INICIAR SESIÓNFREYALa luna llena brillaba en lo alto del cielo.Esperé en silencio la ceremonia final de rechazo.Unos pasos resonaron detrás de mí. Eran pesados y lentos, como si cada zancada arrastrara una cadena de mil kilos.Me di la vuelta.Killian había llegado.Llevaba una armadura negra hecha a la medida, de esas que solo usaba para las juntas más importantes. Pero no parecía que estuviera aquí para una ceremonia. Se veía como alguien que caminaba hacia su propia ejecución.—Viniste —dije con calma.—Te lo prometí.Killian tenía la voz ronca y sus ojos recorrían mi cara con desesperación.—Te dije que aceptaría cualquier cosa que me dieras, incluso si fuera veneno —dijo mientras sacaba un sobre amarillo de su saco con la mano temblorosa.Al verlo, sentí una punzada.Lo reconocí.Era la solicitud de registro de marca de compañero que llené hace cinco años, aquella mañana en que acababa de convertirme en su pareja destinada, llena de amor y de una esperanza tímida.En ese entonces la guardé c
KILLIAN Regresé a Blackwood.Solo.El imperio Blackwood seguía siendo inmenso y miles de miembros de la manada aún agachaban la cabeza ante mí, pero sentía como si hubiera entrado en una tumba.Subí al último piso de la oficina central.Ahí solía haber un pequeño cubículo donde trabajaba Freya.Durante cinco años se sentó en ese lugar, separada de mí por una pared de cristal, siempre esperando a que yo la llamara. Ahora, todo estaba cubierto de polvo.—Limpia todo esto —le ordené a mi Beta—. Tira todo lo que encuentres.Quería borrar su rastro. Si no veía nada, tal vez mi corazón dejaría de dolerme tanto.El Beta empezó a guardar archivos y a mover el escritorio.—El cajón de hasta abajo tiene llave.Me acerqué.Era un cajón pequeño y común. Freya nunca tuvo muchas pertenencias; siempre decía que, al ser la sombra del Alfa, no podía tener demasiados secretos.—Quítate.Extendí la mano y jalé con fuerza. Mi mano lastimada no tenía mucho agarre, pero mi fuerza de Alfa seguía ahí.—¡CRAC
KILLIANPasé medio mes recuperándome en el centro de curación de Silvermoon.El antídoto me salvó la vida, pero nada más.Cada día, a través de mi ventana, podía ver a Freya caminando por el jardín o corriendo en el campo de entrenamiento.Nunca se había visto tan llena de vida.Y el compañero que siempre estaba a su lado era Adrian.Esa complicidad natural entre ellos, ese respeto mutuo, era un espejo que reflejaba lo repulsivo y patético que yo había sido durante los últimos cinco años.El día que me dieron de alta ocurrió en una noche de auroras brillantes.Listones de luz verde bailaban por el cielo nocturno, con una belleza que parecía de otro mundo.Encontré a Adrian en el límite del territorio de Silvermoon.Estaba solo, de pie al borde de un acantilado, fumando; su silueta se veía alta y firme.—Peleemos.Me acerqué y me quité la chaqueta para dejar a la vista mi torso musculoso.—Un duelo de Alfas —gruñí, con la voz desgarrada por una locura final y desesperada—. El ganador se
FREYA Me senté en una banca del centro de curación de la manada Silvermoon, con el café caliente que Adrian me había dado ya frío entre las manos.—Se niega a recibir el tratamiento.El sanador salió y se quitó el cubrebocas con un gesto de resignación.—El veneno de plata ya llegó a la médula ósea. Si no empezamos la diálisis con el suero, no le quedan ni dos horas. Pero no quiere cooperar. Incluso le tiró la jeringa de un manotazo a la enfermera.Arrugué la frente.—¿Se quiere morir?—Dijo que... —El sanador titubeó y me miró de reojo—. Dijo que a menos que vea a Freya, prefiere que el veneno lo mate.Adrian, que estaba a mi lado, hizo una mueca de desprecio.—Sigue con sus jueguitos, incluso ahora. Apuesta a que vas a ceder.Sí.Ese era Killian.Incluso al borde de la muerte, tenía que usar esas tácticas extremas para presionarme, para demostrar que todavía tenía algún peso en mi corazón.“¿En serio cree que su vida es el precio para que lo acepte de nuevo?”—Dame el antídoto.Me l
FREYAEl despertar de la loba blanca no terminó con la fiesta. Se convirtió en la noticia más importante de toda la comunidad de hombres lobo europea. Para celebrar el nacimiento de una nueva monarca, Adrian propuso realizar una “Caza de Luna Llena” en los terrenos reales de caza, a las orillas del territorio, siguiendo una antigua tradición.La sensación de poder que recorría mi cuerpo era increíble. Antes, siempre me sentía débil y vulnerable; ahora, podía escuchar el latido del corazón de un conejo a kilómetros de distancia.Killian nos había seguido. Todavía llevaba puesto ese uniforme de mesero que le quedaba grande, como una sombra patética que nos seguía desde el final de la comitiva. Nadie se molestó en echarlo. Todos estaban demasiado ocupados adulándome por ser la nueva loba blanca como para prestarle atención a un Alfa acabado y en desgracia.—Ten cuidado más adelante, Freya —dijo Adrian, acercándose a mí—. La frontera ha sido peligrosa últimamente. Me informaron que hay un
FREYAEse día cumplía veinticuatro años.Era, sin duda, el cumpleaños más espectacular que había tenido en toda mi vida.Adrian no solo había invitado a los líderes de las manadas de lobos más importantes de Europa, sino también a reconocidas figuras de la alta sociedad del mundo humano.Todo el mundo me sonreía, alzaban sus copas y me decían con sinceridad: —Feliz cumpleaños, señorita Freya.No había burlas a mis espaldas, ni desprecio por mi linaje impuro, ni miradas prejuiciosas que me erizaran la piel.Aquí no era la asistente de alguien o el secretito sucio de alguien. Era la consultora principal de relaciones públicas de la manada Silvermoon, la socia de mayor confianza de Adrian.Sostenía mi copa de champaña mientras les devolvía la sonrisa a los invitados que me daban sus buenos deseos. Al pasar por el área de los regalos, una silueta en una esquina me llamó la atención.Alguien alto con uniforme de mesero y cubrebocas dejaba a escondidas una cajita de terciopelo negro en un r