LOGINA las pocas semanas de que comenzara la búsqueda de la propuesta de investigación desaparecida, la vida de Alba había ido recuperando poco a poco algo parecido a la normalidad.O, al menos, eso era lo que ella se repetía.Había dejado de revolver su apartamento cada noche y por fin había devuelto a las estanterías los cuadernos esparcidos. Sophia insistía en que necesitaba descansar, y Alejandro le había recordado más de una vez que no podía pasarse el resto de la vida buscando un documento que se negaba a aparecer.Tenían razón, por supuesto. Alba tenía trabajo que hacer y plazos que cumplir, y no iban a desaparecer solo porque un archivo importante se hubiera perdido.Aun así, la pregunta la seguía a todas partes.¿Dónde lo había puesto?Al otro lado de la ciudad, Adrian Salvatierra se preparaba para una reunión que podía decidir el futuro de su empresa.La sala de juntas llevaba arreglada desde mucho antes de que llegaran los inversores. Los documentos estaban apilados con pulcritu
Adrian bajó la página y volvió a mirar a Mireia.—Gracias —dijo por fin.Las palabras le salieron con más rigidez de la que habría querido. Lo decía en serio, pero bajo su gratitud seguía latiendo una pregunta silenciosa: ¿cómo lo había sabido? Mireia no había leído un artículo de investigación en toda su vida, y aun así había entrado en su despacho con el único documento que su empresa necesitaba.Si notó su vacilación, fingió no hacerlo. Su sonrisa se suavizó, casi tímida.—Es todo lo que quería. Odio verte así, Admie. Llevas semanas cargando con todo tú solo. —Se puso de pie y se alisó la falda—. Déjame acompañarte a casa esta noche. Te prepararé tu cena favorita. Parece que llevas días sin comer como es debido.—No.Sonó más firme de lo que pretendía, y ella parpadeó.—Quiero decir, gracias, pero prefiero estar solo. Tengo mucho que revisar.Por un instante, su sonrisa se mantuvo en su sitio. Luego se encogió de hombros, recogió el bolso y se detuvo junto a la puerta.—No trabajes
—¿Una solución?—Sí. Te traje algo que podría resolver el problema.Casi le preguntó si entendía siquiera cuál era el problema.Mireia nunca había mostrado demasiado interés por el aspecto técnico de su negocio. Su mundo giraba en torno a la moda, los eventos sociales y esas conversaciones que rara vez pasaban de lanzamientos de marcas y oportunidades de inversión. La conocía lo suficiente como para saber dónde estaban sus intereses.Para él, su repentina seguridad resultaba difícil de tomar en serio.—Mireia, el problema no es que no tengamos una propuesta de investigación. La tenemos. El problema es que no logró demostrar nada lo bastante distintivo como para convencer a los inversores. Necesitamos algo técnicamente sólido, original y comercialmente viable. Encontrar un documento en internet no resuelve necesariamente eso.—Quizá deberías mirarlo antes de decidir qué puede o no puede hacer.Metió la mano en su bolso y sacó una carpeta delgada.Los ojos de Adrian se desviaron hacia e
Mireia Soler entró en el despacho de Adrian con la seguridad de quien nunca ha dudado de que será bien recibida.Llevaba un elegante vestido color crema y el cabello le caía en suaves ondas sobre los hombros. Un bolso de diseñador colgaba de su brazo, y sus labios se curvaron en una sonrisa cuando lo vio detrás del escritorio.—¡Adrian! Empezaba a pensar que me harías esperar toda la tarde.—Estaba trabajando. —Señaló la silla frente a él sin levantarse—. ¿A qué debo tu visita?La sonrisa de Mireia se ensanchó mientras se acomodaba.—En realidad, esperaba encontrarte en casa. Iba a pasar a verte esta tarde, pero pensé que sería mejor venir primero aquí. —Ladeó la cabeza y lo estudió—. A menos, claro, que fueras tú quien pensaba visitarme a mí.—Lo estaba considerando.Su expresión se iluminó.—¿De verdad? ¿Cuándo pensabas venir? Podrías haberme llamado. Me habría asegurado de estar en casa.—No para una visita de cortesía.La sonrisa de Mireia vaciló.Adrian se recostó en la silla, si
Su propuesta tenía justo el tipo de originalidad que los inversores habían exigido aquella mañana. Había abordado el problema desde un ángulo que el resto del equipo no había considerado, construyendo sus argumentos sobre ideas que eran a la vez técnicamente rigurosas y comercialmente relevantes. Adrian recordaba estar sentado en su despacho, leyendo su trabajo y volviendo una y otra vez a ciertas páginas solo porque quería entender cómo había llegado a esas conclusiones. Entonces se había sentido impresionado. Ahora lo estaba aún más, al saber lo que su propio equipo no había sido capaz de lograr. Esa constatación lo irritó. Había dedicado años a construir Salvatierra Technologies como una empresa que no dependiera de ningún empleado en particular. Había invertido en investigadores capaces, contratado a ejecutivos con experiencia y establecido sistemas diseñados para que el negocio siguiera funcionando sin importar quién llegara o se marchara. Desde luego, no esperaba verse pe
Adrian apenas había llegado a su despacho cuando la frustración terminó por vencerlo.Empujó la puerta, entró a grandes zancadas y arrojó sobre el escritorio la carpeta con los comentarios de los inversores. Los papeles se deslizaron por la superficie pulida y uno de ellos quedó peligrosamente cerca del borde. Ni siquiera lo notó.Detrás de él, Mateo entró y cerró la puerta.Durante varios segundos, ninguno de los dos habló.Adrian se aflojó la corbata y caminó hacia los ventanales que daban a la ciudad. La vista de las calles bulliciosas no logró calmarlo. Al contrario, le recordó cuántas cosas seguían funcionando a la perfección mientras su propia mañana se había convertido en un desastre sin paliativos.Se volvió de golpe.—¿Serías tan amable de explicarme qué ocurrió en esa reunión?Mateo arqueó una ceja.—Vas a tener que ser un poco más específico. ¿Te refieres a que los inversores cuestionaron nuestras proyecciones, a sus dudas sobre la originalidad del proyecto, o a su decisión







