登入POV: Elena
El peso sofocante de la mirada de Jace me siguió a través de toda la multitud. Mantuve la cabeza baja, abriéndome paso entre cuerpos sudorosos e ignorando las miradas perdidas de personas demasiado borrachas para preocuparse, pero lo suficientemente sobrias como para susurrar. Mi corazón golpeaba frenéticamente contra mis costillas cuando finalmente llegué a las pesadas puertas de roble de la biblioteca. Prácticamente me lancé dentro, cerrando la puerta detrás de mí hasta que los graves ensordecedores de la sala quedaron completamente bloqueados.
El aire en la biblioteca era más fresco y olía a papel viejo y cuero. Encontré mi cargador y mi libro exactamente donde los había dejado sobre el escritorio. Los sujeté con fuerza contra mi pecho como si fueran un escudo y respiré profundamente.
¿Por qué mi corazón latía tan rápido en primer lugar? No era como si me importara. Solo saldría de nuevo. Subiría directamente las escaleras y, bajo ninguna circunstancia, lo miraría.
Envolví mis dedos alrededor del pomo y abrí la puerta, regresando directamente a la guarida de los leones.
La fiesta había empeorado todavía más.
El aire era más espeso ahora, cubierto por humo y el olor agrio del alcohol derramado. Intenté mantenerme pegada a las paredes, usando los grandes pilares de mármol para ocultarme de la vista, pero la multitud en el centro de la sala había cambiado de posición y ahora bloqueaba completamente el paso hacia la escalera principal.
Jace no se había movido de su lugar junto al gran piano, pero alguien se había colocado a su lado.
Camille Hayes. La conocía porque era una joven modelo muy popular aquí en Los Ángeles. También se decía que estudiaba en Halden.
Incluso en medio de una fiesta universitaria completamente fuera de control, Camille parecía una mujer salida directamente de una pasarela. Llevaba un hermoso vestido negro de diseñador que prácticamente gritaba dinero viejo, y su cabello rubio caía en ondas perfectas y brillantes alrededor de sus hombros. Por los susurros de la multitud, había escuchado que llevaba más de un año saliendo con Jace; una relación que los blogs universitarios trataban prácticamente como una boda real.
Pero en ese momento, su rostro perfecto estaba deformado por una furia absoluta.
Intenté pasar junto a ellos, mis botas avanzando silenciosamente sobre el suelo de madera, pero la repentina caída en el volumen de la habitación me hizo detenerme.
—¿Hablas en serio, Jace? ¿De verdad vas a fingir que no sabes nada? —la voz afilada de Camille atravesó el ruido, cargada de puro veneno.
Jace permaneció inmóvil. Su enorme cuerpo se alzaba sobre ella. Movió lentamente el líquido dentro de su vaso rojo y su expresión seguía siendo una máscara de aburrimiento y arrogancia despreocupada, aunque el músculo que se tensaba en su mandíbula lo delataba.
—Camille, no hagas esto aquí. Estás armando un espectáculo.
—¿Yo estoy armando un espectáculo?
Soltó una risa aguda y amarga que hizo que más personas voltearan a mirar. Sacó su teléfono y prácticamente lo estampó frente a su rostro.
—Entonces explícame esto. Explícame por qué tres chicas de Alpha Phi tienen mensajes de tu número privado.
¡Explícame por qué la junta atlética está recibiendo denuncias anónimas sobre daños a una propiedad en el hotel del centro el fin de semana pasado!
Contuve la respiración. La habitación pareció cerrarse aún más a mi alrededor. En la Universidad Halden, las becas deportivas no dependían únicamente del talento; existía una cláusula moral despiadada. Si atrapaban a un jugador en un escándalo de infidelidad o, peor aún, lo vinculaban con conductas irresponsables o destrucción de propiedad, el departamento atlético lo abandonaría incluso antes de que los medios se enteraran.
La postura relajada de Jace desapareció al instante. Sus ojos grises se oscurecieron peligrosamente mientras arrebataba el teléfono de las manos de Camille, sus nudillos volviéndose blancos bajo las luces.
—Ya te dije que no fui yo. Alguien está fabricando esta m****a para arruinar mi temporada.
—Guárdatelo —escupió Camille con absoluto desprecio.
Se acercó más y clavó una uña perfectamente arreglada en su pecho.
—No voy a quedarme sentada viendo cómo tus problemas y tu equipaje emocional destruyen la reputación de mi familia. Mi padre es uno de los mayores donantes de esta universidad, Jace. Si le digo que eres un problema, estás acabado.
Jace no retrocedió. Se inclinó hacia ella mientras su orgullo de atleta alfa se encendía y su pecho subía y bajaba con respiraciones agitadas.
—¿Crees que controlas mi carrera, Camille? Inténtalo.
—No necesito intentarlo —susurró lo suficientemente alto como para que todos los del círculo cercano pudieran escucharla.
Miró alrededor de la sala. Sus ojos recorrieron a sus compañeros congelados antes de volver a él una última vez.
—Se acabó, Jace. Y para el lunes por la mañana, la junta atlética verá cada captura de pantalla que tengo. Disfruta el título de capitán mientras todavía puedas.
Giró sobre sus talones. Su vestido de diseñador ondeó detrás de ella mientras caminaba hacia la puerta principal, empujando a dos estudiantes de primer año que no se apartaron lo suficientemente rápido.
Las enormes puertas se cerraron de golpe detrás de ella.
El sonido resonó como un disparo en el silencioso vestíbulo.
La música seguía sonando, pero una tensión pesada, incómoda y sofocante cayó sobre la sala. Jace permaneció inmóvil junto al piano, su rostro oscurecido por una furia aterradora. Su orgullo acababa de ser destrozado dentro de su propia casa, frente a las mismas personas que lo adoraban.
Nadie se atrevía a hablarle, y tampoco nadie se atrevía siquiera a mirarlo.
Excepto yo.
Seguía intentando escabullirme hacia las escaleras, sujetando mi cargador con tanta fuerza contra mi pecho que las puntas de plástico casi se clavaban en mi piel.
Como si hubiera sentido mi presencia en medio del silencio de su ira, Jace levantó la cabeza bruscamente. Sus ojos grises, salvajes y ardiendo con una furia peligrosa y completamente fuera de control, se clavaron directamente en los míos.
Su mirada me dejó inmóvil, haciendo que cada instinto de mi cuerpo comenzara a gritarme una sola cosa:
Corre.
POV: ElenaLa vida de Jace cambió cuando el baloncesto dejó de ser algo que amaba y se convirtió en algo que no podía permitirse perder.Al principio, no lo entendía.Para mí, sus partidos siempre habían parecido fáciles. Entraba en la cancha como si fuera suya, tomaba el control del equipo y se movía con una confianza que hacía que todos asumieran que nada podía afectarlo.Pero durante las dos semanas siguientes, empecé a ver lo que ocurría cuando aquella confianza comenzaba a resquebrajarse.Todo empezó con pequeños detalles.Dejó de dormir bien. Se saltaba el desayuno con más frecuencia. Pasaba cada vez más tiempo en el gimnasio después de los entrenamientos, a veces hasta que las luces del exterior de la cancha ya se habían apagado.Cuando le preguntaba al respecto, siempre me daba la misma respuesta.—Estoy bien.Para entonces, ya había aprendido que cuando Jace decía que estaba bien, normalmente significaba todo lo contrario.Una noche, lo encontré sentado sobre la encimera de l
POV: ElenaLa mañana después de la confesión de Richard, la casa se sentía diferente.Nada había cambiado físicamente. Los muebles seguían en sus lugares habituales, las costosas pinturas continuaban adornando las paredes y el personal de servicio trabajaba con su acostumbrada eficiencia silenciosa, como si nuestra familia no hubiera pasado la mitad de la noche descubriendo fragmentos de un pasado que ninguno de nosotros debía conocer.Pero yo ya no podía mirar aquella casa de la misma manera.Cada pasillo parecía guardar un secreto. Cada puerta cerrada me hacía preguntarme qué habría detrás.Estaba a mitad del desayuno cuando Jace entró en la cocina.Parecía agotado. Todavía tenía el cabello húmedo por la ducha y llevaba su bolsa de baloncesto colgada de un hombro.—¿Vas a ir a entrenar?Apartó una silla.—El entrenador adelantó la práctica a las ocho.Miré el reloj.—Apenas has dormido.—Tú tampoco.—Eso no responde a mi pregunta.Me dedicó una sonrisa cansada.—Estás empezando a ha
POV: ElenaEl rostro de Richard me dio la respuesta antes de que pronunciara una sola palabra.Lo sabía.Sabía lo que contenía la carta, de dónde había salido y por qué mi madre había pasado veintiún años manteniéndola oculta.Apreté el papel entre mis dedos.—¿Conocías a mi padre?Los ojos de Richard permanecieron fijos en la carta.—Sabía quién era.—Eso no es lo que te pregunté.Jace estaba de pie a unos pasos de distancia, observando a su padre con una expresión que nunca antes había visto en su rostro. Parecía confundido, pero había algo más debajo de aquella confusión. Decepción, quizá. Tal vez incluso miedo.Richard finalmente me miró.—Daniel Mercer estaba investigando el sistema de financiación deportiva de la universidad.Aiden cruzó los brazos.—Porque se estaban desviando fondos.Richard dirigió su atención hacia él.—Has estado investigando.—Así es.—Eso es peligroso.—También lo es ocultar registros financieros relacionados con un hombre muerto.La mandíbula de Richard
POV: ElenaEl sonido de la puerta principal abriéndose en la planta baja hizo que mi madre se quedara completamente inmóvil.Durante un momento, nadie se movió.Jace estaba de pie a mi lado, con la atención fija en Margot. Aiden sostenía la carta entre las manos, recorriendo con la mirada la escritura descolorida, como si de alguna manera pudiera encontrar una respuesta entre aquellas líneas.Pero la reacción de mi madre me lo dijo todo.Sabía quién acababa de llegar a casa.—¿Quién es? —preguntó Jace.Margot tragó saliva.—Richard.El nombre pareció cambiar la temperatura de la habitación.Miré hacia el pasillo. Desde la planta baja llegaron los sonidos familiares de alguien regresando a casa: la pesada puerta principal cerrándose, unos pasos atravesando el vestíbulo de mármol y el breve intercambio de palabras entre Richard y uno de los empleados de la casa.Mi padrastro había vuelto.Aquel era el hombre cuyo nombre aparecía repetidamente en los registros de Daniel. El hombre del qu
POV: ElenaMi madre abrió la puerta al tercer golpe.Me miró primero a mí, luego a Jace y a Aiden, que estaban detrás de mí, y su expresión cambió.—¿Elena?—Mamá, tenemos que hablar.Sus ojos se desplazaron hacia Jace.—¿Qué ha pasado?—Encontré algo —dije.Las palabras salieron más bajas de lo que pretendía.Se hizo a un lado.—Entren.Entramos en la casa y ella cerró la puerta detrás de nosotros. La calidez familiar de la sala de estar de repente me resultó incómoda. Ahora ya no estaba segura de conocer realmente nada.Mi madre notó la fotografía que sostenía en la mano.Se quedó completamente inmóvil.Vi cómo el color desaparecía de su rostro.—Ya habías visto esta fotografía antes —dije.No respondió.—Mamá.Se dejó caer lentamente en el sofá.—¿Dónde conseguiste eso?—En la habitación de Noah.Sus ojos se clavaron en mí.—¿Noah?—Desapareció —dijo Jace—. Antes de irse, alguien dejó esta fotografía y un mensaje para Elena.Mi madre lo miró.—¿Qué mensaje?Coloqué la nota sobre la
POV: ElenaEl apartamento estaba a oscuras cuando entramos.Jace buscó el interruptor de la luz, pero no pasó nada. Lo intentó de nuevo antes de sacar su teléfono y encender la linterna.El haz de luz recorrió la sala de estar. Todo parecía estar exactamente como lo habíamos dejado, pero había algo en aquel silencio que hizo que se me encogiera el estómago.—Aiden, quédate aquí —dijo Jace.Aiden lo ignoró.—Si alguien ha entrado a la fuerza, quedarnos parados en la puerta no va a servir de nada.Jace le lanzó una mirada de advertencia, pero ninguno de los dos siguió discutiendo.Nos adentramos en el apartamento, revisando cada habitación. La cocina estaba intacta. La sala de estar estaba ordenada.







