INICIAR SESIÓNEl código de acceso de la vivienda no había sido modificado. Ainhoa ingresó los números y entró directamente.En el sofá de la sala del primer piso, Sofía, todavía con la pijama de Ainhoa, jugaba y reía junto a Luis.—Jajaja, señora Sofi, me hacen cosquillas, ¡para! ¡Me rindo! ¡Prometo no volver a asustarla para que se despierte! ¡Jajajaja!—Luis, pequeño travieso, ¿cómo te atreves a asustarme así? ¡Ahora te toca el castigo! —Sofía movió las manos suavemente por las zonas sensibles de Luis. El niño se revolcaba sobre el sofá por las cosquillas, sin rastro de enfado, sumergido en una risa contagiosa.Ainhoa permanecía en el vestíbulo observando la escena en silencio. Sentía como si una daga atravesara su pecho, una punzada amarga que le dificultaba respirar.No lograba recordar cuándo fue la última vez que Luis se acurrucó entre sus brazos, jugando y riendo de esa manera.Pensó que se debía a que estaba creciendo: a los seis años, los niños anhelan comportarse como adultos y dejan atrás
Algo cruzó su mente y Javier continuó hablando. —En cuanto a tu familia... cuando tenga un rato libre en unos días, iré personalmente a explicarles todo.Estos días se hallaba abrumado por múltiples asuntos. Debía organizar el encuentro de la semana próxima con la nueva directora del centro de investigación del instituto de don Soto, la creadora del giróscopo de oscilador de cristal cuántico; además, gestionaba todos los asuntos de la empresa, se preparaba para acceder al rango de profesor titular y ayudaba a su padre a localizar a aquella prodigiosa ajedrecista que había desaparecido sin rastro.Una carga de pendientes se acumulaba una tras otra, simplemente no contaba con tiempo suficiente.Sumado a eso, la postura de Ainhoa era inamovible. No quería seguir discutiendo con ella por este conflicto, así que decidió esperar a tener un momento de calma para acercarse y aclarar las cosas en persona.Al mencionar a su familia, Sofía bajó la mirada. —No hace falta. Ya les expliqué todo desd
Luis corrió hacia la cocina y vio una silueta de espalda ocupada con las tareas, vestida con la pijama de Ainhoa.—¡Mamá! —gritó. Estaba a punto de preguntarle qué desayuno le había preparado, cuando la mujer que trabajaba junto a la estufa se dio la vuelta.—Buenos días, Luis. —Sofía lo saludó con una sonrisa.Luis se quedó paralizado.No era mamá, era la señora Sofi...En ese momento, Javier también se acercó. Al ver a Sofía con la pijama de Ainhoa, su expresión se congeló un instante.Notando que Javier observaba su ropa, Sofía se apresuró a explicar. —Anoche me quedé jugando con Luis hasta muy tarde y Ana ya estaba dormida. No quise despertarla para pedirle una pijama, así que... tomé la de la señora Ortega sin preguntar. Disculpe, profesor, la lavaré perfectamente.Javier suavizó la mirada, sin darle mayor importancia. —No hay problema, es solo una pijama. Tiene muchas, no le va a hacer falta esta.Después de eso, dejó de prestar atención a Sofía y se giró hacia Ana. —¿Dónde está
Bajo el resplandor de la pantalla del celular, la mirada de Sofía se ensombreció y apretó levemente los labios.Cuando volvió a levantar la vista, conservaba aquella expresión comprensiva de siempre. —Profesor Ortega, ya es tarde. Ahora que usted regresó, me quedo tranquila con Luis. Yo... —soltó al niño que se aferraba a ella—. Me retiro.Javier levantó la muñeca para observar su reloj y frunció ligeramente el ceño. —¿Vas al hospital o a tu alquiler?Sofía esbozó una sonrisa, aunque estaba teñida de cierta amargura. —Ya entró el toque de queda en las habitaciones del hospital, no puedo volver. En cuanto al apartamento alquilado... no hay problema, puedo buscar un hostal barato para pasar la noche.—No puedes hacer eso —Javier se opuso de inmediato, con un matiz de remordimiento en la mirada—. Viniste desde lejos solo por Luis. Quédate aquí esta noche, mañana temprano te llevaré de regreso.—Ah... —Sofía titubeó, sin saber qué responder.—Sí, señorita Sofía, quédese. La casa es muy amp
Javier recordó la fotografía que el socio le había mencionado en la llamada. En aquel momento, creyó que se trataba de una imagen de Luis y Ainhoa.Al escuchar las palabras de Ana, sacó su teléfono y abrió el perfil de Instagram de Luis. Solo entonces descubrió que la publicación titulada "Yo y mi querida mamá" ilustraba una foto de Luis con Sofía.Y el primer "me gusta" de la foto era de Ainhoa.La segunda, su hermana Beatriz.—Luis, ¿qué significa esto? ¿No sabes quién es tu madre? ¿Cómo puedes publicar algo así sin pensar? Javier rara vez perdía el control con el niño. No elevó mucho el volumen de su voz, pero su mirada era severa y aterradora.Luis rompió a llorar del susto y se refugió entre los brazos de Sofía. —No he publicado nada malo. Quiero que la señora Sofi sea mi mamá. ¡Ya no quiero a mi mamá! Ella no viene a recogerme después del colegio. No sirve para nada, no la quiero.Al ver que Javier estaba verdaderamente enfadado, Sofía abrazó a Luis con rapidez. —Profesor Ortega,
—Sí, señor —León recuperó rápidamente la velocidad normal, pero sus ojos no dejaban de mirar hacia atrás, hacia la villa. Finalmente, no pudo aguantar más y preguntó.—Señor, no creo que sea una ilusión mía. Al pasar por Villa Nube vi luces encendidas en el segundo piso.El hombre del asiento trasero abrió los ojos lentamente, sin pronunciar palabra.León continuó hablando: —¿Alguien se mudó ahí? —abrió mucho los ojos—. Señor, esa propiedad no fue la que usted le entregó a don...—León. —El hombre de porte distinguido pronunció su nombre con voz leve.Al escuchar la voz de su patrón, León sintió un escalofrío. —¡Sí!El hombre frunció el ceño. —Nunca me había dado cuenta de que hablas tanto.El sudor apareció en la frente de León, sus manos aferraron con fuerza el volante. —Me callo, ya me callo...***La presión emocional de Javier era mucho menor que en días anteriores. Poco antes, el profesor Vicente le había dado una confirmación definitiva: la creadora del giróscopo de oscilador de







