LOGINPOV: Liora
Ya habían pasado dos semanas desde que perdí mi trabajo en el bar. Dos semanas enteras en las que me dediqué a afinar cada detalle de mi siguiente movimiento.
Mi nana me esperaba en la cocina con el lunch en la mano, tan cariñosa como siempre.
—Adiós, Nana. Ya tengo que irme a trabajar —le dije esbozando una sonrisa tranquila.
—Adiós, mi niña. Que Dios te bendiga y te acompañe siempre.
—Amén, Nanita.
Me despedí de ella con un beso en la mejilla y un abrazo apretado. Salí de casa y me alejé a paso rápido hasta la esquina, donde mi taxi ya me esperaba para llevarme a mi casa secreta.
Nana no sabía nada de lo que estaba haciendo. No sabía que había perdido el empleo ni que me preparaba para una misión peligrosa, y prefería que continuara en la ignorancia. Algún día le contaría la verdad porque merecía saberlo, pero aún no era el momento adecuado.
El taxi me dejó justo frente a la fachada de mi casa secreta. Saqué la llave, abrí la puerta con sigilo y entré.
Ese era el momento que tanto había esperado. Por fin tendría en mis manos el informe completo sobre la familia Moreau para descubrir sus pasos y sus secretos más oscuros. Admitía que sentía un nudo de nervios en el estómago, pero la ansiedad por obtener respuestas superaba cualquier temor.
Me dirigí al cuadro de la pared, abrí la caja fuerte y saqué el teléfono encriptado. Lo encendí y, justo en ese instante, la pantalla vibró con un mensaje entrante de mi aliado:
“¿Estás lista para recibir lo que tanto has deseado? En unos minutos llegará el informe. Solo espera y verás.”
Una sonrisa fría dibujó mis labios.
Pasaron exactamente nueve minutos cuando el timbre resonó en el silencio de la casa. Caminé apresurada hacia la entrada y abrí la puerta intentando mantener la compostura. El repartidor me observó de reojo antes de hablar:
—Entrega confidencial para Amelia Mirren.
—Soy yo —respondí.
—Por favor, firme aquí.
Firmé el recibo, tomé el paquete sellado y cerré la puerta. Con las manos temblorosas por la adrenalina, rompí el sello de seguridad, me acomodé en el escritorio y saqué la carpeta. En la portada se leía: Familia Moreau.
Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Deslicé la cubierta y en la primera página apareció la imagen del hombre que me lo había arrebatado todo: Gabriel Moreau.
Observé detenidamente su fotografía. A simple vista, cualquiera diría que era un hombre venerable y confiable; pero en el mundo real, los monstruos sabían vestir de etiqueta. A sus cincuenta y un años, el tiempo le había dejado arrugas marcadas, pero conservaba esa mirada calculadora que tanto odiaba. Apreté los puños sobre la mesa hasta que los nudillos se me pusieron blancos.
Pasé la página. Supuestamente, para la alta sociedad, ese traidor era un ciudadano ejemplar. Sin embargo, los reportes indicaban que a Gabriel le fascinaba gastar sumas desorbitadas en citas secretas con mujeres jóvenes de mi edad. Su fidelidad a su esposa era tan falsa como su reputación.
Deslicé la hoja para ver a la matriarca, Camille Moreau, de 48 años. Para la élite era el modelo de la elegancia, pero los informes revelaban que utilizaba su posición para mover hilos en la sombra y encubrir operaciones dudosas. Tal para cual.
Pero al pasar a la siguiente página, el aire se me congeló en los pulmones: Aiden Moreau.
Mis ojos recorrieron la fotografía, intentando convencerme de que aquel hombre no podía ser el mismo chico del pasado. Pero lo era. Mi corazón comenzó a martillar con violencia. Era el mismo niño que me prometió cosas hermosas de pequeña, solo que ahora se había convertido en un hombre de facciones marcadas y mirada intimidante.
Me obligué a apartar la vista. Recordar las tardes de infancia en el jardín de rosales solo me provocaría una debilidad que no podía permitirme. Limpié una rápida lágrima que amenazaba con salir y volví a concentrarme.
Pasé a los párrafos finales y lo que leí me hizo sonreír con cinismo. La familia Moreau organizaría una gran gala privada para dar la bienvenida a su hijo que llegaba del exterior donde asistirían empresarios, gente millonaria y líderes de la mafia. Y para esa noche, la empresa organizadora estaba contratando personal eventual de banquetes.
Ahí estaba mi oportunidad de infiltración inicial.
Cerré la carpeta. Guardé el teléfono y el informe en la caja fuerte y salí de allí de inmediato.
Cuando llegué a la pequeña casa de mi nana, la encontré en la sala doblando unas sábanas. Respiré hondo antes de darle la noticia; sabía que se preocuparía, pero debía mantener mi historia creíble.
—Nanita… tengo que contarte algo —dije acercándome a ella.
Nana dejó las sábanas sobre el sillón y me miró con atención.
—¿Qué pasa, mi niña? Te ves agitada.
—Es sobre el trabajo en el bar. Hoy… hoy me despidieron.
Nana abrió la boca sorprendida y de inmediato me tomó las manos con ternura.
—¡Ay, mi niña hermosa! Pero ¿por qué? Si tú eres una muchacha tan trabajadora…
—El dueño es un hombre injusto, Nana. Tuvimos una discusión y prefirió prescindir de mí. Pero no te preocupes —añadí rápidamente para tranquilizarla—. Es lo mejor que me ha podido pasar. Ese ambiente era horrible.
—Tienes razón, mi niña. Dios sabe por qué hace las cosas. Verás que vendrá algo mucho mejor —dijo besando mi frente.
Sonreí para darle paz. Subí a mi habitación, encendí mi laptop y me puse a buscar trabajo de inmediato.
Aunque me había graduado con honores en Marketing y Mercadeo Internacional, en ese momento lo único que necesitaba era conseguir un empleo rápido para mantener la fachada frente a Nana y no levantar ninguna sospecha sobre mis ingresos. No me importaba el puesto ni la categoría; simplifiqué mi síntesis curricular bajo el nombre de Amelia Mirren y me puse a enviar solicitudes masivas a decenas de ofertas en portales de empleo, prácticamente sin detenerme a mirar con detalle el nombre de las empresas ni los cargos específicos. Necesitaba opciones y las necesitaba pronto.
Las dos semanas siguientes pasaron entre la espera y la preparación silenciosa. Durante el día disimulaba frente a Nana que continuaba en la búsqueda activa de empleo, mientras en secreto ajustaba los últimos detalles para mi incursión.
Mi aliado me había confirmado que mi solicitud para formar parte del personal de banquetes y servicio eventual de la gran gala había sido aprobada. Sería una empleada más entre docenas de meseros y asistentes: la vía perfecta para entrar a la propiedad de los Moreau sin levantar sospechas.
Finalmente llegó el día de la fiesta.
Me miré al espejo del baño vistiendo ropa sencilla y cómoda: unos jeans oscuros, una playera neutra y calzado cómodo. Me recogí el cabello en una coleta baja y salí de mi habitación. La perfecta Amelia Mirren: una chica trabajadora e insignificante a los ojos de la élite.
—Que Dios te bendiga en tu jornada, mi niña —me dijo Nana en la puerta antes de salir.
—Gracias, Nanita. Prometo regresar pronto.
Tomé el transporte que me llevaría a la lujosa mansión de los Moreau. A medida que el vehículo se aproximaba a la enorme propiedad iluminada, mi pulso comenzó a acelerarse.
Crucé las imponentes rejas doradas por la entrada de servicio junto a los demás trabajadores. Nos dirigieron de inmediato al área del personal, donde la supervisora de banquetes nos entregó los uniformes correspondientes y nos indicó el vestidor.
Me cambié rápidamente: me puse el pantalón negro de vestir, la camisa blanca impecable de manga larga y me ajusté el cabello en un moño bajo estrictamente pulido. Sin maquillaje ostentoso ni joyas.
Desde lejos, mis ojos recorrieron la multitud hasta que lo vi. En lo alto de la escalera principal, Gabriel Moreau conversaba entre risas con un grupo de inversionistas.
Volver a tenerlo frente a mí después de quince años me hizo hervir la sangre.
La fiesta acababa de empezar. Y yo ya estaba adentro.
POV AidenVeo a Amelia salir de mi oficina después de decirle que no confíe demasiado rápido en las personas de aquí.Cuando cerró la puerta, su perfume a vainilla se quedó por toda mi oficina.Me recosté en mi silla, cerré los ojos y respiré profundamente ese perfume.Su nombre vino a mi cabeza.Amelia.Lo dije en un susurroCuando la vi en la mansión siendo atacada por mi padre, me llamó mucho la atención y no sé por qué.Por eso me acerqué a ver qué sucedía, pero, en realidad, lo que quería era verla de cerca.Es una mujer exageradamente hermosa, y sus ojos…Sus ojos me recordaron a mi pequeña Liora, la niña que fue mi amiga durante mi infancia.Recuerdo que me quedé observándola durante un largo rato.No sé por qué, pero sentí una conexión muy fuerte con ella, una conexión que jamás había sentido con ninguna otra mujer.Las mujeres que han pasado por mi vida han sido solo distracciones, algo pasajero, líos de una sola noche.Pero con Amelia es diferente, y entiendo el porqué.Yo j
Después de lo sucedido la noche anterior, hoy me preparo para mi primer día de trabajo como asistente de Aiden. Tengo que admitir que estoy un poco nerviosa. Jamás me imaginé llegar hasta la empresa. Mi objetivo era permanecer en la casa, pero la verdad es que trabajar aquí me viene mucho mejor, ya que puedo descubrir quién es ese tipo al que Gabriel quiere quitar de su camino y observar de cerca cómo trabaja y qué es lo que trama.Elegí un atuendo sencillo, pero elegante. Me puse una blusa blanca de cuello alto y la metí dentro de unos pantalones negros de vestir. Encima me coloqué un blazer negro de corte impecable.Completé el conjunto con unos tacones negros de punta fina y un pequeño bolso del mismo color. Recogí mi cabello con cuidado, dejando algunos mechones rubios sueltos alrededor de mi rostro.No quería llevar nada demasiado llamativo. Era mi primer día en Moreau Industries y quería parecer una empleada más.Me miré una última vez en el espejo antes de salir.Por fuera, par
Mi corazón dio un vuelco cuando lo vi entrar.Habían pasado tantos años desde la última vez que nos vimos. Yo sabía que, tarde o temprano, me lo encontraría, pero jamás me preparé para ese momento.Y por fin lo tenía justo frente a mí.El mismo niño que alguna vez conocí.Negué con la cabeza para alejar los recuerdos del pasado y volví a centrar mi mirada en él.Tenía que admitirlo: era un hombre condenadamente guapo. Me ruboricé un poco, pero cuando vi que comenzaba a acercarse a mí, empecé a temblar.Intenté tranquilizarme lo más que pude.—Mírame —me dijo.Levanté lentamente la cabeza porque, literalmente, tenía frente a mí a un hombre de casi dos metros.Fijé mi mirada en sus ojos grises. Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada, hasta que Gabriel habló.—Hijo, por fin llegas —dijo alegremente.Aiden se acercó a él y le dio un abrazo.—Hola, padre. ¿Se puede saber qué está pasando aquí?—Nada, hijo. Es solo que hay empleados incompetentes que no saben hacer su trabajo.
POV: LioraVi personas vestidas con trajes elegantes y vestidos costosos. A simple vista, podía reconocer que muchos de ellos eran personas importantes.Por un instante, recordé a mi madre organizando eventos como aquel. Recuerdo haberla visto sonreír mientras caminaba entre los invitados, orgullosa de todo lo que había construido.Sonreí con tristeza.A lo lejos, vi a una chica vestida igual que yo. En un dos por tres la chica se acercó a mí.—¿Eres nueva?Yo solo me limité a asentir.—Ven conmigo. Ya te están esperando.La seguí.Y por fin llegué hasta el salón de la mansión. Lo conocía muy bien, pero tenía que fingir que no. Me quedé unos segundos mirando todo detenidamente. Era increíble cómo, robando lo que no era tuyo, podías llegar a tener una casa así.—¿Qué haces ahí parada? Sígueme —me dijo la chica, devolviéndome a la realidad.Entonces empecé a caminar otra vez detrás de ella. Me llevó a una habitación que claramente era matrimonial.Así que aquí duermen los honorables señ
POV: LioraYa habían pasado dos semanas desde que perdí mi trabajo en el bar. Dos semanas enteras en las que me dediqué a afinar cada detalle de mi siguiente movimiento.Mi nana me esperaba en la cocina con el lunch en la mano, tan cariñosa como siempre.—Adiós, Nana. Ya tengo que irme a trabajar —le dije esbozando una sonrisa tranquila.—Adiós, mi niña. Que Dios te bendiga y te acompañe siempre.—Amén, Nanita.Me despedí de ella con un beso en la mejilla y un abrazo apretado. Salí de casa y me alejé a paso rápido hasta la esquina, donde mi taxi ya me esperaba para llevarme a mi casa secreta.Nana no sabía nada de lo que estaba haciendo. No sabía que había perdido el empleo ni que me preparaba para una misión peligrosa, y prefería que continuara en la ignorancia. Algún día le contaría la verdad porque merecía saberlo, pero aún no era el momento adecuado.El taxi me dejó justo frente a la fachada de mi casa secreta. Saqué la llave, abrí la puerta con sigilo y entré.Ese era el momento
POV: LioraEscuché a mi nana tocar la puerta y llamarme con su voz suave.—Mi niña, ¿ya estás despierta?Abrí lentamente los ojos y me reincorporé en la cama, todavía adormilada. Me levanté, caminé hasta la puerta con el cabello desordenado y la abrí. La vi recostada en el marco de madera, con los brazos cruzados sobre el delantal y una sonrisa radiante.—Buenos días, mi niña hermosa. ¿Qué tal has amanecido? —preguntó.Al verla, me abalancé hacia ella y le di un beso en la mejilla junto a un gran abrazo.—Muy bien, nanita. ¿Y tú?—Perfectamente bien, mi niña. He venido a avisarte que el desayuno ya está listo. Te espero abajo.—Muchas gracias, nanita. En un momento bajo.Cerré la puerta y me dirigí al baño. Dejé mi cabello rizado tal como estaba, me puse unos pantalones deportivos, una camiseta de tirantes y mis pantuflas antes de bajar al comedor.Encontré a mi nana sentada esperándome. Me senté a su lado, hicimos nuestra oración de siempre y comenzamos a desayunar. Sobre la mesa hab







