LOGINPOV: Liora
Vi personas vestidas con trajes elegantes y vestidos costosos. A simple vista, podía reconocer que muchos de ellos eran personas importantes.
Por un instante, recordé a mi madre organizando eventos como aquel. Recuerdo haberla visto sonreír mientras caminaba entre los invitados, orgullosa de todo lo que había construido.
Sonreí con tristeza.
A lo lejos, vi a una chica vestida igual que yo. En un dos por tres la chica se acercó a mí.
—¿Eres nueva?
Yo solo me limité a asentir.
—Ven conmigo. Ya te están esperando.
La seguí.
Y por fin llegué hasta el salón de la mansión. Lo conocía muy bien, pero tenía que fingir que no. Me quedé unos segundos mirando todo detenidamente. Era increíble cómo, robando lo que no era tuyo, podías llegar a tener una casa así.
—¿Qué haces ahí parada? Sígueme —me dijo la chica, devolviéndome a la realidad.
Entonces empecé a caminar otra vez detrás de ella. Me llevó a una habitación que claramente era matrimonial.
Así que aquí duermen los honorables señores Moreau.
Sonreí para mis adentros y negué lentamente con la cabeza. Enfoqué mi mirada en la chica, que empezó a explicarme todo.
—Vas a esperar aquí a la señora Moreau y vas a ayudarla a vestirse. Desde ahora te digo que tienes que ser muy cuidadosa, porque a ella no le gustan los errores, ni siquiera el más mínimo —dijo.
Yo, como una empleada sumisa que necesitaba el trabajo urgentemente, respondí:
—Sí, no te preocupes. Haré mi trabajo sin ningún error.
—Bien —dijo ella, y con eso salió de la habitación.
Empecé a observar el lugar; era muy hermoso. Vi un retrato de Camille y Gabriel sobre la mesa y apreté el marco hasta que mis dedos se pusieron blancos.
Escuché a alguien subir las escaleras y rápidamente dejé el retrato en su lugar. Me coloqué al lado de la cama y, por fin, se abrió la puerta. Era nada más y nada menos que Camille. Sentí los nervios recorrerme el cuerpo, pero mantuve la sonrisa. No podía permitirme que ella notara nada.
—¿Tú quién eres? ¿Por qué estás aquí? —preguntó.
—Hola, señora. Me llamo Amelia y me han dado la orden de ayudarla a prepararse —respondí.
—Bien, entonces ayúdame, ya voy muy retrasada. Toma mi vestido, que está colgado, y ten cuidado de no arrugarlo y mucho menos ensuciarlo —dijo.
Yo asentí e hice lo que me dijo. Tomé el vestido del clóset y la vi ponerse el labial. Pero, al girarme un momento, sentí que alguien me observaba. Miré de reojo: era Camille. No me quitaba la mirada de encima.
Me estremecí, pero no me moví de donde estaba, hasta que su pregunta me sorprendió.
—Tú y yo ya nos hemos visto antes, ¿cierto? —dijo.
Sentí cómo mis manos empezaban a sudar. Me tranquilicé; no quería echarme de cabeza, así que respondí:
—No, señora. Es imposible que nos hayamos visto en algún lugar.
—Estoy de acuerdo contigo —dijo—. Pero siento algo extraño cuando te veo.
Respondí antes de que empezara a indagar más:
—Seguramente es por los nervios, señora —dije, tratando de que mi voz no sonara tan temblorosa.
Ella me observó por última vez.
—Sí, tienes razón. Seguro son los nervios. Además, eres solo una sirvienta. ¿Qué importancia tendrías?
Apreté el vestido que aún tenía entre mis manos, pero rápidamente relajé los dedos. No podía permitirme reaccionar así.
—Ven. Ayúdame a ponerme el vestido —dijo.
Me acerqué a ella, la ayudé a colocarse la prenda y a cerrarla. Se miró por última vez en el espejo y me dijo:
—¿Qué haces aún aquí? Ya me has ayudado. Ahora ve abajo a servir las bebidas.
Yo asentí rápidamente y salí del cuarto antes de terminar por arruinarle la vestimenta. Bajé lentamente las escaleras y me dirigí al área de la cocina para empezar con el trabajo. Tomé una bandeja con champaña y empecé a repartirla.
El salón estaba lleno de personas elegantes, conversaciones y música. Desde donde me encontraba podía observar a casi todos los invitados sin llamar demasiado la atención.
Perfecto…eso era exactamente lo que necesitaba.
Mientras caminaba entre las mesas, mis ojos recorrieron el lugar hasta detenerse en una persona que conocía demasiado bien: Gabriel Moreau. Estaba al otro lado del salón, conversando con algunos hombres. Me quedé observándolo durante unos segundos. Después de tantos años, por fin estaba frente a mí.
Apreté con fuerza la bandeja entre mis manos y respiré profundamente. No podía perder el control; no esta noche.
Lo vi hablando con un tipo de aspecto tenebroso. Por lo alto de la música, tenían que hablarse muy cerca. Gabriel le hizo una seña con la mano para que lo siguiera, así que vi mi oportunidad de descubrir qué estaban tramando.
Me escabullí entre la gente y empecé a seguirlos. Se encerraron en una habitación que claramente era su oficina. Me acerqué y, por suerte, habían dejado la puerta entreabierta.
—¿Recuerdas al tipo que te debe dinero? —le preguntó el hombre tenebroso, cuyo nombre todavía no sabía.
—Sí, me acuerdo de él. ¿Por fin va a pagarme la mercancía o todavía se niega? —preguntó Gabriel.
—Todavía se niega y, lo peor, es que trata de escapar del país.
—Está bien. Está claro que hay personas tan malagradecidas que no valoran lo que uno hace por ellas —dijo Gabriel.
—¿Qué hacemos, Gabriel?
—¿Qué más vamos a hacer, Raphael? —respondió Gabriel. Así que así se llamaba—. Vamos a matarlo.
—¿Quieres matar hasta a sus hijos? —preguntó Raphael.
—Que se mueran todos. Que no quede ninguno vivo. No me interesa la vida de los demás, solo la mía. Así me quedo hasta con sus territorios y socios —dijo Gabriel con frialdad.
Los vi acercarse a la puerta, así que rápidamente me escondí detrás de unas cortinas. Esperé hasta verlos alejarse y solo entonces salí de mi escondite.
Regresé al salón y seguí repartiendo las bebidas. Mi querido Gabriel continuaba haciendo lo que mejor sabía hacer: apoderarse de los negocios de los demás y quitar del camino a cualquiera que se interpusiera en sus planes. Pero ahora yo estaba dispuesta a descubrir hasta dónde podía llegar… aunque en el fondo ya lo sabía.
Me acerqué al grupo donde estaba Gabriel ofreciéndoles bebidas. Las tomaron, pero ni siquiera me prestaron atención. Lo último que alcancé a escuchar fue:
—Entonces, el trato ya está hecho.
Estaba a punto de girarme para ir a la cocina cuando una chica tropezó conmigo y provocó que le derramara el resto de la bebida a Gabriel. Abrí los ojos de par en par y empecé a disculparme muy tímidamente, aunque por dentro lo disfrutaba.
—Lo siento muchísimo, señor. No fue mi intención.
Todos en el salón guardaron silencio. Vi el enojo en los ojos de Gabriel, que he de admitir que me asustó un poco.
—Eres una estúpida incompetente. ¿No sabes hacer bien tu trabajo? —dijo.
Nadie en el salón intervino. Más bien, vi a todos bajar la cabeza. Solo pude pensar: ¿Tanto le temen a este tipo? ¿Qué ha hecho para que hombres de su nivel le teman tanto?
Como sabía que nadie iba a ayudarme, actué de manera inocente:
—Señor, me disculpo. Por favor, perdóneme, pero no fue mi culpa. La señorita me empujó.
—Eso no es cierto —dijo la pelinegra—. Ella fue la que no tuvo cuidado, así que no vengas a echarme la culpa de no saber hacer bien tu trabajo.
La observé con los ojos entrecerrados y los puños apretados. Está más que claro que va directo a mi lista negra.
—¡Suficiente! —se escuchó el grito de Gabriel por todo el salón—. Niña estúpida, ¿sabes cuánto cuesta este traje? Vale más de lo que cobras.
Antes de que me echara, actué rápido y empecé a llorar.
—Señor, perdone. Se lo ruego, no me despida. Si pierdo este trabajo, no podré comprarle las medicinas a mi madre.
Me sentí mal por decir eso, ya que Nana era como mi madre. Gabriel se acercó a mí de manera intimidante, pero yo no le bajaba la mirada a nadie. El muy imbécil me recorrió de pies a cabeza y se relamió los labios.
—No me interesa ni tu madre ni sus medicinas. Te largas de aquí.
Observé a todos a mi alrededor, en especial a la pelinegra, que tenía una sonrisa radiante por haber conseguido lo que quería. De pronto, los invitados abrieron paso para que un hombre caminara hacia el centro del salón.
Al verlo, todo mi cuerpo se erizó. Después de tantos años, por fin lo volvía a ver.
Por un instante, olvidé dónde estaba. Olvidé la música, las voces y las copas. Solo podía mirarlo a él.
Había cambiado, pero esos ojos grises… esos ojos jamás podría olvidarlos. Mi corazón dio un vuelco.
—Aiden Moreau —su nombre salió de mis labios en un susurro.
El mismo nombre que durante años había intentado olvidar. El mismo hombre cuya familia había destruido la mía. Y ahora estaba frente a mí, a pocos metros, sin saber que la niña que una vez conoció seguía viva.
Pero esta vez no era Liora la que estaba frente a él. Era Amelia. Y yo había venido a su mundo por una sola razón: venganza.
POV AidenVeo a Amelia salir de mi oficina después de decirle que no confíe demasiado rápido en las personas de aquí.Cuando cerró la puerta, su perfume a vainilla se quedó por toda mi oficina.Me recosté en mi silla, cerré los ojos y respiré profundamente ese perfume.Su nombre vino a mi cabeza.Amelia.Lo dije en un susurroCuando la vi en la mansión siendo atacada por mi padre, me llamó mucho la atención y no sé por qué.Por eso me acerqué a ver qué sucedía, pero, en realidad, lo que quería era verla de cerca.Es una mujer exageradamente hermosa, y sus ojos…Sus ojos me recordaron a mi pequeña Liora, la niña que fue mi amiga durante mi infancia.Recuerdo que me quedé observándola durante un largo rato.No sé por qué, pero sentí una conexión muy fuerte con ella, una conexión que jamás había sentido con ninguna otra mujer.Las mujeres que han pasado por mi vida han sido solo distracciones, algo pasajero, líos de una sola noche.Pero con Amelia es diferente, y entiendo el porqué.Yo j
Después de lo sucedido la noche anterior, hoy me preparo para mi primer día de trabajo como asistente de Aiden. Tengo que admitir que estoy un poco nerviosa. Jamás me imaginé llegar hasta la empresa. Mi objetivo era permanecer en la casa, pero la verdad es que trabajar aquí me viene mucho mejor, ya que puedo descubrir quién es ese tipo al que Gabriel quiere quitar de su camino y observar de cerca cómo trabaja y qué es lo que trama.Elegí un atuendo sencillo, pero elegante. Me puse una blusa blanca de cuello alto y la metí dentro de unos pantalones negros de vestir. Encima me coloqué un blazer negro de corte impecable.Completé el conjunto con unos tacones negros de punta fina y un pequeño bolso del mismo color. Recogí mi cabello con cuidado, dejando algunos mechones rubios sueltos alrededor de mi rostro.No quería llevar nada demasiado llamativo. Era mi primer día en Moreau Industries y quería parecer una empleada más.Me miré una última vez en el espejo antes de salir.Por fuera, par
Mi corazón dio un vuelco cuando lo vi entrar.Habían pasado tantos años desde la última vez que nos vimos. Yo sabía que, tarde o temprano, me lo encontraría, pero jamás me preparé para ese momento.Y por fin lo tenía justo frente a mí.El mismo niño que alguna vez conocí.Negué con la cabeza para alejar los recuerdos del pasado y volví a centrar mi mirada en él.Tenía que admitirlo: era un hombre condenadamente guapo. Me ruboricé un poco, pero cuando vi que comenzaba a acercarse a mí, empecé a temblar.Intenté tranquilizarme lo más que pude.—Mírame —me dijo.Levanté lentamente la cabeza porque, literalmente, tenía frente a mí a un hombre de casi dos metros.Fijé mi mirada en sus ojos grises. Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada, hasta que Gabriel habló.—Hijo, por fin llegas —dijo alegremente.Aiden se acercó a él y le dio un abrazo.—Hola, padre. ¿Se puede saber qué está pasando aquí?—Nada, hijo. Es solo que hay empleados incompetentes que no saben hacer su trabajo.
POV: LioraVi personas vestidas con trajes elegantes y vestidos costosos. A simple vista, podía reconocer que muchos de ellos eran personas importantes.Por un instante, recordé a mi madre organizando eventos como aquel. Recuerdo haberla visto sonreír mientras caminaba entre los invitados, orgullosa de todo lo que había construido.Sonreí con tristeza.A lo lejos, vi a una chica vestida igual que yo. En un dos por tres la chica se acercó a mí.—¿Eres nueva?Yo solo me limité a asentir.—Ven conmigo. Ya te están esperando.La seguí.Y por fin llegué hasta el salón de la mansión. Lo conocía muy bien, pero tenía que fingir que no. Me quedé unos segundos mirando todo detenidamente. Era increíble cómo, robando lo que no era tuyo, podías llegar a tener una casa así.—¿Qué haces ahí parada? Sígueme —me dijo la chica, devolviéndome a la realidad.Entonces empecé a caminar otra vez detrás de ella. Me llevó a una habitación que claramente era matrimonial.Así que aquí duermen los honorables señ
POV: LioraYa habían pasado dos semanas desde que perdí mi trabajo en el bar. Dos semanas enteras en las que me dediqué a afinar cada detalle de mi siguiente movimiento.Mi nana me esperaba en la cocina con el lunch en la mano, tan cariñosa como siempre.—Adiós, Nana. Ya tengo que irme a trabajar —le dije esbozando una sonrisa tranquila.—Adiós, mi niña. Que Dios te bendiga y te acompañe siempre.—Amén, Nanita.Me despedí de ella con un beso en la mejilla y un abrazo apretado. Salí de casa y me alejé a paso rápido hasta la esquina, donde mi taxi ya me esperaba para llevarme a mi casa secreta.Nana no sabía nada de lo que estaba haciendo. No sabía que había perdido el empleo ni que me preparaba para una misión peligrosa, y prefería que continuara en la ignorancia. Algún día le contaría la verdad porque merecía saberlo, pero aún no era el momento adecuado.El taxi me dejó justo frente a la fachada de mi casa secreta. Saqué la llave, abrí la puerta con sigilo y entré.Ese era el momento
POV: LioraEscuché a mi nana tocar la puerta y llamarme con su voz suave.—Mi niña, ¿ya estás despierta?Abrí lentamente los ojos y me reincorporé en la cama, todavía adormilada. Me levanté, caminé hasta la puerta con el cabello desordenado y la abrí. La vi recostada en el marco de madera, con los brazos cruzados sobre el delantal y una sonrisa radiante.—Buenos días, mi niña hermosa. ¿Qué tal has amanecido? —preguntó.Al verla, me abalancé hacia ella y le di un beso en la mejilla junto a un gran abrazo.—Muy bien, nanita. ¿Y tú?—Perfectamente bien, mi niña. He venido a avisarte que el desayuno ya está listo. Te espero abajo.—Muchas gracias, nanita. En un momento bajo.Cerré la puerta y me dirigí al baño. Dejé mi cabello rizado tal como estaba, me puse unos pantalones deportivos, una camiseta de tirantes y mis pantuflas antes de bajar al comedor.Encontré a mi nana sentada esperándome. Me senté a su lado, hicimos nuestra oración de siempre y comenzamos a desayunar. Sobre la mesa hab







