Share

08

Author: vanna
last update publish date: 2026-07-11 01:14:02

Desperté entre sábanas de seda con un conteo de hilos tan alto que la tela se sentía líquida al contacto con mi piel. Aquella suavidad era un contraste violento con la habitación del hotel barato donde me refugié tras dejar a Benjamín y su maleta vacía. Me puse de pie y caminé descalza hacia la estancia principal, sintiendo el frío del mármol gris bajo mis pies. El espacio era una composición de acero, vidrio y muebles de diseño que gritaban una fortuna solo vista en los informes administrativ
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • La Esposa que Apostaste: El Reclamo del Nuevo CEO   45

    Julián tosió violentamente, retrocediendo dos pasos mientras se cubría los ojos con el antebrazo.—¡Maldita sea, Paula! —gritó Julián, intentando recuperar el encendedor que había caído sobre el suelo helado.Christian no le dio tiempo de reaccionar. Avanzó a través de la nube de gas, acortando la distancia con tres pasos veloces. Su hombro impactó de lleno contra el pecho de Julián, enviando a mi hermano de espaldas contra la estructura metálica de los archivos.El golpe resonó en el sótano con un chasquido seco. Las carpetas de acero cayeron sobre el suelo de hormigón, esparciendo documentos notariales en el desorden del combate.Julián intentó levantarse, lanzando un puñetazo a ciegas hacia la mandíbula de Christian. Christian esquivó el golpe moviendo la cabeza hacia la izquierda, tomó el brazo derecho de Julián por la muñeca y retorció la articulación hacia atrás con un movimiento técnico y definitivo.Julián soltó un alarido de dolor. El encendedor metálico resbaló de sus dedos,

  • La Esposa que Apostaste: El Reclamo del Nuevo CEO   44

    —Mi padre sigue vivo en la isla de Saint Martin —declaró Christian, sacando de su bolsillo un teléfono satelital de carcasa negra—. Él no huyó tras el accidente. Mi abuelo lo mantuvo incomunicado en una propiedad privada bajo la amenaza de entregarlo a la fiscalía por la quiebra de los desarrollos del norte. Voy a marcar la línea directa.Christian presionó la secuencia de dígitos en el teclado del teléfono. Colocó el aparato en altavoz sobre la mesa de acero. El tono de llamada resonó cuatro veces en la habitación blindada, seco y constante.Al quinto tono, la conexión se estableció. El sonido estático de la línea transoceánica llenó el espacio.—Habla —dijo una voz masculina, desgastada por los años y por una aspereza obvia.—Soy Christian —respondió él, sin preámbulos—. Estoy en la sala de archivo de la Torre Kiraman. Julián reapareció. Presentó la fotografía del garaje y la orden de embargo sobre las tierras del norte.Se produjo un silencio de tres segundos en la línea. Se escuch

  • La Esposa que Apostaste: El Reclamo del Nuevo CEO   43

    —Preferiría ver esa colina reducida a cenizas antes que dejar que un Turner ponga un solo ladrillo sobre la tumba de nuestros padres —sentenció Julián, con una fijeza obsesiva en la mirada.Christian no retrocedió. Se acercó al borde de la mesa, quedando frente a frente con Julián—¿De dónde sacaste el capital para comprar el pagaré de Arthur Vance en Manhattan, Julián? —preguntó Christian, con tono inquisitivo—. Un hombre que acaba de desembarcar de un buque de carga no posee ochenta y dos millones de dólares para adquirir deuda fiduciaria en Nueva York. Alguien financió tu regreso.Julián guardó silencio durante tres segundos. Un destello de regocijo brilló en sus ojos. Metió la mano en el bolsillo interior de su abrigo de lana y sacó un sobre de papel krafft de tamaño oficio. No se lo entregó a Marcos. Lo lanzó directamente al pecho de Christian.Christian atrapó el sobre en el aire, lo abrió y extrajo un juego de fotografías en papel satinado de alta resolución.Miré sobre su homb

  • La Esposa que Apostaste: El Reclamo del Nuevo CEO   42

    —El abuelo firmó el certificado sin verificar la identidad del cadáver para cerrar la sucesión de inmediato —intervine, dando un paso hacia la mesa de nogal—. Julián era mi hermano mayor por parte de padre. Él administraba las cuentas del fiduciario en Europa antes del siniestro.—El certificado se anuló hace dos horas —anunció Marcos, levantando los ojos con el rostro desprovisto de color—. Un despacho de abogados de la capital presentó el acta de supervivencia física ante el Registro Civil Central, acompañada por una prueba de dactiloscopia y un perfil de ADN certificado por el laboratorio judicial de Hamburgo. Julián Kiraman está vivo. Y su nombre figura en la lista de desembarco del buque mercante que atracó en el muelle cuatro a las seis de la mañana.Christian apretó la mandíbula. Dio un paso hacia mí y colocó su mano sobre mi hombro, transmitiéndome una firmeza física que detuvo el temblor de mis manos.—No puede reclamar las tierras del norte, Marcos —dijo Christian—. El fidei

  • La Esposa que Apostaste: El Reclamo del Nuevo CEO   41

    Vance no parpadeó. Su mirada no mostró sorpresa ni duda.—La ley mercantil internacional no juzga las intenciones ni las circunstancias médicas del firmante, señora Kiraman —replicó Vance, con un tono glacial—. El documento posee el sello de validez fiduciaria y la firma registrada de la empresa Kiraman. Si usted desea impugnar la autenticidad de la firma, deberá iniciar un juicio de nulidad que tardará tres años en los tribunales federales. Y mientras ese juicio se desarrolla, mi orden de embargo congelará las cuentas operativas de la fiduciaria y la construcción del distrito financiero.El silencio en la sala de juntas se volvió pesado. Marcos se acercó a mi oído para hablar en un susurro rápido.—Tiene razón en la vía procesal, señora Kiraman —advirtió Marcos—. El embargo preventivo paralizará el pago de nóminas de tres mil trabajadores mañana a primera hora. Los bancos acreedores cancelarán las líneas de crédito operativas en doce horas.Vance se inclinó ligeramente hacia adelante

  • La Esposa que Apostaste: El Reclamo del Nuevo CEO   40

    —Nunca la tuviste, Christian —respondí, mirándolo a los ojos—. Me quedé por Leo. Y me quedé porque descubrí que el hombre que se ocultaba tras la armadura del CEO era la única persona dispuesta a sangrar para protegerme.Christian levantó la mano y rozó mi mejilla con sus nudillos. El contacto de sus dedos fue cálido y firme.—No quiero una alianza corporativa, Paula —susurró, con la voz grave—. Tampoco quiero una casa rodeada de guardias armados y cámaras de seguridad. Quiero construir una vida contigo y con Leo en esta colina, donde no existan secretos ni apellidos que proteger.—Entonces tendrás que ganarte el derecho a estar en esta tierra —dije, sintiendo que un calor intenso me recorría el pecho.—Pasaré el resto de mi vida haciéndolo —sentenció Christian.Sus labios se inclinaron hacia los míos. El beso fue lento, profundo y cargado de una certeza física que no requería firmas notariales ni sellos de cera.Mis manos se posaron en su pecho, sintiendo el latido acelerado de su cor

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status