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Capítulo 64  Con ternura

last update Veröffentlichungsdatum: 04.10.2026 03:47:16

Nikolai se sostenía sobre Inna y la miraba. Tenía los ojos cerrados y las mejillas encendidas, y se veía adorable. Sus dedos la acariciaban despacio, apenas, y sentir cómo ella empezaba a responderle le erizó la piel de la nuca.

Bajó la cabeza y le besó la lágrima del rabillo del ojo. Su voz sonó ronca.

—Shh... déjame ver si ya estás bien... ¿Mmm? ¿Ya no te duele?

Ella seguía tensa, sin poder relajarse del todo. Afuera, el ruido del agua de la manguera y el golpeteo de las tijeras de podar s
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    Inna ya se había tapado con la cobija y estaba recargada en la cabecera. El pelo suave le caía sobre los hombros. Bajo la luz tenue, su cara tenía un tono limpio y claro, y lo miraba con calma. Nikolai se pasó la mano por el pelo. En los pocos pasos que lo separaban de la cama, por dentro estaba librando una guerra. Si no lo hacía... bueno, se moría de ganas. En ese tema siempre había sido como un niño consentido por los dulces que se le pegaban solos, acostumbrado a vivir metido en un tarro de miel. Desde que ella llegó, primero porque andaba de malas y no tenía cabeza para buscar a nadie, y segundo porque esta mujer lo traía colgado a cada rato, la verdad era que no le interesaba ninguna otra. Y con ella apenas habían sido unas cuantas veces. O terminaban a las carreras, o eran una batalla cuesta arriba. Así que, en el fondo, estaba sediento. Se detuvo junto a la cama. Ella no se movió. Sólo lo siguió con los ojos, sin miedo esta vez, pero con una pregunta callada que él no sup

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    Nikolai se sostenía sobre Inna y la miraba. Tenía los ojos cerrados y las mejillas encendidas, y se veía adorable. Sus dedos la acariciaban despacio, apenas, y sentir cómo ella empezaba a responderle le erizó la piel de la nuca. Bajó la cabeza y le besó la lágrima del rabillo del ojo. Su voz sonó ronca. —Shh... déjame ver si ya estás bien... ¿Mmm? ¿Ya no te duele? Ella seguía tensa, sin poder relajarse del todo. Afuera, el ruido del agua de la manguera y el golpeteo de las tijeras de podar se oían justo ahí, como si los jardineros estuvieran en el cuarto. Tenía tantos nervios que se le había puesto la piel de gallina por todo el cuerpo. Por suerte, después de molestarla un rato, él no pasó a más. No estaba tan loco como para hacerla suya con medio personal alrededor. Ella apenas iba a soltar el aire cuando alguien se acercó gritando. —¡Joven Nikolai, tiene una llamada! Él apretó los dientes y hundió la cara en la almohada, junto al cuello de ella. Todo había empezado como un j

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