LOGINEl amor no tiene edad… lo dudo.
Natalia
Decido ir a casa de mis padres a darles la noticia luego del trabajo, el trayecto es corto, por lo que no tardo mucho tiempo en llegar. De pie frente a la puerta de entrada, respiro hondo para llenarme de valor y paciencia, no es fácil para mí enfrentarme a mis padres, sobre todo a mi mamá por su carácter controlador.
Abro la puerta y entro en silencio para primero ir a la cocina por un vaso con agua. Tengo que calmar mis nervios antes de ver a mi mamá, estoy segura de que pondrá el grito en el cielo y el mundo entero sabrá en menos de un minuto que he cometido la locura de casarme sin la aprobación de mis padres, o lo que es peor, sin todo el espectáculo que seguramente ella organizaría para sí misma.
—Buenas tardes, señorita. —Me estremezco y por poco me tiro el agua encima cuando Elena aparece repentinamente y me habla por detrás.
—Hola, Elena —saludo llevándome una mano al pecho.
—Perdón, no la quise asustar —susurra acercándose a mí.
Niego con la cabeza y le sonrío para tranquilizarla. Si me pegó un susto tremendo, pero no es por ella que todos mis sentidos están en alerta.
—Estoy bien, ¿sabes en donde está mi mamá?
—La señora subió a su habitación hace un momento, dijo que quería descansar un poco antes de la cena. —Es probable que este de buen humor, de lo contrario estaría rondando por aquí.
—Puedes decirle que la espero en el salón, por favor. —Asiente y luego de asegurarse de que estoy bien se retira.
Tomo el vaso de la encimera y bebo el resto del contenido sin respirar, para luego prácticamente correr al salón. Los grandes ventanales de piso a techo dejan entrar mucha luz natural a pesar de que a esta hora el sol lanza sus últimos rayos coloreando el horizonte de naranja. También permiten una vista impresionante del perfecto jardín de mi madre, en donde las luces artificiales se empiezan a encender por sí solas. Concentro mi atención en el paisaje sintiendo como los latidos frenéticos de mi corazón adoptan un ritmo más controlado.
No debería de estar tan asustada, es mi vida y se supone que solo yo puedo decidir qué hacer con ella, pero con mis padres queriendo organizar mi vida a su antojo a pesar de que soy un adulto funcional, cualquier decisión que tomo por lo general debe contar con su aprobación.
Espero que Tristán tenga razón y esto funcione. El repiquetear de los tacones en el piso de mármol, me trae de vuelta a la casa de mis padres, sus pasos apresurados son el preámbulo de la urgencia que tiene en decirme algo que para ella es importante. Cuando aparece en mi campo visual su rostro se ilumina como si hubiera visto la octava maravilla del mundo, trago saliva mientras ella esboza una radiante sonrisa que me congela por completo, creo he dejado de respirar y sin darme cuenta me asfixio lentamente.
—¡Natalia quería! —exclama con un tono cargado de emoción—, al fin has llegado, creí que no vendrías hoy. —Me toma por los hombros con sus manos, me observa por un segundo como si se hubiera ganado la lotería y luego me abraza con tanta fuerza que duele.
¿Pero qué demonios es lo que sucede?
—¿Estás bien, mamá? —inquiero preocupada por cualquier cosa que vaya a decir.
Sus alegrías siempre significan que otro es el sacrificado, o más bien yo.
—Estoy perfecta, hija. —Me empuja hacia el sofá y me hace sentar junto a ella. Creo que jamás en la vida me había tocado tanto como en este momento—. Te encontré un esposo, un hombre que está dispuesto a casarse contigo sin necesidad de conocerte en una cita y que además le dará a tu padre una cuantiosa dote…
—¡¿Qué?! —Sus palabras mueren en su boca y sus ojos se abren tanto que por un instante es como si se salieran sus órbitas—. ¿Te has vuelto loca mamá? —Me levanto de golpe y me aparto de su lado sintiendo como la irritación me sube por el esófago.
—No —dice y se levanta también recuperándose de la impresión—, no, Natalia, no me he vuelto loca. —Camina hacia mí muy lentamente, como un depredador—. Solo encontré lo que necesitas: un esposo con una excelente posición económica, que además, cuya unión, beneficia a tu familia en muchos sentidos —señala como si me explicara a detalles como tomar una fotografía con la mayor calidad posible utilizando la cámara del teléfono—. Ambas sabemos que todos tus pretendientes se han decepcionado de ti luego de la primera cita, así que porque no mejor conocerse en el altar.
A cada palabra que pronuncia pienso más y más que en definitiva se ha vuelto completamente loca.
—Tu futuro esposo es uno de los amigos de tu padre, claro te lleva algunos añitos de más, pero no lo aparenta, luce como cualquier hombre de… treinta —continúa al tiempo que rebusca en su bolso y saca una fotografía—. Es muy guapo, ¿no crees? —Por reflejo tomo la foto de su mano, pero mis ojos permanecen en el rostro sonriente de mi mano.
La miro incrédula sin poder definir qué es lo que pasa por su cabeza, una cosa es tratar de ligarme con algún riquillo imbécil de mi edad, pero llegar al punto de hacerlo con un tipo que podría ser mi padre.
—Esto es el colmo, mamá. —Mi voz sale más calmada de lo que esperaba.
—Tiene una fortuna impresionante hija —anuncia como si eso fuera motivo suficiente—. Es viudo y no tiene hijos —continúa—, además, el sexo a tu edad es mejor tenerlo con hombres mayores, hombres experimentados, que ya saben cómo complacer a una mujer y quizás eso ayude a que te embaraces en poco tiempo, yo tenía tu edad cuando tuve a mi primer hijo. —La veo, la escucho y sigo sin creerlo, es como si mi cerebro no pudiera procesar del todo que su realidad y la mía no son la misma.
—¡Por Dios! —exclamo alterada, aunque mi voz se mantiene extrañamente moderada y serena—.¡¿Qué diablos pasa por tu cabeza, mamá?! —Me dejo caer en el sofá de nuevo sintiendo que en cualquier momento me dará una apoplejía por todas las locuras que le escucho decir—. Yo no necesito que hagas de celestina conmigo y mucho menos que intentes emparejarme con el abuelo de Barney. Tampoco quiero que me aconsejes quedarme embarazada para asegurar que un hombre se quede a mi lado, eso es lo más absurdo que he oído en toda mi vida. —Aprieta los labios para ocultar el ligero temblor que se apodera de ellos—. Estoy consciente de que a ti te funcionó lo del matrimonio arreglado, pero a mí no ni a mis hermanos y lamento tener que decirte esto, pero ya estoy casada, soy parte de la deshonra de esta familia —anuncio con fuerza, aunque sin alzar la voz ni hacer ningún tipo de espectáculo.
De nuevo abre los ojos y esta vez, si se le salen de sus órbitas, las venas de su cuello se hinchan a la vez que su rostro se torna tan rojo como un tomate. Puedo ver como la ira se acumula dentro de su pecho y le sube por la garganta, como un volcán a punto de hacer erupción. Ahora no estoy muy segura de la decisión que tomé, aunque a decir verdad, me libro de tener que casarme con un hombre mucho mayor que yo.
—Dime que no acabas de decir, lo que creo que escuche salir de tu boca —ordena tratando de controlar el ataque histérico que pugna por salir de su interior.
—El sábado haré una cena en mi departamento, para presentarles formalmente a mi esposo y te advierto, Eva y mi sobrino están invitados a esa comida. —Me levanto del sofá, le doy una última mirada y camino hacia la salida.
Afuera el aire frío me eriza la piel. A pesar de la discusión, y de la tensión que me pesa sobre los hombros, me siento libre, en paz. Como si ya no hubiera ataduras alrededor de mis tobillos, quizás lo que hice estuvo mal, pero fue la mejor decisión que he tomado en toda mi vida. Antes de volver a mi casa, decido pasar a ver a mi hermana, por lo que rodeo la propiedad y llamo a su puerta. Me recibe con un abrazo como siempre, me hace pasar y además de abrazar y besar a mi sobrino, le cuento las últimas noticias.
Digamos que no le disgusta del todo lo que hice, pero si me pide que tenga cuidado, después de todo Tristán es un completo extraño para mí y ahora estaremos compartiendo un mismo techo.
Pensar en tu piel desnuda excita a mi alma, me nubla la razón y pierdo el control.TristánEl silencio que nos envuelve pesa sobre mis hombros. Los pies de Natalia se tambalean a cada paso; desde anoche las cosas se complicaron entre los dos y ahora no sé cómo darle apoyo. No encuentro las palabras correctas para decirle. Ni siquiera yo mismo sé si todo va a estar bien. Al llegar a la pesada puerta que separa los aposentos privados de los reyes del resto, me detengo un segundo. No porque lo necesite, sino porque noto cómo a ella le cuesta respirar.Aspira hondo. Se cuadra de hombros y adopta una expresión de serenidad que realmente no tiene. Alzo la mano y toco un par de veces. Desde adentro, la voz de mi madre se oye con claridad, dulce y cálida. No sabía cuánto la había extrañado hasta ahora. Abro la puerta y le doy paso a mi esposa; entro detrás de ella y cierro. El aroma del perfume dulce y suave de mi madre flota en el aire, haciendo que mis labios se curven involuntariamente.—M
Un corazón muerto es lo que late en mi pecho. Pero tus manos, tu voz, tu mirada…TristánEl eco de sus palabras todavía flota en el aire mientras salgo de la cama y busco mi ropa. No quiero irme sin antes hablar con ella, saber qué es lo que la molestó y pedirle disculpas, pero algo muy dentro me dice que lo mejor es dejarla sola y esperar a que la tensión se calme. Cuando salgo de su alcoba, estoy a medio vestir. De camino a mi habitación, me cruzo con Eve y Eli; la mayor clava una mirada asesina en mí y apresura el paso, ignorando por completo a la amiga de Natalia, que se detiene a saludarme mientras me recorre con la mirada.Paso de ella y sigo hasta mi habitación. Cierro la puerta detrás de mí con un golpe seco que retumba en el silencio."Espero que no vuelvas a entrar en mi habitación".Sacudo la cabeza para intentar desaparecer el espiral de desesperación y dudas que no me deja pensar con claridad. Entro al baño y me quito la poca ropa que llevo puesta. Me paso una mano por el
El miedo a lastimarte me oprime el pecho y me roba el deseo de seguir.Tristán Siento el calor de su cuerpo contra el mío, el rastro de nuestra primera noche juntos aún húmedo sobre su vientre. Natalia se acomoda en mi pecho buscando un refugio que no sé si puedo darle. Al rodearla con mi brazo, noto cómo mi propio cuerpo se contrae, incapaz de relajarse. Sé que siente mi tensión; la conozco lo suficiente para saber que ya está sacando sus propias conclusiones, pensando que esto fue un error. Pero no es arrepentimiento lo que me congela, es el pánico a lo que pueda sentir. La he arrastrado a un lugar desconocido para ella y ahora he sembrado en su piel una ilusión que no estoy seguro de poder hacer realidad. He cruzado la línea.Con la mejilla apoyada en mi pecho, siento su respiración relajarse. Está dormida o finge estarlo. Su cercanía me quema la piel y al mismo tiempo no quiero que se aleje. Es demasiado contradictorio esto que estoy sintiendo. La forma en la que se aferró a mí h
Me embebo de ti y me vuelvo adicta a la promesa de tus caricias.NataliaEl éxtasis explota en mi cabeza mientras sus manos me desgarran la ropa con agilidad. Me pierdo por completo en el recorrido de sus dedos sobre mi piel desnuda, jadeo y mi espalda se despega del colchón cuando su boca se cierra alrededor de mi pezón. Me aferro a su pelo como si eso pudiera evitar que mi cuerpo caiga al vacío.Sus manos… oh sí, sus benditas manos, me recorren sin ningún pudor, incrementando mi excitación; la piel me arde y mi centro palpita ansioso por sentir su toque cálido. De pronto su boca vuelve a la mía a la vez que una de sus manos desciende lentamente por mi abdomen, dejando un hormigueo delicioso en su recorrido.—¡Dios! —Sus dedos se posan sobre mi clítoris con firmeza y ejercen presión al tiempo que dibujan pequeños círculos que me cortan el aliento.Mis pensamientos se mezclan entre sí, llenando mi cabeza de confusión y de una sensación adictiva que no quiero dejar de sentir. Su mano l
La vida pierde color mientras lucho por conservar su sabor.NataliaLlegar a Dublín no fue para nada parecido a lo que Cillian había dicho. Fue estresante tener que pasar por en medio de un mar de cámaras y periodistas haciendo cientos de preguntas mientras sus micrófonos amenazan con hacernos una lobotomía. Desde el beso que Eve interrumpió, fue la primera vez que Tristán se acercó a mí. Me protegió con su cuerpo al tiempo que su mano no soltaba la mía.Quiero creer que lo que sentí fue real y no solo una actuación delante de los medios. Pero cuando los flashes se apagaron detrás de los cristales oscuros de las ventanillas, el frío se volvió a instalar entre nosotros. No debería sentirme tan mal por su actitud, por la indiferencia con la que me trata; después de todo, desde un principio dijimos que esto solo sería un timo, una estúpida farsa.Que no habría sentimientos entre nosotros, pero… ese beso despertó demasiadas cosas dentro de mí como para poder ignorarlas. Y me duele que me
Dar un paso atrás no siempre es cobardía; a veces es evitar el incendio para no quemar a quien tienes enfrente.TristánMe retiro a un extremo del avión junto con mi hermano luego de haber dejado instaladas a Natalia y sus hermanas. Después de la conversación con Eve, decidí mantener distancia con Natalia, es decir, soy cortés con ella, pero evito a toda costa cualquier tipo de acercamiento; no quiero que la situación en mi habitación se vuelva a repetir. Con todas las cosas que tengo en la cabeza, que ella no se haga ilusiones conmigo es lo único que puedo controlar en este momento.Aunque no voy a negar que me ha dolido ver cómo la tristeza se asienta en sus ojos cada vez que intenta hablar y yo solo la evado, sin excusas, sin aviso, solo callo sus palabras antes de que pueda pronunciarlas. No quiero sentirme así, ni hacerle daño; hago lo mejor para ella. Dentro de un año ya no seremos nadie en la vida del otro.El avión despega. Cillian habla sin parar, pero mi atención está puesta







