Tras la traición, florece una vida de gloria
Durante los cuatro años que pasó al lado de Rafael Chávez, Mónica Lucero creyó que la amaban de verdad. No fue sino hasta que apareció su exesposa, cargando a una niña de dos años, que ella comprendió lo irónica y asquerosa que era su relación.
Se hundió en una borrachera para ponerle punto final a esa farsa, pero, sin planearlo, terminó en la cama con aquel hombre poderoso. Tras una noche de pasión desenfrenada, una sombra empezó a seguirle los pasos.
Desde entonces, cuando Mónica armaba un escándalo, alguien le cubría la espalda.
Cuando golpeaba, alguien le pasaba el cuchillo.
Cuando decidió divorciarse, él ya estaba esperando con toda su familia lista para ocupar su lugar.
Rafael no se inmutó. Apostó a que ella no tenía a nadie más. A que lo amaba hasta los huesos. A que regresaría, dócil, pidiéndole perdón.
Pero jamás imaginó verla en el centro de una boda que sacudiría a todo el país. Ni que aquella mujer a la que antes despreciaba —la simple jardinera— fuera capaz de cultivar una especie vegetal tan rara que le devolvió la esperanza de vida a miles de enfermos.
Rafael perdió el control. Los ojos enrojecidos, cayó de rodillas frente a ella.
—Mónica, ya basta de juegos. Regresa a casa conmigo, ¿quieres?
Ella solo sonrió. En el siguiente instante, unos brazos firmes la rodearon. El hombre que la sostenía era frío y elegante, y en sus ojos se encendía una amenaza letal.
—Ella es mi esposa. Tenemos un hijo. ¿A qué maldito casa crees que se la vas a llevar?