LOGINCuidado, los corazones son como el cristal.
Natalia
Suspiro y me preparo para escuchar lo que Eva tiene que decirme, sé que no me dirá que debo obedecer a nuestra madre, porque ella misma no lo hizo, pero si ahondara mucho más en que tenga cuidado y seguramente me hará preguntas para las cuales no tengo una respuesta. Lo único que se de Tristán es que no es de este país y que es el primogénito y no quiere casarse ni asumir las responsabilidades familiares, eso me indica que su familia es de buena posición y tienen mucho dinero, viendo la gran suma que me ofrece como compensación al finiquitar nuestro matrimonio.
—Ya se quedó dormido —anuncia Eva—, cada vez que vienes de visita él se vuelve loco, te adora. —Sonríe al hablar de mi sobrino.
—Y yo lo adoro a él, es mi consentido precioso —admito con toda la sinceridad del mundo.
—Lo sé, pero no te pedí que te quedaras para hablar sobre Caleb, sino sobre ese esposo tuyo… Tristán, ¿así dijiste que se llamaba? —Asiento con la cabeza—. Bueno, hablame más sobre él, como se conocieron, cuanto tiempo han salido, porque se casaron en secreto. —Lo sabía, con mi hermana las historias a medias o resumidas no bastan en lo absoluto.
Tomo aire por la boca y lo suelto de golpe.
—Su nombre es Tristán, es el primer hijo, huyó de casa para no tener que asumir un matrimonio arreglado y para evitar ocuparse de la empresa familiar —escupo parafraseando lo poco que se de él—, nos conocimos en un bar, él me propuso el matrimonio como un escape y al día siguiente ya éramos marido y mujer, salimos como media hora antes de darnos el sí. —Me encojo de hombros al darme cuenta de que diciéndolo así, en voz alta, se oye igual a la locura y tal vez, me volví completamente loca, pero ya está hecho y no voy a retroceder, no en esto.
—No te diré que tienes que hacer esto o aquello, Naty, pero si quiero que me prometas que vas a cuidarte, que no solo dejaras que las cosas sucedan y ya. —La preocupación en su voz provoca que un escalofrío me recorra toda la columna vertebral—. Quizás estoy exagerando, pero la verdad es que no sabes absolutamente nada de ese hombre, no conoces sus costumbres o su personalidad, solo sabes lo que el mismo te ha dicho y hasta donde sé, puede ser una mentira para embaucarte. —Realmente no tengo como refutar ese argumento, Eve tiene razón, desconozco absolutamente todo de Tristán, aunque para ser justos, él tampoco sabe mucho sobre mí y es posible que en este momento esté pensando lo mismo que mi hermana, pero sobre mí.
—A decir verdad, yo también soy una extraña para él —musito en un intento de justificarme.
—Natalia Jiménez, ambas sabemos perfectamente que en esta ciudad y por no ser exagerada e incluir a todo Estados Unidos, nos conocen, o al menos nuestras caras. —Me mira como lo haría una madre con su hija—. Llevamos la maldición de pertenecer a una de las familias con más dinero de todo el país, es obvio que nos conocen y es una posibilidad que a pesar de tu tranquila vida bohemia y medio hippy, ese Tristán te haya estado siguiendo, esperando el momento adecuado para hacer su actuación, o dime, ¿no te parece extraño que justamente en un bar conozcas a alguien que al igual que tú, huye de los arreglos matrimoniales de sus padres? —No entiendo cómo es que el padre de su hijo pudo engañarla cuando tiene una mente tan hábil y maliciosa—. Sospechoso, ¿no crees? —Suspiro dejando mis pulmones sin oxígeno.
—Sería una excelente directora ejecutiva —admito alabando su talento para analizar cada escenario con tanta rapidez.
—Es sentido común y supongo que el tuyo estaba intoxicado en ese momento. —Sonríe—. Ay pequeña, te falta mucho por aprender en esta vida. —Me abraza en el sofá y me acurruca en sus brazos.
Eve es mayor que yo por pocos años y a pesar de su desliz, ella es mucho más madura que yo. Supongo que el amor cegó su juicio como el alcohol al mío.
—Deberías de hablar con papá, que te permita entrar en la empresa, en un cargo pequeño y ya luego tú te encargas de demostrarle de lo que eres capaz —insisto.
Esta vez es ella la que exhala al tiempo que me suelta y se pone de pie. Se acerca al buró de la esquina y abre uno de los cajones, del cual extrae una hoja de papel.
—Sabes que nuestra madre jamás va a permitir que su hija esté al frente de lo que ella considera la declaración de estatus en la sociedad y la verdad prefiero ahorrarme sus reproches y malas caras. —Me extiende la hoja y veo como su rostro se ilumina con una sonrisa radiante.
—¿Qué es esto? —Me señala con la cabeza indicando que lea el papel.
—Hace algunos meses decidí que no debía continuar dependiendo de la ayuda de mis padres, ya sabes, mamá se siente con derecho de venir aquí y revisar que todo esté en orden, que mi hijo y yo no hayamos causado algún daño físico a la estructura —explica a medida que leo y me sorprendo por las cifras que se reflejan—, y ya me cansé de oír sus desprecios hacia Caleb. Todo empezó como un hobby, ya sabes algo que haces para liberar tensión, pero algunas amigas vinieron y descubrieron mi pasión por la joyería y empezaron a hacerme encargos, sobre todo de modelos que encuentran en tiktok o en i*******m y luego de consultar precios y presupuestos, accedí a venderles y sacar pedidos, hoy firmé los papeles para un local y me harías muy feliz si me ayudas con la imagen, ya sabes el logo, fotografías para las redes y todo lo que tiene que ver el marketing. —Mis labios se curvan de un modo que siento que en cualquier momento mi rostro se partirá en dos.
No sé en qué momento pasamos de un tema al otro, pero sin dudas esta es la noticia más fabulosa que he escuchado en toda mi vida. Sin pensarlo me pongo de pie y la abrazo muy fuerte sin contener la felicidad que siento al saber que ella ya no está estancada. Luego de que el padre de Caleb le diera la espalda, Eve cayó en una especie de depresión, amó cada segundo de su embarazo, adora con locura a su hijo y estoy segura de que daría su vida por la de él, pero era evidente el dolor en el que vivía su alma, era como si su espíritu se hubiera salido de su cuerpo y estuviera en un estado de reposo en el que conseguía no sentir nada. Pese a su rebeldía o más bien a su valor para enfrentar a nuestros padres, mi hermana es una mujer sensible y entregada que lo dio todo cuando se enamoró de un imbécil.
—Por supuesto que cuentas con mi ayuda, hermana —accedo muy emocionada por su logro, está empezando desde cero, está formando una empresa con sus propias manos y eso es algo que se debe celebrar, al fin podrá conseguir su libertad total y plena.
—Tengo algunas ideas, pero la artista eres tú —señala.
—Ambas lo somos —observo reconociendo que su talento para la joyería no es solo suerte o un copia y pega de redes sociales.
—Gracias y prometo que voy a pagarte por todo tu trabajo.
—No te estoy cobrando, además, ayudarte me sirve para mi portafolio. —Me encojo de hombros—. Mejor crea una pieza única y hermosa para mí, como regalo de bodas. —La expresión de su rostro cambia un poco, pero accede a crear algo exclusivo para mí.
Tenemos mucho trabajo, antes necesito ver sus redes o crear nuevas que se dediquen solo a la marca y luego ver la joyería que tiene disponible para poder tomar las fotos… es mucho, mucho trabajo, pero lo vamos a conseguir.
Luego de hablar por una hora más y organizar un plan de trabajo, me despido de ella para volver a casa, es pasada las diez de la noche. Al salir el taxi espera por mí, de haber sido más temprano habría caminado, pero a esta hora y con una noche sin luna, lo más seguro y más sensato es esto. El trayecto en auto es silencioso aunque mi cabeza está saturada de ideas, colores e imágenes, este será el proyecto fotográfico más grande que haré antes de graduarme y sabiendo que necesito algo como esto como tesis de grado, que mejor que poner todos mis conocimientos en esto.
Tendré algo más para añadir a mi portafolio y además servirá para que me evalúen. El auto se detiene, pago el importe y bajo. Delante del edificio mis piernas parecen haberse hecho de concreto, me pesan y cada paso es una tortura a la vez que las palabras de mi hermana vuelven a mi cabeza. Ella no lo dijo con todas sus letras, pero fue claro que me quiso hacer ver que tal vez Tristán es un psicópata y asesino en serie.
Pensar en tu piel desnuda excita a mi alma, me nubla la razón y pierdo el control.TristánEl silencio que nos envuelve pesa sobre mis hombros. Los pies de Natalia se tambalean a cada paso; desde anoche las cosas se complicaron entre los dos y ahora no sé cómo darle apoyo. No encuentro las palabras correctas para decirle. Ni siquiera yo mismo sé si todo va a estar bien. Al llegar a la pesada puerta que separa los aposentos privados de los reyes del resto, me detengo un segundo. No porque lo necesite, sino porque noto cómo a ella le cuesta respirar.Aspira hondo. Se cuadra de hombros y adopta una expresión de serenidad que realmente no tiene. Alzo la mano y toco un par de veces. Desde adentro, la voz de mi madre se oye con claridad, dulce y cálida. No sabía cuánto la había extrañado hasta ahora. Abro la puerta y le doy paso a mi esposa; entro detrás de ella y cierro. El aroma del perfume dulce y suave de mi madre flota en el aire, haciendo que mis labios se curven involuntariamente.—M
Un corazón muerto es lo que late en mi pecho. Pero tus manos, tu voz, tu mirada…TristánEl eco de sus palabras todavía flota en el aire mientras salgo de la cama y busco mi ropa. No quiero irme sin antes hablar con ella, saber qué es lo que la molestó y pedirle disculpas, pero algo muy dentro me dice que lo mejor es dejarla sola y esperar a que la tensión se calme. Cuando salgo de su alcoba, estoy a medio vestir. De camino a mi habitación, me cruzo con Eve y Eli; la mayor clava una mirada asesina en mí y apresura el paso, ignorando por completo a la amiga de Natalia, que se detiene a saludarme mientras me recorre con la mirada.Paso de ella y sigo hasta mi habitación. Cierro la puerta detrás de mí con un golpe seco que retumba en el silencio."Espero que no vuelvas a entrar en mi habitación".Sacudo la cabeza para intentar desaparecer el espiral de desesperación y dudas que no me deja pensar con claridad. Entro al baño y me quito la poca ropa que llevo puesta. Me paso una mano por el
El miedo a lastimarte me oprime el pecho y me roba el deseo de seguir.Tristán Siento el calor de su cuerpo contra el mío, el rastro de nuestra primera noche juntos aún húmedo sobre su vientre. Natalia se acomoda en mi pecho buscando un refugio que no sé si puedo darle. Al rodearla con mi brazo, noto cómo mi propio cuerpo se contrae, incapaz de relajarse. Sé que siente mi tensión; la conozco lo suficiente para saber que ya está sacando sus propias conclusiones, pensando que esto fue un error. Pero no es arrepentimiento lo que me congela, es el pánico a lo que pueda sentir. La he arrastrado a un lugar desconocido para ella y ahora he sembrado en su piel una ilusión que no estoy seguro de poder hacer realidad. He cruzado la línea.Con la mejilla apoyada en mi pecho, siento su respiración relajarse. Está dormida o finge estarlo. Su cercanía me quema la piel y al mismo tiempo no quiero que se aleje. Es demasiado contradictorio esto que estoy sintiendo. La forma en la que se aferró a mí h
Me embebo de ti y me vuelvo adicta a la promesa de tus caricias.NataliaEl éxtasis explota en mi cabeza mientras sus manos me desgarran la ropa con agilidad. Me pierdo por completo en el recorrido de sus dedos sobre mi piel desnuda, jadeo y mi espalda se despega del colchón cuando su boca se cierra alrededor de mi pezón. Me aferro a su pelo como si eso pudiera evitar que mi cuerpo caiga al vacío.Sus manos… oh sí, sus benditas manos, me recorren sin ningún pudor, incrementando mi excitación; la piel me arde y mi centro palpita ansioso por sentir su toque cálido. De pronto su boca vuelve a la mía a la vez que una de sus manos desciende lentamente por mi abdomen, dejando un hormigueo delicioso en su recorrido.—¡Dios! —Sus dedos se posan sobre mi clítoris con firmeza y ejercen presión al tiempo que dibujan pequeños círculos que me cortan el aliento.Mis pensamientos se mezclan entre sí, llenando mi cabeza de confusión y de una sensación adictiva que no quiero dejar de sentir. Su mano l
La vida pierde color mientras lucho por conservar su sabor.NataliaLlegar a Dublín no fue para nada parecido a lo que Cillian había dicho. Fue estresante tener que pasar por en medio de un mar de cámaras y periodistas haciendo cientos de preguntas mientras sus micrófonos amenazan con hacernos una lobotomía. Desde el beso que Eve interrumpió, fue la primera vez que Tristán se acercó a mí. Me protegió con su cuerpo al tiempo que su mano no soltaba la mía.Quiero creer que lo que sentí fue real y no solo una actuación delante de los medios. Pero cuando los flashes se apagaron detrás de los cristales oscuros de las ventanillas, el frío se volvió a instalar entre nosotros. No debería sentirme tan mal por su actitud, por la indiferencia con la que me trata; después de todo, desde un principio dijimos que esto solo sería un timo, una estúpida farsa.Que no habría sentimientos entre nosotros, pero… ese beso despertó demasiadas cosas dentro de mí como para poder ignorarlas. Y me duele que me
Dar un paso atrás no siempre es cobardía; a veces es evitar el incendio para no quemar a quien tienes enfrente.TristánMe retiro a un extremo del avión junto con mi hermano luego de haber dejado instaladas a Natalia y sus hermanas. Después de la conversación con Eve, decidí mantener distancia con Natalia, es decir, soy cortés con ella, pero evito a toda costa cualquier tipo de acercamiento; no quiero que la situación en mi habitación se vuelva a repetir. Con todas las cosas que tengo en la cabeza, que ella no se haga ilusiones conmigo es lo único que puedo controlar en este momento.Aunque no voy a negar que me ha dolido ver cómo la tristeza se asienta en sus ojos cada vez que intenta hablar y yo solo la evado, sin excusas, sin aviso, solo callo sus palabras antes de que pueda pronunciarlas. No quiero sentirme así, ni hacerle daño; hago lo mejor para ella. Dentro de un año ya no seremos nadie en la vida del otro.El avión despega. Cillian habla sin parar, pero mi atención está puesta







