LOGINPensar en tu piel desnuda excita a mi alma, me nubla la razón y pierdo el control.TristánEl silencio que nos envuelve pesa sobre mis hombros. Los pies de Natalia se tambalean a cada paso; desde anoche las cosas se complicaron entre los dos y ahora no sé cómo darle apoyo. No encuentro las palabras correctas para decirle. Ni siquiera yo mismo sé si todo va a estar bien. Al llegar a la pesada puerta que separa los aposentos privados de los reyes del resto, me detengo un segundo. No porque lo necesite, sino porque noto cómo a ella le cuesta respirar.Aspira hondo. Se cuadra de hombros y adopta una expresión de serenidad que realmente no tiene. Alzo la mano y toco un par de veces. Desde adentro, la voz de mi madre se oye con claridad, dulce y cálida. No sabía cuánto la había extrañado hasta ahora. Abro la puerta y le doy paso a mi esposa; entro detrás de ella y cierro. El aroma del perfume dulce y suave de mi madre flota en el aire, haciendo que mis labios se curven involuntariamente.—M
Un corazón muerto es lo que late en mi pecho. Pero tus manos, tu voz, tu mirada…TristánEl eco de sus palabras todavía flota en el aire mientras salgo de la cama y busco mi ropa. No quiero irme sin antes hablar con ella, saber qué es lo que la molestó y pedirle disculpas, pero algo muy dentro me dice que lo mejor es dejarla sola y esperar a que la tensión se calme. Cuando salgo de su alcoba, estoy a medio vestir. De camino a mi habitación, me cruzo con Eve y Eli; la mayor clava una mirada asesina en mí y apresura el paso, ignorando por completo a la amiga de Natalia, que se detiene a saludarme mientras me recorre con la mirada.Paso de ella y sigo hasta mi habitación. Cierro la puerta detrás de mí con un golpe seco que retumba en el silencio."Espero que no vuelvas a entrar en mi habitación".Sacudo la cabeza para intentar desaparecer el espiral de desesperación y dudas que no me deja pensar con claridad. Entro al baño y me quito la poca ropa que llevo puesta. Me paso una mano por el
El miedo a lastimarte me oprime el pecho y me roba el deseo de seguir.Tristán Siento el calor de su cuerpo contra el mío, el rastro de nuestra primera noche juntos aún húmedo sobre su vientre. Natalia se acomoda en mi pecho buscando un refugio que no sé si puedo darle. Al rodearla con mi brazo, noto cómo mi propio cuerpo se contrae, incapaz de relajarse. Sé que siente mi tensión; la conozco lo suficiente para saber que ya está sacando sus propias conclusiones, pensando que esto fue un error. Pero no es arrepentimiento lo que me congela, es el pánico a lo que pueda sentir. La he arrastrado a un lugar desconocido para ella y ahora he sembrado en su piel una ilusión que no estoy seguro de poder hacer realidad. He cruzado la línea.Con la mejilla apoyada en mi pecho, siento su respiración relajarse. Está dormida o finge estarlo. Su cercanía me quema la piel y al mismo tiempo no quiero que se aleje. Es demasiado contradictorio esto que estoy sintiendo. La forma en la que se aferró a mí h
Me embebo de ti y me vuelvo adicta a la promesa de tus caricias.NataliaEl éxtasis explota en mi cabeza mientras sus manos me desgarran la ropa con agilidad. Me pierdo por completo en el recorrido de sus dedos sobre mi piel desnuda, jadeo y mi espalda se despega del colchón cuando su boca se cierra alrededor de mi pezón. Me aferro a su pelo como si eso pudiera evitar que mi cuerpo caiga al vacío.Sus manos… oh sí, sus benditas manos, me recorren sin ningún pudor, incrementando mi excitación; la piel me arde y mi centro palpita ansioso por sentir su toque cálido. De pronto su boca vuelve a la mía a la vez que una de sus manos desciende lentamente por mi abdomen, dejando un hormigueo delicioso en su recorrido.—¡Dios! —Sus dedos se posan sobre mi clítoris con firmeza y ejercen presión al tiempo que dibujan pequeños círculos que me cortan el aliento.Mis pensamientos se mezclan entre sí, llenando mi cabeza de confusión y de una sensación adictiva que no quiero dejar de sentir. Su mano l
La vida pierde color mientras lucho por conservar su sabor.NataliaLlegar a Dublín no fue para nada parecido a lo que Cillian había dicho. Fue estresante tener que pasar por en medio de un mar de cámaras y periodistas haciendo cientos de preguntas mientras sus micrófonos amenazan con hacernos una lobotomía. Desde el beso que Eve interrumpió, fue la primera vez que Tristán se acercó a mí. Me protegió con su cuerpo al tiempo que su mano no soltaba la mía.Quiero creer que lo que sentí fue real y no solo una actuación delante de los medios. Pero cuando los flashes se apagaron detrás de los cristales oscuros de las ventanillas, el frío se volvió a instalar entre nosotros. No debería sentirme tan mal por su actitud, por la indiferencia con la que me trata; después de todo, desde un principio dijimos que esto solo sería un timo, una estúpida farsa.Que no habría sentimientos entre nosotros, pero… ese beso despertó demasiadas cosas dentro de mí como para poder ignorarlas. Y me duele que me
Dar un paso atrás no siempre es cobardía; a veces es evitar el incendio para no quemar a quien tienes enfrente.TristánMe retiro a un extremo del avión junto con mi hermano luego de haber dejado instaladas a Natalia y sus hermanas. Después de la conversación con Eve, decidí mantener distancia con Natalia, es decir, soy cortés con ella, pero evito a toda costa cualquier tipo de acercamiento; no quiero que la situación en mi habitación se vuelva a repetir. Con todas las cosas que tengo en la cabeza, que ella no se haga ilusiones conmigo es lo único que puedo controlar en este momento.Aunque no voy a negar que me ha dolido ver cómo la tristeza se asienta en sus ojos cada vez que intenta hablar y yo solo la evado, sin excusas, sin aviso, solo callo sus palabras antes de que pueda pronunciarlas. No quiero sentirme así, ni hacerle daño; hago lo mejor para ella. Dentro de un año ya no seremos nadie en la vida del otro.El avión despega. Cillian habla sin parar, pero mi atención está puesta







