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Capítulo 007

Author: Daly3210
last update publish date: 2026-03-03 09:11:29

—Brandon —se arrojó a los brazos del hombre en cuanto lo vió cruzar la puerta de la habitación—. Mi pequeña Luna necesita esa operación. No sé… no sé qué hacer para conseguirlo.

—Tranquila, Julieta —su esposo acarició su cabello con suavidad, mientras ella lloraba en su pecho—. Hablaré con el director de la clínica y con mis contactos en Europa. Si existe un donante compatible en cualquier rincón del mundo, lo encontraremos.

Asintió en silencio, sin poder contener las lágrimas. Sabía perfectamente quién era la persona ideal para eso, pero no estaba dispuesta a revelarle a Xander Thorne la existencia de su hija; especialmente porque estaba segura de que él la rechazaría. Después de todo, en el pasado él había insinuado claramente que ella se había «aprovechado» de su estado de ebriedad. Estaba convencida de que lo último que él querría saber era que había tenido una hija con la «chica gorda» que despreció.

Solo recordarlo le traía una sensación de pesadez, pero no era solo eso; era el hecho de saber que debería confiarle a su esposo algo tan importante.

¿Cómo se tomaría Brandon la noticia de que el padre de su hija era su futuro cuñado? Sin duda, esto arruinaría las cosas entre ellos, así que, nuevamente, prefirió guardar silencio.

Después de años de soledad, se había acostumbrado demasiado a eso. El silencio era su única compañía desde que perdió a su madre en aquel trágico accidente.

Durante meses se la pasó oculta en las tierras altas de Cumbria, cerca de la frontera con Escocia, tratando de que la policía no descubriera que seguía viva. Una pareja de ancianos la acogió en una granja remota, aunque a cambio debía realizar trabajos forzosos que no tardaron en volver sus manos callosas. Sin embargo, las labores se detuvieron cuando se dio cuenta de que estaba esperando a su pequeña Luna. Para ese entonces, ya habían pasado más de tres meses y había perdido peso debido a una huelga de hambre autoimpuesta. Había querido, verdaderamente, perder la batalla, pero fue su pequeña hija quien le dio la fuerza necesaria para seguir viviendo.

Era otoño cuando llegó el momento de dar a luz.

Recordaba esa tarde con claridad: ayudaba al anciano Silas a recoger las últimas ovejas en la parte más alta de la ladera. Una punzada la hizo caer de rodillas sobre el pasto húmedo y el lodo. No tuvo tiempo de regresar a la granja.

No había podido tener un control prenatal como el resto de las embarazadas. No supo lo que era una ecografía y, mucho menos, supo reconocer las señales de su propio cuerpo, el cual le indicaba que había estado dilatando desde hacía más de dos días.

El momento llegó y su pequeña Luna nació así, mientras ella estaba sola, porque Silas había corrido a buscar a su esposa. Ninguno llegó a tiempo para sostener su mano mientras pujaba.

Dolía tanto... lo recordaba con claridad. Pero no solo era el dolor físico, era el hecho de saber, nuevamente, que estaba sola.

Pensó que pasaría el resto de su vida en el campo siendo una persona anónima, pero entonces pasó un año y su pequeña hija empezó a mostrar las primeras señales de su enfermedad, obligándola a salir de su escondite.

Luego llegó Brandon como un rayo de luz.

—Te prometo que conseguiremos una solución —la voz de su esposo la trajo de vuelta al presente.

Ella sonrió. Las pocas sonrisas genuinas que había tenido desde la muerte de su madre eran exclusivamente para su hija y Brandon. Nadie más la hacía sonreír como ellos; hubo un tiempo en el que incluso pensó que había olvidado cómo hacerlo.

[...]

La mirada de Xander se encontraba perdida en el gran ventanal de su oficina, pero no estaba viendo nada en realidad. Lo único que hacía era repetir una y otra vez la imagen de la cena: la mujer que había conocido, su expresión suave y serena, esos ojos… Sentía que los había visto antes; estaba casi seguro de ello. Pero ella había asegurado que no, y la señora Bianchi no tenía motivos para mentir. Sin embargo, algo en esa mujer le inquietaba al punto de no abandonar sus pensamientos desde que la vio.

Sabía que no era correcto. ¿Cómo podía estar pensando en otra mujer mientras tenía una prometida? Pero lo hacía. ¡Maldición, lo hacía! Y no quería dejar de hacerlo.

Julieta Bianchi parecía haber llegado para quedarse instalada en su mente, y él no quería luchar contra eso.

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Comments (1)
goodnovel comment avatar
Imelda Aguirre
jajajaja ahora si le atraía por estar delgadaaa
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