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La chica perfecta

Penulis: Lina Valmoré
last update Tanggal publikasi: 2025-12-14 18:11:05

POV Alejandro

No me gustan los imprevistos, cuando algo se sale del plan, me jode, y mucho, mi vida entera está organizada, las reuniones, los contratos, incluso la gente entra y sale cuando yo decido, todo tiene que estar bajo mi control, siempre.

Esa noche en el club decidí quedarme a pasar el rato, la reunión con un posible inversor se había cancelado a última hora, así que me senté frente a la barra y pedí un whisky, me puse a observar a mi alrededor, era el tipo de lugar al que acuden los que buscan compañía para sentirse menos vacíos.

Había hombres maduros rodeados de jóvenes chicas, como si eso les fuera a devolver los años, era la primera vez que entraba en el lugar y no me agradó el ambiente, así que decidí apurar mi copa para marcharme.

Entonces la vi.

La observé no porque fuera amor a primera vista o alguna m****a romántica, sino porque detecté que algo no cuadraba, la chica no estaba disfrutando, tal vez estaba trabajando, intentaba sonreír, pero volteaba hacia los lados como buscando una salida, el tipo que la acompañaba ya estaba demasiado encima, se inclinaba sobre ella y la tocaba.

El idiota la tomó por el brazo con fuerza y la empujó contra la pared, mientras le gruñía sobre cómo iba a follarla, la chica lo golpeó en el pecho, tratando de liberarse, todos miraban, pero nadie hacía nada, en ese momento algo se encendió dentro de mí, detesto que alguien se pase de la raya en mi presencia, me levanté sin pensarlo dos veces.

Me acerqué sintiendo mi mandíbula tensarse, con los puños apretados, tratando de controlarme.

—Suelta a la chica —ordené en un tono afilado.

El borracho se giró hacia mí, furioso.

—¿Y tú quién coño eres, el héroe de la noche? —bufó.

No contesté, di un paso más hacia él y lo miré fijamente, permitiendo que viera el abismo en mis ojos.

Lo vi dudar, pero al final la soltó, masculló algo sobre “putas” y “zorras” y se alejó tambaleándose, no era más que un cobarde.

Ella se quedó quieta, temblando, le pregunté si estaba bien, ella asintió, aunque era claro que no lo estaba, noté marcas rojas en su brazo, eso me molestó más de lo que debería, la llevé a la barra para que tomará algo.

Se sentó a mi lado, me dijo que era acompañante, pero que solo ofrecía compañía y que el tipo se había pasado, la observé mientras hablaba, era hermosa, su cabello largo y oscuro caía en cascada sobre su espalda, su rostro era delicado, en él resaltaban unos enormes ojos marrón que evitaban mirarme.

Tenía un cuerpo que no pasaba desapercibido, su cintura era estrecha y sus caderas marcadas, el tipo de chica que te hace voltear a verla aunque no quieras. El vestido le quedaba justo donde debía, como si hubiera sido pensado para ella, y entendí por qué tipos como el imbécil del club creían tener derecho a tocarla, y no sabía por qué, pero eso me cabreaba.

Le conté que estaba ahí por una reunión cancelada, que odiaba ese tipo de lugares, pero que a veces tocaba, después de un rato nos despedimos, antes de irme le di quinientos euros, se negó a recibirlos, pero ante mi insistencia, terminó aceptandolos.

Antes de irme, me detuve y volteé hacia ella y le dije:

—Me debes un gran favor por esto.

Sonreí, pero no fue porque estuviera coqueteando, sino porque ya sabía cómo iba a cobrarselo.

Cuando salí del club, Raúl mi chófer me estaba esperando,, durante el trayecto al penthouse, pensé en mi padre, enfermo de cáncer, los médicos le daban solo algunos meses, quizás menos, cada vez que hablaba con él, me repetía lo mismo, “Alejandro, la empresa es lo único que quedará como constancia de lo fuerte que fui en este mundo, haz lo que debas hacer, pero jamás la dejes caer.”

El Grupo Ruiz Holdings era su legado, hoteles de lujo, clubes exclusivos por toda Europa, y ahora yo estaba a cargo de todo, pero los inversores árabes no firmarían con un tipo que es asediado por paparazzis, al igual que por mujeres, quieren de mí un hombre serio, con familia, o próximo a formarla, dicen que eso demostraría que tengo valores.

Me dieron noventa días para convencerlos de que no soy un riesgo, de que no solo soy el hijo del fundador que se folla modelos y cambia de acompañante cada semana, de que la empresa está estable porque yo lo estoy.

Una mentira bien construida, eso es todo lo que necesitaba para convencerlos y que firmarán, después de eso no importaba lo que pensaran.

Así que necesitaba una novia falsa que les hiciera ver que todo lo que publicaban sobre mí, era falso, alguien guapa, discreta, sin familia que metiera las narices en mis asuntos, alguien que necesitara dinero desesperadamente, que fuera fácil de controlar.

Sofía encajaba perfecto, era una chica sola, ingenua, rota y con hambre de estabilidad.

Días después, le envié un mensaje haciéndole la propuesta, sabía que iba a llamar, el dinero era una tentación demasiado grande. La alternativa era seguir cobrando trescientos la hora y arriesgarse a que algún cliente la jodiera de verdad, o le hiciera algo peor.

Le ofrecí dinero, un auto y un piso propio, una propuesta tan atractiva que alguien como ella jamás rechazaría, los dos ganaríamos con esto, ella resolvería su vida, y yo mi problema, sería un gran trato sin sentimientos.

Cuando marcó, contesté enseguida.

Le expliqué lo necesario: el cáncer de mi padre, el trato con los árabes, la necesidad de crear una imagen familiar, no le conté que la había elegido porque era vulnerable.

Ella puso reglas, nada de sexo.

Me reí por dentro, como si yo tuviera que pagar por eso, las mujeres me llaman solo para verme, pero acepté. “Tranquila, preciosa, no voy a pagar para follarte.”

Colgó rápido, pero supe que ya era mía, una gran sonrisa se extendió por mi rostro, la tenía donde la quería.

La razón por la que no busqué para mi plan a alguna de esas mujeres que me buscaban todo el tiempo, es porque ellas querrían algo más, algo que yo no estaba dispuesto a darles, ellas posarían con gusto para las cámaras, pero tenían demasiada ambición, y quería solucionar un problema, no buscarme otro.

Dos días después, le transferí a Sofía cinco mil para ropa, le di instrucciones claras, me acompañaría a eventos, nos tomaríamos fotos para las redes sociales.

El día de la firma, el abogado ya esperaba con los papeles, el contrato y un acuerdo de confidencialidad que incluía penalizaciones que la dejarían en la ruina si hablaba.

Firmó sin leer el documento completo, vaya que es una chica ingenua.

Cuando el abogado se fue, me senté frente a ella.

—Ahora te digo mis reglas —dije, escuchó atentamente cada una de ellas, al finalizar, ella me sorprendió con la suya.

Si la tocaba sin permiso, me cortaba lo que tenía entre las piernas.

Me reí, de verdad era valiente, eso me gustó.

Estreché su mano para cerrar el trato, ante su contacto, un escalofrío me recorrió el brazo. 

Algo en ella me estaba empezando a enganchar, y eso no entraba en mis planes.

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