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Capítulo 5

Autor: Peachy
—Tu solicitud para dejar la manada fue rechazada.

Killian lanzó los documentos sobre mi cama del centro de curación.

—¿Bajo qué argumentos?

—Bajo el argumento de que yo lo digo —contestó con un tono de autoridad—. Tienes trabajo que terminar.

Miré al Alfa y a su compañera. Se levantaron con incomodidad.

—Ya nos vamos —dijo Rose, dándome unas palmaditas en la mano—. Descansa.

La habitación se quedó vacía, solo estábamos Killian y yo.

Él se sentó en la orilla de la cama con una mirada amenazante.

—No hagas que pierda la paciencia.

Dos horas después, me sacaron del centro de curación. El auto Rolls-Royce de Killian ya estaba esperando.

—Súbete.

—¿A dónde vamos?

—Ya lo verás.

El auto se detuvo frente a la boutique más exclusiva de la ciudad: Valentina Couture. Era la favorita de Vivian.

—¡Señor Blackwood! —lo saludó el gerente de la tienda, con una actitud muy servil—. Los vestidos que pidió ya están listos.

—Ve a probártelos —me ordenó Killian, señalándome.

Sentí emoción. Eran vestidos de Luna. Él quería que me los probara. ¿Iba a cancelar la unión con ella? ¿Quería que yo fuera su Luna?

—Por aquí, por favor. —El gerente nos guio al área de probadores VIP.

La lujosa habitación estaba llena de docenas de vestidos carísimos. Cada uno de ellos había sido diseñado para la coronación de una Luna.

—Empieza con este —dijo Killian, señalando un vestido blanco cubierto de diamantes.

Su voz tenía el peso del comando de Alfa. Caminé hacia el probador bajo su atenta mirada. En cuanto subí el cierre, Killian abrió la puerta y entró.

—Qué estás...

Me besó. Fue un beso fuerte, posesivo y dominante.

—Mmmm...

Intenté alejarlo, pero su mano me sujetaba con fuerza la nuca, manteniéndome en mi lugar.

—Sé que me equivoqué —susurró contra mi oído—. Mandé a alguien a buscarte en cuanto pude. Solo pórtate bien... y voy a arreglar esto.

Sus manos recorrieron mi cuerpo. Mi resistencia se desmoronó. Tal vez... tal vez sí me amaba. Tal vez solo estaba presionado por su familia. Incluso con el vínculo casi roto, la atracción de una pareja destinada era demasiado difícil de resistir.

Una hora después, todo terminó. Él se arregló la ropa y recuperó esa expresión indiferente.

—¿Qué te parece este?

Miré hacia abajo, contemplando el vestido blanco todo arrugado.

—¿Qué?

—¿Crees que le quede bien a Vivian? —preguntó él, mientras caminaba despacio a mi alrededor—. La cintura está un poco ajustada, pero el busto es perfecto.

Me quedé helada. Sentí que la sangre se me detenía.

—¿Hiciste que me probara estos vestidos... para ella?

—Para elegir el que usará en la ceremonia donde anunciaremos nuestra unión —dijo, como si fuera lo más obvio del mundo—. Tú y Vivian tienen la misma talla. Es más fácil así.

Sentí que la cabeza me iba a estallar.

—Hay una docena más. Sigue probándote los otros.

Durante las siguientes dos horas, fui un maniquí, poniéndome y quitándome vestidos. Uno de tul, uno de encaje, una túnica de terciopelo... Él inspeccionaba cada uno.

—Ese muestra demasiado el pecho de Vivian.

—Ese color no le va a su tono de piel.

Me puse un vestido blanco puro de corte sirena. Era la pieza maestra de la tienda, llamada “El Verdadero Amor del Alfa”.

Cuando salí, los ojos de Killian brillaron. Se levantó y caminó hacia mí, recorriendo mi cuerpo con una mirada ardiente. Por un momento, pensé que me estaba mirando a mí.

—Perfecto —murmuró, y sus nudillos rozaron el encaje sobre mi clavícula—. Es como si lo hubieran diseñado para ella. Vivian se verá radiante.

Levantó la mirada y sus ojos volvieron a mostrar esa indiferencia asfixiante.

—Este es el elegido —sentenció con una mirada fría—. Quítatelo ya. Y no lo vayas a ensuciar.

“No lo vayas a ensuciar”.

Todo el dolor, la humillación y la tristeza que había estado guardando explotaron. Miré mi reflejo en el espejo y me rio.

—¿Que me lo quite?

Agarré unas tijeras de costura de una mesa cercana.

Killian arrugó la frente.

—¿Qué haces? Suelta las tijeras.

—¿Quieres este vestido para Vivian? —Estaba llorando, pero mi sonrisa se hizo más grande—. Está bien. Puede quedárselo.

—¡RAAAS!

El sonido del encaje rompiéndose resonó en la habitación silenciosa. Las pupilas de Killian se hicieron pequeñas.

—¡Estás loca!

No me detuve. Rompí el vestido como una demente; las tijeras cortaban la tela y mi piel. La sangre comenzó a brotar, manchando de rojo el vestido blanco.

—¡Aquí tienes tu Verdadero Amor del Alfa! —grité, arrancándome los restos del vestido destrozado y lanzándole los pedazos a la cara—. ¡Toma! ¡Ten tu verdadero amor y dáselo a tu adorada Vivian! ¡Killian Blackwood, me das asco! ¡Como lobo, has pisoteado la dignidad más básica de una pareja!

Cerré los ojos, reuniendo toda la fuerza mental que me quedaba. Busqué en mi mente, encontré el vínculo que unía mi alma con la suya... y lo hice pedazos.

—¿Qué estás haciendo? ¡Detente! —Killian pareció darse cuenta de mis intenciones. Se puso pálido y se lanzó hacia mí para detenerme.

Fue demasiado tarde. La agonía me golpeó, pero se sintió bien.

—Adiós.

Me di la vuelta y salí corriendo de la tienda, dejándolo ahí parado, atónito y sin palabras, en medio de todo el desastre.

Luego le envié un mensaje a Maya.

“Cómprame un boleto para mañana en la mañana. No voy a esperar ni un segundo más”.

***

Esa noche, Killian caminaba por su despacho, muy alterado. Freya había desaparecido. Por instinto, intentó llamarla a través del enlace mental para ordenarle que regresara y le pidiera perdón, como todas las otras veces.

“Deja de hacer berrinches y regresa”.

Pero en el lugar donde debía estar la presencia de ella, solo había un vacío silencioso.

Volvió a llamarla. “¡Freya!”

Nada. El vínculo se había ido.

La mano de Killian apretó su vaso hasta que este se hizo añicos y los cristales se le clavaron en la palma de la mano. La que siempre respondía, la que siempre obedecía, estaba en silencio.

Por primera vez en cinco años, gritó su nombre en la oscuridad de su mente. Y solo hubo silencio.
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