solía usar. —No quiero que vuelvas a dirigirle la palabra a Román. De hecho, no quiero que le hables a ningún otro tipo. Se limitó a asentir, mostrándose de acuerdo. Al verla tan dócil, él sintió que la boca se le ponía seca, así que la jaló para que se sentara en sus piernas y empezó a llenarla de besos por todos lados. Entre risas por las cosquillas y apenada, ella logró zafarse con un movimiento ágil. Se alejó de sus brazos y caminó rápido hacia la puerta. —Don Valentín está por llegar, mejor apúrate a cambiarte de ropa. Al ver cómo se le p
En realidad, los dos hermanos tenían el mismo carácter. Ya pasaban de los veinte años, pero seguían comportándose con la inmadurez de un par de niños de primaria. La cicatriz en su hombro era obra del hermano menor. Años atrás, ambos se habían agarrado a golpes por arrebatarse una pelota de goma. Recordarlo resultaba tan exasperante como cómico. El heredero rebelde sentía un instinto de posesión desmedido sobre todo lo que consideraba suyo. De hecho, aquello no era más que un claro reflejo de su profunda inseguridad. Mientras tanto, en la escalera, Nikolai observaba a la chica frente a él, consumido por un coraje que le quemaba las entrañas. Al despertar no la había encontrado por ningún lado. Luego se enteró de que se había atrevido a ir al aeropuerto a recoger a su hermano. Y como si eso no fuera suficiente, ¡habían regresado charlando y riendo como si fueran los mejores amigos! ¡Le daban unas ganas malditas de arrancarle el brazo al idiota por haberse atrevido a tocarla! Al v
Al cruzar las puertas del Casino Pachinko, la decoración dorada y reluciente dejó a Inna aturdida. Por donde mirara, había caras ansiosas y fuera de sí, llevadas al límite por la ambición. En ese lugar, aislado del mundo exterior, lo único que les importaba a todos eran las mesas de juego. Cada apuesta parecía reducirse a un par de fichas, pero en realidad, cualquier movimiento podía significar la ruina total. Al ver a los que lo habían perdido todo y eran escoltados por el personal para pedir préstamos, sintió que las sienes le pulsaban con fuerza. Se presionó la cabeza con los dedos y trató de recomponerse. —Me dijeron que apostaste con Niko y te quedaste sin nada, ¿es cierto? Román la guio hacia el elevador y presionó el botón. Las puertas de cristal se cerraron y el grupo comenzó a subir. Inna asintió con pena. —Él es muy hábil. Supongo que no tuve nada de suerte. —La suerte no existe, es un engaño. Si quieres ganar, tienes que usar cualquier medio. La única forma de asegurar
Era raro, pero después de terminar sus evaluaciones, Nikolai estuvo de buen humor un par de días. Sorprendentemente, se quedó en la mansión a comer, dormir y entretenerse sin salir para nada. Sin embargo, Inna estaba agotada; él seguía dándole órdenes a diestra y siniestra, sin la menor intención de moderarse. Por su parte, don Lucas se divertía observando la situación desde lejos. Aunque el joven heredero seguía exigiéndole cosas a cada rato, su tono de voz y la manera en que la miraba ya no eran los mismos de antes. El día de su cumpleaños, amaneció tarde y seguía tirado en la cama sin querer levantarse. Valentín llamó para avisar que el vuelo del hermano mayor aterrizaría en breve y quería que él fuera a recogerlo al aeropuerto. El problema era que el festejado dormía profundamente y nadie en la casa se atrevía a despertarlo. Su mal humor matutino era algo que nadie quería provocar. Al ver la hora, Inna dudó un momento, pero al final decidió dejarlo descansar. En los últimos día
Todo ese contacto fue demasiado íntimo. Su mano rozó una zona prohibida y ella, abochornada, se giró de inmediato para darle la espalda. Nikolai apoyó la cabeza sobre su brazo mientras intentaba recuperar el aliento. En la oscuridad de la habitación, su mirada brillaba con una intensidad animal. No sabía si la mujer a su lado estaba llorando, pero podía escuchar que su respiración era inestable y temblorosa. Después de un momento, se giró para abrazarla. Con un brazo firme rodeó su cintura y la atrajo hacia sí, pegándola por completo a su pecho mientras hundía la nariz en su nuca. Su voz todavía sonaba ronca. —Te falta valor para andar provocando; casi haces que me pase de la raya contigo. Ella se aferró a la esquina de la almohada, conteniendo el aliento y sin atreverse a decir una sola palabra. Sentía la dureza de él presionando contra su cuerpo y supo que Nikolai todavía estaba lejos de calmarse. Él inhaló el aroma de su cabello y no pudo evitar inclinar la cabeza para besar
Dentro de la habitación, Nikolai estaba recostado boca arriba en el sofá, pasando saliva con lentitud tras darle un trago a una cerveza amarga. Tenía los ojos cerrados. Bajo la tenue luz de la lámpara de pared, las facciones perfectas de su cara parecían esculpidas como una obra de arte. Se movió con fastidio. —Conmigo, los resultados de la auditoría no se promedian, ni hay puntos extra por el esfuerzo diario... Por lo tanto, la apuesta que hicimos, la ganaste tú. La voz suave había flotado hacia él aquella tarde, bajo la luz del sol que se filtraba en destellos. La dueña de esas palabras lo había mirado con una expresión transparente y sincera. Se sentó y se golpeó el pecho con el puño, frustrado. —¡Estás demente! ¡Cómo diablos te pones a pensar en esa mujer! ¡Maldita sea! Se levantó de un salto, se arrancó la camisa y caminó hacia el baño. Se paró bajo la regadera; el agua tibia corrió por cada centímetro de su piel, sintiéndose igual que unas manos suaves acariciándolo... Esa







